Lunes, 07 de junio de 2010
EL ORIGEN ANCESTRAL Y ÉPICO DE LOS ÁNGELES

En todas las religiones de la antigüedad, al lado de las divinidades más o menos numerosas que, junto con los héroes divinizados poblaban el panteón de cada pueblo, aparecen siempre una serie de seres de naturaleza intermedia entre el hombre y el dios, algunos de índole y funciones benéficas y otros, por el contrario, maléficas.

No es posible determinar con certeza cuándo penetró en Israel y cómo se fue desarrollando en él a través de los siglos la fe en la existencia de estos seres intermedios. Generalmente se piensa que fue asimilada del mundo pagano circundante, en donde tanto los cananeos como los asirio-babilonios se imaginaban las diversas divinidades rodeadas de una gran corte de "servidores" o ministros al estilo de los reyes y príncipes de este mundo.

Está claro de todas formas que en este proceso de asimilación se debió realizar una gran obra de desmitificación para purificar el concepto de dichos seres de toda sombra de politeísmo y armonizarlo con la fe irrenunciable en el verdadero Dios, único y trascendente, a quien siempre se mostró fiel la parte elegida de Israel.

Por otra parte, las religiones no dependientes de la judaica-cristiana carecen de una angelología estricta. Dioses secundarios, demonios y genios, suelen ejercer las funciones típicamente angélicas; por ejemplo: Iris y Mermes, en Grecia, los cuervos de Odín en Germania. Las creencias babilónicas y las islámicas serán respectivamente, un precedente y una derivación de la angelología bíblica.

Babilonia conoce los "shedu", en los estratos más antiguos como divinidad protectora; poco a poco viene a significar potencia maléfica. Contrariamente "lamassu" tiene siempre una significación de genio protector.

En el islamismo la figura de los ángeles no difiere de la judeo-cristiana: son espíritus, ministros de Alá, velan sobre los hombres y fiscalizan sus acciones. El islamismo, conoce un intermedio entre los ángeles y los hombres: los "ginn".

La palabra "ángel" deriva directamente del término latino "ángelus", simple trasposición a su vez del griego "aggelos". En griego significa "mensajero"; los traductores lo eligieron para traducir el término hebreo de "malak", precisamente con el matiz de "mensajero de Dios". De por sí es un término genérico que inicialmente designa la función de mensajero para una determinada misión.

La teología entiende por ángeles los seres personales de naturaleza invisible creados por Dios, inteligentes, que colaboran como mensajeros en el ejercicio de la Providencia en la Historia de la Salvación.

También, la palabra "ángel", "ángeles" en plural, es en el lenguaje ordinario, en la literatura y en el arte cristiano, enormemente familiar. Un varón puede llamarse Ángel, Ángeles puede ser el nombre de una mujer.

Se dice "es un ángel" para recalcar las cualidades buenas y excepcionales de un sujeto, principalmente la inocencia de un niño o de un adolescente. "Tiene ángel" es sinónimo de hermosura, gracia, simpatía. Estas y otras expresiones, que abarcan usos tan ricos y sentidos tan variados, tienen siempre un abolengo preciosista y sugieren matices nobles de respeto, de encanto, de maravilla, que, de alguna manera vislumbran e indican profundos aspectos de los ángeles.

Ya San Agustín, hacía notar que a los ángeles les son aplicados esos nombres que explican respectivamente su misión y naturaleza. "Los ángeles son espíritus, pero no por ser espíritus, son ángeles. Cuando son enviados, se denominan ángeles, pues la palabra ángel es nombre de oficio, no de naturaleza.

Si preguntas por el nombre de esta naturaleza se te responde que es espíritu; si preguntas por su oficio, se te dice que es ángel: por lo que es espíritu: por lo que obra ángel". Se trata por tanto de un nombre de función, no de naturaleza.

Este concepto se aplica en el Antiguo Testamento tanto a los seres humanos enviados por otros hombres como a los seres sobrehumanos enviados por Dios. Como mensajeros celestiales, los ángeles aparecen a menudo con semblante humano, y por tanto no siempre son reconocidos.

Ejercen también funciones permanentes, y a veces desempeñan tareas específicas no ligadas al anuncio, como la de guiar al pueblo en el éxodo de Egipto o la de aniquilar el ejército enemigo de Israel. Así pues, gradual mente el término pasó a indicar cualquier criatura celestial, superior a los hombres, pero inferior a Dios, encargada de ejercer cualquier función en el mundo de lo visible e invisible.

De manera general, en toda la Biblia la existencia de seres celestiales se expresa de modo más natural. Ningún texto habla de su creación, sino que constituyen con toda normalidad un mundo sobrenatural que une el mundo de Dios con los hombres. Nunca son nombrados en las confesiones de fe antes de Timoteo 1, que se sitúa dentro de un contexto polémico.

Por el contrario, existe una evolución muy clara respecto de su función y sobre todo de su naturaleza. Como consecuencia del peligro que representaba el politeísmo ambiental y para evitar su confusión con los dioses y semidioses del paganismo, los ángeles carecen de una personalidad claramente definida.

Bajo los efectos de la tendencia a aislar a Dios debido al sentimiento de respeto por su persona y a medida que penetraba en los espíritus la idea de la trascendencia divina, los autores bíblicos hacen de los ángeles un grupo del todo sumiso a Yahvhé, y a su servicio, privados de toda acción autónoma. Además, ni se señala lucha alguna entre ellos ni en parte alguna hay huellas de haberlos hecho objeto de culto en aquella lejana época.

Con todo, se reconoce que los textos de la Biblia sí muestran marcas de la influencia de las civilizaciones contemporáneas de su redacción. Los "siete ángeles del rostro" parecen una réplica de la "angelología" de Persia: Esma De va para Tob.

Cuando esta influencia deja de ser mitología pura, Ezequiel no dudará en utilizar la imaginería babilónica para representar a los querubines. Recordemos que la Biblia en el relato del Génesis, emplea uno de ellos para prohibir a los hombres la entrada en el Jardín del Edén, quien con una espada flamígera en alto, corta el paso a los intrusos.

En los libros recientes, la personalidad de los ángeles se describe con mayor precisión. En primer lugar, se da una separación muy clara entre ángeles buenos y malos, en oposición constante entre sí y se encuentran varias expresiones que definen el concepto de algunos de estos "servidores de Dios".

Por ejemplo encontramos, "Ángeles de Dios", se menciona también "hijos de Dios, o ejército de Dios", "ejército celestial", e incluso "fuerza armada de Dios", y un ángel al que se le suele llamar "ángel exterminador". Hay también un "ángel de la luz", que es en realidad otro nombre que recibe el "ángel custodio", porque ilumina todas las acciones del hombre.

En cuanto a los querubines y a los serafines, que ciertamente no son mensajeros destinados a las relaciones con la tierra, terminarán por formar una categoría especial de ángeles.

Queda por señalar la denominación característica de "ángel de Yhavhé", cuya significación varía según los textos.
Desde el increíble ángel que se aparece a Manué hasta el que ilumina a Zacarías, desde los que fustigan a Heliodoro, hasta el ángel caminante que conduce al joven Tobías, desde el que consuela a Agar, hasta el que pone en libertad a San Pedro, e ilumina a San Pablo para que escriba sus cartas a las iglesias orientales y anime a los cristianos de Grecia a proclamar el mensaje de Cristo.

La existencia de los ángeles se hace más patente en la epopeya de los Macabeos, aquellos resistentes que se sublevaron contra la ocupación de su país por los sirios y que defendieron arriesgadamente el culto al verdadero Dios contra la idolatría.

En otro pasaje similar, la Biblia narra con pelos y señales, la ocupación de Judea por los sirios; nos cuenta que un ángel intervino en el trágico suceso el día que Heliodoro, primer ministro del rey Seleuco, intentó robar el tesoro del Templo.

Toda Jerusalén, ante este desmán, invocó la ayuda de Dios, y ante las negativas del pueblo afligido, Dios manifestó su poder divino.

Y así, cuando Heliodoro penetró en la cámara del tesoro, se apareció un terrible jinete, montando un brioso corcel, adornado con un riquísimo arnés y arremetió furiosamente contra el malvado rey.

Esta presencia constante de los ángeles, es notoria a lo largo de las páginas del Antiguo Testamento, y evidentemente, toda la Biblia está llena de la presencia misteriosa de los ángeles. "Casi todas las páginas de los libros sagrados dan testimonio de la existencia de los ángeles y de los arcángeles", afirma San Gregorio el Magno, en sus homilías sobre los Evangelios.

Como vemos, los ángeles ejercen su misión en todas las acciones concernientes al hombre; nada de lo que afecta al ser humano es indiferente a los ángeles, que actúan en todos los sentidos, físicos, espirituales y naturales.

Estos podrían hacer suyo el adagio de Terencio, completándolo con las siguientes palabras: Somos amigos de los hombres y nada que les afecte es extraño a nosotros.

Esta intervención celestial de los ángeles se hace evidente en muchos de los fenómenos de la naturaleza, tal como inundaciones, terremotos, lluvias torrenciales, naufragios, incendios, intrigas, conspiraciones y guerras, entre otras protecciones de estos mensajeros.

Curiosamente, los ángeles han desvelado al hombre la solución de graves problemas que fueron resueltos positivamente; y no se puede negar, el haber dictado en sueños, las fórmulas magistrales a muchos sabios, tales como Pitágoras, Kepler, Copérnico, e incluso la teoría de la relatividad de Einstein, así como en otros muchos casos específicos de las ciencias.

Han asistido a grandes personajes de la historia del mundo, tales como Juana de Arco, y a numerosos santos, sacerdotes, fundadores de órdenes religiosas, y a Pontífices, revelándoles en cada caso las supremas decisiones que la Iglesia debía tomar en cada circunstancia de la historia.

Inspiraron vehementemente, a un Francisco de Asís, a un Ignacio de Loyola, a un Juan Bosco, a Juan de la Cruz, y a otros muchos, que al hacerse eco de las "voces celestiales" edificaron monasterios y basílicas que todavía existen y se han extendido por toda la tierra para bien de los cristianos, y de todos los creyentes.

Es pues indudable esta participación, que ha acrecentado una singular devoción en todos los pueblos del orbe, haciendo su presencia necesaria para la salvación del hombre.

La devoción a los ángeles ha echado raíces profundas en el pueblo cristiano. Fácilmente se comprueba que es una de las mayores devociones de la piedad de los fieles.

Ello se debe al excepcional papel que las Sagradas Escrituras, les atribuye en la realización de los designios de Dios, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. La Iglesia naciente no podía olvidar la compañía de estos mediadores, enviados o mensajeros de Dios, amigos del hombre.

Los elementos esenciales están ahí. La manifestación histórica, ininterrumpida a lo largo de los siglos, se reviste de mil facetas, de las que son testimonio irrecusable la poesía y la pintura, estereotipadoras de la piedad popular, que, a su vez, nutre la savia de la liturgia. En este sentido, es admirable la "presencia" de los ángeles en la acción litúrgica de la Iglesia.

En tan rico contexto devocional, podemos distinguir el culto genérico a los ángeles y el culto a algunos en concreto. Tres arcángeles han recibido culto especial: San Miguel, defensor de los derechos de Dios, protector del Pueblo de Dios y "ángel custodio" de la Iglesia, San Gabriel, el mensajero mesiánico del Antiguo Testamento, el ángel de la Anunciación, y San Rafael, el ángel de los médicos y de los viajeros.

Aparte del culto a determinados ángeles, la devoción popular se ha centrado también en los ángeles custodios o de la guarda. La teología, en su arquitectura doctrinal, presenta una fértil enseñanza sobre la misión del ángel custodio, que los autores espirituales han transmitido al pueblo.

La historia de la devoción a los ángeles de la guarda pone de relieve cómo enraizó en la península ibérica y cómo se propagó después a otros países. El Llibre deis ángels, de Francesc Eiximenis, publicado en Barcelona en 1494, figura a la cabeza de los libros devocionales de este tipo.

Habitualmente en el mercado existen devocionarios, y libros de preces dedicados a los ángeles y arcángeles, y todo tipo de publicaciones religiosas y libros de consulta con referencia explícita a estos "mensajeros de Dios", presentes entre nosotros, guardianes del hombre, y custodios de los seres humanos.

Fdo. Cristobal Aguilar.
Publicado por cristobalaguilar @ 1:33  | Los ?ngeles
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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