Mi?rcoles, 23 de junio de 2010

PENSAMIENTOS ESPIRITUALES DE JUAN PABLO II SOBRE LA PAZ

Aqu? os traemos una serie de pensamientos y buenas citas sobre la paz en general y del mundo en part?cular. Todos sabemos que hay diferentes tipos de paz, esta la espiritual, la vivencial, etc. EL AUTOR DEL BLOG.

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La verdadera reconciliaci?n entre hombres enfrentados y enemistados s?lo es posible si se dejan reconciliar al mismo tiempo con Dios.

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Juan Pablo II

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La guerra nace en el coraz?n del hombre, porque es el hombre quien mata y no su espada o, como dir?amos hoy, sus misiles... Si los sistemas actuales, engendrados en el coraz?n del hombre, se revelan incapaces de asegurar la paz, es preciso renovar el coraz?n del hombre para renovar los sistemas, las instituciones y los m?todos de convivencia.



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No seremos capaces de perdonar, si antes no nos hemos dejado perdonar por Dios, reconoci?ndonos objeto de su misericordia. S?lo estaremos dispuestos a perdonar las faltas de los dem?s si tomamos conciencia de la deuda enorme que se nos ha perdonado.

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?C?mo no detenerse aterrorizados ante la perspectiva de destrucci?n y muerte que encierra hoy cualquier guerra, aunque sea combatida con las armas llamadas convencionales, pero a las que la tecnolog?a moderna ha conferido mort?feras posibilidades de devastaci?n y exterminio? Toda persona responsable debe reflexionar seriamente acerca de tal perspectiva, ante la que ya mi predecesor P?o XII, de venerada memoria, pronunciaba aquella angustiada advertencia: ?Nada se pierde con la paz, todo puede perderse con la guerra.?

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La ?nica soluci?n realista ante la amenaza de guerra contin?a siendo la negociaci?n. En este punto deseo recordaros una frase de san Agust?n que ha sido citada ya otras veces: ?Matad la guerra con las palabras de las negociaciones, pero no mat?is a los hombres con la espada.? Hoy vuelvo a reafirmar ante vosotros mi confianza en la fuerza de las negociaciones leales para llegar a soluciones justas y equitativas. Estas negociaciones exigen paciencia y constancia y deben orientarse claramente a una reducci?n de los armamentos equilibrada, simult?nea y controlada internacionalmente.



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El cristianismo no nos manda que cerremos los ojos a los dif?ciles problemas humanos. No nos permite o impide ver las injustas situaciones sociales o internacionales. Lo que el cristianismo nos prohibe es buscar soluciones a estas situaciones por caminos del odio, del asesinato de personas indefensas, con m?todos terror?ficos. Y dir?a m?s: el cristianismo comprende y reconoce la noble y justa lucha por la justicia, pero se opone decididamente a fomentar el odio y a promover o provocar la violencia o la lucha por s? misma. El mandamiento ?no matar?s?, debe guiar la conciencia de la humanidad, si no se quiere repetir la terrible tragedia y destino de Ca?n.
sv. No os dej?is arrastrar por la tentaci?n de responder a la violencia con la violencia. Nuestra condici?n de cristianos no lo permite. Oponed a la cultura de la violencia y del odio la del amor y la paz.

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Algunos podr?n deciros que la elecci?n de la no violencia es, a fin de cuentas, una aceptaci?n
pasiva de situaciones de injusticia. Podr?an clamar que es una cobard?a no usar la violencia contra lo que es err?neo, o que para refutar la opresi?n hay que defenderse con la violencia. Nada m?s lejos de la verdad. No hay nada de pasivo en la no violencia cuando se escoge por amor. No tiene nada que ver con la indiferencia. Tiene que ver absolutamente con la b?squeda activa de ?vencer el mal con el bien?, como urge san Pablo. Escoger la no violencia significa hacer una valiente elecci?n que incluye la defensa activa de los derechos humanos y el firme compromiso por la justicia y el desarrollo ordenado.



No podr? emprenderse nunca un proceso de paz si no madura en los hombres una actitud de perd?n sincero. Sin este perd?n las heridas continuar?n sangrando y alimentando en las generaciones futuras un hast?o sin fin, que es fuente de venganza y causa de nuevas ruinas. El perd?n ofrecido y aceptado es premisa indispensable para caminar hacia una paz aut?ntica y estable.


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Un mundo, del que se eliminase el perd?n, ser?a solamente un mundo de justicia fr?a e irrespetuosa, en nombre de la cual cada uno reivindicar?a sus propios derechos respecto a los dem?s.

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La violencia es una mentira, porque va en contra de la verdad de nuestra fe, de la verdad de nuestra humanidad... No confi?is en la violencia. No apoy?is la violencia. No es ?ste el camino cristiano. No es ?ste el camino de la Iglesia cat?lica. Creed en la paz, en el perd?n y en el amor: ?stos son de Cristo.

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Todos debemos esforzarnos en pacificar los ?nimos, moderar las tensiones, superar las divisiones, sanar las heridas que se hayan podido abrir entre hermanos, cuando se agudiza el contraste de las opciones en el campo de lo opinable, buscando, por el contrario, estar unidos en lo que es esencial para la fe y para la vida cristiana, seg?n la antigua m?xima: En lo dudoso libertad, en lo necesario unidad, en todas las cosas caridad.

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Acerca de la importancia del perd?n, conoc?is igualmente la respuesta de Jes?s que aparece con tanta frecuencia en el Evangelio: antes de presentar la ofrenda en el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano; ponte de acuerdo con ?l, mientras que vais de camino; pasa m?s all? de la estricta justicia. Es bueno ver tambi?n en nosotros mismos lo que, con raz?n, pueda alejar al otro. Es preciso hacer en nosotros mismos la renovaci?n necesaria.
Pero a pesar de todo esto, sucede que el otro rechaza el perd?n, la propuesta de paz. Pues bien, seg?n el Evangelio no debemos esperar a que los otros vengan a reconciliarse con nosotros. Hemos de ir a su encuentro. Hagamos lo que nos dice el viejo libro de los Proverbios, en un texto utilizado por san Pablo: ?Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber, obrando as? derramar?s carbones encendidos sobre su cabeza.? En resumen, que si el otro adopta una actitud de rechazo, es asunto suyo; puede ser tambi?n que nosotros ignoremos los obst?culos interiores que tiene. Nosotros hagamos, con la paz, lo que est? de nuestra parte. Y, sobre todo, continuemos rezando por ?l y am?ndole, para ser dignos hijos del Padre que est? en el cielo. ?ste es el riesgo que afrontan los disc?pulos de Cristo; y cuando Dios quiera, este riesgo contribuir? a cambiar el mundo, a semejanza de la actitud de Jes?s.
?No es precisamente as? como vosotros busc?is ser art?fices de paz, viviendo la reconciliaci?n con vosotros mismos, con vuestros semejantes, en el seno de vuestras familias, de las Iglesias de las que sois miembros, de las comunidades a las que pertenec?is?

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?A qu? conduce este camino de la violencia? Sin lugar a dudas, crecer? el odio y las distancias entre los grupos sociales, se ahondar? la crisis social de vuestro pueblo, aumentar?n las tensiones y los conflictos, llegando hasta el inaceptable derramamiento de sangre, como de hecho ya ha sucedido. Con estos m?todos, completamente contrarios al amor de Dios, a las ense?anzas del Evangelio y de la Iglesia, har?is imposible la realizaci?n de vuestras nobles aspiraciones. Y se provocar?n nuevos males de descomposici?n moral y social, con p?rdida de los m?s preciados valores cristianos.

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Pedro plantea a Jes?s esta pregunta: ?Si mi hermano me ofende, ?cu?ntas veces le tengo que perdonar? ?Hasta siete veces? Jes?s le contest?: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.? ?Setenta veces siete.? Con esta respuesta el Se?or quiere que Pedro tenga claro, y nosotros tambi?n, que no debemos poner l?mites a nuestro perd?n a los dem?s. Al igual que el Se?or est? siempre dispuesto a perdonarnos, tambi?n nosotros debemos estar prontos a perdonarnos mutuamente. Y ?qu? grande es la necesidad de perd?n y reconciliaci?n en nuestro mundo de hoy, en nuestras comunidades y familias, en nuestro mismo coraz?n! Por esto, el sacramento espec?fico de la Iglesia para perdonar, el sacramento de la penitencia, es un don del Se?or sumamente preciado.

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Y a vosotros, padres y madres, quiero decir: ense?ad a vuestros ni?os c?mo se perdona, haced de vuestros hogares lugar de amor y de perd?n; haced de vuestras calles y vecindarios centros de paz y reconciliaci?n. Ser?a un crimen contra la juventud y su futuro permitir que un ni?o crezca sin otra experiencia que la violencia y el odio.

Fdo. Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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