Martes, 15 de junio de 2010

PENSAMIENTOS ESP?RITUALES DE JUAN PABLO II SOBRE LA V?RGEN MAR?A

Nos parecio de justicia publicar aqu? una serie de citas ? de pensamientos relevantes sobre la V?rgen, que hace este gran amante y defensor de Mar?a, que lo fu? y seguramente lo seguir? siendo desde el cielo. EL AUTOR DEL BLOG.

Dirigios con frecuencia a Mar?a en vuestras oraciones, porque ?jam?s se oy? decir que ninguno de los que han acudido a su protecci?n, implorado su socorro y pedido su intercesi?n haya sido desamparado de Ella?.

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Juan Pablo II

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Totus Tuus. Esta f?rmula no tiene solamente un car?cter piadoso, no es una simple expresi?n de devoci?n: es algo m?s. La orientaci?n hacia una devoci?n tal se afirm? en m? en el per?odo en que, durante la segunda guerra mundial, trabajaba de obrero en una f?brica. En un primer momento me hab?a parecido que deb?a alejarme un poco de la devoci?n mariana de la infancia, en beneficio de un cristianismo cristoc?ntrico. Gracias a san Luis Grignon de Montfort comprend? que la verdadera devoci?n a la Madre de Dios es, sin embargo, cristoc?ntrica, m?s a?n, que est? profundamente arraigada en el Misterio trinitario de Dios, y en los misterios de la Encarnaci?n y la Redenci?n.

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Mar?a Sant?sima contin?a siendo la amorosa consoladora en tantos dolores f?sicos y morales que afligen y atormentan a la humanidad. Ella conoce nuestros dolores y nuestras penas, porque tambi?n Ella ha sufrido, desde Bel?n al Calvario: ?Y una espada atravesar? tu alma.? Mar?a es nuestra Madre espiritual, y la madre comprende siempre a los propios hijos y los consuela en sus angustias. Adem?s Ella ha recibido de Jes?s en la cruz esa misi?n espec?fica de amarnos, y amarnos s?lo y siempre para salvarnos. Mar?a nos consuela sobre todo se?al?ndonos al Crucificado y al para?so.



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Madre de misericordia, Maestra de sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, pecadores, te consagramos en este d?a todo nuestro ser y todo nuestro amor; te consagramos tambi?n nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegr?as, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

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Tambi?n os pueden llegar a vosotros momentos de cansancio, de desilusi?n, de amargura por las dificultades de la vida, por las derrotas sufridas, por la falta de ayudas y de modelos, por la soledad que lleva a la desconfianza y a la depresi?n, por la incertidumbre del futuro. Si alguna vez os encontr?is en estas situaciones, recordad que el Se?or, en el designio providencial de la creaci?n y de la redenci?n, ha querido poner junto a nosotros a Mar?a Sant?sima, que, lo mismo que el ?ngel para el profeta, est? a nuestro lado, nos ayuda, nos
exhorta, nos indica con su espiritualidad d?nde est?n la luz y la fuerza para proseguir el camino de la vida. Siendo todav?a joven, el padre Maximiliano Kolbe escrib?a desde Roma a su madre: ??Cu?ntas veces en la vida, pero especialmente en los momentos m?s importantes, he experimentado la protecci?n especial de la Inmaculada...! ?Pongo en Ella toda mi confianza para el futuro!?

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Como esclava del Se?or, Mar?a estuvo dispuesta a la entrega generosa, a la renuncia y al sacrificio a seguir a Cristo hasta la cruz. Ella exige de nosotros la misma actitud y disposici?n cuando nos se?ala a Cristo y nos exhorta: ?Haced lo que ?l os diga.? Mar?a no quiere ligarnos a ella, sino que nos invita a seguir a su Hijo. Pero, para llegar a ser en verdad disc?pulos de Cristo, debemos ?como Cristo mismo nos ense?a? despojarnos de nosotros mismos, liberarnos de nuestra propia autocomplacencia y, como Mar?a, abandonarnos enteramente en Cristo; debemos seguir su verdad, la que ?l mismo nos ofrece como ?nico camino hacia la vida verdadera y permanente.

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Tenemos necesidad de ti, Santa Mar?a de la Cruz: de tu presencia amorosa y poderosa.
Ens??anos a confiar en la providencia del Padre, que conoce todas nuestras necesidades; mu?stranos y danos a tu Hijo Jes?s, camino, verdad y vida; haznos d?ciles a la acci?n del Esp?ritu Santo, juego que purifica y renueva.

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Oh, Madre de los hombres y de los pueblos, t? que conoces todos sus sufrimientos y esperanzas, t? que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que invaden el mundo contempor?neo, acoge nuestro grito que, como movidos por el Esp?ritu Santo, elevamos directamente a tu coraz?n y abraza, con el amor de la Madre y de la Sierva, este nuestro mundo humano, que ponemos bajo tu confianza y te consagramos, llenos de inquietud por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.

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El rosario es un coloquio confidencial con Mar?a, una conversaci?n llena de confianza y abandono. Es confiarle nuestras penas, manifestarle nuestras esperanzas, abrirle nuestro coraz?n. Declararnos a su disposici?n para todo lo que ella, en nombre de su Hijo, nos pida. Prometerle fidelidad en toda circunstancia, incluso la m?s dolorosa y dif?cil, seguros de su protecci?n, seguros de que si lo pedimos ella nos obtendr? siempre de su Hijo todas las gracias necesarias para nuestra salvaci?n.

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Ella debe ahora acompa?ar vuestra vida. Debemos confiarle esta vida. Y la Iglesia nos propone justamente para ello una oraci?n muy sencilla, el rosario, ese rosario que puede tranquilamente desgranarse al ritmo de nuestras jornadas. El rosario, lentamente rezado y meditado, en familia, en comunidad, individualmente, os har? entrar poco a poco en los sentimientos de Cristo y de su Madre, evocando todos los acontecimientos que son la clave de nuestra salvaci?n.


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Seguid amando el santo rosario y difundid su pr?ctica en todos los ambientes en que os encontr?is. Es una oraci?n que os forma seg?n las ense?anzas del Evangelio vivido, os educa el ?nimo a la piedad, os da perseverancia en el bien, os prepara a la vida y, sobre todo, os lleva a ser amados de Mar?a Sant?sima, que os proteger? y defender? de las insidias del mal. Rezad a la Virgen tambi?n por m? y yo os conf?o a cada uno a su protecci?n maternal.



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En el rezo del santo rosario no se trata tanto de repetir f?rmulas cuanto, m?s bien, de entrar en coloquio confidencial con Mar?a, de hablarle, de manifestarle las esperanzas, confiarle las penas, abrirle el coraz?n, declararle la propia disponibilidad para aceptar los designios de Dios, prometerle fidelidad en toda circunstancia, sobre todo en las m?s dif?ciles y dolorosas, seguros de su protecci?n y convencidos de que obtendr? de su Hijo todas las gracias necesarias para nuestra salvaci?n.

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Te ped?mos, Madre de Cristo, que seas nuestra Gu?a al Coraz?n de tu Hijo.

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?Coraz?n Inmaculado de Mar?a, ay?danos a vencer el mal que con tanta facilidad arraiga en los corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre nuestra ?poca y parece cerrar los caminos del futuro!
?Que se revele, una vez m?s, la fuerza infinita del Amor misericordioso!
?Que se manifieste para todos, en vuestro Coraz?n Inmaculado, la luz de la Esperanza!

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Toda su vida terrena fue una peregrinaci?n de fe. Porque camin? como nosotros entre sombras y esper? en lo invisible. Conoci? las mismas contradicciones de nuestra vida terrena. Se le prometi? que a su Hijo se le dar?a el trono de David, pero cuando naci? no hubo lugar para ?l ni en la posada. Y Mar?a sigui? creyendo. El ?ngel le dijo que su Hijo ser?a llamado Hijo de Dios; pero lo vio calumniado, traicionado y condenado, y abandonado a morir en la cruz como un ladr?n. A pesar de ello, crey? Mar?a ?que se cumplir?an las palabras de Dios?, y que ?nada hay imposible para Dios?.

Autor: Juan Pablo II

Transcrito por: Cristobal Aguilar.

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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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