Martes, 25 de mayo de 2010
LAS PROFECÍAS Y VISIONES DE SANTA BRÍGIDA DE SUECIA - LIBRO 9 - SOBRE LAS ETAPAS FINALES DE SANTA BRÍGIDA

Bueno en los capítulos 16 al 20, se habla de la enfermedad de Santa Brígida además de los elogios que hacen la Vírgen y el Señor de la Santa. EL AUTOR DEL BLOG.

Cinco lazos que tiende el enemigo a las personas espirituales que buscan a Dios.

 

                   Capítulo 16

 

Bendita seáis vos, que sois Virgen y Madre, dice la Santa a la Virgen: María es vuestro nombre. Vos habéis dado a luz a Jesucristo. Y en cierta ocasión entendí espiritualmente que muchos nobles y sabios daban testimonio a otro, de que vuestro Hijo era misericordioso y lleno de piedad, y una turba de pobres clamaba desde lejos diciendo que aquel testimonio era verdadero.

 

Oh, mí amadísima Señora, así también me parece a mí ser en cuanto a vos, porque todos los santos, los cuales fueron igualmente nobles y sabios, dan testimonio de que en verdad sois piadosísma y misericordiosísima; y yo, que soy de esa turba de pobres y no tengo nada por mí misma, clamo diciendo que es muy cierto su testimonio. Os ruego, pues, piadosísima Señora, que os dignéis tener misericordia de mí. Me parece que estoy en gran peligro, porque se me figura hallarme en los linderos de dos casas, de las cuales una tiene mucha claridad, y la otra es muy tenebrosa, y cuando vuelvo la vista a esta casa tenebrosa, paréceme que todo cuanto vi en la casa clara, es como visto de noche en un sueño.

 

Y respondió la bienaventurada Virgen: Aunque todo lo sé, dime: ¿qué viste particularmente en la casa tenebrosa? Parecíame, dije, que había como una entrada para la casa tenebrosa y de ella una estrecha salida, y fuera de la salida notábase una resplandeciente claridad en la cual había muchas cosas deleitables. Desde aquella entrada había muchos caminos que se dirigían a la salida, y en cada camino había cinco hombres enemigos de todos los que fueran por los otros caminos. El primer enemigo les hablaba con palabras suaves, pero a los que le daban oídos, les introducía en el cerebro una ardiente llama.

 

El segundo tenía en la mano flores y otras cosas caducas que produce la tierra; mas al que volvía a ellas la vista con deseo de poseerlas, estas mismas cosas le traspasaban los ojos como afiladísima lanza. El tercer enemigo tenía un vaso llena de veneno, untado exteriormente por arriba con una poca de miel, y lo vertía en la garganta de todos los que probaban de aquel vaso.

 

El cuarto tenía varias y ricas joyas de oro y plata y piedras preciosas fabricadas por mano de los hombres, a las cuales el que las tocaba con ambición de poseerlas, era herido por una serpiente venenosísima. El quinto ponía un blandísimo almohadón a los pies de los pasajeros, y así que cualquiera se complacía en descansar sobre él, el enemigo quitaba el almohadón; y de esta suerte, el que se creía estar descansado, caía en lo profundo sobre durísmas peñas.

 

 

Palabras de consuelo que la Virgen María dirigió a santa Brígida en su última enfermedad.

 

                   Capítulo 17

 

Poco antes de la muerte de santa Brígida, se le apareció la Virgen María, y le dijo: Si está enferma la mujer que va de parto, los hijos que da a luz, suelen ser enfermizos. Pero tú darás a luz para Cristo, hijos fuertes y sanos, y amigos de Dios, y quedarás más sana de lo que nunca habías estado, y no morirás, sino que irás al paraje que te está prometido y preparando; pues san Francisco estuvo mucho tiempo enfermo, y no obstante, dió entonces fruto y cumplió la voluntad de Dios, pero después quedó sano, e hizo y hace mayores cosas que cuando enfermo.

 

Pero puedes preguntarme: ¿por qué se prolonga tanto tu enfermedad y se va consumiendo tu naturaleza y tu robustez? A lo cual te respondo, que mi Hijo y yo te amamos. ¿No te acuerdas de lo que mi Hijo te dijo en Jerusalén, que tus pecados te habían sido perdonados, cuando entraste en la iglesia de su Santo Sepulcro, como si entonces hubieras recibido el bautismo? Mas no te dijo, sin embargo, que no deberías padecer nada, mientras vives en el mundo, y por tanto, es voluntad de Dios, que el amor del hombre corresponda al amor de Dios; y que las culpas pasadas se laven con la pacienca y con la enfermedad.

 

Acuérdate también que muchas veces te he dicho que las palabras de mi Hijo y las mías pueden entenderse espiritual y corporalmente, según te dije en la ciudad de Stralsund, que si antes de concluir las palabras divinas contenidas en los libros celestiales, palabras que te ha revelado Dios, fueras llamada del mundo, entonces por tu buena voluntad serías tenida como religiosa en Ubatesten, y considerada como participante de todas las promesas que Dios te ha hecho.

 

 

La Virgen María explica a santa Brígida qué sea morir y qué vivir, según Dios.

 

                   Capítulo 18

 

Seis días antes del fallecimiento de santa Brígida, se le apareció la Virgen María y le dijo: ¿Qué dicen los médicos? ¿acaso que no morirás? A la verdad, hija, que ellos no consideran lo que es morir; pues muere, el que es separado de Dios, el que está endurecido en el pecado, y por medio de la confesión no arroja la inmundicia de sus culpas; muere también el que no cree en Dios, ni ama a su Creador. Pero vive y no muere el que siempre está temiendo a Dios, el que con frecuentes confesiones purga sus pecados, y desea llegar a su Dios. Y puesto que el Dios de todas las cosas habla contigo, y contra la naturaleza dispone y mantiene tu vida, por esta razón no hay que buscar la salud ni la vida en los medicamentos, ni te es ya necesario usar medicina, porque para poco tiempo se necesita poco manjar.

 

 

Elogio que la Virgen María hace de santa Catalina, hija de santa Brígida.

 

                   Capítulo 19

 

Oraba la esposa de Jesucristo a la santísima Virgen y le decia: Oh mi queridísima Señora, por el amor de vuestro querido Hijo, os ruego que me deis auxilio para amarlo de toda corazón; porque me siento débil para amarlo con tan ardiente amor como debería. Os ruego, pues, Madre de la misericordia, que os dignéis atar su amor a mi corazón, y atraed a vuestro Hijo a este corazón mío, apartándolo con el mayor esfuerzo de todo deleite carnal, y atraedlo con tanta más fuerza, cuanto más pesado fuere.

 

Y respondió la bienaventurada Virgen: Bendito sea el que tales oraciones inspira; pero aunque a ti te parezca dulce mi conversación, ve, sin embargo, y cose la túnica de tu hija, quien más goza con una túnica remendada y vieja, que con una nueva, que más quiere un vestido de lana tosco, que de seda o de otro exquisito género. Dichosa ella, que con voluntad tan grande ha dejado el mundo. Igualmente, por el mutuo consentimiento ha dejado el marido, cuyo cuerpo amó como a sí misma, y su alma más que los cuerpos de ambos: también ha dejado corporalmente a sus hermanos y hermanas, parientes y amigos, para poderlos ayudar espiritualmente, y no ha hecho caso de las riquezas del mundo. Así, pues, por haber dejado a sus parientes, se le han perdonado todos tus pecados. Permanezca constante, que por las riquezas terrenas se le dará el reino del cielo, y el mismo Jesucristo por esposo, y todos los que la aman, adelantarán para con Dios por causa de ella.

 

 

Jesucristo bendice a santa Brígida por su beneficencia y amor a los pobres.

 

                   Capítulo 20

 

Estaba santa Brígida cerca de Ludosia, en el reino de Suecia, cuando vino a verla uno de su familia que estaba pobre, y le rogó que se compadeciera de él, porque trataba de casar a su hija, y no podía a causa de su pobreza. Se informó la Santa acerca del dinero en efectivo que tenía su mayordomo, y le dijo: Dale a ese pobre la tercera parte de todo cuanto tienes, a fin de que consolada su hija, ruegue por nosotros. Cuando entraron en la ciudad, encontraron reunidos los pobres en la puerta del alojamiento de santa Brígida, a los cuales la santa mandó dar limosna.

 

Pero el mayordomo dijo que en manera alguna bastaba lo que tenía para pagar el alojamiento, a no ser que tomara de alguien dinero a préstamo, y le dijo a la Santa: ¿Cómo es que tan profusamente disipáis el dinero? ¡Gran perfección es dar el dinero a los pobres y tomarlo de otros prestado! Y le contestó santa Brígida: Demos mientras tengamos, porque el benigno Dios es generoso para darnos cuando necesitemos. Yo estoy guardada para estos pobres, porque no tienen otros consuelo, y en mis necesidades me entrego a la voluntad de Dios.

 

Estando después la Santa oyendo misa en la iglesia, oyó en la oración a Jesucristo que le decía: Nuestra hija es como la que con tanto afán va corriendo a su esposo, que se olvida de su padre, de su madre y de todo cuanto tiene, hasta encontrar lo que busca. ¿Qué ha de hacer el esposo? Le enviará sus criados y hará que venga en pos de ella todo lo que es de la esposa. Así también, oh hija, a causa de tu amor proveemos contigo y con los tuyos; porque así como el amor me introdujo en el seno de la Virgen, igualmente, el amor del hombre introduce a Dios en su alma.

 Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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