Jueves, 20 de mayo de 2010
APARICIONES DE NUESTRA SEÑORA DEL VALLE DE CATAMARCA - SEGUNDA PARTE

Bueno seguimos con nuestro relato sobre el encontronazo de esta imágen de la Vírgen en este valle y todo lo que acontece, prosigamos con el momento del encuento por parte de:

El indio se propuso entonces, ver qué significaba aquello. Su afán por descubrir el misterio le hizo trepar cautelosamente hasta el mismo nicho y a su entrada quedó como clavado por lo tan imprevisto y hermoso que veía.
Allá al fondo de la gruta se descubría una Imagen de la Santísima Virgen María, era pequeñita, pero muy linda, era como algunas que había visto en casas de los españoles. Esta era de rostro morenito y tenía las manos juntas. Lo atraía misteriosamente y allí se quedó contemplándola por mucho tiempo.
Cerca de la Imagen, se advertían muchas candilejas todas apagadas y algunas semiocultas por la abundante y fina arena que el viento iba juntando entre las piedras.
De esto, pasaron seguramente algunas semanas, quizá hasta meses, cuando el indio seguro ya de su descubrimiento, se determinó a dar cuenta del mismo, a su amo. Un día se le acercó y le narró todo.
El indio humilde y manso, afirmaba que no mentía, que había visto muy repetidas veces la pequeña imagen. Que allí estaba entre las piedras y era morenita como los indios y por eso también la querían.



La Gruta

La gruta en que fuera encontrada la Imagen de la Santísima Virgen María, por el indio cristiano al servicio de Don Manuel de Salazar, se encuentra en las primeras estribaciones de las serranías de las serranías del Ambato. Dista unos siete kilómetros de la Ciudad Capital de la Provincia de Catamarca, hacia el norte.
Actualmente, el histórico y venerado lugar donde nos consta que se encontró la Sagrada Imagen, está protegido por un templete al que se llega a través de una hermosa escalinata de piedra de la zona.

La gruta de la Virgen es un lugar muy visitado por devotos de la Virgen María, catamarqueños, turistas y peregrinos. En los días de “Las Fiestas de la Virgen” (diciembre y abril o mayo) y durante el año se ofician los Misterios divinos de la Santísima Eucaristía.

Salazar Lleva la  Imagen a Su Casa

¿Cómo había ido a parar en aquellos lugares una imagen de la Virgen María? Ella, Reina de la Luz y de la Gloria, con su Imagen siempre hermosa y venerada en la tierra, ¿no sería causa de que los nativos volvieran a sus antiguas idolatrías? Por ello, decidió cerciorarse personalmente de la veracidad de aquel extraño relato, yendo al lugar descrito por el indio.
Se dirige con el nativo al lugar y nicho mencionados. Cuando los choyanos se enteraron que el Administrador del Valle venía en dirección a la gruta, entonces comenzaron a reunirse apresuradamente.
No sabía porqué, pero aquella Imagen, morena como sus rostros, pequeñita y humilde como sus vidas ignorantes y sencillas, parecía volverlos dichosos y fuertes en aquellos años de opresión y dura servidumbre. Ante Ella, los pesados afanes de la jornada se diluían en el sabor de una esperanza que no alcanzaban a comprender, por eso no permitirían que se la llevasen. No tenían armas y en caso de tenerlas, no hubieran sido capaces de utilizarlas ante aquel nicho lleno de luz para sus almas. Pero tenían sí, y sabrían manejar, la súplica de sus varones, las lágrimas de sus mujeres y hasta el rogar de los pequeños.
Y llegó Salazar hacia el anochecer con el fin de sorprenderlos en lo que él imaginaba, desenfreno y desorden. Nada de eso. Sí un silencio expectante y completo y verdadero recogimiento.
Al llegar el Administrador del Valle, trepa con el indio hasta la entrada de la gruta, y la encuentra tal cual su servidor se la había descrito. No cabía duda; era la Imagen de la Reina del Cielo, soberana en su advocación de la Pura y Limpia Concepción.
De inmediato dispone no dejar un momento más la Imagen en aquella agreste y desolada cueva. Y del modo más amable pero firme manifiesta a los presentes que la llevará consigo a sus “heredades” de Motimo. Los indios comienzan a expresar quedadamente su descontento y dicen a media voz: “Si es nuestra, nosotros la queremos. Ella nos cuida, siempre nos defiende”, Salazar insiste en su determinación lo que acentúa la resistencia de los indios, comienzan las lágrimas y los ruegos, pero el español se mantiene firme; y allí mismo, tomándola delicadamente en sus manos, la lleva reverente a su casa.
Con una pena muy honda en sus corazones, vieron los nativos pobladores de Choya, alejarse de su gruta aquella Imagen que hasta entonces (y no sabemos desde cuando) había constituido para ellos un imán misterioso, pues los atraía y los mantenía reunidos alegres y distraídos de sus duros afanes, sin la necesidad de la embriagadora chicha con todas sus terribles y destructoras consecuencias.
La vieron irse, llevada por el español, mas no se sintieron despojados de modo definitivo, por lo que se calmaron pronto. Es que Dios obra en las mentes y en los corazones de sus hijos siempre con infinita sabiduría y bondad. Así, en el silencio de sus mentes sencillas, les enseñó que aquella era una Imagen de la que es Madre de todos, que seguiría siendo Madre de ellos, aun, permaneciendo entre los españoles.


La Imagen Vuelve a la Gruta


Salazar, lleva la Imagen a su casa y le construye una humilde repisa donde la ubica, quedando a buen recaudo. Los miembros de la familia y sus allegados rivalizarían con Don Manuel en adornarla con hermosas flores, sin descuidar los cirios encendidos al caer de la tarde de los sábados, cuando reunidos todos rezarían devotos el Santo Rosario.

La Madre del Valle no desdeñaba el amor profundo y sincero del piadoso Salazar. Más no quería dejar de ser la protectora general de todo un Valle, y con el correr de los años de toda una extensa región.

¡Maravilloso! Según numerosas declaraciones aseguradas con juramentos de múltiples testigos, este deseo de la Madre del Cielo se puso de manifiesto con el primer hecho portentoso conocido en el Valle.

Salazar, al amanecer de un día de tantos, como acostumbraba hacerlo, antes de comenzar sus faenas, se llega a visitar a la “Madrecita Morena” que reinaba en su casa desde una repisa. Pero no la encuentra. Al preguntarle a su esposa, Beatriz, tampoco sabe cosa alguna. La noche anterior (asegura) estaba la imagen en su repisa y no sabía que hubiera entrado persona alguna a la casa.

Desconfiando del indio a su servicio, lo llama y un tanto apremiante lo interroga averiguándole acerca del paradero de la Imagen. Pero el indio asegura que él ignora totalmente de lo que se le pregunta. Pero dice claramente que él también la vio por la noche en la repisa. Por lo que a su vez pregunta con voz temblorosa y hasta desconsolada: “La Mamá Achachita ... ¿no está?

A todo esto, ya entrada la mañana, el Administrador del Valle, dejándolo todo, sigue buscando la Imagen ya entre los amigos, ya entre vecinos más alejados. Olvida así, todas sus tareas administrativas, de gobierno y labranzas para buscar la Sagrada Imagen por todas partes.

¿Estaría de nuevo en su gruta? ¿Porqué no buscarla allí? ¿A lo mejor, algún indio audaz habría entrado de noche a su casa, llevándosela a pedido de los nativos pobladores de Choya?

Pero esto, era poco menos que imposible. Nadie, y menos un aborigen o nativo de la zona, podía entrar al poblado en ninguna hora del día o de la noche, sin ser reconocido y controlado severamente. La vigilancia era estricta y los procedimientos a veces muy duros.

Sin embargo, se dirige a la gruta y llegando al lugar trepa decididamente hasta el mismo sitio del que sacara la imagen... y ¡Oh prodigio! Allí estaba, tal cual la viera la primera vez. Pero ahora sin flores, ni cirios. No había signo alguno, ni rastros de pisadas humanas que dijeran que alguien hubiera estado allí antes que él.
Apresuradamente la levanta con infinito cuidado, como si fuera algo vivo y muy delicado, la acaricia con sus manos de labriego, besa reverente las manitas juntas y se la lleva gozoso y precavido como cuando se carga un niño pequeño.
Llegado a la población y a la casa, la coloca en su sitio; y día y noche multiplica la vigilancia. Pero todo fue inútil. Varias veces tuvo que viajar a la gruta de Choya a “capturar a la Fugitiva” y traerla de nuevo a su casa, no sin regaños como saben hacerlo los corazones enamorados.

Es que la Virgen del Valle era también Madre de aquellos pobrecitos que le habían ofrendado sus luminarias de amarilla y blanda cera, las fogatas de sus agrios chaguares, junto al dulce amor de sus corazones sencillos, humildes y por eso buenos.

Primer Templo en Honor de la Virgen del Valle

El suceso extraordinario de que la Imagen volvía a su gruta, sin poderse dar explicación satisfactoria de cómo ocurría, comenzó a despertar lógica atención y a reunir gran cantidad de personas en la casa del colono vizcaíno que no solamente oraban, sino preguntaban de continuo sobre lo que estaba ocurriendo.
De este modo, en la humilde casa de Salazar, la modesta imagen de la Virgen comenzó a transformarse en centro obligado de un auténtico culto mariano.
Es lógico pensar que, al ver Salazar y los demás vecinos el auge que iba tomando esta devoción mariana comprendieran perfectamente que debían dar solución al problema del espacio para las reuniones de culto privado que se realizaban ya con frecuencia. A esta Reina y Madre le hacía falta un lugar más amplio y un trono más adecuado al reinado espiritual que comenzaba a extenderse por la región.
Según las declaraciones juradas de diversos testigos, que sabían por tradición transmitida cuidadosamente de generación en generación, se llevó en andas y con gran solemnidad la Virgencita Morena desde la casa del vizcaíno a la flamante capilla que le dedicaba su pueblo.

 

(Continuará...)

 

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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