Viernes, 18 de junio de 2010

LA IGLESIA Y LAS CRUZADAS (SEGUNDA PARTE) - HISTORIA DE LA IGLESIA

El gran papa Inocencio III puso en pie una nueva cruzada. La rep?blica de Venecia estaba dispuesta a suministrar la flota. Mientras los caballeros, que esta vez proced?an casi todos de Francia, se congregaban en Venecia, apareci? en la ciudad el joven emperador Alejo, huido de Constantinopla en 1201, y solicit? el auxilio de los cruzados. Con esto se dio un nuevo giro, no s?lo a la cruzada sino a toda la pol?tica oriental de Europa.


Desde el siglo XI Venecia, Bizancio y los normandos rivalizaban por la hegemon?a del Adri?tico. A los venecianos les interesaba, antes que nada, que no se les cerrara la salida del mar. Mientras Roberto Guiscardo y su hijo Bohemundo estuvieron intentando sentar firmemente el pie en el Epiro y Albania, Venecia fue aliada de Bizancio contra los normandos. Pero cuando en 1149 los bizantinos ocuparon Corf? e incluso Ancona en 1151, la rep?blica se ali? con los normandos contra el Imperio de Oriente. Desde entonces los griegos profesaron a los venecianos un creciente aborrecimiento.

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El emperador Manuel I, de la dinast?a de los Comnenos, en 1171 hizo encarcelar a todos los venecianos que se encontraban en Constantinopla. Despu?s de su muerte, ocurrida en 1180, su viuda Mar?a de Antioqu?a, oriunda de Occidente, que desempe?aba la regencia durante la minoridad de su hijo Alejo II, inici? una pol?tica filoveneciana, y esto dio pie a que estallara una revoluci?n, instigada por otro pr?ncipe de los Comnenos, Andr?nico.

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Se dio muerte al joven emperador Alejo y a todos los venecianos, y Andr?nico subi? al trono en 1183. Sin embargo, en 1185 fue asesinado por su yerno Isaac Angelos. Isaac gobern? hasta el a?o 1195, en que, derribado por su hermano Alejo III, fue cegado y encarcelado. Su hijo Alejo IV consigui? en 1201 evadirse de la prisi?n en que le ten?a su t?o, y as? fue como lleg? a Venecia en el momento en que se estaban congregando all? los cruzados.

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El dux Enrique Dandolo no dej? que se le escapara esta oportunidad ?nica. Ten?a en sus manos a los cruzados, y dirigi? la flota contra Constantinopla. Por el camino tuvieron los cruzados que conquistar Zara para los venecianos. Constantinopla fue tomada en 1203, y Alejo IV fue instalado en el trono. Los griegos se rebelaron en seguida y le asesinaron; los cruzados volvieron a tomar Constantinopla y procedieron ya sin contemplaciones de ninguna clase. El Imperio bizantino fue convertido en un estado feudal a la manera de los occidentales y se proclam? emperador a Balduino, conde de Flandes, aunque su territorio se reduc?a a Constantinopla y algunas islas.

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Se estableci? adem?s un reino en Sal?nica, ducados en Filip?polis y Atenas y un principado en Morea. Los venecianos se quedaron tambi?n con muchas posesiones. Fue creada una nueva jerarqu?a encabezada por un patriarca latino en Constantinopla, del que depend?an veintid?s arzobispados y cincuenta y ocho obispados. Inocencio III no estaba en absoluto de acuerdo con el giro que los venecianos hab?an dado a su cruzada, pero ante el hecho consumado aprob? la nueva ordenaci?n eclesi?stica.


Desde el punto de vista pol?tico, los resultados no eran tan despreciables como pudiera parecer. Era in?til entretenerse en plantear cuestiones de derecho, dada la irremediable situaci?n del Imperio bizantino y la atroz conducta de los Comnenos. Una de las principales causas de que los cruzados no hubieran podido conservar Palestina, hab?a sido la falta de una base. Esta base es la que hubiera podido suministrar el Imperio latino establecido en la pen?nsula balc?nica, de haber sido viable. Pero no le result?, entre otras cosas porque la conquista no hab?a sido completa.

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Los Comnenos resist?an en Epiro y en Trebisonda, donde continuaron ostentando el t?tulo imperial, y frente a Constantinopla surgi? otro estado griego, Nicea, gobernado por Teodoro L?scaris, que tambi?n tom? el t?tulo de emperador. No hab?a, pues, que hablar de establecer una l?nea de comunicaciones con Palestina; a mayor abundamiento, el Imperio franco languidec?a por efecto de su econom?a feudal y de la incapacidad o minoridad de sus soberanos.
Inocencio III intent? a?n poner en marcha una cruzada aut?ntica, pero muri? antes de que en 1217 el rey de Hungr?a Andr?s II y el duque de Austria, Leopoldo VI, llegaran a Acre.

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?stos no hicieron nada de provecho. Al a?o siguiente el rey titular de Jerusal?n, Juan de Brienne, con el legado pontificio atac? a Egipto y conquist? el puerto, entonces muy importante, de Damieta. Tambi?n ?sta era una idea acertada, pues la historia ense?a que a la larga el dominio de Palestina no puede mantenerse sin el de Egipto. No olvidemos que de Egipto hab?a salido tambi?n Saladino. Sin embargo, la expedici?n acab? mal, cuando los egipcios perforaron los diques del Nilo e inundaron todas las tierras en torno a Damieta.

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El emperador Federico II, nieto de Barbarroja, hab?a prometido varias veces salir en cruzada. Acosado por el papa Gregorio IX, en 1227 reuni? por fin un ej?rcito en Brindis; pero se present? la peste en el campamento, y muri? un gran n?mero de caballeros, entre ellos el landgrave Luis de Turingia, marido de santa Isabel.

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Finalmente Federico II se hizo a la mar, pero entonces cay? ?l mismo enfermo y se volvi? atr?s. Gregorio IX, ya de antes gravemente irritado por la conducta del emperador, lo excomulg?. Entonces, con poca gente, Federico se dirigi? realmente a Palestina y obtuvo del sult?n un tratado que no era del todo desfavorable: los cristianos renunciaban al resto de Siria, pero obten?an Jerusal?n, Bel?n, Nazaret y una faja de tierra que un?a los Santos Lugares con el puerto de Acre.

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El excomulgado emperador se coron? rey de Jerusal?n en la bas?lica del Santo Sepulcro, mientras el patriarca fulminaba el entredicho. Seguidamente Federico regres? a Apulia. El estado de cosas creado por ?l no dur? mucho tiempo; en 1244 Jerusal?n fue definitivamente arrebatado a los cristianos, y a ?stos no les qued? m?s que Jaffa, Acre y, en el Norte, Antioqu?a.


En 1245 el concilio de Lyon decidi? promover una nueva cruzada, pero como continuaba la disputa entre el emperador Federico II y el papa, y por lo dem?s el entusiasmo estaba ya muy deca?do, s?lo el rey de Francia Luis IX el Santo (1226-1270) se puso en camino hacia Tierra Santa. Conquist? Damieta en 1249, pero cay? prisionero y tuvo que pagar un rescate. Hasta 1254 se qued? en Palestina, como un particular, rescatando a muchos esclavos cristianos; luego volvi? a su tierra.


El a?o 1261 trajo el fin del imperio latino. Apoyado por los genoveses, rivales de los venecianos, el emperador de Nicea, Miguel Pale?logo conquist? Constantinopla. El emperador Balduino II, el patriarca latino y los venecianos se dieron a la fuga. De todos modos, los venecianos conservaron en su poder numerosas islas.

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En el Peloponeso el principado de Morea, bajo la capaz dinast?a de los Villehardouin, subsisti? hasta 1446, y hasta 1456 el ducado de Atenas, donde desde 1333 dominaba la familia de mercaderes florentinos de los Acciajuoli. En el a?o 1268 los cristianos perdieron Jaffa y Antioqu?a. No les quedaba m?s que Acre. Luis IX se puso de nuevo en camino, pero s?lo pudo llegar hasta Cartago, donde muri? de la peste. En 1291 cay? tambi?n Acre.

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Los grandes esfuerzos de dos siglos, hab?an sido, pues, en vano. A veces se censura a los papas por haber lanzado la cristiandad a esta desdichada pol?tica de guerra, con olvido de su ministerio espec?fico. No puede negarse que, de no haber sido por los papas, las cruzadas ni se hubieran emprendido ni se hubiesen continuado durante tan largo tiempo. Lo que con raz?n puede reprocharse a Urbano II y a sus sucesores es haber infraestimado con mucho las dificultades de la empresa; pero lo mismo hicieron, todos los dem?s pr?ncipes cristianos.

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Los papas atribu?an a la gente una capacidad de idealismo que s?lo poseen algunos individuos, pero nunca la masa. Si todos los cruzados hubieran sido como el primero y el ?ltimo, Godofredo de Bouillon y san Luis, el resultado hubiera podido ser muy distinto. En la historia los fracasos hacen siempre muy mala impresi?n; pero ello no justifica que se dirijan a los papas reproches morales y se ponga en tela de juicio la limpieza de sus intenciones.


Es pertinente, de todos modos, preguntar por las causas de este fracaso. La raz?n principal estriba, sin duda, en las deficiencias del arte militar en la Edad Media. Lo que faltaba a los cruzados no era bravura, sino planeamiento estrat?gico y, sobre todo, acoplamiento. Comp?rense solamente las campa?as llevadas a cabo por los antiguos romanos en las mismas regiones, las de L?culo, Sila, Pompeyo, Vespasiano; all? hab?a una aut?ntica estrategia.

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Los cruzados desconoc?an totalmente a su enemigo. Adem?s, su n?mero era insuficiente, y no hay que hacer caso de los cronistas, que abultan desatentadamente las cifras de combatientes y, por consiguiente, tambi?n las p?rdidas totales. No puede negarse que, con el tiempo, los jefes aprendieron sus lecciones; los ataques a Constantinopla y a Egipto fueron acertados, desde el punto de vista pol?tico. Mas, por otra parte, a medida que los fines perseguidos se desplazaban del campo religioso al pol?tico, se iba desvaneciendo el inter?s y la comprensi?n de las masas.


A despecho de su fracaso final, las cruzadas ejercieron un enorme influjo sobre la historia de Europa y la de la Iglesia. En el aspecto cultural, este influjo fue acaso menor de lo que suelen creer los historiadores profanos. Pues en Asia Menor, Siria septentrional y Palestina no puede decirse propiamente que los cruzados llegaran a ponerse en contacto con la aut?ntica cultura isl?mica.

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El innegable intercambio cultural que se produjo en el siglo XIII, pas? m?s bien a trav?s de Espa?a. Pero las cruzadas crearon la idea de que existe una familia de pueblos occidentales, idea que acab? substituyendo la antigua concepci?n del Imperio. El emperador hab?a sido el protector de la Iglesia; en el nuevo concepto de la cristiandad se conten?a tambi?n un pensamiento expansionista.

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El movimiento misional surgi? de las cruzadas. La Orden teut?nica, fundada durante el asedio de Acre, traslad? su actividad del modo m?s natural y consecuente desde Tierra Santa a la cristianizaci?n de las tierras a?n paganas del nordeste de Europa. Espa?a, que ten?a en su casa sus propias cruzadas y sus ?rdenes militares, pas? con la misma naturalidad de la Reconquista a la Conquista. Otra lecci?n que en aquel tiempo se aprendi?, es que la conquista de tierras para el reino de Cristo no puede efectuarse s?lo con la espada.

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San Francisco ya en 1219 envi? sus primeros misioneros a Marruecos. El espa?ol santo Domingo fund? su orden de maestros y predicadores en la atm?sfera de la cruzada contra los albigenses. A otro gran espa?ol, san Ignacio de Loyola, que hizo de la idea misional un movimiento que arrastr? a la Iglesia entera, s?lo se le puede entender sabiendo hasta qu? punto estaba vivo en ?l el viejo ideal de los cruzados.

?Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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