Martes, 04 de mayo de 2010
LOS SANTOS LUGARES - NAZARET

Algunos especialistas dicen que Nazaret quizá no existía en tiempos de Jesús y que sólo muy posteriormente la ciudad habría alcanzado una cierta grandeza, una cierta importancia. Ahora tenemos la prueba de que esto no es así. Tenemos restos de tiempos de Cristo, lo que quiere decir que Nazaret era un centro habitado, que Nazaret existía. Pero para nosotros es sobre todo una confirmación de santos lugares. La tradición continúa.
Es una pequeña prueba que completa lo que ya sabemos y que es conservado por los franciscanos desde hace siglos, así como por la tradición cristiana local.

Para mí, como para todos los cristianos y amigos de Tierra Santa, el descubrimiento es la confirmación de que Nazaret existía. Pero esta afirmación implica algo más. En Nazaret se dieron acontecimientos de la historia de la salvación que conocemos bien: la Anunciación, la Encarnación, la vida de la Sagrada Familia, la vida de Jesús durante treinta años...

En segundo lugar, de esto se deriva una consideración eclesial: la comunidad cristiana siempre ha tratado de conservar sus lugares. ¿Por qué fue conservada esta casa? Porque para la primera comunidad cristiana, durante los tres primeros siglos, esta casa tenía un significado. Había, por tanto, una comunidad cristiana que quiso mantener, conservar, animar y transmitir el mensaje de un lugar santo. Y nosotros, Iglesia de Tierra Santa, hoy volvemos a encontrar este mensaje, le recogemos, le vivimos y le continuamos.

Por último, este descubrimiento es ciertamente un aliento para el nuevo Centro María de Nazaret que está construyendo y en el que ha puesto todo su corazón y esfuerzos la asociación francesa María de Nazaret. Se encuentra al lado de la Basílica de la Anunciación, al lado del convento de los franciscanos. Este descubrimiento es ciertamente un gran aliento para el centro, no sólo para que los peregrinos puedan visitar la arqueología, sino para mostrar que este lugar santo, este centro, está edificado en un lugar histórico, que le da un interés suplementario.

Nazaret es una pequeña ciudad que domina los montes de la Baja Galilea, sobre la línea septentrional de la llanura de Esdrelón. Su posición geográfica es singular. (...) En su derredor, en forma circular, se levantan las montañas de un modo que confiere a la Nazaret antigua el aspecto de una flor (en hebraico: Nezer), que posiblemente dio origen al nombre de Nazaret”.

 

San Jerónimo, Doctor de la Iglesia, llama a esta pequeña aldea ubicada en el norte de Israel: “la flor de la Galilea y la madrina de Cristo”. y fue escenario de la encarnación del Hijo Unigénito de Dios en el seno purísimo de la Virgen María.

 

Según leemos en la Sagrada Escritura no era una ciudad bien apreciada, ni aún por los mismos Galileos: Pero ¿es que de Nazaret puede salir algo bueno? (Jn 1,46).

 

Jesús vivió en Nazaret 30 años, era conocido de sus habitantes, sin embargo, tuvo que mudarse a la ciudad de Cafarnaúm para vivir, pues intentaron despeñarlo, luego de haberlo escuchado hablar en la sinagoga y estar en desacuerdo con su enseñanza: Cuando oyeron esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de indignación; se levantaron y lo sacaron fuera de la ciudad, y lo llevaron hasta un precipicio de la colina sobre la que estaba edificada su ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Él, pasando por medio de ellos, se fue (Lc 4,28-30).

La Basílica de la Anunciación fue dedicada el 25 de marzo de 1969 por quien fuera en ese entonces el Cardenal Gabriel Garrone.

 

Forman esta Basílica dos Iglesias: la Iglesia superior y la Iglesia inferior, la cual guarda celosamente la cripta de la Anunciación con la Gruta de la Virgen. Es notable el contraste de ambas iglesias, la superior está llena de luz, es todo colorido.

 

El interior del domo presenta la forma de una azucena, cuya blancura expresa pureza y virginidad. La luz natural penetra en la Iglesia a través de un ojo central u orificio ocular, iluminando el diseño de dieciséis pétalos que crean la letra “M” treinta y dos veces. Simboliza los otros tantos senderos de Sabiduría Celestial, así como la inicial del nombre de “MARIA” y de la palabra “MESÍAS”.

 

En frente del altar de la Iglesia superior, se encuentra el ojo central que mira hacia abajo a la Gruta de la Anunciación. Ocho columnas sostienen el domo de la Iglesia y las vidrieras de colores permiten la entrada de una luz difusa, que acuerda una atmósfera de misterio en el interior de la parte baja de la Iglesia.

 

En la Iglesia superior se quiere resaltar la imagen de la Virgen María, pues Ella es la depositaria de todas las promesas realizadas a Adán y Eva; al pueblo elegido por Dios: Israel. Los muros de dicha Iglesia están adornados con imágenes de Nuestra Señora: “Desde la luminosa vidriera de la Anunciación de la fachada principal (...)  hasta el mosaico del retablo, donde aparece como Reina sentada en su trono, todo evoca aquí a María”.

 

El misterio de la Anunciación del Arcángel San Gabriel y de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Santísima Virgen María es venerado en una gruta excavada en la roca.

 

Se lee esta inscripción: “Verbum caro hic factum est”.

 

 “Forma parte de la Cripta de la Basílica. Siempre estuvo comprendida en los edificios sagrados desde los primeros siglos, constituyendo constantemente su nave del lado norte. Tradicionalmente considerada cual Gruta de la Anunciación, es parte integrante de la Casa, según el ejemplo de un tipo bien conservado fuera de la basílica sobre el lado norte. Debajo del altar, una estrella de mármol lleva la inscripción en latín: ‘Aquí el Verbo se hizo Carne’”.

 

Aquí, junto a la gruta de la anunciación podemos en silencio meditar aquella verdad que nos enseña la Iglesia en su Credo Niceno-Constantinopolitano:

 

“Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”.


Fdo. Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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