Domingo, 30 de mayo de 2010
LAS PROFECÍAS Y VISIONES DE SANTA BRÍGIDA DE SUECIA - LIBRO 9 (CAPITULOS DEL 35 AL 42)

Bueno aquí os traemos una serie de visiones referíadas propiamente a Santa Brígida de Suecia. EL AUTOR DEL BLOG.

El Señor viene en favor de santa Brígida, para que pueda pagar algunas deudas que había contraído.

 

                   Capítulo 35

 

Antes de la fiesta de Todos los Santos, aconteció que santa Brígida, que se hallaba en Roma y que por falta de medios había tomado dinero prestado de varios, sin haber recibido recurso alguno de su patria por espacio de tres años, estaba llena de angustia a causa de sus acreedores, quienes diariamente le instaban que les devolviese el dinero prestado.

 

Entonces dijo Jesucristo a la Santa: Toma resueltamente dinero prestado, y consuélate, y promete a tus acreedores devolvérselo todo el primer domingo después de la octava de la Epifanía del Señor, cuando se enseña el sudario, porque entonces se les pagará todo. Así lo hizo, y cerca de la víspera de la referida dominica llegó de su patria un mensajero que traía dinero, y en aquel mismo día abonó a sus acreedores.

 

 

El Señor corrige a un obispo que había juzgado poco bien de la Santa.

 

                   Capítulo 36

 

Cierto día que la esposa de Jesucristo estaba convidada a comer con el obispo de Abo, D. Hemmingo, tomaba en honra de Dios de los delicados manjares que había en la mesa, por lo cual el obispo decía en su corazón: ¿Por qué esta señora que tiene don del Espíritu Santo no se abstiene de los manjares delicados? Entonces, sin saber la Santa nada de tales pensamientos, como estuviese en oración cerca de las vísperas, oyó en espíritu una voz que le decía: Yo soy quien llenó a un pastor del espíritu de profecía, ¿acaso por sus ayunos? Yo instituí el matrimonio, mas no por mérito de los casados. Yo mandé al Profeta que recibiese por mujer a una adúltera, ¿por ventura no obedeció? Yo soy el que hablaba con Job, igualmente cuando se hallaba en el seno de sus delicias, como cuando estaba sentado en el muladar. Luego porque soy admirable, hago sin méritos precedentes todo cuanto es de mi beneplácito.

 

Al punto refirió la Santa esta revelación al mencionado obispo, el cual en ella se reconoció a sí mismo, y confesó que en la mesa había tenido aquellos pensamientos; por lo que humillándose y pidiendo perdón a la Santa, le rogó que orase por él. Al tercer día, estando en oración santa Brígida, se le apareció la santísima Virgen María y le dijo: Dile a ese obispo que, porque todas sus predicaciones acostumbra principiarlas con mi alabanza, y porque aun cuando te censuraba en la mesa, aquel juicio no procedía de envidia sino de amor de Dios, merece que el amor de Dios lo consuele. Dile, pues, que yo quiero servirle de madre y presentar a Dios su alma; y ahora le explicaré que él es el séptimo de aquellos animales que ya te he manifestado, y que él llevará las palabras de Dios delante de los reyes y de los pontífices.

 

 

Alabanza del Sagrado Lignum Crucis.

 

                   Capítulo 37

 

Un joven de Suecia, de la diócesis Lincopense, tenía por herencia paterna una cruz de oro, en la que estaban contenidas unas reliquias del verdadero madero de la santa cruz, el cual joven vendió por pobreza aquella cruz, y dió el Lignum Crucis a una mujer devota, la que temiendo tenerlo consigo, se lo regaló a santa Brígida. Dudando la Santa si aquello sería del verdadero Lignum Crucis o no, le dijo Jesucristo:

Ese joven hizo un cambio de ningún provecho, porque recibió lodo y dió una preciosísima margarita, recibió oro despreciable y dió el santo madero, con que hubiera podido vencer a sus enemigos; recibió lo apetecible a sus ojos, y perdió lo que es el deseo de los ángeles. Llegará, pues, el tiempo en que el madero que ahora es menospreciado, aparezca terrible. Pocos hay que piensen cuán lleno de dolores estaba yo en ese madero, cuando se partió mi corazón, y mis tendones se apartaron de las coyunturas. Santa Brígida mandó volver a poner aquel Lignum Crucis en una caja decorosa, a fin de que no lo llevasen personas indignas.

 

 

Dios permitió que fuese atribulada la Santa, no encontrando por mucho tiempo dónde habitar en Roma.

 

                   Capítulo 38

 

Después que por espacio de cuatro años había residido en Roma santa Brígida en la casa del Cardenalato, junto a la Iglesia de san Lorenzo in Damaso, le mandó a decir el Cardenal Vicario, que dentro de un mes desalojara aquella casa y buscase otra para ella y su familia. Oyendo esto la Santa se contristó mucho, porque tenía consigo una hija joven, noble y bien parecida, que llamaba la atención de todos; y temía por esto no poder encontrar una casa tan a propósito para guardar su honradez y la de su hija. Pidió entonces auxilio a Dios, el cual queriendo probar a su sierva, le dijo: Ve y prueba por este mes, dando vueltas por la ciudad tú y tu confesor, por si acaso pudiérais encontrar otra casa que os convenga.

 

Obedeciendo la Santa, durante todo aquel mes estuvo dando vueltas por Roma con dolor y pena, acompañada de su maestro y padre espiritual, y no pudo encontrar una casa conveniente. Su hija doña Catalina, viendo las angustias de la madre, y temerosa por su honor, lloraba mucho. Dos días antes de expirar el plazo del mes, hizo la Santa preparar y atar sus baules para dejar la casa e ir a residir en los hospicios públicos de los peregrinos. Oprimida entonces de dolor, se puso a orar, y con lágrimas pedía al cielo la socorriera. Apareciósele al punto Jesucristo y le dijo: Te afliges, porque no has podido encontrar una casa que te convenga.

 

Has de saber que he permitido esto para tu provecho y mayor corona, a fin de que probaras por experiencia la pobreza y trabajos que padecen los pobres peregrinos que van peregrinando fuera de su patria, y para que sepas tener compasión de ellos. Has de saber, sin embargo, que no te han de echar de esa casa, sino que te mandarán a decir de parte de su dueño, que permanezcas tranquila en ella en buena paz y quietud como hasta ahora tú y tu familia; y allí estaréis seguros tú y tu familia y todos los tuyos, y nadie en lo sucesivo podrá inquietaros.

 

Alegróse santa Brígida, y fué a referir esta revelación al P. Pedro, su director espiritual. Al punto llamó a la puerta un mensajero que traía una carta del dueño de la casa, en la cual la consolaba, diciéndole que no saliera de la casa, sino que se quedase de asiento en ella y la viviese con toda tranquilidad y reposo.

 

 

Milagrosa curación recibida por el que escribió estas revelaciones.

 

                   Capítulo 39

 

Refiere el prior P. Pedro, que como él padeciera contínuamente, desde su niñez, muy fuertes dolores de su cabeza, rogó a santa Brígida, quien a la sazón se hallaba en el monasterio de Alvastro, que sobre el particular pidiera a Dios por él; y estando en oración la Santa, se le apareció Jesucristo y le dijo: Ve y dile a fray Pedro, que ya está libre del dolor de cabeza. Escriba, pues, decididamente los libros de mis palabras que se te han revelado, porque tendrá quienes le ayuden. Y desde aquel día hasta treinta años después, no volvió a sentir dolor de cabeza.

 

 

Debe recibirse con acción de gracias lo que por Dios se da.

 

                   Capítulo 40

 

Al volver de la santa ciudad de Jerusalén a Roma santa Brígida, a sus paso por Nápoles, movida a compasión una reina, le dió como socorro cierta cantidad de dinero. Dudaba la Santa si debería recibir aquella ofrenda, y apareciéndosele entonces Jesucristo, le dijo: ¿Acaso por la amistad se ha de devolver la enemistad, o por el bien se debe devolver el mal? ¿O en un vaso frío se ha de poner otra vez nieve, para que se enfrié más? Por tanto, aunque la reina te dió con frío corazón la ofrenda que te hizo, debes, sin embargo, recibirla con amor de Dios y reverencia, y orar por ella, a fin de que pueda llegar al calor divino; porque está escrito: La abundancia de unos debe suplir la escasez de los pobres; y que ninguna buena obra quedará olvidada en la presencia de Dios.

 

 

Cómo los cánticos y la regla de santa Brígida para sus religiosas, fueron inspiradas por el Espíritu Santo.

 

                   Capítulo 41

 

Envíale a ese amigo mío mis horas, dice la Virgen a la Santa, y dile, que las dictó el mismo que dictó la Regla, y el mismo espíritu que te dió lecciones de escribir, le enseñó a dictar el canto con cosas admirables. Pues le llegaba a sus oídos tan divino espíritu, que su cabeza y pecho se llenaban, y excitábase su corazón en el amor de Dios; y según que le enseñaba aquel soplo del Espíritu Santo, su lengua profería el canto y las palabras: por consiguiente, no conviene abreviar éstas.

 

Pero dile que las presente a mi querido amigo el obispo Henmingo, y si éste quiere, puede añadir o explicar algo. Todo cuanto allí está escrito acerca de mi infancia es verdadero, y en nada se contradice con la Iglesia. Y aunque allí no haya un profesor de latinidad, no obstante, las palabras salidas de los labios de ese querido amigo mío me agradan más que las de cualquiera otro maestro mundano. Las horas juntamente con la Regla, deben guardarse después en el monasterio de Alvastro, hasta que se acabe de construir mi monasterio.

 

 

Cómo se comunica el espíritu del señor y que son suyos los cánticos de que usa la religión de las Brígidas.

 

                   Capítulo 42

 

No es más difícil a Dios hacer que hablar, dice la Virgen a la Santa. El Señor es quien ha creado las serpientes venenosas, para que sepan adónde pueden presentarse según su necesidad. Pero con mayor gusto se inclina al hombre para alumbrarle, según es de su agrado, la conciencia con la inteligencia de sus palabras. Y hace esto de dos modos.

 

Primero, como a ti te parece, que una persona te muestra lo que deba decirse: y segundo, como le parecía a tu maestro, que se llenaban de espíritu sus oídos y boca, y el corazón, como si fuera una vejiga, se hinchaba con el ardiente amor a Dios, por lo que consiguió saber aquellas palabras que ignoraba antes, como el hacer responsorios, antífonas e himnos, e igualmente debió ordenar el canto; por lo cual ninguno de estos debe abreviarse o aumentarse, a pesar de que se le permite explicar alguna palabra, si acaso pareciere obscura.

 

Autora: Santa Brígida de Suecia

Transcrito por: Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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