Viernes, 11 de junio de 2010

LA VIDA ECLESI?STICA EN LA EDAD MEDIA - PRIMERA PARTE

Vista su extensi?n en el mapa, en los siglos XII y XIII la Iglesia sigue siendo peque?a. A la frontera meridional en el Mediterr?neo, levantada en el siglo VII contra el Islam, desde la definitiva separaci?n con la Iglesia griega, vino a a?adirse una barrera oriental, que discurre desde el canal de Otranto hasta el golfo de Riga. Por ahora, toda la parte de Europa comprendida dentro de estos l?mites est? ya civilizada y es cat?lica, formando una ?nica comunidad cultural, una familia de pueblos. Todo el espacio est? ahora habitado. En el siglo XIII el n?mero de fieles puede fijarse con seguridad en m?s de treinta millones, m?s de lo que nunca tuvo la Iglesia. En comparaci?n con la antig?edad, el territorio de la Iglesia se ha empeque?ecido, pero ha crecido en cambio su cohesi?n, su unidad, su energ?a interior.

LAS DIOCES?S

En los siglos XI y XII se crearon muchas nuevas sedes episcopales, de modo que en el siglo XIII la Iglesia contaba en total con m?s de quinientas di?cesis. De ellas un n?mero desproporcionadamente grande estaban en Italia, sobre todo en el sur, donde por as? decir se sobrepon?an dos capas distintas de circunscripciones: las viejas di?cesis, procedentes a?n de la ?poca romano-bizantina, y las nuevas, fundadas por los normandos. A las antiguas sedes metropolitanas de N?poles, Bari, Brindis, Capua, Amalfi, Salerno, Benevento, se a?adieron en el siglo XI como provincias eclesi?sticas Otranto, Reggio, Sorrento, Tarento, Trani, Cosenza, Acerenza, Coriza y Manfredonia, y en el siglo XIII las tres sicilianas de Palermo, Mesina y Monreale. Las numerosas di?cesis del centro de Italia depend?an directamente de Roma. En el norte hab?a las cuatro grandes y antiguas provincias de Mil?n, Ravena, Aquilea-Grado y Aquilea, a las que vino a a?adirse en el siglo XI Pisa. En Cerde?a, que fue arrebatada en el siglo XI a los ?rabes, surgieron tres circunscripciones eclesi?sticas: Cagliari, Sassari, Oristano.


En Francia, las antiguas provincias de los siglos V y VI quedaron inalteradas o poco menos: Arles, Vienne, Lyon, Besan?on, Sens, Burdeos, Tours, Reims, Ru?n, Bourges, a las que se a?adi? Auch en el siglo IX. Espa?a, que desde la decisiva batalla de las Navas de Tolosa en 1212 y las subsiguientes conquistas de Fernando III volv?a a estar regida por soberanos cristianos, con la excepci?n del reino de Granada, hab?a restablecido sus antiguas sedes metropolitanas de Tarragona y Toledo, as? como la de Sevilla, reconquistada en 1248 y donde en los ?ltimos cien a?os se hab?a interrumpido la sucesi?n episcopal. La antigua sede metropolitana de M?rida fue trasladada a Santiago de Compostela. En Portugal en 1104 se erigi? la nueva sede arzobispal de Braga.


En Inglaterra hab?a dos arzobispados: en el Sur Canterbury, con m?s de veinte di?cesis sufrag?neas, y en el norte, York. Pertenec?an tambi?n a York las nueve di?cesis escocesas, hasta que Clemente III las separ? de su metropolitana y las someti? directamente a Roma.


En Irlanda, el arzobispado de Armagh fue dividido en 1152 en cuatro provincias eclesi?sticas: Armagh, Cashel, Dubl?n, Tuam.
Escandinavia ten?a tres arzobispados, Lund en suelo sueco, que desde 1104 era la metr?poli de las ocho di?cesis danesas, Drontheim en Noruega desde 1152, y Upsala en Suecia desde 1164. Las di?cesis b?lticas, en el reci?n cristalizado territorio de la Orden Teut?nica, no fueron establecidas hasta el siglo XIII. La sede metropolitana era Riga (1251), las sufrag?neas Semgallen (Selburg), Curlandia (Pilten), Samland (Fischhausen), Ermland (Frauenburg), Pomerania (Riesenburg), Kulm y Marienwerder.
La provincia eclesi?stica de Polonia, establecida en el a?o 1000, comprend?a en el siglo XII, adem?s del arzobispado de Gnesen, siete di?cesis, entre ellas Breslau.


Hungr?a ten?a, tambi?n desde principios del siglo XI, dos arzobispados: Gran y Kalocsa, con diez sufrag?neas. En Dalmacia la antigua metr?poli de Salona hab?a sido trasladada ya en el siglo VII a Espalato. En el siglo XII se cre? como nueva circunscripci?n eclesi?stica Zara, en la que entraban los peque?os obispados de las islas d?lmatas, pertenecientes a Venecia.


En Alemania, la provincia mayor era, con mucho, Maguncia. Pertenec?an a ella los obispados de Worms, Espira, Estrasburgo. Constanza, Chur, Augsburgo, Eichstatt, W?rzburgo, Halberstadt y Hildesheim, as? como todo Bohemia y Moravia, con las di?cesis de Praga y Olm?tz. Incluida en este territorio y dividiendo la provincia de Maguncia en dos partes desiguales, hab?a la di?cesis de Bamberga, fundada por Enrique II, que depend?a directamente de la Santa Sede. A la provincia eclesi?stica de Colonia pertenec?an M?nster, Osnabr?ck y Minden, as? como Utrecht y


Lieja, y desde 1169 tambi?n Cambrai. Tr?veris ten?a como sufrag?neas Metz, Toul y Verd?n.
El obispado de Magdeburgo, fundado por Ot?n I en 968, ten?a como sufrag?neas Havelberg, Brandenburgo, Meissen, Naumburg-Zeitz y Merseburgo, establecidas todas en el siglo X. Del arzobispado de Bremen depend?an los obispados fundados en el siglo XII de L?beck, Ratzeburg y Schwerin.


La sede metropolitana para el sureste de Alemania era, desde 798, Salzburgo. De ella depend?an las antiguas di?cesis b?varas de Ratisbona, Passau, Frisinga y, en el Tirol, Brixen. A ellas vino a a?adirse Gurk (Carintia) en el siglo XI, Seckau (Estiria) y Lavant (Carintia) en el siglo XIII. El obispado de Chiemsee fue establecido en 1215. En total, ten?a Alemania en el siglo XIII seis provincias eclesi?sticas con cuarenta y tres di?cesis.

LAS PARROQUIAS

Las di?cesis medievales eran por t?rmino medio mucho mayores que las de la antig?edad, pero menores que las actuales, sobre todo en cuanto a poblaci?n. En cambio, las parroquias eran mucho m?s extensas. En la cristiandad primitiva no se conoc?an las parroquias. Cada comunidad cristiana ten?a su obispo.

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Cuando se formaba otra comunidad en otro lugar, recib?a igualmente su obispo propio. A partir de los siglos V y VI no se establecieron ya m?s sedes episcopales en los lugares de poca importancia, sino que las comunidades menores eran regidas por sacerdotes que depend?an del obispo de la localidad principal. As? empezaron las parroquias. Dichos sacerdotes se llamaban plebanus, curatus o tambi?n rector ecclesiae.

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El t?tulo parochus no aparece hasta el siglo XVI. El antiguo estado de cosas persist?a en el hecho de que, durante toda la Edad Media, cada ciudad no ten?a m?s que un p?rroco, aunque pod?a estar ayudado por muchos vicarios. Muchas de las famosas catedrales medievales surgieron como iglesias parroquiales de la ciudad, o como colegiatas, por ejemplo, san Esteban de Viena, la catedral de Munich, la catedral de Friburgo, Santa G?dula de Bruselas. Las parroquias rurales fueron hasta el siglo XIII, muy poco numerosas y de gran extensi?n.

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Cu?n singular era que una aldea poseyese iglesia parroquial, lo demuestran los abundantes rastros que estos hechos han dejado en la toponimia: Pfarrkirchen (?iglesia parroquial?), Kirchdorf (?aldea de la iglesia?), en Alemania, y en Italia Pieve (de Plebania = parroquia): Pieve di Cadore Citt? della Pieve. En el siglo XIII se procedi? en muchos lugares a dividir las parroquias demasiado dilatadas. Las peque?as iglesias g?ticas parroquiales que se encuentran esparcidas por todo el territorio alem?n, proceden de este tiempo. En estas divisiones, la parroquia madre conservaba determinados derechos. Los bautismos se celebraban s?lo en la parroquia antigua, y en ella deb?an los fieles asistir al oficio divino en las grandes solemnidades.

LOS CL?RIGOS

El n?mero de cl?rigos era, en la Edad Media, m?s bien excesivo. Tanto la selecci?n como la instrucci?n sol?an ser deficientes. No hab?a nada parecido a los modernos seminarios. Cuando surgieron las universidades en el siglo XIII, en muchas de ellas, aunque no en todas, ni mucho menos, se daban cursos de teolog?a, pero esto no significaba que para recibir el orden sagrado se requirieran estudios superiores. Se calcula que s?lo el uno por ciento de los cl?rigos medievales pasaban por alg?n establecimiento superior de ense?anza. Por lo dem?s, la cura de almas no era, ni con mucho la ocupaci?n de todos los cl?rigos.

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Muchos de ?stos serv?an como capellanes en el s?quito de los se?ores feudales, como beneficiados en las iglesias propias o como can?nigos en las colegiatas, y no ten?an otra obligaci?n que la de decir misa en determinados d?as y, si eran can?nigos, asistir al coro. As?, el estado de la cura de almas estaba muy lejos de ser ideal. Una sistem?tica ense?anza del catecismo para la juventud no exist?a en absoluto. Las lamentaciones sobre la ignorancia del pueblo, especialmente el rural, en cuestiones religiosas, no pod?an estar m?s justificadas. Los incultos cl?rigos gozaban de muy escaso respeto, sobre todo si llevaban una vida inmoral, lo cual era bastante frecuente. Tanto mayor era el prestigio de los monjes, sobre todo los rigurosos cluniacenses y m?s tarde los del Cister.


La elevaci?n de nivel del clero destinado al servicio pastoral constitu?a uno de los puntos principales del programa de reforma del siglo XI. Como las personalidades que llevaban la voz cantante en la Iglesia eran o cluniacenses o adictos a ?stos, la reforma fue emprendida en un sentido mon?stico. Los reformadores creyeron que el mejor medio era que todos los cl?rigos llevaran una vida en com?n, a la manera cenob?tica.


La idea no era en s? misma nueva. Desde que a fines del siglo IV san Eusebio en Vercelli y san Agust?n en Hipona dieron el ejemplo haciendo que sus cl?rigos vivieran en una comunidad conventual, este tipo de vida pas? siempre como la ideal, y as? muchos concilios la recomendaron, aunque raras veces pudiera observarse por razones pr?cticas.

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El obispo de Metz, Crodegango, escribi? en el siglo VIII una regla para sus can?nigos, seg?n el modelo de las reglas monacales. El s?nodo imperial franco de 817 dict? una regla para los cl?rigos, inspirada en san Jer?nimo, san Agust?n y los c?nones conciliares. Su autor fue probablemente el benedictino Benito de Aniano, quien tambi?n llev? a cabo una reforma monacal por encargo del emperador Ludovico P?o. Pero todos estos intentos de reducir a los cl?rigos a la vita communis se estrellaron contra dificultades de orden pr?ctico, y sobre todo contra el sistema feudal de las iglesias propias.

(Continuar?...)

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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