Lunes, 26 de abril de 2010
EL PROFETA BARUC - PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Discípulo de Jeremías y autor tradicional del libro profético que lleva su nombre. Era hijo de Neriyyá (Jer.32:12, 32:16,36:4, 8,32; Bar. 1invasor y probablemente hermano de Saraias, chambelán jefe del Rey Sedecías (Jer.32:12, 51:59; Bar.1invasor.
Des
pués de que el Templo de Jerusalén fue saqueado por Nabucodonosor (559 B.C.) Baruc escribió, bajo el dictado de Jeremías, el oráculo de ese gran profeta que predijo a los judíos, arriesgando su vida al hacerlo, el regreso de los Babilonios. También escribió la segunda y más extensa edición de las profecías de Jeremías después de que éste fuese quemado por el enojado Rey Joaquín (Jer. 36). Durante toda su vida permaneció fiel a los ideales y enseñanzas de ese gran profeta que fue Jeremías a pesar de que a veces pareció sucumbir al desaliento y tal vez incluso a la ambición personal (cf. Jer.45). Estuvo con Jeremías en el último sitio de Jerusalén y fue testigo de la compra por parte de Jeremías de la propiedad de sus antepasados en Anatot (Jeremías 32). Después de la caída de la Ciudad Santa y la ruina del Templo (588 B.C.), Baruc probablemente vivió durante un tiempo con Jeremías en Masfat. Sus enemigos le acusaron de haber influenciado al profeta para que aconsejara a los judíos que permanecieran en Judá en lugar de continuar hasta Egipto (Jer. 43), tal y como según una tradición hebrea preservada por San Jerónimo ( En Isaías 30:6,7) ambos murieron antes de que Nabucodonosor invadiera ese país. No obstante esa tradición se contradice con los datos aportados en la apertura del capítulo de la profecía de Baruc en la que se nos cuenta que Baruc está escribiendo su libro en Babilonia, leyéndolo públicamente cinco años después de la quema de la Ciudad Santa y aparentemente, siendo enviado a Jerusalén por los judíos cautivos con recipientes sagrados y regalos destinados al servicio de sacrificios en el Templo de Yahvé. Estos datos entran en conflicto con varias tradiciones, tanto judías como cristianas, las cuales posiblemente, tienen alguna parte de verdad pero que no nos permiten determinar, con ninguna probabilidad, la fecha, los pasos o la forma en la que murió Baruc.

En la Biblia Católica la “Profecía de Baruc” consta de seis capítulos, el último de los cuales lleva el título tan especial de “Epístola de Jeremías” y no pertenece al libro propiamente dicho. La Profecía comienza con una introducción histórica (1:1-14), diciendo lo primero (1-2) que el libro fue escrito por Baruc en Babilonia cinco años después de que Jerusalén fuese quemada por los Caldeos y lo siguiente (versos 3-14) qsue nos cuenta es que fue públicamente leído en una asamblea del Rey Jeconías y otros exiliados Babilonios, a los que produjo efectos de lo más beneficiosos. La primera sección en el cuerpo del libro (1:15, 3RollEyes contiene una confesión, plegada en dos, de los pecados que condujeron al exilio (1:15-2:25; 2:6-13) junto con una oración rogativa para que Dios perdonase a su pueblo (2:14, 3RollEyes. Mientras que la sección siguiente tiene mucho en común con el Libro de Daniel (Dan 9:4-19), la segunda sección de Baruch nos recuerda mucho a los pasajes de Job 28 y 38. Es un bello panegírico sobre la Sabiduría Divina que no encontramos en ningún otro pasaje excepto en la Ley dada a Israel. Solamente bajo la apariencia de la Ley ha aparecido la Sabiduría en la tierra y se hecho accesible al hombre; dejemos, por lo tanto, que Israel demuestre su fe nuevamente a la Ley. La última sección del Libro de Baruc se extiende desde 4:5 al 5:9. Se compone de cuatro odas, cada una comenzando con la expresión, “Ánimo, pueblo mío” (4:5,21,27,30) y de un salmo íntimamente conectado con el onceavo de los apócrifos Salmos de Salomón (4:36; 5Beso. El capítulo 6 contiene como un apéndice a la totalidad del libro “La Epístola de Jeremías” enviada por ese profeta a “aquellos que fueron enviados cautivos a Babilonia” por Nabucodonosor. Por sus pecados fueron sacados de su tierra y llevados a Babilonia y permanecieron allí “durante largo tiempo, incluso hasta siete generaciones”. En esa calurosa ciudad serían testigos de la impresionante adoración que allí se prestaba a “dioses de oro, plata, piedra y madera”, pero no se sometieron a ellos. Tales dioses, se argumenta de varias maneras, no son poderosos y perecederamente fabricados por la mano del hombre; no pueden hacer ni bien, ni mal porque no son en absoluto dioses.

Fdo. Cristóbal Aguilar.



Discípulo de Jeremías y autor tradicional del libro profético que lleva su nombre. Era hijo de Neriyyá (Jer.32:12, 32:16,36:4, 8,32; Bar. 1invasor y probablemente hermano de Saraias, chambelán jefe del Rey Sedecías (Jer.32:12, 51:59; Bar.1invasor.
Después de que el Templo de Jerusalén fue saqueado por Nabucodonosor (559 B.C.) Baruc escribió, bajo el dictado de Jeremías, el oráculo de ese gran profeta que predijo a los judíos, arriesgando su vida al hacerlo, el regreso de los Babilonios. También escribió la segunda y más extensa edición de las profecías de Jeremías después de que éste fuese quemado por el enojado Rey Joaquín (Jer. 36). Durante toda su vida permaneció fiel a los ideales y enseñanzas de ese gran profeta que fue Jeremías a pesar de que a veces pareció sucumbir al desaliento y tal vez incluso a la ambición personal (cf. Jer.45). Estuvo con Jeremías en el último sitio de Jerusalén y fue testigo de la compra por parte de Jeremías de la propiedad de sus antepasados en Anatot (Jeremías 32). Después de la caída de la Ciudad Santa y la ruina del Templo (588 B.C.), Baruc probablemente vivió durante un tiempo con Jeremías en Masfat. Sus enemigos le acusaron de haber influenciado al profeta para que aconsejara a los judíos que permanecieran en Judá en lugar de continuar hasta Egipto (Jer. 43), tal y como según una tradición hebrea preservada por San Jerónimo ( En Isaías 30:6,7) ambos murieron antes de que Nabucodonosor invadiera ese país. No obstante esa tradición se contradice con los datos aportados en la apertura del capítulo de la profecía de Baruc en la que se nos cuenta que Baruc está escribiendo su libro en Babilonia, leyéndolo públicamente cinco años después de la quema de la Ciudad Santa y aparentemente, siendo enviado a Jerusalén por los judíos cautivos con recipientes sagrados y regalos destinados al servicio de sacrificios en el Templo de Yahvé. Estos datos entran en conflicto con varias tradiciones, tanto judías como cristianas, las cuales posiblemente, tienen alguna parte de verdad pero que no nos permiten determinar, con ninguna probabilidad, la fecha, los pasos o la forma en la que murió Baruc.

En la Biblia Católica la “Profecía de Baruc” consta de seis capítulos, el último de los cuales lleva el título tan especial de “Epístola de Jeremías” y no pertenece al libro propiamente dicho. La Profecía comienza con una introducción histórica (1:1-14), diciendo lo primero (1-2) que el libro fue escrito por Baruc en Babilonia cinco años después de que Jerusalén fuese quemada por los Caldeos y lo siguiente (versos 3-14) qsue nos cuenta es que fue públicamente leído en una asamblea del Rey Jeconías y otros exiliados Babilonios, a los que produjo efectos de lo más beneficiosos. La primera sección en el cuerpo del libro (1:15, 3RollEyes contiene una confesión, plegada en dos, de los pecados que condujeron al exilio (1:15-2:25; 2:6-13) junto con una oración rogativa para que Dios perdonase a su pueblo (2:14, 3RollEyes. Mientras que la sección siguiente tiene mucho en común con el Libro de Daniel (Dan 9:4-19), la segunda sección de Baruch nos recuerda mucho a los pasajes de Job 28 y 38. Es un bello panegírico sobre la Sabiduría Divina que no encontramos en ningún otro pasaje excepto en la Ley dada a Israel. Solamente bajo la apariencia de la Ley ha aparecido la Sabiduría en la tierra y se hecho accesible al hombre; dejemos, por lo tanto, que Israel demuestre su fe nuevamente a la Ley. La última sección del Libro de Baruc se extiende desde 4:5 al 5:9. Se compone de cuatro odas, cada una comenzando con la expresión, “Ánimo, pueblo mío” (4:5,21,27,30) y de un salmo íntimamente conectado con el onceavo de los apócrifos Salmos de Salomón (4:36; 5Beso. El capítulo 6 contiene como un apéndice a la totalidad del libro “La Epístola de Jeremías” enviada por ese profeta a “aquellos que fueron enviados cautivos a Babilonia” por Nabucodonosor. Por sus pecados fueron sacados de su tierra y llevados a Babilonia y permanecieron allí “durante largo tiempo, incluso hasta siete generaciones”. En esa calurosa ciudad serían testigos de la impresionante adoración que allí se prestaba a “dioses de oro, plata, piedra y madera”, pero no se sometieron a ellos. Tales dioses, se argumenta de varias maneras, no son poderosos y perecederamente fabricados por la mano del hombre; no pueden hacer ni bien, ni mal porque no son en absoluto dioses.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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