Jueves, 17 de junio de 2010

EL PODER DE LUCIFER Y LA ALIANZA GUERRERA DE DIOS JUNTO CON LA NATURALEZA HUMANA

Sat?n, Lucifer, tiene un poder tremendo; la cuesti?n que se plantea es ?sta: ?hasta d?nde llega ese poder? Si acept?ramos la igualdad de Dios y Sat?n tendr?amos que admitir tambi?n la idea de coeternidad; de esa manera el hombre se encontrar?a totalmente impotente e incapacitado para defenderse del maligno adversario, el perverso demonio. Pero la gran ense?anza de la tradici?n judeo-cristiana es la de que el hombre no solamente puede defenderse del Maligno, sino tambi?n derrotarlo con la ayuda de los llamados ?ngeles custodios, que siempre est?n a la vera del camino por donde anda el hombre.

Una de las manifestaciones m?s significativas de la alianza entre Dios y el hombre, con intervenci?n de ?ngeles o mensajeros, aparece en el Libro de Job, escrito 500 a?os antes de Jesucristo, aproximadamente.
Como quiera que solamente puede actuar con permiso de Dios, el Se?or le permite a Sat?n que tiente a Job, un santo var?n piadoso. A primera vista parece que Dios ha entregado uno de sus mejores amigos en manos de su enemigo, el peor de todos.
Pero Job es puesto a prueba solamente: Dios quer?a demostrar, no tanto a Sat?n como a Job, que aqu?l no es omnipotente; que su poder es s?lo residuo del que le fue otorgado cuando se le cre? como ?ngel. Del Libro de Job surge con pr?stina claridad y esperanza la evidencia de que el hombre es m?s poderoso que Sat?n, ya que puede aliarse con Dios.
La existencia de Sat?n fue confirmada posteriormente por los ap?stoles cuando recibieron orden de predicar los evangelios al pueblo. Cristo hab?a llamado a Sat?n, pr?ncipe de este mundo, y con esto se?ala la caracter?stica esencial de Satan?s.
De todos modos, el desarrollo de la demonolog?a b?blica sigue un itinerario mucho m?s complejo que el de la angelolog?a, puesto que si era relativamente f?cil imaginarse a Yhavh? rodeado de una corte de personajes celestiales, sirvi?ndose de ellos como ministros y mensajeros, era sumamente dif?cil admitir la existencia de otros seres dotados de poderes ocultos, que compartiesen con ?l el dominio sobre los hombres y el mundo, aunque limit?ndose a la esfera del mal.
Por esta raz?n, los autores b?blicos m?s antiguos, casi hasta la ?poca del destierro, evitan hablar abiertamente de demonios, prefiriendo hacer que provengan de Dios incluso los males que afligen al hombre, como la peste, la fiebre, etc., a veces bajo la forma de un ?ngel exterminador.
No faltan, sin embargo, algunas huellas literarias que revelan la creencia popular en la existencia de esp?ritus malos, de los que el hombre intenta precaverse con ritos o pr?cticas m?gicas.
Entre estos destacan: los "Floh?m", esp?ritus de los difuntos, que evocan los nigromantes, a pesar de la prohibici?n absoluta de la ley; los "S?dim", seres con car?cter verdaderamente diab?lico, a los que los israelitas llegaron a ofrecer sacrificios; tambi?n menciona a unos seres extra?os semejantes a los s?tiros, que, seg?n se cre?a habitaban en las ruinas o en lugares ?ridos y alejados.
Con estos mismos lugares se relaciona tambi?n la presencia de los dos ?nicos demonios cuyos nombres nos ofrecen los textos antiguos: con las casas derrumbadas al demonio Lilith, al que se atribu?a sexo femenino; y con el desierto a Azazel, a quien el d?a solemne de la expiaci?n se le ofrec?a un macho cabr?o sobre el que el sumo sacerdote hab?a cargado los pecados del pueblo.
El libro b?blico en que se manifiestan m?s abiertamente la creencia de los israelitas en los demonios es el de Tob?as, que en paralelismo con la acci?n ben?fica desarrollada por el ?ngel Rafael, hace resaltar la obra mal?fica del demonio Asmodeo, a quien se atribuye una violencia de persecuci?n tan grande que llega a matar a todos los que intentaban unirse en matrimonio con la mujer a la que torturaba.
Pero el libro conoce, adem?s, una forma eficaz para exorcizar a cualquier demonio o esp?ritu del mal: quemar el h?gado y el coraz?n de un pez, pues el humo obliga entonces irremediablemente al esp?ritu a abandonar su presa y a huir lejos.
Los escritos jud?os sucesivos, no comprendidos en el Canon, definen a los demonios, en otra hora, esp?ritus puros, en rivales absolutos de Dios y de los hombres. En general se prefiere llamarles esp?ritus malignos, impuros o enga?osos, unidos todos ellos en torno a un jefe que para algunos lleva el nombre de Belial, y para otros de Belceb?.
Habr?an tenido su origen en la uni?n de los ?ngeles con las famosas "hijas de los hombres". Pero no hay comprobaci?n fidedigna de ello, porque los primeros 11 cap?tulos del G?nesis, son mitolog?a, proveniente de los asirios, que as? explican la creaci?n del mundo y del hombre.
La rebeli?n de Lucifer, de Luzbel, para anotar unos nombres cl?sicos, produjo la ca?da de algunos ?ngeles, que desobedecieron las ?rdenes de Dios, y desde entonces, al perder su car?cter de esp?ritus puros, se perdieron en una constelaci?n en el cosmos.
En la literatura postcan?nica, en la que se insiste en la clara separaci?n y oposici?n entre el mundo del bien y el mundo del mal, el papel del diablo se extiende enormemente, hasta llegar a ser considerado como el pr?ncipe de un mundo antidivino y el principio de todo mal, con un ej?rcito de demonios a su servicio y dispuesto siempre a enga?ar y seducir al hombre para arrastrarlo a su propia esfera.
Al mismo tiempo se le atribuye la responsabilidad de los pecados m?s graves que se recuerdan en la historia b?blica, y entre ellos principalmente el de los or?genes, bajo la apariencia de la serpiente astuta y seductora que enga?a a Ad?n y Eva.
Por esta misma raz?n, en el Nuevo Testamento el diablo es definido como malvado, el adversario, el enemigo, el tentador, el seductor y la antigua serpiente, mentirosa y homicida desde el principio.
La concepci?n del Nuevo Testamento sobre la presencia mal?fica de los esp?ritus del mal en el mundo, aunque no incluye ning?n esfuerzo de sistematizaci?n respecto a las creencias heredadas del ambiente cultural circundante jud?o o helen?stico, se presenta en conjunto bastante clara y lineal en cada una de sus partes, estando marcada por una absoluta oposici?n entre Dios y Satan?s, que se traduce en una lucha abierta, encarnizada y constante, emprendida por Cristo y sus ?ngeles, para hacer que avance el reino de Dios hasta una completa victoria sobre el reino de las tinieblas, con una definitiva destrucci?n del mal.
Jes?s se enfrenta personalmente con Satan?s ya antes de comenzar su ministerio p?blico y rechaza vigorosamente sus sugerencias. Se puede afirmar que, en el curso de su predicaci?n, todas sus acciones est?n dirigidas a liberar de los esp?ritus malignos a cuantos estaban oprimidos por ?l, en cualquier sitio en que se encontrasen y bajo cualquier forma que se manifestara el poder del maligno en la realidad humana.
Vemos en los relatos del Nuevo Testamento gestos de Jes?s para devolver la salud a enfermos, mediante exorcismos, y otros adem?s muy numerosos, donde se habla impl?citamente de obsesi?n o posesi?n diab?lica, con una terminolog?a propia o equivalente: "endemoniados", "tener o poseer un demonio", "un esp?ritu impuro o maligno". Todo ello indica claramente el poder de Cristo contra Satan?s, ayudado en numerosas ocasiones por sus ?ngeles.
La rebeli?n de los ?ngeles ca?dos, supuso la superioridad de los ?ngeles y arc?ngeles fieles a Dios, y surgieron en el mundo celeste, los ?ngeles custodios salvaguardo-res del hombre, verdaderos gu?as espirituales de la humanidad, que est?n ah? a nuestro lado permanentemente.
En cuanto a la suerte final de Satan?s, es seguro que la Providencia lo aplastar? y lo sepultar? en los abismos m?s profundos. Satan?s, y los ?ngeles rebeldes fueron arrojados a la oscuridad del averno y a las fosas tenebrosas del t?rtaro, en donde fueron relegados al principio de los tiempos, en un "estanque de fuego y azufre, donde ser?n atormentados d?a y noche, por los siglos de los siglos".

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Fdo. Cristobal Aguilar.


Publicado por cristobalaguilar @ 0:15  | Los Demonios
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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