PENSAMIENTOS ESPÍRITUALES DE JUAN PABLO II SOBRE LA FELICIDAD (SEGUNDA PARTE)
Bueno aquí os traigo una serie de nuevas citas extraidas de sus mensajes y escritos sobre la verdadera felicidad. EL AUTOR DEL BLOG.
El mundo donde vivimos está sacudido por diferentes crisis, entre
ellas, una de las más peligrosas es la pérdida del sentido de la vida.
Muchos de nuestros contemporáneos han perdido el verdadero sentido de la
vida y lo buscan en sucedáneos, como el desenfrenado consumismo, la
droga, el alcohol o el erotismo. Buscan la felicidad, pero el resultado
es siempre una profunda tristeza, un vacío del corazón y muchas veces la
desesperación. ¿Cómo vivir la propia vida para no perderla? ¿Sobre qué
fundamento edificar el propio proyecto de existencia? Jesucristo se nos
presenta como la respuesta de Dios a nuestra búsqueda, a nuestras
angustias. Él dice: «Yo soy el pan de la vida, capaz de saciar toda
hambre; Yo soy la luz del mundo, capaz de orientar el camino de todo
hombre; Yo soy la resurrección y la vida, capaz de abrir la esperanza
del hombre a la eternidad.» Ciertamente no es fácil seguir a Cristo, no
es fácil arriesgar por Él toda la propia vida, pero precisamente en esta
capacidad de riesgo reside la nobleza y la grandeza del hombre. No nos
arriesgamos en el vacío, sobre la nada; nos arriesgamos en Jesucristo y
en su Evangelio; nos arriesgamos en el amor desinteresado a los
hermanos.
La consecución de la felicidad exige, por tanto, también una
rigurosa ascética personal que se proponga poner orden en el ser humano.
Es una trágica mentira enseñar al hombre que la felicidad pueda, o
incluso deba, alcanzarse mediante el
abandono a las inclinaciones del instinto, sin ninguna
renuncia, puesto que es un trágico error confundir la felicidad con el
placer o con la utilidad. ¿No está este trágico error en la base de
tanta desesperación, de tanto aburrimiento, de la vida que demasiado a
menudo podemos constatar sobre todo en los espíritus juveniles?
Decidles que la fe y la felicidad no se excluyen mutuamente,
sino que son distintos nombres dados a una misma meta. ¡Pues la fe se le
revela al hombre para su felicidad! Y una felicidad que se busca lejos
de la palabra evangélica no será capaz de mantener sus promesas.
Decidles que la fe está al servicio de la vida, a la que da un
sentido en sus diversas expresiones de amor, dolor, trabajo, estudio,
compromiso familiar y social, búsqueda de la paz y de la solidaridad
entre los pueblos.
Quizá algunos de vosotros habéis conocido la duda y la
confusión; quizá habéis experimentado la tristeza y el fracaso
cometiendo pecados graves.
Éste es un tiempo de decisión. Ésta es la ocasión para aceptar
a Cristo: aceptar su amistad y su amor, aceptar la verdad de su palabra
y creer en sus promesas; reconocer que su enseñanza nos conducirá a la
felicidad y finalmente a la vida eterna.
El conocimiento de Jesús es el que rompe la soledad, supera las tristezas y las incertidumbres, da el significado auténtico a la vida, frena las pasiones, sublima los ideales, expande las energías en la caridad, ilumina en las opciones decisivas.
Sencillamente, sin palabras, presentadle vuestro sufrimiento.
Es demasiado pesado para que lo llevéis vosotros solos. Con Él, si le
abrís vuestro corazón, vuestro lugar de reclusión podrá generar una
nueva visión de la existencia, una transformación benéfica de vuestro
temperamento y, en algunos, un descubrimiento del verdadero rostro de
Dios. Queridísimos hermanos y hermanas: la peor de las prisiones sería
un corazón cerrado y endurecido, y el peor de los males, la
desesperación.
Os deseo la esperanza. La pido y la seguiré pidiendo al Señor
para todos vosotros: la esperanza de volver a ocupar un lugar normal en
la sociedad, de encontrar de nuevo la vida en familia y, ya desde ahora,
de vivir dignamente, esforzándoos por crear entre todos vosotros, que
compartís el dolor, un poco más de justicia, de espíritu fraterno, de
apoyo amistoso. En una palabra, os deseo que realicéis el plan del Señor
que os ha llamado a la existencia. Pues Él nunca pierde la esperanza en
sus criaturas.
Fdo. Cristobal Aguilar.
