LOS CAPUCHINOS Y LAS ORDENES ITALIANAS
Es también de esta época una orden que en breve tiempo había de ganar
una gran popularidad, la de los capuchinos. No figuran entre los
clérigos regulares, sino que son una rama de la orden franciscana.
El deseo de volver a la primitiva pobreza y rigor predicados por san Francisco, había ya hecho surgir dentro de la orden un gran número de conventos y congregaciones reformadas.
En el año 1525 Mateo de Bassi (Basci) emprendió una reforma de este tipo, con un carácter casi eremítico. Clemente VII confirmó en 1528 la unión de los nuevos pequeños conventos, los separó de los observantes y los sometió al ministro general de los conventuales, con un vicario general propio.
El primer vicario general fue Mateo, el cual, empero, pronto abandonó su propia fundación para volver a los observantes. Su sucesor, Luis de Fossombrone, fue expulsado de la orden en 1536. El tercer vicario general, el santo Bernardino de Asti, consolidó la vacilante congregación, pero su sucesor, Bernardino Occhino de Siena, huyó de la orden en 1542 y se hizo calvinista.
Parecía como si la Providencia quisiera demostrar que una orden podía nacer incluso con los más inadecuados medios. De todos modos, la apostasía de Occhino provocó una saludable crisis, no sólo entre los capuchinos, sino en toda Italia.
Occhino había sido discípulo del español Juan de Valdés, un piadoso seglar establecido en Nápoles que con su espiritualidad nebulosamente sentimental había atraído a muchas personas de intensa vida interior, sobre todo mujeres, entre ellas la noble poetisa Victoria Colonna. Los teatinos, con su sentido estrictamente eclesiástico, fueron los primeros en encontrar sospechosa esta nueva forma de piedad.
Sin embargo, Valdés murió en 1541, en paz con la Iglesia. Occhino era entonces el más celebrado predicador de Italia; Giberti y otros partidarios de la reforma lo tenían en gran estima, como también Paulo III. Amigo de Occhino y animado por sus mismos sentimientos era el canónigo de San Agustín Pedro Vermigli, predicador también famoso, que difundió sus ideas sobre todo en Luca.
Cuando en 1542 Occhino y Vermigli fueron finalmente acusados de herejía en Roma, comprendieron que su juego estaba descubierto y huyeron a Ginebra, al lado de Calvino. El escándalo fue grande, pero saludable. El incidente abrió los ojos a los idealistas que en su tiempo habían sido influidos por las doctrinas de Valdés, como Victoria Colonna, amiga de Miguel Ángel, Contarini y Pole.
Paulo III intervino con gran energía. A instancias de Carafa organizó la Inquisición en toda Italia, la cual, con la misma eficacia que la española aunque sin la dureza de ésta, disolvió los círculos heretizantes que se habían formado gracias a la actividad de Occhino y Vermigli.
Así Italia fue salvada para la fe católica antes de que se produjera una apostasía de grandes proporciones. Por su parte, la orden capuchina, de la cual había partido la crisis, conoció seguidamente un gran florecimiento y se convirtió en uno de los principales factores del general auge religioso.
Fdo. Cristobal Aguilar.
