Martes, 13 de julio de 2010

LA FUNDACI?N DE NUEVAS ?RDENES RELIGIOSAS - HISTORIA DE LA IGLESIA

El nombre de Paulo III va ligado a la oleada de nuevas ?rdenes de cl?rigos regulares, como el de Inocencio III lo est? al movimiento mendicante. Ya en tiempos de Le?n X hab?a surgido en Roma una hermandad de sacerdotes y seglares piadosos, con el nombre de ?Oratorio del Amor divino?, que ten?a su centro en la peque?a iglesia de san Jer?nimo de la Caridad, a?n hoy existente.

El prop?sito principal de estos hombres era difundir la pr?ctica de la comuni?n frecuente, que entonces era casi desconocida. C?rculos an?logos se formaron en el norte de Italia, en Verona, Vicenza, Brescia, Venecia. Muchos de los hombres surgidos de estos grupos figuraron entre los m?s destacados paladines de la restauraci?n en Italia: Juan Mateo Giberti, que desde su puesto de obispo d? Vicenza actu? como celoso reformador mucho antes del concilio de Trento, y al que Carlos Borromeo tom? m?s tarde como modelo; Lippomano, un escritor popular muy le?do y tambi?n obispo de Vicenza y luego de B?rgamo; el piadoso humanista Juvenal Manetti; los cardenales Sadoleto y Carafa, y finalmente san Cayetano de Tiene.

El Oratorio del Amor divino no era una orden propiamente dicha, ni ten?a una organizaci?n fija. Pero Cayetano y Carafa s? fundaron una orden aut?ntica, y de un tipo totalmente nuevo: sacerdotes que se entregaban a la cura de almas, sin someterse a las pr?cticas y rigores monacales y apenas distingui?ndose exteriormente de los sacerdotes seculares que hac?an vida en com?n.

Se llamaron simplemente ?cl?rigos reformados? o ?cl?rigos regulares?. M?s tarde, cuando Carafa fue obispo de Chieti, la antigua Theate Marucinorum, se adopt? la costumbre de dar el nombre de ?teatinos? a los adeptos de la orden del obispo de Theate. La nueva orden fue aprobada en 1525 por Clemente VII, y se revel? eficaz ya s?lo por el ejemplo que daba de una vida estrictamente clerical. El nombre ?teatino? se convirti? en programa, en consigna, y los esp?ritus mundanos hablaban de ?teatinismo? en el sentido de ?beater?a?.

Aconsejado por Carafa, san Jer?nimo Emiliani fund? en el norte de Italia una orden similar de cl?rigos regulares, que de una peque?a ciudad cercana a B?rgamo tom? el nombre de ?somascos?. Paulo III la aprob? en 1540. Mayor importancia obtuvo una nueva orden de cl?rigos, fundada en Mil?n por san Antonio Zaccar?a, conocida por ?barnabitas?, del nombre de su primera iglesia; Paulo III la aprob? en 1535.

LA COMPA??A DE JES?S

Pero la orden de cl?rigos regulares que mayor difusi?n hab?a de alcanzar fue la Compa??a de Jes?s u orden de los jesuitas, aprobada por Paulo III en 1540. Fue su fundador San Ignacio de Loyola, un caballero espa?ol oriundo del Pa?s Vasco. Ignacio, o ??igo, hab?a sido gravemente herido en el sitio de Pamplona de 1521; obligado a guardar cama durante largo tiempo, la lectura de vidas de santos oper? en ?l una conversi?n y se decidi? a consagrar su vida al servicio de Dios.

Instruido en los elementos de la vida de piedad por los benedictinos catalanes de Montserrat, en 1523 emprendi? ?l s?lo una peregrinaci?n a Palestina, para, seg?n el antiguo esp?ritu de los cruzados espa?oles, dedicarse a convertir mahometanos. Pero los franciscanos que la Iglesia hab?a designado como custodios oficiales de los Santos Lugares, no quer?an saber nada de predicadores espont?neos y enviaron a su casa al peregrino. Ignacio comprendi? que necesitaba ordenarse de sacerdote y empez? a estudiar, primero en Barcelona, luego en las universidades de Alcal? y Salamanca, y finalmente en Par?s.

Entre los estudiantes de la Sorbona encontr? compa?eros de grandes dotes, entre ellos el piadoso saboyano Pedro Fabro, el inteligente espa?ol La?nez, destinado a desempe?ar un gran papel en el concilio de Trento, y otro que hab?a de ser uno de los m?s famosos santos de la Edad Moderna: Francisco Javier. Con estos y otros compa?eros, en 1534 Ignacio hizo en Montmartre los votos de la orden.

Al propio tiempo se comprometieron a realizar un viaje a Tierra Santa, probablemente no para quedarse all?, sino s?lo como peregrinaci?n. Vi?ndose frustrado este plan por la guerra de Venecia contra los turcos, los compa?eros, que entretanto hab?an recibido las ?rdenes, se trasladaron a Roma para ponerse a disposici?n del papa. Paulo III, aconsejado por Contarini, aprob? la nueva orden y empez? en seguida a servirse de sus miembros. A instancias del rey de Portugal envi? en 1540 a Francisco Javier a la India.

En 1543 ingres? en la orden el primer alem?n, san Pedro Canisio, y en 1548 el duque de Gand?a, san Francisco de Borja, biznieto de Alejandro VI y amigo personal de Carlos V; el ingreso de este ?ltimo caus? sensaci?n en toda Europa.

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SAN IGNACIO DE LOYOLA

Ignacio de Loyola es una de las grandes figuras de la historia eclesi?stica, un eslab?n de la gran serie formada por San Benito, san Romualdo, san Bernardo, san Francisco y santo Domingo, y no s?lo por ser fundador de una gran orden, sino por su personalidad. No se trataba, sin embargo, de una personalidad brillante. No ten?a ni el hechizo de la elocuencia, como san Bernardo, ni el encanto ingenuo e infantil de un san Francisco de As?s.

En ?l predomina lo objetivo, la norma, el fin. Su fin era acercarse lo m?s posible a Dios, y acercar a los dem?s. Su f?rmula ?todo a la mayor gloria de Dios? no es expresiva de una ambici?n de dominio eclesi?stico, sino del af?n de cumplir en todo la voluntad divina, pues Dios no quiere otra cosa que su propia gloria. Donde mejor se comprende a san Ignacio es en su libro de Ejercicios, que seg?n una famosa frase de san Francisco de Sales, ha hecho m?s santos que letras contiene.

Por su libro de Ejercicios espirituales san Ignacio se ha convertido en uno de los cl?sicos de la vida religiosa. No, empero, en el sentido de haber creado una nueva espiritualidad. En los Ejercicios no se plantea ning?n problema nuevo o particularmente importante. Es un manual del cristianismo corriente, del hero?smo cristiano natural y espont?neo.

En cierto sentido, san Ignacio se ha eclipsado detr?s de su creaci?n, la orden de los jesuitas. Sobre esta orden se ha acumulado, en el decurso del tiempo, una tal monta?a de leyendas, por obra de amigos y enemigos, que a veces hasta a los cat?licos les resulta dif?cil hacerse de ella un concepto adecuado. Los jesuitas no eran ni son ninguna sociedad secreta, ninguna masoner?a cat?lica, ning?n estado mayor, ning?n movimiento o corriente religiosa dentro de la Iglesia. Son, simplemente, una orden religiosa. No hay en ellos m?s misterios que los que pueda haber en los capuchinos, en los benedictinos o en los misioneros de Steyl.

Tampoco tienen el car?cter militar, al menos si por militar se entiende instrucci?n de reclutas, esp?ritu de reto y de agresi?n. Si a su cabeza est? un general, como al frente de las dem?s ?rdenes, este t?tulo no es m?s que el t?rmino latino: Praepositus generalis.

La importancia de los jesuitas dentro de la historia eclesi?stica consiste simplemente en los grandes m?ritos contra?dos por muchos de sus miembros en los m?s diversos campos, y desde el principio. Pero del mismo modo que en la historia del arte no existe un ?estilo jesuita?, como muchos han querido imaginar, tampoco ha habido ni hay dentro de la Iglesia una orientaci?n religiosa espec?ficamente jesu?tica.

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La nueva forma de los cl?rigos regulares signific? una importante ampliaci?n de las posibilidades de la vida de religi?n. Al renunciar a muchos de los rigores de las reglas mon?sticas, las nuevas ?rdenes cobraron mayor movilidad y facilidad de adaptaci?n. Significaba ya un considerable ahorro de tiempo y energ?a la substituci?n del r?gimen capitular por el mon?rquico.

Muchos asuntos que en las ?rdenes antiguas deb?an resolverse por v?a jur?dica, se solucionan en las nuevas por v?a administrativa, mucho m?s simple. Es verdad que esto supone en sus miembros cierto esp?ritu de renuncia; su intervenci?n en las tareas de gobierno es muy escasa, y casi nunca tienen voz y voto.

La introducci?n de los votos llamados simples, que en la mayor?a de las nuevas ?rdenes substituyen a los solemnes, facilita la soluci?n de las cuestiones disciplinarias, ya que seg?n el derecho can?nico los votos simples son f?cilmente dispensables y por tanto las ?rdenes pueden desprenderse sin dificultad de elementos poco aptos.

Puede afirmarse, por consiguiente, que a partir del siglo XVI el sistema entero de las ?rdenes religiosas experiment? una transformaci?n muy honda. Sin embargo, no hay que buscar ninguna conexi?n entre este cambio y la Reforma alemana. El nuevo tipo de orden y las distintas congregaciones surgidas, no fueron fundadas como una medida defensiva contra los protestantes, ni siquiera la de los jesuitas.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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