Jueves, 08 de julio de 2010

EL DIVORCIO DE ENRIQUE VIII y LA FIGURA DE TOM?S MORO

Su esposa era Catalina, hija de los Reyes Cat?licos Fernando e Isabel, hermana menor de Juana la Loca, la madre de Carlos V. El matrimonio fue feliz en sus primeros tiempos; luego Enrique VIII empez? a ser infiel a su mujer y al final concibi? el proyecto de casarse con su amante del momento, Ana Bolena, y hacerla reina. Acudiendo a los m?s sutiles sofismas, intent? entablar un proceso de divorcio, en lo que le ayud? Wolsey.

?ste cre?a al principio que s?lo se trataba de separarse de Catalina, y cuando sali? de su error no tuvo ya ?nimos para volverse atr?s. Ante las apremiantes instancias del rey, Clemente VII, que despu?s del saco de Roma estaba en Orvieto como un miserable refugiado, le concedi? una especie de dispensa para el caso de que su matrimonio con Catalina fuera declarado inv?lido. Clemente VII sab?a muy bien que tal cosa no ocurrir?a nunca, pero con ?sta y otras actitudes cre?a poder ganar tiempo; lo que en realidad hizo fue dar la impresi?n de que el rey ten?a a?n posibilidades de salirse con la suya.

Entre estas infructuosas negociaciones pasaron algunos a?os. Wolsey muri? en desgracia. En su lugar Enrique nombr? al arzobispo de Canterbury, Tom?s Cranmer, hombre d?ctil y sin escr?pulos, el cual cort? por lo sano y declar? sin m?s ni m?s la nulidad del matrimonio con Catalina. Enrique VIII ni siquiera hab?a esperado eso para declarar p?blicamente reina a Ana Bolena.

Clemente VII vio que nada pod?a esperarse ya de las dilaciones, y cumpli? con su deber al declarar inv?lido el nuevo matrimonio con Ana Bolena mientras viviera Catalina; al propio tiempo excomulg? al rey. Ante eso Enrique VIII declar? ante el parlamento del a?o 1534 que la Iglesia inglesa quedaba separada de la romana y substituy? la jurisdicci?n papal por la supremac?a del rey.

Esta separaci?n no implicaba ni un nuevo culto ni una nueva doctrina. A los ojos de muchos no se trataba de otra cosa que de uno de esos conflictos entre el rey y el papa, que hab?an sido tan frecuentes en la Edad Media y que hasta el emperador Carlos V, con toda su adhesi?n a la Iglesia, hab?a tenido recientemente con Clemente VII. As? fue muy escasa la resistencia despertada por la innovaci?n en la Iglesia inglesa, habituada a la m?s estricta sumisi?n por el r?gimen de Wolsey. Algunos recalcitrantes, como el obispo de Rochester, Juan Fisher, que defendi? los derechos de la reina Catalina, y el jurista y pol?tico Tom?s Moro, fueron ajusticiados.

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Tom?s Moro es una de las figuras m?s nobles de toda la historia inglesa. Precoz y cult?simo, un humanista de fama europea, ganada sobre todo por su libro Utop?a, descripci?n de una especie de estado ideal cuyo nombre ha pasado a todas las lenguas modernas, adem?s un padre de familia modelo, siempre jovial e ingenioso en sociedad, hab?a hecho una brillante carrera como speaker del Parlamento y en diversos cargos oficiales, hasta que Enrique VIII lo nombr? lord canciller en substituci?n de Wolsey.

Moro hab?a abrigado la esperanza de poder reconducir al rey, que lo ten?a en gran aprecio, por el camino recto, y cuando se convenci? de que esto no era posible, se retir? a la vida privada.

Se neg? rotundamente a prestar el juramento por el que se reconoc?a la supremac?a eclesi?stica del rey, y esto le cost? la vida. En 1886 fue beatificado por Le?n XIII junto con otros cincuenta y tres m?rtires ingleses, y P?o XI lo canoniz? al mismo tiempo que a Juan Fisher.

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Fdo. Cristobal Aguilar.

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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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