Martes, 29 de junio de 2010

SAN PABLO - VIDAS DE SANTOS

San Pablo es la figura m?s relevante de los primeros tiempos de la Iglesia de Jesucristo. San Jer?nimo sol?a decir que ?el mundo no ver? jam?s otro nombre de la talla de san Pablo?.
Nace en Tarso, capital de la provincia romana de Cilicia. Es romano por nacimiento, jud?o de raza y de religi?n, fariseo celoso con s?lida formaci?n en la escuela del gran maestro Gamaliel, e irreprochable seg?n la justicia de la Ley (Flp 3,5). En su juventud asiste y toma parte en el martirio de Esteban, transform?ndose en un violento perseguidor de los cristianos (Flp 3,6).
Su conversi?n a las puertas de la ciudad de Damasco es un caso singular, y su ca?da del caballo ha pasado a ser un s?mbolo de toda conversi?n (He 9,4); al ser derribado de su prepotencia y de su agresiva intolerancia empieza a escuchar la verdadera voz de Dios: ?Saulo, Saulo, ?por qu? me persigues?... ?Qui?n eres, Se?or?... Yo soy Jes?s, a quien t? persigues? (He 9,5).
El perseguidor Saulo se siente desarmado y vencido por Aquel contra quien respiraba violencia y deseos de muerte. Pero desde ese momento ha nacido un hombre nuevo. El fuego del Esp?ritu arde en su coraz?n y le abrasa las entra?as, se entrega por entero a predicar el nuevo evangelio a todos los nombres, preferentemente a los que viven fuera de las fronteras de Israel.
En largos viajes apost?licos, visita ciudades y crea comunidades cristianas en medio de la sociedad pagana de su ?poca, dejando disc?pulos fieles al frente y manteniendo una amplia y fecunda correspondencia epistolar. Sus catorce cartas son las m?s le?das de todos los tiempos.
Su fiesta se celebra, junto con la de san Pedro, el 29 de junio.


Mensaje


La vocaci?n apost?lica es un don para el servicio a los dem?s. Las llamadas del Se?or no suelen ser tan espectaculares, pero cuando as? sucede se aprecia mejor la gratuidad y la predilecci?n por la persona elegida. Pablo fue una tierra buena donde cay? la semilla del Se?or. Siempre es bueno reflexionar brevemente sobre la calidad de nuestra tierra. Parece como si los cristianos de nuestro tiempo tuvi?ramos una fe heredada y acomodada a la sociedad que vivimos. Es una fe adormecida. No hemos ca?do de ning?n caballo en este camino hacia nuestro Damasco personal. Por eso no nos hemos encontrado con el Se?or resucitado, que est? deseando que se produzca el encuentro liberador para enviarnos a la inaplazable tarea de la evangelizaci?n.

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Fdo. Cristobal Aguilar.


Publicado por cristobalaguilar @ 3:40  | Vidas de Santos
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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