Lunes, 24 de mayo de 2010
LAS VISIONES Y PROFECÍAS DE SANTA BRÍGIDA DE SUECIA - LIBRO 9 (CAPITULOS 10 AL 15) SOBRE LA GULA Y CONTENCIÓN

Una vez mas os ofrecemos ya casí para terminar estas visiones de Santa Brígida de Suecia que son tan importantes y que a nadie dejan indiferente. EL AUTOR DEL BLOG.

El ángel custodio enseña a santa Brígida cómo ha de vencer las tentaciones de la gula.

 

                   Capítulo 11

 

En cierta ocasión en que santa Brígida se hallaba en el monasterio de Alvastro, fué tentada por el espíritu de gula de tal suerte, que de hambre apenas podía pensar en otra cosa; y como se pusiese a orar, se le aparecieron en espíritu dos personas, que eran un etíope con un pedazo de pan en la mano, y un hermosísimo joven, que llevaba un vaso dorado. Y entonces dijo el joven al etíope: ¿Por qué andas buscando a la que está encargada a mi custodia? Y respondió el etíope: Porque se vanagloria de la abstinencia que no ha tenido; porque no cesa de llenar su vientre, hasta que se llene con el estiercol de manjares delicados; y por eso le doy mi pedazo de pan, para que se le endulcen las cosas más toscas. Dijo el joven: Bien sabes que no tiene naturaleza inmaterial como nosotros, sino un saco de tierra, y siendo tierra frágil e inquieta, necesita continuo restablecimiento.

 

Y respondió el etíope: Vuestro Jesucristo ayunó cierto tiempo sin comer y bebiendo poca agua, por lo que mereció sublimes dones. ¿Qué alcanzará ésta que siempre se halla harta? Y le dijo el ángel: Por ventura, ¿no es tuyo Jesucristo igualmente que nuestro? De ninguna manera, contestó el etíope, porque nunca quiero humillarme a él, sino que haré todo lo contrario, pues no he de volver a su gloria. Y dijo el joven: Jesucristo enseñó a ayunar de suerte que no se debilite el cuerpo más de lo justo, sino que se humille, para que no se subleve contra el alma.

 

Ni nuestro Jesucristo manda lo que es imposible a la naturaleza, sino la moderación; ni indaga qué y cuánto es lo que cada cual toma, sino con qué intención y amor de Dios. A lo que respondió el etíope: Justo es que esta mujer sienta en su vejez lo que no experimentaba en su juventud. Y dijo el joven: Loable es en los jóvenes abstenerse del pecado, y no aparta del cielo la púrpura y la carne delicada tenida con amor de Dios; porque a veces debe guardarse con acción de gracias la costumbre moderada y prudente, a fin de que la carne no se debilite en demasía.

 

En aquella misma hora apareció después a santa Brígida la Virgen María, que llevaba puesta una corona, y le dijo al etíope: Enmudece, traficante envidioso, porque esta me ha sido encomendada a mí. Y respondió el etíope: Si otra cosa no pudiere yo hacer, por lo menos le echaré espinas en la orla de sus vestidos. Yo la ayudaré, dijo la Virgen, y siempre que las echares, se te arrojarán a la cara, y se duplicará su corona.

 

 

Instruye la Virgen María a santa Brígida acerca de tres condiciones que hacen meritorio el ayuno.

 

                   Capítulo 12

 

Todo cuanto hagas, dice la Virgen a la Santa, debes hacerlo con obediencia y discreción; porque más grato es a mi Hijo el que se coma, que ayunar contra la obediencia. Por consiguiente, debes observar en el ayuno tres requisitos. Primero, no ayunes en vano, como los que ayunan con intención de ser semejantes e iguales a otros en los ayunos y mortificaciones; lo cual es falta de razón, porque el ayuno debe adaptarse a la robustez del cuerpo y según pueda sobrellevarlo la naturaleza, para reprimir los deseos de los movimientos ilícitos.

 

Segundo, no ayunes imprudentemente, como aquellos que cuando están enfermos quieren hacer contra la fuerza de la naturaleza lo mismo que cuando están sanos: éstos desconfían de la misericordia de mi Hijo, como si este no quisiera recibir de ello la enfermedad de ellos como obra hecha con buena voluntad. Ayuna, pues, hija con prudencia, y siempre que llegare la enfermedad, sé algo más benigna con tu cuerpo, compadeciéndote de él como de una bestiezuela irracional, a fin de que no sucumba con el trabajo.

 

Tercero, guárdate de ayunar sin fundamento, como los que ayunan más bien con la intención de alcanzar mayor recompensa y honra que los otros. Estos son como los que ellos mismos se señalan la paga de su trabajo.

 

Por lo demás, ayuna, hija mía, para agradar a mi Hijo, y según pueda sobrellevarlo tu naturaleza: calcula tus fuerzas, confiando siempre en la misericordia de mi Hijo; créete indigna para todo, y no pienses que ninguna penitencia tuya sea condigna para perdonarte tus pecados, ni mucho menos para la recompensa perpetua, sino que debes atribuirlo a la gran misericordia de mi divino Hijo.

 

 

La mortificación debe someterse a la obediencia.

 

                   Capítulo 13

 

Acostumbrada santa Brígida a no beber en los intermedios de las comidas, y acaecióle un día, que apenas podía hablar; lo cual viéndolo su padre espiritual el maestro Matías, le mandó que bebiese; y aunque a la Santa le pareció grave variar toda la anterior costumbre, bebió sin embargo. Entonces oyó en espíritu una voz que le dijo: ¿Por qué temes variar tu vida? ¿ Necesito acaso tus bienes, o por tus méritos has de entrar en el cielo? Obedece a tu maestro, que ya ha experimentado el conflicto de ambos espíritus, el de la verdad y el de la ilusión; pues aunque diez veces comieras y bebieras al día por obediencia, no se te contaría por pecado.

 

 

Cómo santa Brígida se dió enteramente a Dios, y cuánta es la malicia de nuestro común enemigo.

 

                   Capítulo 14

 

Veía santa Brígida varios ángeles, entre los cuales había uno malo, el cual dijo a la esposa de Jesucristo: Otra disposición que antes tiene ahora tu alma, y ya se aparta de ti tu nodriza, que es la soberbia, la cual soy yo, que soy el ángel malo. ¿Por qué no hablas y me favoreces como antes? Y respondió con su espíritu la Santa: No te amo, porque no amas a Dios, y aunque recrearas mi mente con toda la suavidad posible y vistieras de oro mi cuerpo, no te amaría, porque desprecias a mi Dios; y más bien seguiría a Él en las penas, que a ti en toda dulzura, y porque aborreces a Dios, todo lo tuyo me es odioso.

 

Pero si quisieras volver tu alma a Dios, yo también me plegaría y haría tu voluntad. Y respondió el demonio: En verdad, te digo, que si pudiera tomar cuerpo mortal, mejor querría padecer en él todo género de pena, y adémas las penas del infierno, antes que volver mi amor a Dios. Dijéronle entonces dos ángeles buenos: Siendo nuestro Señor tu Dios y tu Creador, ¿por qué no quieres someterte a él? Y respondió el demonio: Porque de tal suerte he fijado mi mente a mi voluntad, que no quiero variarla, tal es el odio que le tengo,

 

En seguida otro de aquellos buenos ángeles dijo: Señor, aunque todo lo sabéis, sin embargo, porque así os place y por causa de vuestra esposa os presento estas palabras. Habéis dicho antes acerca de vuestra nueva esposa: Cuando yo me vuelvo al austro, ella se vuelve all occidente. Mas ahora podéis decir, que a cualquiera lado que os volváis, vuestra esposa, os sigue según puede. Y respondió el Señor: Conviene que la esposa obedezca y se humille a su Dios.

 

 

Cuánto santa Brígida amaba a la Virgen María, y cómo esta Señora correspondía a su amor.

 

                   Capítulo 15

 

Bendita seáis vos, dice la Santa, oh Virgen María, Madre de Dios, y bendito sea el mismo Dios vuestro Hijo Jesucristo, por todo el gozo que me ha dado, porque vos seáis su Madre. Ese mismo Señor sabe, que María hija de Joaquín, es para mí más amada, que los hijos de Ulfón y de Brígida; y que mejor querría yo, que jamás hubiera nacido Brígida hija de Birgero, que el que no hubiese sido engendrada María hija de Joaquín; y preferiría yo que Brígida estuviese en el infierno, antes que María, hija de Joaquín, no fuera Madre de Dios en el cielo.

 

A lo cual respondió la bienaventurada Virgen: Hija, has de saber de positivo, que esa María, hija de Joaquín, te será más útil, que tú, Brígida, hija de Birgero lo eres a ti misma. Y la misma hija de Joaquín, la cual es Madre de Dios, quiere servir de madre a los hijos de Ulfón y de Brígida. Por consiguiente, sigue constante, y obedece a Inés en sus consejos que te da en las visiones espirituales, y a tu maestro, pues los dos te informan de un mismo espíritu, y obedeciendo a uno de ellos, obedeces a ambos.

 

Dile también a tu maestro, que haga lo que se le ha mandado, aunque le sobrevengan tribulaciones corporales, porque las tribulaciones dirigidas contra las obras buenas, son lazos del demonio; que salte, pues, por encima de los lazos, y marche varonilmente, porque el camino que emprende el hombre para gloria de Dios con mayor tribulación, le servirá delante del Señor para mayor recompensa y corona que el que se anda con menos contrariedad, y cada paso que dé se lo tomará Dios en cuenta para su corona.

Fdo. Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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