S?bado, 26 de junio de 2010

LAS PROFEC?AS DE JUAN DE JERUSALEM DE LA ORDEN DE LOS TEMPLARIOS - PROFEC?AS Y PROFETAS

Bueno aqu? os traigo unas extensas profec?as de uno de los miembros y fundadores de la orden del Temple, que como todos sabeis fuer?n sojuzgados seguramente de forma injusta en la epoca negra de la Iglesia medieval y el papado el avi?on, veamos pues:

Estas profec?as parecen escritas para estos tiempos, comencemos:

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Mis ojos descubren en el cielo lo que ser?, y atravieso el tiempo de un solo paso. Una mano me gu?a hacia lo que ni veis ni conoc?is. Mil a?os habr?n pasado y Jerusal?n ya no ser? la ciudad de los cruzados de Cristo.La arena habr? enterrado bajo sus granos las murallas de nuestros castillos, nuestras armaduras y nuestros huesos. Habr? sofocado nuestras voces y nuestras plegarias.
Los cristianos venidos de lejos en peregrinaci?n, all? donde estaban sus derechos y su ley, no osar?n acercarse al sepulcro y a las reliquias si no es escoltado por los caballeros jud?os, que tendr?n aqu?, como si Cristo no hubiera sufrido en la cruz, su Reino y su Templo.
Los infieles ser?n una multitud innumerable que se extender? por todas partes y su fe resonar? como un tambor de un conf?n al otro de la tierra.
Veo la inmensidad de la tierra. Continentes que Herodoto no nombr? sino en sue?os se a?adir?n m?s all? de los grandes bosques de los que habla T?cito y en el lejano final de mares ilimitados que empiezan despu?s de las columnas de H?rcules.
Mil a?os habr?n pasado desde el tiempo en que vivimos, y los fondos de todo el mundo se habr?n en grandes reinos y vastos imperios. Guerras tan numerosas como las mallas de la cota que llevan los caballeros de la orden se entrelazaran, deshar?n los reinos y los imperios y tejer?n otros. Y los siervos, los villanos, los pobres sin hogar se sublevaran mil veces, har?n arder las cosechas, los castillos y las villas, hasta que se les queme vivos y se obligue a los supervivientes a volver a sus cubiles, Se habr?n cre?do reyes.
Mil a?os habr?n pasado y el hombre habr? conquistado el fondo de los mares y de los cielos, y ser? como una estrella en el firmamento. Habra adquirido el poder del sol y se creer? dios, construyendo sobre la inmensidad de la tierra mil torres de babel. Habr? edificado muros sobre las ruinas de los que levantaron los emperadores de Roma y ?stos separar?n una vez m?s las legiones de las tribus b?rbaras.
M?s all? de los grandes bosques habr? un imperio. Cuando caigan los muros, el imperio no ser? m?s que agua cenagosa. Las gentes se mezclar?n una vez m?s. Entonces empezar? el a?o mil que sigue al a?o mil.

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Veo y conozco lo que ser?. Soy el escriba!!
Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, el hombre estar? frente a la entrada sombr?a de un laberinto oscuro. Y al fondo de esa noche en la que va a internarse, veo los ojos del Minotauro. Gu?rdate de su furor cruel, t? que vivir?s en el a?o mil que sigue al a?o mil.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil.
El oro estar? en la sangre. El que contemple el cielo contar? denarios; el que entre en el templo encontrar? mercaderes; los mandatarios ser?n cambistas y usureros; La espada defender? la serpiente. Pero el fuego ser? latente, todas las ciudades ser?n Sodoma y Gomorra y los hijos de los hijos se convertir?n en la nube ardiente; ellos alcanzar?n los viejos estandartes.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, el hombre habr? poblado los cielos y la tierra y los mares con sus criaturas; mandar?, pretender? los poderes de Dios, No conocer? l?mite. Pero todas las cosas se sublevar?n; titubear? como un rey borracho; galopar? como un caballero ciego y a golpes de espuela internar? a su montura en el bosque; al final del camino estar? el abismo.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, se erigir?n torres de Babel en todos los puntos de la tierra, en Roma y en Bizancio; los campos se vaciar?n; no habr? m?s ley que mirar por uno mismo y por los propios. Pero los b?rbaros estar?n en la ciudad; ya no habr? pan para todos y los juegos no ser?n suficientes; entonces, las gentes sin futuro provocar?n grandes incendios.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, el hambre oprimir? el vientre de tantos hombres y el fr?o aterir? tantas manos, que estos querr?n ver otro mundo y vendr?n mercaderes de ilusiones que ofrecer?n el veneno. Pero ?ste destruir? los cuerpos y pudrir? las almas; y aquellos que hayan mezclado el veneno con su sangre ser?n como bestias salvajes cogidas en una trampa, y matar?n y violar?n y despojar?n y robar?n, y la vida ser? un Apocalipsis cotidiano.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, todos intentar?n disfrutar tanto como puedan; el hombre repudiar? a su esposa tantas veces como se case y la mujer ir? por los caminos umbr?os tomando al que le plazca, dando a luz sin poner el nombre del padre. Pero ning?n maestro guiar? al ni?o y cada uno estar? solo entre los dem?s; la tradici?n se perder?; la ley ser? olvidada como si no se hubiera anunciado y el hombre volver? a ser salvaje.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, el padre buscar? el placer en su hija, el hombre en el hombre, la mujer en la mujer, el viejo en el ni?o imp?ber, y eso ser? a los ojos de todos. Pero la sangre se har? impura; el mal se extender? de lecho en lecho; el cuerpo acoger? todas las podredumbres de la tierra, los rostros ser?n consumidos, los miembros, descarnados; el amor ser? una peligrosa amenaza para aquellos que se conozcan s?lo por la carne.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, aquel que hable de promesas y de ley no ser? o?do; el que predique la fe de Cristo perder? su voz en el desierto. Pero por todas partes se extender?n las aguas poderosas de las religiones infieles; falsos mes?as reunir?n a los hombres ciegos. Y el infiel armado ser? como nunca hab?a sido; hablar? de justicia y de derecho, y su fe ser? de sangre y fuego; se vengar? de la cruzada.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, el fragor de la muerte provocada avanzar? como la tormenta sobre la tierra; los b?rbaros se mezclar?n con los soldados de las ?ltimas legiones; los infieles vivir?n en el coraz?n de las ciudades santas; todos ser?n, por turnos, b?rbaros, infieles y salvajes. No habr? ?rdenes ni normas; el odio se extender? como la llama en el bosque seco; los b?rbaros masacrar?n a los soldados; los infieles degollar?n a los creyentes; el salvajismo ser? cosa de cada uno y de todos, y las ciudades morir?n.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, los hombres se juzgar?n entre ellos seg?n sean su sangre y su fe; nadie escuchar? el coraz?n sufriente de los ni?os; se les echar? del nido como los p?jaros a sus cr?as; y nadie podr? protegerlos de la mano armada con guantelete. El odio inundar? las tierras que se cre?an pacificadas. Y nadie se librar?, ni los viejos ni los heridos; las casas ser?n destruidas o robadas; los unos se apoderar?n del lugar de lo otros; todos cerrar?n los ojos para no ver a las mujeres violadas.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, todos sabr?n lo que ocurre en todos los lugares de la tierra: se ver? al ni?o cuyos huesos est?n marcados en la piel y al que tiene los ojos cubiertos de moscas, Y al que se da caza como a las ratas. Pero el hombre que lo vea volver? la cabeza, pues no se preocupar? sino de s? mismo; dar? un pu?ado de granos como limosna, mientras que el dormir? sobre sacos llenos. Y lo que d? con una mano recoger? con la otra.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, el hombre comerciar? con todo; todas las cosas tendr?n precio, el ?rbol, el agua y el animal; nada m?s ser? realmente dado y todo ser? vendido. Pero el hombre entonces no valdr? m?s que su peso en carne; se comerciar? con su cuerpo como los canales de ganado; tomar?n su ojo y su coraz?n; nada ser? sagrado, ni su vida ni su alma; se disputar?n sus despojos y su sangre como si se tratara de una carro?a.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, el hombre habr? cambiado la faz de la tierra; se proclamar? el se?or y el soberano de los bosques y de las manadas; habr? surcado el sol y el cielo y trazar? caminos en los r?os y en los mares. Pero la tierra estar? desnuda y ser? est?ril, el aire quemar? y el agua ser? f?tida; la vida se marchitar? porque el hombre agotar? las riquezas del mundo. Y el hombre estar? solo como un lobo en el odio de s? mismo.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, los ni?os tambi?n ser?n vendidos; algunos se servir?n de ellos como de mu?ecos para disfrutar de su piel joven; otros los tratar?n como a animales serviles. Se olvidar? la debilidad sagrada del ni?o y su ministerio; ser? como un potro que se doma, como un cordero que se sangra, que se sacrifica. Y el hombre no ser? m?s que barbarie

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, la mirada y el esp?ritu de los hombres ser?n prisioneros; estar?n ebrios y no lo sabr?n; tomar?n las im?genes y los reflejos por la verdad del mundo; se har? con ellos lo que se hace con un cordero. Entonces vendr?n los carniceros; los rapaces los agrupar?n en reba?os para guiarlos hacia el abismo y levantar a los unos contra los otros; se les matar? para tomar su lana y su piel y el hombre que sobreviva ser? despojado de su alma.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, reinar?n los soberanos sin fe; mandar?n sobre multitudes humanas inocentes y pasivas; esconder?n sus rostros y guardar?n en secreto su nombre y sus fortalezas estar?n perdidas en los bosques. Pero ellos decidir?n la suerte de todo y de todos; nadie participar? en las asambleas de su orden; todos ser?n siervos pero se creer?n hombres libres y caballeros; s?lo se levantar?n los de las ciudades salvajes y las creencias her?ticas, pero tambi?n ser?n vencidos y quemados vivos.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, los hombres ser?n tan numerosos sobre la tierra que parecer?n un hormiguero en el que alguien clavara un bast?n; se mover?n inquietos y la muerte los aplastar? con el tal?n como a insectos enloquecidos. Grandes movimientos los enfrentar?n unos contra otros; las pieles oscuras se mezclar?n con las pieles blancas; la fe de Cristo con la del infiel; algunos predicar?n la paz concertada pero por todo el mundo habr? guerras de tribus enemigas.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, los hombres querr?n franquear las murallas; la madre tendr? el pelo gris de una vieja; el camino de la naturaleza ser? abandonado y las familias ser?n como granos separados que nada puede unir. Ser?, pues, otro mundo; todos errar?n sin v?nculos, como los caballos desbocados corriendo en todas direcciones sin gu?a; desgraciado del caballero que cabalgue esa montura; carecer? de estribos y se precipitar? en la zanja.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, los hombres no confiar?n en la ley de Dios, sino que querr?n guiar su vida como a una montura; querr?n elegir a sus hijos en el vientre de sus mujeres y matar?n a aquellos que no deseen. Pero ?qu? ser? de esto hombres que se creen Dios? Los poderosos se apropiar?n de las mejores tierras y las mujeres m?s bellas; los pobres y los d?biles ser?n ganado; los poblachos se convertir?n en plazas fuertes; el miedo invadir? los corazones como un veneno.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, habr? surgido un orden negro y secreto; su ley ser? el odio y su arma, el veneno; desear? siempre m?s oro y se extender? su reino por toda la tierra, y sus servidores estar?n unidos entre ellos por un beso de sangre. Los hombres justos y los d?biles acatar?n su regla. Los poderosos se pondr?n a sus servicios. La ?nica ley ser? la que dicte en las sombras; vender? el veneno aun dentro de las iglesias. Y el mundo avanzar? con ese escorpi?n bajo el pie.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, muchos hombres permanecer?n sentados con los brazos cruzados, se ir?n sin saber ad?nde, con los ojos vac?os, pues no tendr?n forja en la que batir el metal, ni campo que cultivar. Ser?n como la simiente que no puede echar ra?ces. Errantes y empobrecidos; los m?s j?venes y los m?s viejos, a menudo sin hogar. Su ?nica salvaci?n ser? la guerra y combatir?n entre ellos, y odiar?n su vida.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, las enfermedades del agua, del cielo y de la tierra atacar?n al hombre y le amenazar?n; querr? hacer nacer lo que ha destruido y proteger su entorno; tendr? miedo de los d?as futuros. Pero ser? demasiado tarde; el desierto devorar? la tierra y el agua ser? cada vez m?s profunda, y algunos d?as se desbordar?, llev?ndose todo por delante como un diluvio, y al d?a siguiente la tierra carecer? de ella y el aire consumir? los cuerpos de los m?s d?biles.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, la tierra temblar? en muchos lugares y las ciudades se hundir?n; todo lo que se haya construido sin escuchar a los sabios ser? amenazado y destruido; el lodo hundir? los pueblos y el suelo se abrir? bajo los palacios. El hombre se obstinar? porque el orgullo es su locura; no escuchar? las advertencias repetidas de la tierra, pero el incendio destruir? las nuevas Romas y, entre los escombros acumulados, los pobres y los b?rbaros, a pesar de las legiones, saquear?n las riquezas abandonadas.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, el sol quemar? la tierra; el aire ya no ser? velo que protege del fuego. No ser? m?s que una cortina agujereada y la luz ardiente consumir? las pieles y los ojos. El mar se alzar? como agua enfurecida; las ciudades y las riberas quedar?n inundadas y continentes enteros desaparecer?n; los hombres se refugiar?n en las alturas y olvidando lo ocurrido, iniciar?n la reconstrucci?n.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, los hombres sabr?n hacer realidad los espejismos; los sentidos ser?n enga?ados y creer?n tocar lo que no existe; seguir?n caminos que solo los ojos ver?n y el sue?o podr? hacerse realidad. Pero el hombre ya no sabr? distinguir entre lo que es y lo que no es. Se perder? en falsos laberintos; los que consigan dar vida a los espejismos se burlar?n del hombre pueril, enga??ndole. Y muchos hombres se convertir?n en perros rastreros.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, los animales que No? embarc? en su arca no ser?n, entre las manos del hombre, m?s que bestias transformadas seg?n su voluntad; y, ?qui?n se preocupar? de su sufrimiento vital? El hombre habr? hecho de cada animal lo que habr? querido. Y habr? destruido numerosas especies. ?En qu? se habr? convertido el hombre que haya cambiado las leyes de la vida, que haya hecho del animal vivo pella de arcilla? ?Ser? el igual de Dios o el hijo del diablo?

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, se deber? temer por hijo del hombre; el veneno y la desesperaci?n le acechar?n; no se le habr? deseado m?s que por uno mismo, no por ?l o por el mundo; ser? acosado por el placer y a veces vender? su cuerpo. Pero incluso el que sea protegido por los suyos estar? en peligro de tener el esp?ritu muerto; vivir? en el juego y en el espejismo. ?Qui?n le guiar? cuando no tenga maestros? Nadie le habr? ense?ado a esperar y a actuar.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, el hombre se creer? Dios, aunque no habr? progresado nada desde su nacimiento. Atacar? vencido por la ira y por los celos. Y su brazo estar? armado con el poder del que se habr? adue?ado; Prometeo cegado podr? destruirlo todo a su alrededor. Ser? un enano de alma y tendr? la fuerza de un gigante; avanzar? a pasos inmensos pero no sabr? que camino tomar. Su cabeza estar? cargada de saber pero ya no sabr? porque vive o porque muere ser?, como siempre, el loco que gesticula o el ni?o que gime.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, regiones enteras ser?n botines de guerra. M?s all? de los l?mites romanos e incluso en el antigua territorio del imperio; los hombres de las mismas ciudades se degollar?n; aqu? habr? guerra entre tribus y all?, entre creyentes. Los jud?os y los hijos de Al? no dejar?n de enfrentarse y la tierra de Cristo ser? su campo de batalla; pero los fieles querr?n defender en todo el mundo la pureza de su fe y ante ellos no habr? m?s que duda y poder; entonces la muerte avanzar? por todo el mundo como estandarte de los tiempos nuevos.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, multitudes de hombres ser?n exclu?dos de la vida humana; no tendr?n derechos, ni techo, ni pan; estar?n desnudos y no tendr?n m?s que su cuerpo para vender; se le expulsar? lejos de la torre de Babel de la opulencia. Se agitar?n como un remordimiento o una amenaza; ocupar?n regiones enteras y proliferar?n: escuchar?n las pr?dicas de la venganza y se lanzar?n al asalto de las torres orgullosas; habr? llegado el tiempo de las invasiones b?rbaras.

Cuando empiece el a?o mil que sigue al a?o mil, El hombre habr? entrado en el laberinto oscuro; tendr? miedo y cerrar? los ojos, pues ya no sabr? ver; desconfiar? de todo y temer? a cada paso, pero ser? empujado hacia delante y no le ser? permitido detenerse.. La voz de Casandra ser?, sin embargo, potente y clara. Pero ?l no la oir? pues querr? poseer m?s cada d?a y su cabeza se habr? perdido en las fantas?as; los que ser?n sus maestros le enga?ar?n y no tendr? m?s que malos consejeros.

Llegados plenamente al a?o mil que sigue al a?o mil, los hombres por fin habr?n abierto sus ojos; ya no estar?n encerrados en sus cabezas o en sus ciudades; se ver?n y se oir?n de un lado a otro de la tierra; sabr?n que lo que golpea a uno hiere al otro. Los hombres formar?n un cuerpo ?nico del que cada uno ser? una parte ?nfima, y juntos construir?n el coraz?n, y habr? una lengua que ser? hablada por todos y nacer? as?, por fin, el gran humano.

Llegados plenamente al a?o mil que sigue al a?o mil, el hombre habr? conquistado el cielo; crear? estrellas en el gran mar azul sombr?o y navegar? en esa nave brillante, nuevo Ulises, compa?ero del sol, hacia la odisea celeste. Pero tambi?n ser? el soberano del agua; habr? construido grandes ciudades n?uticas, que se nutrir?n de las cosechas del mar; vivir? as? en todos los rincones del gran dominio y nada le ser? prohibido.

Llegados plenamente al a?o mil que sigue al a?o mil, los hombres podr?n penetrar en las profundidades de las aguas; su cuerpo ser? nuevo y ellos ser?n peces, y algunos volar?n m?s altos que los p?jaros como si la piedra no cayera. Se comunicar?n entre ellos pues su esp?ritu estar? tan abierto que recoger? todos los mensajes, y los sue?os ser?n compartidos y vivir?n tanto tiempo como el m?s viejo de los hombres, aquel del que hablan los libros sagrados.

Llegados plenamente al a?o mil que sigue al a?o mil, el hombre conocer? el esp?ritu de todas las cosas, la piedra o el agua, el cuerpo del animal o la mirada del otro; habr? penetrado los secretos que los dioses antiguos pose?an y empujar? una puerta tras otra en el laberinto de la vida nueva. Crear? con la fuerza con que brota una fuente; ense?ara es saber a la multitud de los hombres, y los ni?os conocer?n la tierra y el cielo mejor que nadie antes que ellos. Y el cuerpo del hombre ser? m?s grande y m?s h?bil. Y su esp?ritu habr? abarcado todas las cosas y las habr? pose?do.

Llegados plenamente al a?o mil que sigue al a?o mil, el hombre ya no ser? el ?nico soberano, pues la mujer empu?ar? el cetro; ser? la gran maestra de los tiempos futuros y lo que piense lo impondr? a los hombres; ser? la madre de ese a?o mil que sigue al a?o mil. Difundir? la dulzura tierna de la madre tras los d?as del diablo; ser? la belleza despu?s de la fealdad de los tiempos b?rbaros; el a?o mil que viene despu?s del a?o mil cambiar? en poco tiempo; se amar? y se compartir?, se so?ar? y se dar? vida a los sue?os.

Llegados plenamente al a?o mil que sigue al a?o mil, el hombre conocer? un segundo nacimiento; el esp?ritu se apoderar? de las gentes, que comulgar?n en fraternidad; entonces se anunciar? el fin de los tiempos b?rbaros. Ser? el tiempo de un nuevo vigor de la fe; despu?s de los d?as negros del inicio del a?o mil que viene despu?s del a?o mil, empezar?n los d?as felices; el hombre reconocer? el camino de los hombres y la tierra ser? ordenada.

Llegados plenamente al a?o mil que sigue al a?o mil, los caminos ir?n de una punta de la tierra y del cielo a la otra; los bosques ser?n de nuevo frondosos y los desiertos habr?n sido irrigados; las aguas habr?n vuelto a ser puras. La tierra ser? un jard?n; el hombre velar? sobre todo lo que vive; purificar? lo que ha contaminado; as? sentir? que toda esta tierra es su hogar, y ser? sabio y pensar? en el ma?ana.

Llegados plenamente al a?o mil que sigue al a?o mil, todos ser?n como movimientos ordenados, se sabr? todo del mundo y del propio cuerpo; se so?ar? con la enfermedad antes de que aparezca; todos se curar?n as? mismos y a los dem?s. Se habr? entendido que es necesario ayudar para mantenerse, y el hombre, despu?s de los tiempos de cerraz?n y de avaricia, abrir? su coraz?n y su bolsa a los m?s despose?dos; se sentir? caballero de la orden humana y as? por fin un tiempo nuevo empezar?.

Llegados plenamente al a?o mil que sigue al a?o mil, el hombre habr? aprendido a dar y compartir; los d?as amargos de la soledad habr?n pasado; creer? de nuevo en el esp?ritu; y los b?rbaros habr?n adquirido el derecho de ciudadan?a. Pero eso vendr? despu?s de las guerras y los incendios; eso surgir? de los escombros ennegrecidos de las torres de Babel. Y habr? sido necesario el pu?o de hierro para que se ordene el desorden. Y para que el hombre encuentre el buen camino.

Llegados plenamente al a?o mil que sigue al a?o mil, el hombre sabr? que todos los seres vivos son portadores de luz y que son criaturas que deben ser respetadas; habr? construido las ciudades nuevas en el cielo, sobre la tierra y sobre el mar. Conservar? en la memoria lo que fue y sabr? leer lo que ser?; ya no tendr? miedo de su propia muerte, pues en su vida habr? vivido muchas vidas y sabr? que la luz nunca se apagar?.

Fdo. Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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