Mi?rcoles, 02 de junio de 2010
PROFECÍAS Y VISIONES DE SANTA BRÍGIDA DE SUECIA - CAPÍTULOS DEL 5 AL 9

En estos capítulos se habla del pecado de los primeros padres y de la humanidad en general, con grandes enseñanzas de amord e la Vírgen. Os recomiento su lectura. EL AUTOR DEL BLOG.

                   Feria Segunda - Lección Segunda (Capítulo 5)

 

Bendición. Muéstrenos el camino recto para la patria la Virgen escogida para Madre de Dios. Amén.

 

Tratando, pues, Dios de crear el mundo con las demás criaturas que en él hay, dijo: Hágase. Y al punto fué perfectamente hecho lo que el mismo Señor trataba de crear. Formado el mundo y todas las criaturas, excepto el hombre, y presentándose reverentemente con hermosura ante la presencia divina, estaba todavía delante de Dios un mundo menor increado, lleno de toda hermosura, del cual debía de provenir mayor gloria a Dios y mayor alegría a los ángeles, y a todo hombre que quisiera disfrutar de su bondad, mayor provecho que el de este otro mundo mayor.

 

Oh dulcísima Virgen María, amable y provechosa para todos, por este mundo menor entendemos a Vos misma. Resulta también de la Escritura, que Dios quiso apartar la luz de las tinieblas en aquel mundo mayor; pero a la verdad, ese apartamiento de la luz y de las que en Vos debía verificarse después de vuestra creación, agradóle mucho más al Señor, cuando debía apartarse completamente de Vos la ignorancia de la infancia, la cual se compara con las tinieblas, y con vehementísimo amor debía permanecer del todo en vos el conocimiento de Dios con voluntad e inteligencia de vivir según su beneplácito, el cual conocimiento se asemeja a la luz.

 

Con razón, pues, compárase con las tinieblas esa tierna infancia, en la cual no es conocido Dios, y de ningún modo se ve lo que deba hacerse. Mas esta tierna infancia la pasasteis Vos inocentísimamente, oh Virgen, libre de todo pecado. Adémas, así como Dios creó juntamente con las estrellas dos luminares necesarios para este mundo, uno que presídiese el día y otro la noche, igualmente dispuso hubiese en Vos otros dos luminares más claros: el primero era vuestra obediencia divina, la que a manera de sol brillara clarísimamente delante de los ángeles en el cielo, y en la tierra delante de los hombres probos, para quienes el sempiterno Dios es el día verdadero: el segundo luminar era vuestra constantísima fe, por lo cual muchos en el tiempo nocturno, esto es, desde aquella hora en que el Criador encarnado debía padecer por la criatura hasta su resurrección, caminando ellos incierta y tristemente por las tinieblas de la desesperación y perfidia, como con la claridad de la luna debían ser llevados al conocimiento de la verdad.

 

Los pensamientos de vuestro corazón parecían también semejantes a las estrellas, en que desde aquel tiempo, cuando primeramente tuvisteis conocomiento de Dios, permanecisteis hasta la muerte tan fervorosa en el amor divino, que a la presencia de Dios y de los ángeles aparecían todos vuestros pensamientos más relucientes que las mismas estrellas alta vista humana. Además, el elevado vuelo de varias clases de aves y la sonora cadencia de sus armoniosos trinos, representaban todas las palabras de vuestros labios, que de vuestro cuerpo terrenal debían subir con la mayor suavidad, para suma alegría de los ángeles, hasta los oídos del que está sentado en el trono de la majestad.

 

Fuisteis también semejante a toda la tierra, en que así como en este mundo mayor todas las cosas que tienen cuerpo terreno, debían alimentarse con los frutos de la tierra, igualmente todas esas cosas debían obtener de vuestro fruto, no solamente el alimento, sino también la misma vida. Con razón, pues, podrían compararse vuestras obras con los árboles floríferos y fructíferos, porque las habiais de hacer con tanto amor, que con la hermosura de todas ellas y con la suavidad de sus frutos debían deleitar más a Dios y a los ángeles, principalmente debiendo creerse sin ninguna duda que antes de vuestra creación vió Dios en Vos más virtudes que en todo género de hierbas, flores, árboles, frutos, piedras, margaritas y metales, que pudieran encontrarse en todo el ámbito del mundo.

 

Por tanto, en Vos, oh mundo menor, todavía increado, complacíase Dios más que con este mundo mayor; porque a pesar de haber sido el mundo creado antes de Vos, había de perecer sin embargo con cuanto contuviese; peroVos debiais permanecer en vuestra inmarcesible hermosura, según eterna disposición de Dios, en el cordialísimo e inseparable amor del mismo Señor. En ninguna cosa, pues, mereció ese mundo mayor, ni pudo merecer ser eterno; pero Vos, oh dichosa María, llena de todas las virtudes, después de vuestra creación, y con el auxilio de la divina gracia, merecisteis dignísimamente con toda perfección de virtudes todas las cosas que en Vos se dignó Dios hacer.

 

 

                   Feria Segunda - Lección Tercera (Capítulo 6)

 

Bendición. Hallase siempre dispuesta a socorrernos la reina adornada con la corona de las virtudes. Amén.

 

Dios es la misma virtud y autor de todas las virtudes, siendo imposible a todas las criaturas creadas tener virtud alguna sin auxilio del Señor, quien desde el principio, después de creado el mundo y todas las criaturas, creó últimamente por su virtud al hombre, dándole el libre arbitrio, a fin de que por medio de él perseverara constantemente en el bien para obtener el premio, y no cayese en el mal para recibir el castigo.

 

Pues así como entre los hombres se aprecian en poco las obras que rehusan hacer, a no ser metidos en un cepo o con grillos; y por la inversa son dignas de amor y de subido premio las obras de los que no las practican forzados sino voluntariamente y con sincero amor; del mismo modo si no hubiese dado Dios el libre arbitrio a los ángeles y a los hombres, parecerían en cierta manera como forzados para lo que hiciesen, y sus obras serían de escasa remuneración.

 

Quiso, pues, la virtud, la cual es Dios, darles libertad de hacer lo que quisieran, y les hizo entender terminatemente la retribución que merecerían por la obediencia divina y de que penas sería merecedora la pertinaz desobediencia. Mostró Dios suma virtud cuando formó de tierra al hombre para que por el amor y humildad mereciese ser habitador de las moradas celestiales, de que por su soberbia y envidia fueron miserablemente arrojados los ángeles contrarios a la voluntad divina. Aborrecían éstos las virtudes con que hubieran podido ser eminentemente coronados; pues nadie duda, que así como el rey es honrado y se gloría con la corona real, igualmente, cualquier virtud, no sólo honra entre los hombres a su autor, sino también delante de Dios y de los ángeles lo decora en alto grado como resplandeciente corona, y por tanto, sin impropiedad puede cualquier virtud llamarse corona refulgente.

 

Por lo cual, ha de creerse incalculable el número de coronas con que de la manera más sublime resplandece el mismo Dios, cuyas virtudes exceden incomparablemente en pluralidad, en magnitud y en dignidad a todas las cosas que fueron, son y serán, pues nunca ha hecho el Señor otra cosa sino virtudes, hallándose El especialmente adornado con mayor gloria con tres virtudes como tres refulgentísimas coronas. La virtud por la cual creó a los ángeles, era la primera corona del Señor, de la cual se privaron infelizmente algunos de ellos, envidiosos de la gloria de Dios.

 

Esa virtud también por la cual creó al hombre, era la segunda corona del Señor, de la que, consintiendo el hombre con la sugestión del demonio, se privó al punto por su ignorancia, aun cuando por la ruina de esos ángeles o por la del hombre no pudo disminuirse la virtud de Dios ni la gloria de su virtud, a pesar de que privados de la gloria por su iniquidad, fueron arrojados de ella; porque no quisieron pagar con gloria a Dios por haberlos criado para su gloria y la de ellos mismos; por lo cual, la sapientísima sabiduría de Dios trocó la maldad de ellos en gloria de su virtud.

 

Mas esa virtud que para su eterna gloria os creó, oh amantísima Virgen, glorificó al Señor como tercera corona, por medio de la cual conocián los ángeles que debían restablecerse las roturas de las anteriores coronas. Por tanto, oh Señora, esperanza de nuestra salvación, justamente podréis llamaros corona del honor de Dios, porque así como por medio de Vos terminó el Señor una extremada virtud, igualmente por medio de Vos le provino al mismo Señor honor sumo y mayor que con todas sus criaturas.

 

Claramente, pues, conocieron los ángeles, cuando a la vista de Dios estabais increada, que con vuestra santísima humildad debiais derrocar al demonio, quien con la soberbia se había condenado, y por su malicia hizo caer al hombre. Luego, aunque los ángeles hubiesen visto al hombre caído en gran miseria, no pudieron afligirse a causa del gozo de la visión divina, principalmente porque muy bien sabían qué cosas y cuán grandes se dignaría Dios hacer con vuestra humildad después de vuestra creación.

 

 

En estas tres siguientes lecciones habla el ángel sobre la penitencia de Adán y del consuelo que tuvo con la presencia de la futura creación de la santísima Virgen, y de la grande humildad y dignidad de esta Señora; y cómo por la futura Natividad de la adorable Madre de Dios fueron consolados el patriarca Abraham, Isaac, Jacob y todos los profetas.

 

                   Feria Tercera. - Lección Primera (Capítulo 7)

 

Bendición. Defiéndanos del enemigo maligno la piadosísima Virgen. Amén.

 

Afirman las sagradas letras, que hallándose Adán feliz en el paraíso, faltó al mandato de Dios. Mas así que llegó a la miseria, no hacen mención de que fuese desobediente a la voluntad divina. Por lo cual, se ve claramente que Adán amó a Dios de toda corazón, pues después de cometer su hijo el fratricido, evitaba la unión carnal con su mujer; pero en virtud de expreso mandato de Dios, volvió otra vez a unirse con ella conyugalmente. Apesadumbróle más haber ofendido a su criador, que haberse precipitado a sí mismo para sufrir gravísimas penas.

 

Se ve, por consiguiente, que no sería injusto, que a la manera que recayó sobre él la ira de Dios por la soberbia con que durante su felicidad había ofendido al Señor, igualmente, hallándose ya en la miseria recibiese sumo consuelo, porque lloró muchísimo y con verdadera humildad el haber provocado la ira de tan benigno Creador. No hubiese podido Adán recibir mayor consuelo, que cerciorándose que de su generación se dignaría nacer Dios para redimir con humildad y amor esas almas, que el mismo Adán corrompido por la envidia y soberbia del demonio, había apartado de la vida eterna.

 

Mas como a todos los sabios parecería imposible, como en realidad lo es, que Dios, a quien no correspondió sino un nacimiento honestísimo, tomara para sí cuerpo humano por la concupiscencia de la carne, como los demás niños, mucho más creyó eso imposible Adán, quien fué creado sin deleite de la carne. Supo, pues, Adán que no era voluntad del Creador de todas las cosas, crear su cuerpo humano del mismo modo que había creado el suyo propio o el de Eva.

 

Creía, pues, Adán, que de una persona semejante a Eva en el cuerpo, pero que resplandecería en la perfección de todas las virtudes, sobre todos los engendrados de varón y de mujer, y que hayan de engendrarse, querría Dios tomar carne humana, y después nacer honestísimamente, con la divinidad y la humanidad, de esa misma persona, quedando intacta su virginidad. Vese, por tanto, que sin la menor duda ha de creerse, que al modo que Adán, al ver a Dios casi aplacado con él, experimentó sumo dolor por las palabras habidas entre Eva y el demonio, igualmente, cuando sintió el pesar y la miseria, tuvo suma alegría y consuelo por las palabras que habiais de responder al ángel Vos, María, esperanza de todos nosotros.

 

Afligíase también Adán, de que el cuerpo de Eva, creado de su propio cuerpo, había impelido a éste con engaño a la muerte perpetua del infierno; pero alegrábase, porque conocía que de vuestro cuerpo, oh amabilísima Virgen, nacería esa venerable cuerpo que poderosamente debía conducir a la vida celestial a él y a toda su descendencia. Contristábase también Adán, porque su querida esposa Eva, por grandísima soberbia, había comenzado a ser inobediente a su Creador; pero alegrábase porque preveía que Vos, oh María, su amadísima hija, queriais obedecer a Dios con suma humildad en todas las cosas.

 

Entristecíase Adán, porque por soberbia había dicho en su mente como que quería igualarse a Dios, por lo cual había incurrido en gran escándalo ante la presencia de Dios y de los ángeles, pero alegrábasem porque en la presencia de los mismos lucían esplendentemente para vuestra gran gloria las palabras en que humildemente debiais confesaros esclava de Dios.

 

Entristecíase Adán, porque las palabras de Eva habían provocado la ira de Dios y su condenación y la de su descendencia; pero alegrábase, porque, para abundante consuelo, vuestras palabras debían atraer el amor de Dios hacia Vos y hacia todos los condenados por las palabras de Eva; pues estas palabras la apartaron muy dolorosamente de la gloria, juntamente con su esposo, y cerraron las puertas del cielo para ella y su descendencia.

Pero vuestras benditas palabras, oh Madre de la sabiduría, os dieron extremado gozo y abrieron las puertas del cielo para todos los que en él quisiesen entrar. Por tanto, así como se alegraban los ángeles en el cielo antes de la creación del mundo, porque preveían que habiais Vos de nacer, igualmente Adán, por presciencia, tenía sumo gozo y alegría por vuestro nacimiento.

 

 

                   Feria Tercera - Lección Segunda (Capítulo 8)

 

Bendición. Ayudadnos, Virgen amable, en los horribles peligros de este mundo. Amén.

 

Espulsado, pues, del paraíoso Adán, experimentó en sí mismo la justicia y misericordia de Dios, temiendo al Señor por la justicia y amándole cordialmente por la misericordia todos los días de su vida. Marchaba bien el mundo mientras la posteridad de Adán obraba de ese modo. Pero dejando los hombres de considerar la justicia y misericordia de Dios, olvidáronse de su Creador muchos, creyendo lo que les halagaba, e invertían su tiempo en los placeres carnales, lo cual aborrecía el Señor en sumo grado, y así acabó por medio del diluvio con todos los moradores de la tierra, excepto los reservados en el arca de Noé para restaurar el mundo.

 

Propagado, pues, nuevamente el linaje humano, a instigación del espíritu maligno, apostató del culto del verdadero Dios por medio de la idolatría, imponiéndose una ley contraria a la voluntad divina. Pero movido Dios por su misericordiosísima piedad paternal, visitó a Abraham, verdadero guardador de su fe, formó alianza con él y con su descendencia, y satisfazo el deseo de Abraham, dándole su hijo Isaac, de cuya descendencia prometió que nacería su hijo Jesucristo. Por donde se ve sería también muy creíble hubiera sido mostrado de un modo divino a Abraham, que una inmaculada Virgen de su estirpe daría a luz al Hijo de Dios.

 

Créese también que por esta futura hija se alegró Abraham más que por su hijo Isaac, y que la amó más que a éste. Ha de entenderse igualmente que el amigo de Dios, Abraham, no hubo adquirido bienes temporales por soberbia o codicia, ni deseó tener el hijo por su satisfacción corporal; pues procedió a la manera del buen hortelano, que, sirviendo fielmente a su señor, plantó en el terreno de éste una cepa, conociendo que de ella podían formarse infinitas vides y hacerse un hermoso viñedo, por lo cual reunió estiércol, para que nutridas con él las vides, se robusteciesen y dieran más fecundos frutos. Alegrábase, pues, ese hortelano, previendo que entre sus plantas había de crecer un árbol tan elevado y tan hermoso, que agradase sobremanera a su señor, quien a causa de la hermosura del árbol, se pasearía por el viñedo, gustaría la dulzura de su fruto y tranquilamente se sentaría a descansar bajo su sombra.

 

Por este hortelano se entiende Abraham: por la cepa su hijo Isaac: por las muchas vides toda su descendencia: por el estiércol se entienden, igualmente, las riquezas mundanas que el amado siervo de Dios, Abraham, no quería sino para sustento de su pueblo: por aquel hermosísimo árbol está designada la Virgen María: por el Señor el Dios omnipotente, quien no determinó venir a la viña, esto es, a la descendencia de Abraham, antes que estuviese crecido el árbol, esto es, antes que su amadísima Madre llegara a la edad debida. La inocentísima vida de esta Señora aseméjase a la hermosura con que se deleitaba Dios, y sus obras, agradando extremadamente al Señor, se designan por la suavidad de los frutos. Por la sombra se entiende el virginal vientre de la Virgen, que cubría con su sombra la virtud del Altísimo.

 

Sabedor, pues, Abraham de que esta santísima Virgen que diese a luz a Dios debía provenir de su generación, complacióse más con ella sola que con todos los hijos e hijas de su estirpe. Esta misma fe y santa esperanza, esto es, la del futuro nacimiento del Hijo de Dios de la descendencia del mismo Abraham, la dejó por herencia con gran fe el santo Patriarca a su hijo Isaac, lo que se prueba bien, porque al enviar al criado en busca de esposa para su hijo, le hizo jurar por sus riñones, esto es, por el que más adelante saldría de sus riñones, indicando así que de su descendencia nacería el Hijo de Dios.

 

Vése también haber conservado Isaac la misma fe y esperanza por la bendición que dió a su Jacob; y bendiciendo éste separadamente a cada uno de sus doce hijos, consoló con la misma herencia a su hijo Judá. Por donde positivamente se prueba que desde el principio amo Dios a su Madre, a fin de que así como antes de ser nada creado se complacía extremadamente con esta Señora, del mismo modo comunicó a sus amigos gran consuelo por el nacimiento de la santísima Virgen; y de esta suerte, a la manera que primeramente regocijó a los ángeles y después al primer hombre, así también más adelante a los Patriarcas causaba suma alegría el futuro nacimiento de la gloriosa Madre de Dios.

Autora: Santa Brígida de Suecia
Transcrito por: Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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