Lunes, 19 de julio de 2010

LA ROMA ANTIGUA - PRIMERA PARTE

Bueno en este art?culo hemos querido cambiar un poco para no repetirnos tanto y hablar un poco de lo que fue la primitiva roma y su religiosidad antes de llegar la verdadera religi?n a sus entra?as, hasta absorverla por completo.

Antes de convertirse en dominadora, la que ser? la civilizaci?n romana sufre, por una parte, la influencia de la cultura etrusca, que entre los siglos VIII y VII a.C. experimenta un proceso de helenizaci?n, y, por otra parte, de las colonias griegas de la Italia meridional. Las ciudades de la Magna Grecia importaron al ?rea it?lica el pante?n y la rica mitolog?a de la madre patria, con la que nunca dejaron de estar en contacto. A su vez, las ciudades etruscas, en cuyo territorio se han encontrado restos de actividad de cultos protohist?ricos procedentes del siglo x a.C., revelan formas de interferencia religiosa con el mundo latino, umbro, samnita y falisco, mientras que, despu?s del siglo VIII a.C., cuando la estructura urbana evoluciona hacia formas complejas, experimentan la fascinaci?n por la cultura griega y tambi?n por la p?nico-fenicia. De modo que los etruscos tomaron del universo latino, as? como del umbro y sabino, divinidades como Maris (Marte), Nethuns (Neptuno), Menerva (Minerva), Satre (Saturno) y Un? (Juno). Posteriormente, este pante?n se heleniz? debido a la acci?n de las castas dominantes y de los grupos sacerdotales vinculados a ellas, que ve?an en la civilizaci?n griega un marco de referencia ideal, y tambi?n debido a los continuos intercambios comerciales. Se adopt? la rica mitolog?a griega y las divinidades etruscas fueron sometidas a una interpretatio graeca. Zeus ofrece sus propias formas a Tinia, Hera a Un?, Afrodita a Turan, Atenea a Menerva, Poseid?n a Nethuns y Dem?ter a Vei. Una parte del pante?n etrusco conserv?, no obstante, sus rasgos originarios y, aunque el culto se heleniz?, sigui? siendo t?picamente etrusca la elaboraci?n te?rica de los auspicios, aunque compartida con los otros pueblos italiotas, sobre todo en la forma de la arus-picina, que los romanos inclu?an en la disciplina etrusca.
En este escenario se inserta Roma, que en el transcurso de su formaci?n sufre tantas influencias que es imposible hablar de una ?Roma completamente romana en su origen?. En cuanto se refiere a su origen, tal vez ni siquiera es posible hablar de influencias. La presencia de los etruscos helenizados, las colonias de la Magna Grecia, el hallazgo de cer?mica griega y algunas tradiciones ?m?ticas? nos permiten pensar en Roma como en una franja extrema de la expansi?n y difusi?n de la cultura griega, en la que habr?an estado inmersos los habitantes de la ciudad. Esto no significa que Roma no elaborara su propia civilizaci?n y su propio sistema religioso, adaptados a sus propias necesidades y difundidos m?s tarde por las ciudades conquistadas. Pero Roma se apropiaba incluso de los dioses ?extranjeros? a trav?s de la evocatio (evocaci?n), f?rmula ritual de origen antiqu?simo, conservada en los archivos de los pont?fices y perteneciente tal vez al sustrato indoeuropeo, puesto que la practicaban tambi?n los hititas. El comandante deb?a pronunciarla ante la ciudad enemiga para invitar a los dioses a abandonarla y dirigirse, propicios, a Roma, donde recibir?an mayores honores. Una vez sacrificadas las v?ctimas y consultadas las visceras, tras la evocaci?n se pronunciaba, siguiendo un r?gido formulario, la maldici?n ante la ciudad enemiga y sus ej?rcitos. Puede considerarse un ejemplo de evocatio la pronunciada en el a?o 146 a.C. por Escipi?n el Africano menor ante las murallas de Cartago:
Si hay un dios, si hay una diosa, bajo cuya tutela se hallen el pueblo y la ciudad de Cartago, yo ruego, yo suplico sobre todo a ti, que has acogido bajo tu protecci?n a esta ciudad y a este pueblo, a vosotros os pido: abandonad el pueblo y la ciudad de Cartago, abandonad sus lugares, sus templos, sus ritos y su ciudad, alejaos de ellos, infundid miedo, terror y olvido a ese pueblo y a esa ciudad, pasaos a Roma, venid conmigo y con los m?os, nuestros lugares, nuestros templos, nuestros ritos, nuestra ciudad os ser?n m?s gratos y m?s queridos, sedme propicios a m?, al pueblo romano, a mis soldados, haced que lo sepamos y seamos conscientes. Si as? lo hac?is, os prometo templos y la celebraci?n de juegos (Macrobio, Saturnales, III, 9.7-9).

Aunque sometida a continuos impulsos innovadores, desde la asimilaci?n de divinidades extranjeras hasta la instituci?n de nuevos cultos y ritos y la helenizaci?n de su pante?n, que entre los siglos m y n a.C. fue objeto de una evidente caracterizaci?n antropom?rfica, Roma presentaba al mismo tiempo una religi?n extremadamente conservadora, que se manifestaba en una constante y obsesiva apelaci?n al mos maiorum (la costumbre de los antepasados). Estas dos tendencias son perfectamente visibles en un pante?n en el que, junto a figuras divinas de personalidad compleja y articulada, como J?piter o el propio Marte, coexisten divinidades limitadas a una sola funci?n, como Vesta, Ceres o incluso la misma Juno. Estas divinidades, a veces din?micas y a veces estrictamente sectoriales, daban forma al mundo, establec?an sus l?mites espaciales y temporales, lo ordenaban y respond?an a las necesidades del pueblo romano.
Es un mundo en cuyos ?inicios? aparece Jano, el dios bifronte, que en la versi?n hist?rica evemerista de los poetas de la ?poca de Augusto, recogida tambi?n por los antiguos cronistas, es el ?primero? de los reyes del Lacio, que preceden a la llegada de Eneas a Italia. Recib?a los ep?tetos de Patulcius y de Clusius, porque presid?a la apertura y el cierre de las puertas, tanto las privadas como las del templo dedicado en su honor; era el dios del umbral que como ianitor presid?a los pasos. Compart?a con Juno los inicios de cada mes, las calendas, y de ?l tomaba el nombre el primer mes del a?o lunisolar, lanuarius, enero. Como divinidad que daba origen al tiempo y a los dioses, Jano era el dios de los prima, es decir, de todas las formas de principio. Los extrema, en cambio, correspond?an a Vesta, y sus fiestas, las Vestalia, se celebraban el 9 de junio, un poco antes de que el sol entrara en su fase decreciente dividiendo el a?o por la mitad y poniendo fin a un per?odo de seis meses, como seis eran las vestales. En las invocaciones a los dioses durante los sacrificios hab?a que pronunciar al principio el nombre de Jano, y al final el de Vesta. Etimol?gicamente homologa a la griega Hestia, con la que compart?a la tutela de la morada privada y de la p?blica del estado, equivalente al s?nscrito vasija, habitaci?n, Vesta domina el espacio cerrado de la casa y del estado y concluye, por oposici?n, la funci?n innovadora peri?dicamente iniciada por Jano. En cierto modo Vesta asum?a el papel de una centralidad c?smica, que se expresaba en sentido espacial, la casa, y en sentido temporal, la mitad del a?o. Las summa, es decir, las supremas prerrogativas divinas, correspond?an en cambio a J?piter, al que estaban reservados todos los idus, a mediados de cada mes, cuando la luna alcanza su mayor esplendor, en la ?cima? del espacio temporal mensual. Su nombre, J?piter, est? relacionado etimol?gicamente con el Dyaus pitar de la India v?dica, con el que comparte el aspecto luminoso y la dimensi?n ur?nica, aunque est? situado en un cielo menos distante que el del dios v?dico, m?s pr?ximo al mundo de los hombres. Como herencia del patrimonio indoeuropeo, J?piter encarnaba el principio de la realeza y m?s tarde el de la sacralidad, cuando el rey de Roma perdi? sus prerrogativas pol?ticas. Divinidad com?n a todos los habitantes del Lacio, era venerado con un culto com?n en los montes Albanos como J?piter Lacial, extendiendo su soberan?a por encima de cualquier posible divisi?n territorial y pol?tica de los latinos. Junto con Marte, antigua divinidad it?lica colocada al frente del ?mbito militar, y con Quirino, divinidad local de los romanos, constitu?a la ?tr?ada arcaica?, perfectamente sim?trica de la tr?ada divina que dominaba en Gubbio (tr?ada iguvina), formada por J?piter, Marte y Vofionus, este ?ltimo dios ?local? de la ciudad de Gubbio. Estaban consagrados a su servicio, as? como al de Marte y de Quirino, los tres fl?mines mayores. Esta tr?ada arcaica podr?a representar la pervivencia en la civilizaci?n romana de la ideolog?a tripartita de los indoeuropeos. Su sede principal era el templo inaugurado en el Campidoglio en el a?o 509 a.C, donde J?piter recib?a el ep?teto de ?ptimo M?ximo, superior a cualquier otro J?piter sectorial, por encima incluso de J?piter Lacial. Debido a su car?cter ur?nico, J?piter pose?a un conocimiento omnisciente que lo convert?a en garante de los pactos y de los juramentos, y en su nombre los feciales pactaban alianzas y declaraban la guerra. Tambi?n como dios ur?nico enviaba sus mensajes a trav?s del vuelo de los p?jaros, cuya interpretaci?n correspond?a a los augures.
Marte, por su parte, ocupa los espacios exteriores de la ciudad, desde donde se encarga de vigilarla. Era famoso el templo de Marte ?fuera de la puerta Capena?, junto a la que se reun?an los ej?rcitos que deb?an actuar en el sur de Roma y desde donde part?a una solemne procesi?n a caballo (transvectio equitum), que llegaba hasta el Campidoglio. Marte no es el se?or del mundo exterior y salvaje, sino que su funci?n consiste en proteger a la ciudad de los peligros externos. Antigua divinidad it?lica, da nombre en Roma al primer mes del calendario antiguo, marzo, con el que tradicionalmente se iniciaba la estaci?n de las campa?as militares, que conclu?an en octubre. Y en estos dos meses se concentraban las fiestas dedicadas a Marte, relacionadas con el mundo de la guerra: el 19 de marzo, en el transcurso de las Quin-quatrus ten?a lugar una purificaci?n (lustratio) preliminar de las armas seguida de la de las trompetas de guerra el 23 del mismo mes, durante el Tubilustrium\ el 15 de octubre se celebraba el rito del ?caballo de octubre? y el 19, la solemne purificaci?n de las armas (armilustriuni), al final de la estaci?n de guerra. El 14 de marzo, en la vigilia del plenilunio, se celebraban los Equirria, una carrera de carros, a los que preced?a el 27 de febrero, al comienzo de la luna creciente, otra fiesta que llevaba el mismo nombre y en la que tambi?n se celebraba una carrera de carros en el Campo de Marte, que serv?a para introducir el mes de Marte, precisamente marzo.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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