Domingo, 23 de mayo de 2010
EL SANTUARIO DEL MIRABLE - EDIFICIOS E IMAGINERÍA

El origen del santuario hay que buscarlo en la aparición de la Virgen a dos niños, Celdoni y Jaumet, de la masía la Cirosa que se encuentra a unos quinientos metros al norte de la iglesia del Milagro.

Según consta en los documentos del proceso canónico instruido pocos días después de estos acontecimientos, en el año 1458 Cataluña estaba afectada por una epidemia de peste bubónica. El jueves, 3 de agosto de ese año, al atardecer, la dueña de la Cirosa, de nombre Constanza, se encontraba guardando el rebaño en un prado conocido como el prado de Bassadòria acompañada de dos hijos suyos, Celdoni y Jaumet.

Cuando el mayor de los dos hermanos, Celdoni, al ir a voltear a las mulas que también pastaban junto al prado, se encontró: «ante algo parecido a un hermoso niño, el cual estaba arrodillado con las manos juntas hacia el cielo, con una bella cruz que tenía en las manos, y con nuestro Señor que estaba crucificado. Vestía una mantita rojo fuerte, que le tocaba hasta el suelo.»

El niño, al ver aquella aparición, huyó asustado. La «Aparición» le habló pero el niño, en su huida sólo entendió que decía «O hijo da parte, y di al pueblo ...semanas». Al llegar junto a su madre, y ésta verlo tan trastornado, comenzó a interrogarle. Enterada de lo que le había pasado, la madre quiso comprobarlo y se acercó al lugar, pero un miedo irracional se lo impidió y se limitó a acechar el lugar desde lejos sin ver nada extraño.

Un rato después Jaumet fue a recoger el ganado y al ir a recoger una oveja que se había descarriado, de repente se encontró ante una pequeña niña. Jaumet coincidió en describir con los mismos rasgos que había aportado su hermano añadiendo, sin embargo, que tenía los cabellos largos y rubios, que estaba arrodillada junto a un enebro y que llevaba una hermosa cruz en el hombro similar a una que había en el altar de San Sebastián de Riner.

También añadió que la niña le había hablado diciéndole: «Di en el pueblo que haga procesiones, y que las hagan con devoción, y que se confiesen y que se conviertan y que vuelvan a la cara de Dios, y que si así lo hacen, Dios se lo premiará.» Dicho esto, la niña se levantó, le puso la cruz en la mano izquierda y le besó la mano derecha. Al cabo de unos instantes, recogió de nuevo la cruz y desapareció, entre unas rocas.

Cuatro días después Jaumet enfermó con la peste. Al día siguiente, Pedro Ots, médico del pequeño pueblo de Sant Just d'Ardèvol al volver de visitar un paciente apestado, de pronto se quedó «como retenido por una fuerza invisible en el camino general que los Estanques en Cardona». Después de persignarse y sentará en el borde del camino, oyó una voz que le dijo: ¿Por qué no vas a la Cirosa a ver a un niño que se encuentra enfermo y que te recite las palabras de la Virgen María?. Tras intentar varias veces continuar su camino sin conseguirlo, decidió acercarse a la Cirosa. Allí, efectivamente, encontró al niño Jaumet enfermo y escuchó su explicación de la aparición. Dos días después, Jaumet moría a la edad de diez años.

Fdo. Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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