S?bado, 01 de mayo de 2010
EL PROFETA HABACUC - PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Vivió en el siglo VII antes de Cristo. Oriundo de Jerusalén, Habacuc, uno de los doce profetas menores, pertenecía a la tribu de Simeón y, según la tradición, habría sido el hijo de la sunamita resucitado por el profeta Eliseo. Su actividad profética se habría realizado hacia el 599 y 598 antes de Cristo, en los últimos años del reino de Judá. Denunció las injusticias y crueldades de los conquistadores habilónicos contra Jerusalén. El libro de Habacuc fue usado por la secta de los Esenios y por San Pablo. Sus restos fueron encontrados por el obispo Severo de Eleuterópolis, el 15 de enero del año 395, en tiempos de Teodosio el Grande. Por eso la Iglesia lo recordaba anteriormente en esa fecha.
Vivía en Palestina. Se disponía a llevar la comida a los segadores. Un ángel del Señor lo tomó por los pelos y lo llevó a Babilonia; introducido en la fosa de los leones, le dio al profeta Daniel la comida que había preparado y luego fue devuelto por el ángel a su sitio.
Se dice que era de estirpe levítica, perteneciente a los profetas del culto.
Vivió en el siglo VII antes de Cristo. Durante esos tiempos, los caldeos se habían hecho cada vez más poderosos y a Habacuc le resultaba difícil comprender que Dios se sirviera de aquella malvada nación para castigar a su pueblo.
La respuesta fue que Dios un día juzgaría a todos los orgullosos y malvados, incluyendo a los enemigos de Judá.

El profeta, aunque tiene rabieta en su corazón por lo que sus ojos ven, sin embargo, hace una oración por todos.

El libro de Habacuc no da detalles sobre la vida del profeta. Nada sabemos de su vida salvo el retrato psicológico que él mismo nos pinta en los tres capítulos de su Libro. Habacuc se muestra dominado por ciertas dudas respecto al porvenir de su pueblo y al reino de Dios, mas su confianza y su fe son mayores aún. El es el justo "que vive de la fe" según esta profundísima sentencia que él nos dejó y que S. Pablo cita tres veces. Cf. 2, 4 y los últimos versículos del capítulo 3.

Habacuc profetizó antes de la invasión de Judá por los caldeos (605) puesto que tal calamidad es objeto de su vaticinio, después de la cual Habacuc predice la ruina de Babilonia, como predijo Nahum la de Nínive, ambos crueles enemigos del pueblo y del reino de Dios. La identidad de su persona con aquel Habacuc que se menciona en el libro de Daniel (Dan. 14, 32), no es probable por razones cronológicas, pues este último aparece unos cien años después.

El Libro comienza con un diálogo entre Dios y el profeta sobre el castigo de Judá, dirígese luego contra los babilonios y termina con un magnífico y célebre cántico (cap. 3), que ha sido recogido en varias partes por la Liturgia y que por la riqueza de su estilo denota, como Miqueas y Joel, la edad de oro de la lengua hebrea. En él, Habacuc, que es el profeta de la fe, expresa la segura esperanza en la salvación que viene de Dios y la destrucción de los enemigos de su pueblo.

Fdo. Cristobal Aguilar.

 


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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