Jueves, 10 de junio de 2010
VIDA DE SAN ANTONIO ABAD - VIDAS DE SANTOS

Antonio (251-356), joven cristiano del Alto Egipto, a los 20 años de edad, poco después de haber recibido en herencia una gran fortuna, entró en una iglesia donde escuchó aquellas palabras del evangelio: «Si quieres ser perfecto, anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres» (Mt 19,21). A continuación oyó cantar el versículo del mismo evangelio que dice: «Así que no os inquietéis por el mañana...» (Mt 6,34). Enseguida puso en práctica la palabra del Señor. Entregó todos sus bienes a los pobres, reservando sólo una pequeña parte para su hermana, y se retiró al desierto a vivir como anacoreta en completa soledad, profundo ascetismo y permanente contemplación.
Junto a su pobre cabaña se fueron edificando un sinnúmero de chozas individuales ocupadas por fieles deseosos de santidad, atraídos por aquella «regla viva» de vivir cristiano en que se había convertido Antonio. Su popularidad llevó a las gentes a invocar su intercesión basta para la cura de animales. De ahí viene la costumbre de cuidar un lechón al que iba atada una esquila, para que le dejasen pastar en cualquier propiedad porque, una vez engordado, se mataba para dárselo a los pobres.
Vivió 85 años de anacoreta, aunque hizo algunas salidas a Alejandría, donde le conoció su biógrafo, san Atanasio. Sin haber sido fundador ni haber dado por escrito una regla monástica, su influencia fue muy grande en la Iglesia a través de los tiempos y es considerado padre del monaquisino.
Su fiesta se celebra el 17 de enero.


Mensaje


La soledad. El mensaje de soledad y reencuentro con uno mismo y con Dios es la enseñanza que nos da Antonio con el ejemplo de su vida y con su palabra. Decía: «Los peces que salen a la tierra firme, mueren. Del mismo modo los monjes que remolonean fuera de su celda o que pierden su tiempo con la gente del mundo, se apartan de su propósito. Conviene, pues, que lo mismo que es el pez al mar, nosotros volvamos a nuestra celda lo antes posible. No sea que remoloneando fuera, olvidemos la guarda de lo de dentro».
Dijo también: «El que permanece en la soledad se libera de tres géneros de lucha: la del oído, la de la palabra y la de la vista. No le queda más que un solo combate: el del corazón».

Fdo. Cristobal Aguilar.
Publicado por cristobalaguilar @ 1:33  | Vidas de Santos
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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