Jueves, 17 de junio de 2010

PENSAMIENTOS ESPIRITUALES DE JUAN PABLO II SOBRE LA AYUDA AL HERMANO

Traed con vosotros al pobre, al enfermo, al exiliado y al hambriento; traed a cuantos est?n fatigados
o llevan una vida agobiante.

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Juan Pablo II

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?Cu?ntas veces las tinieblas de la soledad, que oprimen a una alma, pueden ser desgarradas por el rayo luminoso de una sonrisa o de una palabra amable!
Una palabra buena se dice pronto; sin embargo, a veces se nos hace dif?cil pronunciarla. Nos detiene el cansancio, nos distraen las preocupaciones, nos frena un sentimiento de frialdad o de indiferencia ego?sta. As? sucede que pasamos al lado de personas a las cuales, aun conoci?ndolas, apenas les miramos el rostro y no nos damos cuenta de lo que frecuentemente est?n sufriendo por esa sutil, agotadora pena, que proviene de sentirse ignoradas. Bastar?a una palabra cordial, un gesto afectuoso e inmediatamente algo se despertar?a en ellas: una se?al de atenci?n y de cortes?a puede ser una r?faga de aire fresco en lo cerrado de una existencia, oprimida por la tristeza y por el desaliento.


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El amor a Jes?s se convierte en acogida al hermano. El testimonio de fe se transforma al mismo tiempo en testimonio de caridad. Dos virtudes inseparables, pues caminan por el ?nico ra?l de las dos dimensiones: Dios y el hombre. Quien ama a Dios, ama al hombre: ?Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve.?

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Acercaos a ?l y descubridlo en el pobre y en el que tiene soledad, en el enfermo y en el afligido, en el incapacitado, en el anciano, en el marginado, en todos aquellos que esperan vuestra sonrisa, que necesitan vuestra ayuda, y que desean vuestra comprensi?n, vuestra compasi?n y vuestro amor. Y cuando hay?is conocido y abrazado a Jes?s en todos ?stos, entonces ?y s?lo entonces? participar?is profundamente de la paz de su Sagrado Coraz?n.

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Un signo distintivo del cristiano debe ser, hoy m?s que nunca, el amor a los pobres, los d?biles y los que sufren. Vivir este exigente compromiso requiere un vuelco total de aquellos supuestos valores que inducen a buscar el bien solamente para s? mismo: el poder, el placer y el enriquecimiento sin escr?pulos. S?, los disc?pulos de Cristo est?n llamados precisamente a esta conversi?n radical.
Los que se comprometan a seguir este camino experimentar?n verdaderamente ?justicia, paz y gozo en el Esp?ritu Santo?, y saborear?n ?un fruto de paz y de justicia?.


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En los ?heridos de la vida? se manifiesta el rostro mismo del Se?or. Es necesario que testimoniemos incesantemente que ?toda persona herida en su cuerpo o en su esp?ritu, toda persona privada de sus derechos m?s fundamentales, es una imagen viva de Cristo?. Por tanto, el encuentro con el Se?or nos lleva naturalmente a ponernos al servicio de nuestros hermanos m?s peque?os. La actitud de respeto, comuni?n y compasi?n con los necesitados es un reflejo de nuestra fidelidad a Cristo.

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Y Cristo contin?a pasando, por las ?reas ind?genas, rurales y urbanas, invitando a todos a tomar parte en su Pascua, identific?ndose con:
el hermano sin tierra y sin trabajo, que grita por la falta de sentido de la propia existencia sufrida;
el hermano sin casa, que duerme en las aceras de las calles, gritando el fr?o de no tener hogar, del desamor y la falta de calor humano;
el hermano analfabeto, ?sin voz ni voto?, gritando por su condenaci?n al desempleo y mendigando la propia participaci?n;
el hermano doliente, o que vive encadenado, clamando: yo no quiero ser un marginado;
el hermano sediento de aumentar su sed de justicia, de amor a la fraternidad, porque sufre el flagelo de la sequ?a;
el hermano hambriento, que muestra toda su hambre de pan y hambre de Dios.
Todos ?stos dejan entrever el rostro de-Cristo. Para todos ellos es necesario que la ?tierra de Dios? se convierta cada vez m?s en ?tierra de hermanos?. ?Ayud?moslos!

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Es deber nuestro trabajar por el bien de toda la familia humana, haciendo uso de nuestros talentos personales. Hemos de procurar atender a las necesidades de todo el mundo y no excluir a nadie de nuestro amor. Somos, evidentemente, responsables de nuestros actos, pero tambi?n somos responsables del bien que dejamos de hacer. Hemos
de pedir ayuda a Dios para nuestra vida y para nuestro mundo, y confiar en ?el que es poderoso para hacer que copiosamente abundemos m?s de lo que pedimos o pensamos, en virtud del poder que act?a en nosotros?.


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El camino se?alado por los mandamientos para llegar al cielo, para alcanzar la felicidad, pasa por el amor, por el servicio al hermano. El Se?or espera que confirm?is la autenticidad de vuestro amor a Dios con obras de caridad hacia el pr?jimo. Cristo os da cita junto al hermano sufriente, olvidado, oprimido. ?l os llama a un decidido compromiso con el hombre, en la defensa de sus derechos y dignidad como hijo de Dios que es. Ten?is que amar a Dios y a vuestros semejantes contribuyendo as? a la edificaci?n de una sociedad en la que los bienes sean compartidos por todos, una sociedad donde todos puedan vivir de modo conforme a su condici?n de personas.

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En el rostro de los pobres veo el rostro de Cristo. En la vida del pobre veo reflejada la vida de Cristo. A cambio, el pobre y esos discriminados se identifican m?s f?cilmente con Cristo, porque en ?l descubren a uno de los suyos. Ya desde el mismo comienzo de su vida, en el bendito instante de su nacimiento como Hijo de la Virgen Mar?a, Jes?s no tuvo casa, porque ?no hab?a lugar para ?l en la posada?. Cuando sus padres le llevaron a Jerusal?n por primera vez, para presentar su ofrenda en el templo, fueron contados entre los pobres e hicieron la ofrenda que correspond?a a los pobres. En su ni?ez fue un refugiado, forzado a huir del odio que hab?a desatado la persecuci?n, a abandonar su propio pa?s y a vivir exiliado en tierra extranjera. Siendo un muchacho fue capaz de confundir a los ilustrados maestros con su sabidur?a, y aun trabajaba con sus manos como un humilde carpintero, al igual que su padre adoptivo, Jos?. Cuando proclam? y explic? las Escrituras en la sinagoga de Nazaret, ?el hijo del carpintero? fue rechazado. Incluso uno de los disc?pulos que hab?a elegido para seguirle pregunt?: ??De Nazaret puede salir algo bueno?? Fue tambi?n v?ctima de la justicia y la tortura y fue entregado a la muerte sin que nadie saliera en su defensa. S?, ?l era el hermano de los pobres, ?sa era su misi?n ?pues fue
enviado por Dios Padre y ungido por el Esp?ritu Santo?: proclamar el Evangelio a los pobres. Elogi? al pobre cuando pronunci? aquel reto sorprendente para todos aquellos que quieran ser sus seguidores: ?Bienaventurados los pobres de esp?ritu, porque de ellos es el reino de los cielos.?

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Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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