Lunes, 21 de junio de 2010

LOS PAPAS DEL MEDIEVO - HISTORIA DE LA IGLESIA

Los siglos XII y XIII, el tiempo que va de Gregorio VII y Urbano II a Bonifacio VIII, la ?poca de las cruzadas, de los cistercienses, de las ?rdenes mendicantes y de la escol?stica, fue en muchos aspectos para la Iglesia un per?odo de florecimiento. No es, en cambio, exacto lo que muchas veces se dice: que ?ste fue el tiempo de mayor poder?o de los papas. Es verdad que estos siglos conocieron papas dign?simos e incluso algunos muy capaces, pero estaban tan lejos de ser ?poderosos? que, con frecuencia, pudieron a duras penas escapar de las manos de sus adversarios pol?ticos.


El cisma de 1130


Tras la muerte de Calixto II, que con el concordato de Worms hab?a puesto fin a la guerra de las investiduras, el papado estuvo en un tris de recaer en los tenebrosos d?as del siglo X. De nuevo se enfrentaban en Roma dos facciones familiares, la de los Frangipani y la de los Pierleoni. Los Pierleoni eran de origen jud?o, pero bautizados tres generaciones atr?s. Ya en 1124 se produjo un cisma, mas los Frangipani lograron imponer a su papa, Honorio II. Muerto ?ste, los cardenales adictos a los Frangipani eligieron a toda prisa a Inocencio II, con s?lo diecis?is votos, y unas horas m?s tarde los dem?s nombraron al cardenal Pierleoni, que tom? el nombre de Anacleto II, con veinticuatro votos.

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Los romanos se declararon por el popular Pierleoni. Inocencio II huy? a Francia. All? san Bernardo se declar? por ?l, alegando que aunque hab?a sido elegido por la parte menor, ?sta era en cambio la ?m?s sana?. Este principio de la sanior pars no dejaba de ofrecer sus reparos, pero era tan grande entonces el prestigio de san Bernardo, que Francia, Alemania e Inglaterra se declararon en favor de Inocencio II. El principal fautor de Anacleto II era el duque normando
Rogerio II, marido de su hermana Alberia. Anacleto confiri? a este distinguido pr?ncipe el t?tulo de rey de Sicilia.

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Anacleto II muri? en 1138, e Inocencio II, sobre cuya legitimidad no cab?a ya duda, se puso en campa?a contra Rogerio de Sicilia, pero cay? prisionero de ?ste, como antes le hab?a ocurrido a Le?n IX, y obtuvo la paz a cambio de reconocer el reino de Rogerio. En el ?ltimo a?o de su pontificado los romanos se sublevaron contra ?l y proclamaron la rep?blica bajo el mando de Jord?n Pierleoni, hermano de Anacleto II, en calidad de patricio. Los dos papas siguientes, Celestino II y Lucio II, reinaron muy poco tiempo y se esforzaron en vano en imponer su autoridad a la rep?blica romana. D?cese que Lucio II muri? en el Capitolio de una pedrada.


Entonces los cardenales eligieron al santo cisterciense Bernardo Pignatelli de Pisa, abad de san Anastasio en Roma (Tre Fontane), que adopt? el nombre de Eugenio III. Hab?a sido disc?pulo de san Bernardo, y ?ste escribi? para ?l su famosa obra De consideraratione sui, una especie de ?espejo de pr?ncipes? religioso. Eugenio III sali? de Roma inmediatamente despu?s de su nombramiento y residi? la mayor parte del tiempo en Francia.

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En el ?ltimo a?o de su pontificado (1153) concert? en Constanza un tratado con el joven rey de Alemania Federico Barbarroja: Federico se compromet?a a ayudar al papa contra sus enemigos romanos y normandos y, a cambio, recibir?a la corona imperial. Una vez m?s se ofrec?a al rey alem?n la oportunidad de aparecer como el protector de la Iglesia, lo cual hubiera podido ser ventajoso para ambas partes. En lugar de ello estall? un largo conflicto entre el emperador y el papa, que acarre? los peores perjuicios al Imperio alem?n y acab? con una total transformaci?n de la pol?tica europea.

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Con Urbano IV y Clemente IV empieza una serie de brev?simos pontificados, separados las m?s de las veces por largos per?odos de sede vacante. La sede vacante subsiguiente a la muerte de Clemente IV dur? treinta y tres meses. En los cincuenta y dos a?os que median entre la muerte de Urbano IV y la elecci?n de Juan XXII, la Santa Sede estuvo sin ocupar un total de once a?os.

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Estos papas casi nunca resid?an en Roma, y como en aquel tiempo el conclave se celebraba siempre en el lugar donde hab?a fallecido el papa, la mayor?a de pont?fices fueron tambi?n elegidos fuera de Roma, por lo com?n en Perusa o Viterbo. La Ciudad Eterna cay? en olvido o poco menos. Al principio del siglo XII todav?a se hab?a desplegado en ella una considerable actividad constructiva y art?stica; pero desde entonces, la urbe hab?a deca?do mucho.

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Los romanos prosiguieron en su ocupaci?n favorita de sacudirse yugos de tiranos y nombrar c?nsules y tribunos del pueblo. Descendida su poblaci?n a unos pocos mulares de habitantes, la antigua capital hab?a quedado superada con mucho, y en todos los aspectos, por la N?poles de los Anjou.


Todos estos papas eran hombres del mayor m?rito, y algunos son venerados como santos. El dominico Pedro de Tarantasia, que con el nombre de Inocencio V muri? en 1276 tras cinco meses de pontificado, era un te?logo destacado. Gregorio X, en 1274, una vez desaparecido el Imperio latino, concert? una uni?n con los griegos, que por desgracia result? ef?mera.

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Mas en todas estas elecciones papales se manifiesta a las claras el esp?ritu que prevalec?a a fines del siglo XIII: era un tiempo de agotamiento pol?tico y de gran excitabilidad religiosa, la ?poca de la pol?mica con los ?espirituales? dentro de la orden franciscana, de las ideas de Joaqu?n de Fiore, de la apocal?ptica espera de un Papa Angelicus. De ah? tambi?n que en los conclaves se perdiera tanto tiempo buscando los m?s singulares candidatos.

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Gregorio X, que por lo dem?s fue un pont?fice excelente, fue elegido mientras resid?a en Tierra Santa en calidad de cruzado; no era cardenal, y ni siquiera sacerdote. El portugu?s Juan XXI (1276-1277), m?dico y fil?sofo, poco antes de su elecci?n actuaba a?n de m?dico de c?mara de Gregorio X. Tambi?n los soberanos, y sobre todo el rey de N?poles, deseaban un papa ang?lico, es decir, un hombre anciano, que se desentendiera de la pol?tica, y con el que pudieran proceder a su antojo.


Esta religiosidad exacerbada festej? su mayor triunfo cuando, en el a?o 1294, tras veintisiete meses de sede vacante, el eremita Pedro fue arrancado de su celda en los Abrazos e instalado en el solio pontificio con el nombre de Celestino V.

Fdo. Cristobal Aguilar.

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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti