Ni que decir tiene que hablar de cristianismo es hablar de Jesucristo, o mas bíen de su persona, veamos que pensaba de esto el antiguo Papa Woityla:El cristianismo, antes que una doctrina, es un acontecimiento, o más
bien, una Persona: es Jesús de Nazaret. Es Él el corazón de la fe
cristiana.
Juan Pablo II
Jesús es el amigo que nunca os abandona; Jesús os conoce uno por uno, personalmente; sabe vuestro nombre, os sigue, os acompaña, camina con vosotros cada día; participa de vuestras alegrías y os consuela en los momentos de dolor y de tristeza. Jesús es el amigo del que ya no se puede prescindir cuando se le ha encontrado y se ha comprendido que nos ama y quiere nuestro amor.
¡Aprended a conocer a Cristo y dejaos conocer por Él! Él conoce a cada uno de vosotros de modo especial.
Cristo es la respuesta adecuada y verdadera a los interrogantes y a las aspiraciones más profundas del corazón del hombre (...). Cristo da al hombre mucho más de lo que el hombre puede esperar y desear. Sólo Él nos revela el verdadero rostro de Dios y del hombre.
¿Quién es Cristo? Cristo es quien sabe dar la respuesta a todos nuestros porqués. Comprenderéis que mil dificultades no tienen la fuerza de engendrar una duda.
Cada uno se encuentra con Cristo y con su mensaje liberador de una forma absolutamente personal. Yo os animo a ir hacia Él. Dejad que Él os hable. Entrad en diálogo con Él.
Con Él podéis hablar, hacerle confidencias; podéis dirigiros a Él con afecto y confianza. ¡Jesús murió incluso en una cruz por nuestro amor! ¡Haced un pacto de amistad con Jesús y no lo rompáis jamás!
Jesús es el amigo que no traiciona, que os ama y quiere vuestro amor.
Poned vuestra vida en manos de Jesús. Él os aceptará, os bendecirá, y
hará un uso tal de vuestra existencia que superará vuestras mayores
expectativas. En otras palabras: al igual que los
panes y los peces, abandonaos en las poderosas y alentadoras manos de
Dios, y os sentiréis transformados en plenitud de vida. «Descarga tu
peso sobre el Señor, y él te sostendrá.»
Cristo os espera; a Él podéis abrir el corazón y asiros a Él con oración sincera y fe indestructible. En esos momentos largos y terribles, Él es vuestra esperanza, es todo, es la solución de vuestras dudas.
Confiad en Cristo. Abridle vuestro corazón. Abrid vuestro corazón de par en par a Cristo. No tengáis miedo. Sed generosos. Quien da poco cosechará poco. El que da con generosidad recogerá una cosecha abundante. Podéis contar con la gracia de Dios.
Vale la pena seguir a Cristo. Él es el único que no defrauda. A
cada uno de vosotros Jesús os dirige una palabra que tenéis que meditar
en el corazón, para ponerla luego en práctica. Él os llama y os envía.
Respondedle con entusiasmo y decisión.
¡No lo olvidéis jamás! Jesús quiere ser nuestro amigo más íntimo,
nuestro compañero de camino.
El conocimiento de Jesús es el que rompe la soledad, supera las tristezas y las incertidumbres, da el significado auténtico a la vida, frena las pasiones, sublima los ideales, expande las energías en la caridad, ilumina en las opciones decisivas. Así se lee en la Imitación a Cristo: «Cuando está presente Jesús, todo es bueno y nada parece difícil; cuando Jesús está ausente, todo resulta gravoso. Cuando Jesús no habla interiormente, el consuelo no vale nada; en cambio, si Jesús dice una palabra tan sólo, se siente un gran consuelo... ¿Qué puede darte el mundo sin Jesús? Estar sin Jesús es un infierno insoportable, y estar con Jesús es un dulce paraíso. Si Jesús está contigo no hay enemigo alguno que te pueda hacer daño.»
¿Quién es para mí Jesucristo? ¿Quién es realmente para mis
pensamientos, para mi corazón, para mi actuación? ¿Cómo conozco yo, que
soy cristiano y creo en Él, y cómo trato de conocer al que confieso?
¿Hablo de Él a los otros? ¿Doy testimonio de Él, al menos ante los que
están más cercanos a mí: en la casa paterna, en el ambiente de trabajo,
de la universidad o de la escuela, en toda mi vida y en mi conducta?
Con frecuencia el hombre actual no sabe lo que lleva dentro, en lo profundo de su ánimo, de su corazón. Muchas veces se siente invadido por la duda que se transforma en desesperación. Permitid, pues —os lo ruego, os lo imploro con humildad y con confianza— permitid que Cristo hable al hombre. ¡Sólo Él tiene palabras de vida, sí, de vida eterna!
¡Escuchad la voz de Cristo! En vuestra vida está pasando Cristo y os
dice: «Seguidme.» No os cerréis a su amor. No paséis de largo. Acoged su
palabra. Cada uno ha recibido de Él una llamada. Él conoce el nombre de
cada uno. Dejaos guiar por Cristo en la búsqueda de lo que os puede
ayudar a realizaros plenamente. Abrid las puertas de vuestro corazón y
de vuestra existencia a Jesús.
Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce «lo que hay dentro del hombre». ¡Sólo Él lo conoce!
Recordad siempre que Cristo es el Hombre nuevo: sólo a
imitación suya pueden surgir los hombres nuevos. Él es la piedra
fundamental para construir un mundo nuevo. Solamente en Él encontraremos
la verdad total sobre el hombre, que le hará libre interna y
externamente en una comunidad libre.
Cristo es vuestro verdadero amigo. No encontraréis un
compañero de camino más fiel. No per-
mitáis, por ello, que vuestra respuesta a Él sea mezquina. ¡No
le alarguéis sólo vuestro dedo meñique! ¡Abridle ampliamente las
puertas de vuestra amistad! Las cosas grandes no se pagan con moneda
pequeña. ¡Entregadle vuestro corazón, vuestro entendimiento, vuestras
manos! Y si os llama personalmente a su más inmediato seguimiento, no le
neguéis vuestra compañía.
¡Con Cristo no hay pérdidas! Él os da tan abundantemente que
podéis enriquecer a otros aun y con Él transformar el mundo.
Los amigos siempre tienen algo que contarse; ello les apremia
continuamente al diálogo. Lo mismo vale para la amistad con Cristo. En
la oración buscamos el diálogo con Él. A Cristo le podemos decir todo lo
que nos preocupa; le podemos pedir todo lo que necesitamos. En la
oración se mantiene viva nuestra amistad con Cristo.
