Lunes, 14 de junio de 2010

LOS PENSAMIENTOS ESPIRITUALES DE JUAN PABLO II SOBRE LA CRUZ

Os traemos hoy una serie de citas y pensamientos de este buen papa, sobre la cruz de Cristo. EL AUTOR DEL BLOG.

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No teng?is miedo a la cruz de Cristo. La cruz es el ?rbol de la vida. Es la fuente de toda alegr?a y de toda paz. Eue el ?nico modo por el que Jes?s alcanz? la resurrecci?n y el triunfo. Es el ?nico modo por el que nosotros participamos en su vida, ahora y para siempre.

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Juan Pablo II

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Pedid a Dios la gracia de poder llevar vuestra cruz. Nuestra vida est? amenazada por m?ltiples peligros; muchos de nuestros planes fracasan. No son pocos los hombres ?incluso en vuestro pa?s? que en ese caso dejan de encontrar sentido a la vida.

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La cruz es tambi?n el camino. Cristo afirm?: ?Si alguno quiere venir en pos de M?... tome su cruz cada d?a, y s?game.? La cruz es, pues, el sendero de la vida de cada d?a. Es, en cierta manera, la compa?era de nuestra vida. ?De cu?ntas maneras la experiencia de tomar la cruz de cada d?a se nos presenta a cada uno de nosotros! Se la puede llamar de varios modos y con nombres diversos. Con frecuencia, el hombre se estremece y no quiere pronunciar este nombre: la cruz. Busca otras expresiones, otros apelativos.

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No teng?is miedo a la cruz de Cristo. La cruz es el ?rbol de la vida. Es la fuente de toda alegr?a y de toda paz. Fue el ?nico modo por el que Jes?s alcanz? la resurrecci?n y el triunfo. Es el ?nico modo por el que nosotros participamos en su vida, ahora y para siempre.

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La cruz ha venido a ser para nosotros la c?tedra suprema de la verdad de Dios y del hombre. Todos debemos ser alumnos de esta c?tedra.

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Ante la cruz, puede haber dos posibles actitudes, ambas peligrosas. La primera consiste en tratar de ver en la cruz lo que tiene de oprimente y penoso hasta el punto de deleitarse en el dolor y en el sufrimiento como si tuviesen valor en s? mismos. La segunda, es la de quien, tal vez por reacci?n contra la precedente, rechaza la cruz y sucumbe a la m?stica del hedonismo o de la gloria, del placer o del poder. Un gran autor espiritual, Fulton Sheen, hablaba, a este respecto, de aquellos que se adhieren a una cruz sin Cristo, en oposici?n a quienes parecen querer un Cristo sin cruz. Ahora bien, el cristianismo sabe que el Redentor del hombre es un Cristo en la cruz y, por tanto, ?s?lo es redentora la cruz con Cristo!

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Hay que aprender a medir los problemas del mundo, y sobre todo los problemas del hombre, con el metro de la cruz y de la resurrecci?n de Cristo.

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En el centro de vuestra vida actual est? la cruz. Muchos huyen de ella. Pero quien pretende escapar de la cruz no encuentra la verdadera alegr?a. Los j?venes no pueden ser fuertes ni los adultos permanecer fieles si no han aprendido a aceptar una cruz. A vosotros, queridos enfermos, os ha sido puesta sobre los hombros. Nadie os ha preguntado si la quer?is. Ense?adnos a nosotros, los sanos, a aceptar a su debido tiempo y a cargar valientemente con ella, cada cual a su modo. Es siempre una parte de la cruz de Cristo. Lo mismo que Sim?n de Cirene, tambi?n nosotros hemos de cargarla con ?l un trecho del camino.

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Cristo no escond?a a sus oyentes la nesecidad de sufrimiento. dec?a muy claramente: " Si alguno quiere venir en pos de M?... tome su cruz cada d?a", y a sus disc?pulos pon?a unas exigencias de naturaleza moral, cuya realizaci?n es posible s?lo a condici?n de que ?se nieguen a s? mismos?. La senda que lleva al Reino de los Cielos es ?estrecha y angosta?, y Cristo la contrapone a la senda ?ancha y espaciosa? que, sin embargo, ?lleva a la perdici?n?. Varias veces dijo Cristo que sus disc?pulos y confesores encontrar?an m?ltiples persecuciones; esto ?como se sabe? se verific? no s?lo en los primeros siglos de la vida de la Iglesia bajo el Imperio romano, sino que se ha realizado y se realiza en diversos per?odos de la historia y en diferentes lugares de la tierra aun en nuestros d?as.

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Si la vida se vac?a de la cruz no tiene ya sentido, sabor ni valor. Quien intentase cerrar las p?ginas del Evangelio que documentan el tr?gico ep?logo de la vida terrena de Jes?s, anhelando un Evangelio m?s f?cil, m?s c?modo, m?s conforme con un modo acomodaticio de la vida, reducir?a el Evangelio de Jes?s a un documento del pasado, a una palabra inerte, a una narraci?n sin vida y sin capacidad de salvaci?n. El Se?or ha salvado al mundo con la cruz; ha devuelto a la humanidad la
esperanza y el derecho a la vida con su muerte. No se puede honrar a Cristo si no se le reconoce como Salvador, si no se reconoce el misterio de su santa cruz.


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El esc?ndalo de la cruz sigue siendo la clave para la interpretaci?n del gran misterio del sufrimiento, que pertenece de modo tan integral a la historia del hombre.

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Hay que vencer una grave tentaci?n: la de quitar del Evangelio la p?gina de la cruz.

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La cruz con Cristo es la gran revelaci?n del significado del dolor y del valor que tiene en la vida y en la historia. El que comprende la cruz, el que la abraza, comienza un camino muy distinto del camino del proceso y de la contestaci?n a Dios: encuentra, m?s bien, en la cruz el motivo de una nueva ascensi?n a ?l por la senda de Cristo, que es precisamente el v?a crucis, el camino de la cruz.

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La cruz significa: entregar la vida por el hermano para poder salvarla junto con la suya.
La cruz significa: el amor es m?s fuerte que el odio y la venganza; es mejor dar que recibir; la entrega es m?s eficaz que la exigencia.
La cruz significa: no hay fracaso sin esperanza, sombras sin luz, tormenta sin puerto de salvaci?n.
La cruz significa: el amor no tiene fronteras: sal al encuentro de tu pr?jimo y no olvides al que est? lejos.
La cruz significa: Dios es siempre m?s grande que nosotros los hombres; m?s grande incluso que nuestro fracaso; la vida es m?s fuerte que la muerte.

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La cruz de Cristo tiene el poder de transformar la vida de todos y cada uno de vosotros en una gran victoria sobre la debilidad humana. Las limitaciones f?sicas que vosotros experiment?is pueden ser transformadas por el amor de Cristo en algo bueno y bello; pueden ser dignas del destino por el que hab?is sido creados. El mandato que encontramos en otro pasaje de san Pablo, que dice ?glorificad a Dios en vuestro cuerpo?, no se aplica
s?lo a la conducta moral de los que estamos f?sicamente bien. Lo mismo que Cristo glorific? al Padre abrazando la cruz con amor perfecto, tambi?n vosotros, a trav?s del poder de ese mismo amor, pod?is glorificar a Dios en vuestro cuerpo sin dejaros vencer por las dificultades y el dolor, y sin caer en el des?nimo o en otras limitaciones.

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Podemos poner nuestra mirada en ?l, precisamente en el sufrimiento, en la enfermedad y en la fragilidad de la vejez. Y puesto que ?l tom? sobre S? el sufrimiento a causa de nuestros pecados, podemos incluso volver nuestra mirada hacia ?l cuando experimentamos nuestros fallos, nuestra debilidad y nuestros pecados. Quien ponga su mirada en ?l escuchar? su voz: ?Sig?eme! ?Ven!, ?toma parte con tu sufrimiento en esta obra de salvaci?n del mundo, que se realiza a trav?s de mi sufrimiento. Por medio de mi cruz. A medida que el hombre toma su cruz, uni?ndose espiritualmen-te a la cruz de Cristo, se revela ante ?l el sentido salv?fico del sufrimiento?.

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Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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