jueves, 08 de julio de 2010

LA ENCARNACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

«Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

Y, entrando, le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un dijo, a quien pondrás por nombre Jesús..."» (Le 1,26-38).

 

Sólo los poetas, los místicos (no los teólogos), sólo María pueden atisbar los inefables misterios que encierra este pasaje de la anunciación. La nueva creación dentro del seno de María comienza en la encarnación. En la primera creación, Dios nos dio signos de su amor (cada cosa creada es un signo real del amor de Dios). Aquí, Dios se da a sí mismo. La creación primera, que ha sido preparada para este acontecimiento salvador, La sido renovada sustancialmente en el esperanzador momento déla encarnación. Dios se da a sí mismo como el don más grande que nos puede nacer.

San Pablo expresará con palabras certeras el infinito amor del Hijo de Dios: «Se anonadó a sí mismo», «se despojó de su rango naciéndose nombre», «como uno de nosotros», «se vació»; san Ireneo nabla de «la carne olvidada de sí misma» por estar entregada a la salvación de la criatura humana. Y lo mismo que en la primera creación, en la nueva creación «el Espíritu Santo se cernía sobre las aguas» y estaba poniendo en orden las cosas. El Espíritu pone un nuevo principio de vida y salvación.

Dios ha realizado la salvación en María y por María. María es la representación de la humanidad que quiere acoger la salvación. María es también expresión del nombre enriquecido por Dios. «Dios se nace nombre —según expresión de los Padres— para nacer al nombre Dios».

María es signo de la presencia amorosa de Dios entre los nombres.

Y María, al acoger la Palabra con su «sí», es expresión, prototipo y modelo de la Iglesia que acoge la salvación de Dios; acogiendo la Palabra, se convierte en instrumento de salvación para sí misma y para todo el mundo. María es la respuesta riel al amor de Dios encarnado. La Iglesia, como María, quiere responder también fielmente al amor del Verbo encarnado.

Fdo. Cristobal Aguilar.


Image Hosted by ImageShack.us
By cristobalaguilar at 2011-02-03
Comentarios
 
¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com Leer mi libro de visitas Firmar el libro de visitas
In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti