Jueves, 27 de mayo de 2010
LAS REVELACIONES DE SANTA BRÍGIDA DE SUECIA - LIBRO 9 - RECOMENDACIONES DE LA VÍRGEN

Bueno aquí os dejo una serie de recomendaciones que la Vírgen hace a Santa Brígida de Suecia. EL AUTOR DEL BLOG.

Recomienda la Virgen María tres laudables propiedades del alma, y otras tres del cuerpo, y exhorta a un devoto sacerdote para que se emplee en la conversión de las almas.

 

                   Capítulo 26

 

En el ejército del Rey de los ángeles, dice la Virgen a la Santa, hay tres cosas: Primera, lo que abunda y no se disminuye: segunda, lo que es estable y no se destruye: tercera, lo que es resplandeciente y no se obscurece. Igualmente debe haber tres cosas en el cuerpo y otras tres en el alma. Primera, lo que abunda en el alma y no se disminuye, lo cual es el don del Espíritu Santo que se da a dicha alma; pues, aunque en sí y por la virtud abunda, puede disminuirse, no obstante, por el pecado: segunda, que el alma debe ser constante en las buenas obras, para no arruinarse con la mala voluntad: tercera, debe estar resplandeciente con la hermosura y provecho de las buenas obras, para no obscurecerse con el colorido del afecto perverso o de la concupiscencia.

 

También en el cuerpo debe haber tres cosas. Primera, el sustento; segunda, el trabajo, y tercera, la represión del placer y del consentimiento carnal. Consiste la primera, en tomar con moderación el sueño y el alimento, de modo que no sea ni más ni menos, sino lo necesario para que el cuerpo pueda estar firme en el servicio de Dios. La segunda, es la perseverancia en el trabajo con toda discreción. La tercera, es la voluntad alegre en el servicio de Dios y el reprimir el deleite ilícito, y de este modo el alma queda ilustrada.

 

Y puesto que mi amigo ata sus manos con voto, a fin de que su cuerpo no vaya contra su alma, yo, que soy la Reina del cielo, y muy amada y próxima a mi Hijo, le dispenso su voto, porque así es del agrado de mi Hijo. Yo soy aquella de la cual da principio a su predicación; yo con mis ruegos lo precedo delante de mi Hijo como la estrella delante del sol, y dirigiéndolo le acompaño. Le permito, pues, que mire por su cuerpo según corresponde y conviene a su naturaleza, comiendo carne en los días de carne, y pescado en los de pescado. Le doy, además, tres cosas, que son: norma en las buenas obras; sabiduría más abundante en su conciencia, y mayor fortaleza de afectos para proferir las palabras divinas. Le convierto, igualmente, en bien ese temor que tiene de excederse en comer, de modo que la comida que haya de tomar, le sirva para fortaleza corporal y espiritual, y redunde en provecho del alma.

 

Presentándose después el Hijo, dijo de esta manera: Está ese desempeñando el oficio de los apóstoles, y por consiguiente, le permito que tenga la comida de los apóstoles, los cuales comieron lo que les presentaban, e igualmente, en el sustento de su cuerpo se conducirá éste como un apóstol. Lo envío, pues, no a los gentiles, como a otros amigos míos, sino a los malos cristianos. Y como a la esposa que de una manera despreciativa se ha separado del consorcio de su marido, es más difícil seducirla a que viva otra vez con él, que a aquella que aún no ha experimentado las buenas cualidades de su esposo, igualmente es más difícil volver a Dios a los malos cristianos, que a los que no han gustado todavía las palabras de Dios y la dulzura de su bondad.

 

Por tanto, puesto que es mi amigo y lo quiero mucho, como a amigo le pongo la carga más penosa; mas sin embargo, todo cuanto emprendiere, se le hará fácil por mi gracia. Procure estar preparado en la próxima pascua para ir a trabajar en mi servicio; en una tierra fértil echará la semilla, la cual crecerá mucho y dará bastante fruto. Esta semilla son mis palabras, y la tierra fértil es la Santa Iglesia, la cual, labrada por sabios, dará mucho fruto. Vaya, pues, seguro, que yo estaré con él en su boca y en su corazón.

 

 

La gracia del Espíritu Santo no puede conciliarse con el afecto al pecado.

 

                   Capítulo 27

 

Costumbre es entre vosotros, dice la Virgen a la Santa, que cuando alguno viene con un saco abierto o con un vaso limpio, se le dé en él algo; pero si el que lleva el saco, no quiere abrirlo por pereza, y si el vaso estuviere sucio, y se asemejare más a una inmundicia que a un vaso limpio, y el que lo lleva no promete limpiarlo, ¿quién le había de echar allí lo más precioso que tiene, siendo indigno de ello? Igualmente acontece con las cosas espirituales; cuando la voluntad no propone dejar el pecado, entonces no es justo que se le dé la bebida del Espíritu Santo; y cuando en el corazón no hay voluntad de enmendar el pecado, entonces no debe dársele el manjar del Espíritu Santo, ya sea este hombre un rey, ya un emperador, ora sea eclesiástico, ora pobre, ora rico.

 

 

Cuánto favorece la Virgen María a los pecadores que quieren convertirse a Dios.

 

                   Capítulo 28

 

Parecíale a la esposa de Jesucristo, la bienaventurada Brígida, que la Virgen María, Madre de Dios, estaba junto a ella, y que a su derecha tenía la Virgen diversos instrumentos con que poder defenderse en todos los peligros, y a su izquierda había armas a propósito para castigar a los que por su mala voluntad se habían condenado a las penas. Entonces dijo la Virgen a la esposa: Según ves la diferencia que hay en estos instrumentos, cada cual necesario para su uso, de la misma manera auxiliaré, yo con mi favor a todos los que teman y amen a mi Hijo, y luchen varonilmente contras las tentaciones del demonio.

 

Estos se hallan como establecidos dentro de los muros de los campamentos, peleando diariamente contra las asechanzas de los espíritus malignos, y con mis armas acudo a su defensa, de modo que, cuando los enemigos intentan socavar el muro y destruirlo, pongo un apoyo; si tratan de subir por escalas, con las horcas los echo atrás, y si proyectan horadar las paredes de los muros, los reparo con la llana y cubro bien aquellos agujeros. De esta manera ayudo con armas defensivas a todos los que quieren reconciliarse con mi Hijo, y nunca más pecar a sabiendas contra él. Y a pesar de que solamente te he nombrado tres instrumentos, ayudo no obstante a mis amigos y los defiendo con innumerables armas de defensa.

 

Respecto a los instrumentos que aparecen a tu izquierda, quiero hablarte con especialidad de tres de ellos. El primero es la espada, la cual es más cortante que la del verdugo; el segundo es el lazo, y el tercero es la leña con que serán quemados los que, teniendo ánimo de pecar hasta el último momento antes de la muerte, se condenaron a las penas perpetuas. Porque cuando el hombre tiene propósito de ofender a Dios hasta el final de su vida, y no cesar hasta que no pueda pecar, debe ser condenado por la divina justicia a los suplicos eternos.

 

Y así como por los diferentes delitos se imponen a los que se les ha de quitar la vida diferentes muertes en la tierra, así también a los condenados al infierno se les imponen por sus pecados diferentes géneros de suplicios: por esta razón, cuando el hombre piensa seguir pecando mientras viva, justo es que el demonio tenga poder sobre su cuerpo y su alma; y como la carne se arranca de los huesos, así es derecho del demonio separar su cuerpo y alma con tan amarga pena, como si la carne y huesos se cortaran con un pedernal sin filo, mientras el miserable cuerpo pudiera sufrir tan terrible pena.

 

Ten, sin embargo, por muy cierto, que aun cuando alguno por lo enorme de sus delitos sea con justicia entregado por Dios en cuerpo y alma al demonio, nunca mientras viva y tenga conocimiento, se le quitará la gracia de la penitencia. Pero a los que no tienen penitencia, mi espada les abreviará antes de la muerte alguna pena corporal, a fin de que el demonio no tenga sobre el cuerpo mientras viviere en el mundo el pleno poderío que tiene en el infierno; pues, a la manera de aquel que para mayor pena cortara con una sierra el cuello de su enemigo, así lo hace con su espada el demonio con el alma que vive en la muerte eterna.

 

El lazo significa el dolor que el elma condenada tiene después de la muerte, el cual es tanto mayor en el infierno, cuanto más larga es la vida en el mundo; y querría el demonio, que el que tiene propósito de pecar mientras viva, viviera mucho tiempo, para que padeciese más después de la muerte. Y por esta razón rompe mi gracia el lazo que ves, esto es, abrevia contra la voluntad del demonio la vida de la carne miserable, para que el suplicio por la sentencia de la Justicia no resulte tan horroroso como desea el enemigo.

 

El demonio, pues, enciende el fuego en los corazones de sus amigos que viven en los placeres, y aunque la conciencia de estos les dice ser contra Dios, no obstante, desean tanto satisfacer sus deleites, que sin hacer caso pecan contra Dios; y por esto, es derecho del demonio encenderles y aumentarles el fuego de los suplicios en el infierno tantas veces, cuantas con su perverso deleite los llenó de él en el mundo.

 

 

Elogia el Salvador las virtudes de san Francisco de Asís, y da un testimonio de la verdad de las indulgencias de la Porciúncula.

 

                   Capítulo 29

 

Como estuviese santa Brígida en Asís en la iglesia de los religiosos, oyó y vió a Jesucristo que le decía: Mi amigo Francisco bajó del monte de las delicias a la cueva, donde su pan era el amor divino, su bebida las continuas lágrimas, y su lecho la meditación de mis obras y mandamientos, y aunque todo lo sé, dime: ¿qué es lo que aflige tu corazón?

 

Me aflijo, respondió la Santa, porque hay quienes dicen que este Santo supuso las indulgencias de la Porciúncula, y otros afirman que son nulas. Y dijo el Señor: El que finge alguna cosa, es como la caña que se inclina a los aplausos de los aduladores; pero, mi amigo fué como una piedra abrasada por el fuego, porque me tuvo en sí a mí, que soy el fuego divino; y así como el fuego y la paja no concuerdan entre sí, igualmente la falsedad no se propaga, donde habita la verdad y el fuego del amor divino.

 

Pero mi amigo poseyó y dijo la verdad, y porque vió la frialdad de los hombres para con Dios, y su codicia respecto al mundo, amó mucho; y así me pidió una señal de amor, por la cual se encendiera el hombre en el amor de Dios, y se disminuyera la codicia. Y como me lo pidió por amor de Dios, yo, que soy el mismo amor, le di la señal de que todos los que a su iglesia acudieran vacíos, quedasen llenos de mi bendición y libres de sus pecados.

 

Y dijo otra vez la Santa: ¿Por ventura, Señor mío, debe recovar vuestro sucesor lo que habéis dado vos, que sois el manantial de todo poder y gracia? Y respondió Jesucristo: Fijo es lo que dije a Pedro y a sus sucesores: Todo lo que atáreis, será atado. No obstante, por la malicia de los hombres se quitan muchos bienes, y por la fe y los méritos se aumenta la gracia concedida.

 

 

Excelencia y divina virtud de las palabras de la Sagrada Escritura.

 

                   Capítulo 30

 

Hablaba Dios Padre a la esposa de su Hijo y le decía: Oye tú que te admiras de las palabras que ves escritas en la Biblia. Has de saber por muy cierto, que cada palabra escrita en ella ha provenido de mí y tiene su propia virtud y eficacia. Y al modo que ves que las piedras preciosas tienen en el mundo sus virtudes particulares, como el imán tiene su virtud atractiva respecto al hierro; unas piedras muelen el grano y lo convierten en harina; y otras se convierten en cal y tienen virtud para unir entre sí las demás piedras; estotras afilan el hierro como los guijarros, y de este modo cada clase de piedra tiene su propiedad; igualmente, cada palabra que ha provenido de mí, tiene sus propiedades, y todas están resplandeciendo en el cielo con eterna hermosura delante de todo mi ejército celestial, como preciosísimas piedras de bellísimo color engastadas en muy reluciente oro, y todo el que ésta en el cielo conoce la principal virtud de cada cual de ellas.

 

 

Se aparece san Dionisio a la Santa, y la consuela en una tribulación.

 

                   Capítulo 31

 

Hallándose de vuelta de la peregrinación a Santiago el esposo de santa Brígida, comenzó a enfermar en Atrabato, y agravándose la enfermedad, se entristeció en gran manera la esposa de Jesucristo, y mereció la consolara san Dionisio, el cual, apareciéndosele en la oración, le dijo: Yo soy Dionisio, que durante mi vida vine de Roma a estos puntos de Francia para predicar la palabra de Dios. Y porque con especial devoción me amas, te anunció que Dios quiere darse a conocer en el mundo por medio de ti, y tú estás entregada a mi custodia y protección. Por tanto, te ayudaré siempre y te doy por señal, que de esta enfermedad no morirá tu esposo. Y en otras muchas ocasiones el mismo san Dionisio visitaba en las revelaciones a la Santa y la consolaba.

 

 

La santísima Virgen certifica a santa Brígida la autenticidad de una preciosa reliquia de la Señora.

 

                   Capítulo 32

 

Como residiese santa Brígida por algún tiempo en la ciudad de Nápoles, la mandó a llamar una religiosa del monasterio de Santa Cruz, llamada Clara, y le dijo: Tengo unas reliquias de los cabellos de la Madre de Dios, que me los dió una muy santa reina, y ahora te los daré, porque me ha inspirado el Señor que te los entregue. Y servirate de señal que es verdad lo que te digo, que moriré pronto, e iré a mi Señor, a quien mi alma ama sobre todas las cosas. Después de esto sobrevivió pocas días, y murió después de recibir los Sacramentos de la Iglesia.

 

Dudando santa Brígida si aquellos cabellos eran de la Virgen María o no, se le apareció en la oración la misma Madre de Dios, y le dijo: Como es verdad y muy cierto que yo nací de Joaquin y de Ana, así también es verdad que esos cabellos nacieron en mi cabeza.

 

 

Fortaleza y conformidad de santa Brígida en la muerte de una hija suya.

 

                   Capítulo 33

 

Sabedora la esposa de Jesucristo de que había muerto su hija Ingeburgen, religiosa del monasterio de Risabergh, alegrándose, dijo: ¡Oh, mi Señor Jesucristo! ¡Oh Amador mío! Bendito seáis, porque la llamasteis antes que el mundo la cogiera en sus lazos. Enseguida entró en su oratorio, donde derramó tantas lágrimas y dió tantas sollozos, que pudieran oirle los que estaban cerca, y decían: Llora por su hija. Apareciósele entonces Jesucristo y le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? Aunque todo lo sé, quiero informarme de ello porque tú me lo digas. Y respondió la Santa: Señor, no lloro porque mi hija haya muerto, sino que me alegro, porque si hubiese vivido más, habría tenido que daros mayor cuenta; lloro, porque no la instruí según vuestros mandamientos, y porque le di ejemplos de soberbia y la corregí con excesiva lenidad.

 

Y le dijo Jesucristo: Toda madre que llora porque su hija ofende a Dios, y la instruye todo lo mejor que puede, es verdadera madre de verdadero amor de Dios, y madre de lágrimas, y su hija es hija de Dios por causa de su madre; pero la madre que se alegra porque su hija sepa conducirse según el mundo, sin cuidarse de sus costumbres, con tal que pueda ser ensalzada y favorecida por el mundo, no es madre sino madrastra. Así, pues, por tu amor y buena voluntad, tu hija llegará por el camino más corto a la corona de la gloria.

 

 

Un santo crucifijo previene a cierta señora y le revela su próxima muerte.

 

                   Capítulo 34

 

Cierta señora del reino de Suecia, que estaba en una iglesia junto a Santiago de Galicia, vió pintado en la pared un crucifijo, mirándolo atentamente con devoción y compasión, oyó entonces una voz que le decía: Dondequiera que vieres esta imagen y la oyeres hablar, allí has de permanecer y morirás. Al regresar a su patria pasó otra vez por Roma, y como llegase a la ciudad de Montflascon, vió en la casa de una señora una imagen semejante a la que había visto en España, y entonces la imagen le dijo: Aquí entrarás y permanecerás; pues yo inclinaré el ánimo de la dueña de la casa, para que te dé aquí habitación. Encerrada allí aquella señora, perseveró constantemente en lágrimas, ayunos y oraciones, e hizo una vida ejemplar y milagrosa.

 

En cierta ocasión vió también esta señora una columna, sobre la cual había una señora de mediana estatura, a la que miraban muchas gentes y se maravillaban, y de su boca salía una especie de rocío y flores blancas y encarnadas, con cuyo olor se deleitaban los que la estaban viendo. Al despertarse la siguiente noche, vió lo mismo, y oyó una voz que le decía: Esa mujer que ves en tu paisana Brígida, que hallándose en Roma traerá de remotos países vino mezclado con rosas, y lo dará a los sedientos peregrinos.

 

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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