Domingo, 16 de mayo de 2010
LA IGLESIA DE SANTA MARÍA MAGDALENA DE TUDELA - EDIFICACIONES E IMAGINERÍA

Se trata de una iglesia de una sola nave, con muros altos en los cuales, en sucesivas reformas, se abrieron capillas como la de Santa Ana (siglo XVI). El retablo de estilo plateresco que preside el altar mayor es obra del escultor Domingo de Segura, data del siglo XVI y está dedicado a la Magdalena.

En la portada se pueden apreciar tallas en piedra que relatan escenas del Nuevo Testamento, así como distintos adornos vegetales y diversos oficios (músicos, canteros, etc), destacando en el tímpano un Pantocrátor con símbolos de los cuatro evangelistas.

Posee dos entradas, a los pies y principal y otra a la izquierda (inutilizable) que daba a un cementerio medieval (según las excavaciones arqueológicas que se llevaron a cabo), hoy cubiertas por pavimento.

A los pies y a la izquierda de la puerta principal, se encuentra la torre extenta menos por un lado del cuerpo de la iglesia, cuadrada y de tres cuerpos, el primero posee dos pequeñas ventanas de iluminación, el segundo cuatro ventanas románicas (una en cada lado), y el tercero ocho ventanas, ( dos en cada lado ).

Una de las curiosidades de esta iglesia es que pertenece a las Iglesias de cabecera "torcida", es decir el ábside se encuentra girado a la izquierda de la nave, algunos historiadores quieren achacar esto a que la nave es el cuerpo de Cristo, y la cabecera es la cabeza girada ya muerto en la cruz.


Preside el templo parroquial de Santa María Magdalena de Tudela un retablo mayor de gran tamaño de mediados del Siglo XVI, que viene a ser uno de los mejores conjuntos del primer Renacimiento navarro. Fue subastado a candela a comienzos de 1551, con la participación de los más importantes maestros de la zona, como Esteban de Obray y Pedro de Navascués, de Tudela, Pierres del Fuego, de Tarazona, y Pedro de Segura y Juan Remírez, de Sangüesa; después de diversas pujas la candela se apagó en favor de Juan Remírez, quien se obligaba a hacer el retablo por la cantidad de 264 ducados. También intervendrá en la obra el otro maestro sangüesino, Pedro de Segura; a ambos se les conoce en la documentación como «los maesos de Sangüesa».

Pero la figura principal, a la que se le debe fundamentalmente el retablo, es Domingo de Segura, pariente de los anteriores, que aparece trabajando desde 1552. Los trabajos están concluidos en 1556, cuando se le abonan doce ducados a un tal «Maese Miguel» en concepto de la tasación.

El retablo es de tipo aragonés, según se estipulaba en el contrato, donde se ponía como modelo al desaparecido retablo de San Felipe de Zaragoza, que en 1525 contrataron Juan de Moreto y Juan Picart. Su traza, típicamente plateresca, responde al sistema de casillero con múltiples compartimentaciones y consta de un banco, cuatro cuerpos y un ático. Los cuerpos están formados por columnas exentas de capitel compuesto y fuste decorado en su tercio inferior y estriado el resto; en ellas descansan unos frisos decorados por grutescos y querubines, que alternativamente avanzan para montar directamente sobre las columnas. Estas dividen a los tres primeros cuerpos en cinco calles y cuatro entrecalles, a excepción del último y del ático que presentan estructuras decrecientes para adaptarse al paño apuntado de la cabecera. En cuanto a las cajas, son rectangulares en el banco y en el último cuerpo y en forma de hornacina con venera en las calles de los restantes cuerpos, incorporando asimismo hornacinas, sí bien son de menor tamaño en las entrecalles del primer cuerpo; las demás entrecalles tienen tableros lisos con tondos o cabezas de querubines en su parte superior. La calle central está muy retocada, no obstante conserva a la altura del tercer cuerpo una mandorla, que recuerda a los ostensorios de los retablos aragoneses de la época.

Se remata el retablo con un ático entre columnas, similares a las que forman los cuerpos, y se corona por frontón triangular, que alberga un busto del Padre Eterno; a sus lados se sitúan pirámides truncadas con bustos y niños en los extremos.

Estilísticamente, el retablo pertenece a un Renacimiento avanzado, en el que se valora lo propiamente arquitectónico, aún sin abandonar lo ornamental, que en este caso no es muy profuso y tiende a la plasticidad. Por otro lado, se advierte cómo se eliminan los motivos de un primer Plateresco y en su lugar se utilizan otros que incluso van anunciando el vocabulario manierista; así han desaparecido los balaustres en favor de una columna más clasicista, observándose también una evolución similar en el temario decorativo, que llega a incorporar ornatos manieristas, como la cartela de cueros retorcidos y los hermes, entre otros temas.

Ocupan las cajas del banco y de los cuerpos un elevado número de tallas de bulto redondo y no gran tamaño, que dada la diversidad de manos no presentan una calidad uniforme, aunque en general resultan un tanto toscas y de factura deficiente, residiendo su interés, más en el efecto de conjunto que en el detalle. En cuanto al estilo, se deben relacionar con la escultura aragonesa del segundo cuarto del Siglo XVI y en especial con la línea expresiva de Gabriel Yoly, del que se toman abundantes recetas.

Fdo. Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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