Domingo, 18 de abril de 2010
PROFECÍAS Y REVELACIONES DE SANTA BRÍGIDA - SOBRE LA CONSULTA DE MANCIAS Y TAROT Y DE COMO SALVARSE

Bueno aquí os traigo un conjunto de revelaciones de Santa María de Suecía en donde se habla de las consultas a las determinadas mancias y ciencias para conocer el futuro y de como salvarse. EL AUTOR DEL BLOG.

Según el Evangelio, dos son los caminos para alcanzar el cielo: humillarse como un niño y hacerse violencia a sí mismo.

 

                   Capítulo 51

 

Dije en mi Evangelio, dice el Señor, que de dos maneras puede alcanzarse el cielo. La primera es, si el hombre se humillare como un niño, y la segunda es, si se hiciere violencia a sí mismo. Es humilde el que a pesar de cuanto aprovechare y de las buenas obras que hiciere, las considera de ningún valor y no confía nada en sus méritos. Igualmente se hace violencia a sí mismo el que resistiendo los desordenados impulsos de su carne, se castiga discretamente para no ofender a Dios, y cree alcanzar el cielo, no por sus buenas obras, sino por la misericordia del Señor.

 

Pues yo, el mismo Dios y verdadero hombre, cuando traté con los hombres, comí y bebí lo que me presentaban, aunque podía haber vivido sin comer; pero lo hice así para dar a los hombres ejemplo del modo de vivir, y para que los hombres tomasen lo necesario para su vida, y den gracias a Dios por sus beneficios.

 

 

Manifiesta Dios a santa Brígida de cuánto mérito es a sus ojos el ministerio de la predicación. Refiérese también aquí la espantosa condenación de un soldado, que blasfemó al oir las palabras de un predicador.

 

                   Capítulo 52

 

Predicando el maestro Matías de Suecia, que compuso el prólogo de este libro, un soldado le dijo lleno de furor: Si mi alma no ha de ir al cielo, vaya como los animales a comer tierra y las cortezas de los árboles. Larga demora es aguardar hasta el día del juicio, pues antes de ese juicio ningún alma verá la gloria de Dios. Al oir esto santa Brígida que se hallaba presente, dío un profundo gemido, diciendo: Oh Señor, Rey de la gloria, sé que sois misericordioso y muy paciente; todos los que callan la verdad y desfiguran la justicia, son alabados en el mundo, mas los que tienen y muestran tu celo, son despreciados. Así, pues, Dios mío, dad a este maestro constancia y fervor para hablar.

 

Entonces la Santa en un arrobamiento vió abierto el cielo y el infierno ardiendo, y oyó una voz que le decía: Mira el cielo, mira la gloria de que se hallan revestidas las almas, y di a tu maestro: Lo dice esto Dios tu Criador y Redentor. Predica con confianza, predica continuamente, predica a tiempo o fuera de tiempo, predica que las almas bienaventuradas y que ya han purgado ven la cara de Dios; predica con fervor, pues recibirás la recompensa del hijo que obedece la voz de su padre. Y si dudas quién soy yo que te estoy hablando, has de saber que soy el que apartó de ti tus tentaciones.

Después de oir esto vió otra vez la Santa el infierno, y horrorizada de espanto, oyó una voz que decía: No temas los espírituales que ves, pues sus manos, que son su poderío, están atadas, y sin permiso mío no pueden hacer más que una paja delante de tus pies. ¿Qué piensan los hombres confiando que no me he de vengar de ellos yo, que sujeto a mi voluntad los mismos demonios?

 

Entonces respondío la Santa: No os enojéis, Señor, si os hablo. Vos, que sois misericordiosísimo, ¿castigaréis acaso perpetuamente al que perpetuamente no puede pecar? No creen los hombres que semejante proceder corresponde a vuestra divinidad, que en el juzgar manifestáis sobre todo la misericordia, y ni aun los mismos hombres castigan perpetuamente a los que delinquen contra ellos.

 

Y dijo el Espíritu: Yo soy la misma verdad y justicia, que doy a cada cual según sus obras, veo los corazones y las voluntades, y tanto como el cielo dista de la tierra, así distan mis caminos y mis juicios de los consejos y de la inteligencia de los hombres. Por tanto, el que no corrige su mal mientras vive y puede, ¿qué es de extrañar si es castigado cuando no puede? ¿Ni cómo deben permanecer en mi eternidad purísima los que desean vivri eternamente para siempre pecar? Por consiguiente, el que corrige su pecado cuando puede, debe permancecer conmigo por toda la eternidad, porque yo eternamente lo puedo todo, y eternamente vivo.

 

DECLARACIÓN.

 

Este hombre fué casado, y teniendo públicamente en su casa una concubina, angustiado su ánimo por la amonestación qu se le hizo en presencia de muchos, la mató. Á los cuatro días después murió sin recibir los Sacramentos y con el corazón empedernido, fué sepultado, y durante muchas noches se oyó una voz que decía: ¡Ay de mí! ¡ay de mí! estoy ardiendo, estoy ardiendo. Refirieron esto a su mujer, y en presencia de ella abrieron la sepultura donde se había enterrado el cadáver, y no hallaron más que un resto de la mortaja y de los zapatos. Cerraron la sepultura, y no se volvió a oir más aquella voz.

 

 

Notable revelación sobre uno que celebraba misa, no estando ordenado de sacerdote.

 

                   Capítulo 53

 

Uno que celebraba misa sin estar ordenado de sacerdote, fué presentado a los tribunales y a sufrir la pena de ser quemado. Como rogase por él santa Brígida, Jesucristo le dijo: Mira mi misericordia: si este hombre hubiese quedado sin castigo, jamás habría conseguido el reino de los cielos; mas ahora ha alcanzado contrición, y tanto por está como por el suplicio que padece, se va acercando a la gracia y al eterno descanso.

 

Pero podrás preguntarme, si los que oían las misas y recibían los Sacramentos de manos de ese hombre sin ordenar, se han condenado o pecaban mortalmente. Y a esto te respondo, que de ninguna manera se han condenado, sino que la fe los salvó, porque creían que ese hombre estaba ordenado por el obispo, y que yo me hallaba en sus manos en el altar. Igualmente, la fe de los padres aprovechó a los bautizados por él, porque lo creyeron verdadero sacerdote y pronunciaba, además, las palabras del bautismo, que con el agua bastan para quedar bautizado.

 

 

Jesucristo reprende gravemente a los que consultan con los agoreros y los malos espíritus, e instruye sobre esto a santa Brígida.

 

                   Capítulo 54

 

Cierto militar consultó a un hechicero acerca de si los habitantes del reino deberían o no pelear contra el rey de Suecia, y resultó lo que el hechicero había dicho. Refirió ésto después el militar al rey, hallándose presente santa Brígida, la cual, al punto que se hubo separado del rey, oyó espiritualmente la voz de Jesucristo, que le decía: Ya has oído cómo ese militar consultó al demonio, y cómo éste anunció la futura paz. Di, pues, al rey, que todo esto acontece con permiso mío a causa de la mala fe del pueblo; pues el diablo, por lo sutil de su naturaleza, puede saber muchas cosas futuras, que da a conocer a los que le consultan, a fin de engañar a los que le creen y los infieles a mí. Di al rey que esos hombres sean separados de la comunicación de los fieles, pues los tales son engañadores de las almas, porque a trueque de obtener el lucro temporal se dan y entregan al diablo, a fin de engañar a muchos.

 

Y no es de maravillar, porque cuando el hombre desea saber más de lo que Dios quiere que sepa, y procura enriquecerse contra la voluntad de Dios, entonces tienta el demonio su alma, y viéndola inclinada a las malas inspiraciones, le envía, para que la engañen a sus auxiliadores, que son los adivinos y otros enemigos de la fe; y cuando consigue lo insignificante que desea, que es lo temporal, pierde lo que es eterno.

 

 

Revela el Señor a santa Brígida cómo en algún tiempo los gentiles serán más fervorosos que los actuales cristianos.

 

                   Capítulo 55

 

Has de saber que todavía tendrán los gentiles tan gran devoción, que los cristianos serán espiritualmente como siervos de ellos, y se cumplirá lo que dice la Escritura, que el pueblo que no entendía me glorificará, y se poblarán los desiertos, y cantarán todos: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y sea dada honra a todos los Santos.

 

 

Dice el Señor, a santa Brígida, cuánto aborrece su Majestad a los que retienen injustamente los bienes ajenos. Refiérese el castigo de un alma que estuvo cuarenta años en el purgatorio por su negligencia en esta parte.

 

                   Capítulo 56

 

Apareciósele a santa Brígida uno que había estado cuarenta años en el purgatorio, y le dijo: Por mis pecados y por esos bienes temporales que tú sabes, he padecido largo tiempo en el purgatorio; pues frecuentemente oí decir en mi vida, que mis padres habían adquirido injustamente aquellos bienes, mas yo ni hacía caso de eso ni los restituía. Después de mi muerte unos parientes míos que tenían conciencia, restituyeron esos bienes por inspiración de Dios a sus dueños, y entonces me libré del purgatorio, así por esto como por las oraciones de la Iglesia.

 

Después dijo Jesucristo a la Santa: ¿Qué creen los hombres poseedores de mala fe, y que retienen a sabiendas lo mal adquirido? ¿Creen quizá que han de entrar en mi reino? Lo mismo que Lucifer. Y ni aun les aprovecharán las limosnas de los bienes mal adquiridos, sino que se convertirán en alivio de los verdaderos dueños de esos bienes. Mas no serán castigados los que sin saberlo poseen bienes mal adquiridos, ni tampoco pierden el cielo los que tienen perfectísma voluntad de restituir y se esfuerzan cuanto pueden, porque Dios suplirá por esa buena voluntad, ya sea en el siglo presente, ya en el futuro.

 

 

                   Capítulo 57

 

En cierto monasterio celebraba su primera misa un sacerdote el día de Pentescotés; y al alzar el Cuerpo de Jesucristo, vió santa Brígida fuego que bajaba del cielo sobre todo el altar, y en manos del sacerdote vió pan, y en el pan un cordero vivo, y en éste el rostro inflamado y como de un hombre, y entonces oyó una voz que le decía: Como ahora ves que el fuego baja al altar, igualmente mi Espíritu Santo bajó a mis Apóstoles tal día como hoy, e inflamó sus corazones. Por medio de las palabras de la consagración el pan se convierte en un cordero vivo, que es mi cuerpo, y el rostro está en el cordero, y el cordero en el rostro, porque el Padre está en el Hijo, y el Hijo en el Padre, y el Espiritu Santo en ambos.

 

Y por segunda vez en la misma elevación de la Sagrada Eucaristía vió la Santa en manos del sacerdote un joven de extraordinaria hermosura, el cual dijo: Os bendigo a vosotros creyentes, y seré juez de los que no crean.

 

 

La santísima Virgen manifiesta a santa Brígida cómo Dios quiere valerse de estas revelaciones para ilustrar a muchos fieles en la Iglesia.

 

                   Capítulo 58

 

En la noche de la Natividad de nuestro Señor tuvo santa Brígida tan grande y maravilloso alborozo de corazón, que apenas le era posible tenerse de alegría; y en el mismo instante sintió en su corazón un movimiento sensible y admirable, como si un niño estuviese dando vueltas dentro de él. Duró este movimiento y se lo hizo presente a su padre espiritual y a varios amigos suyos espirituales, no fuera acaso ilusión. Pero éstos se admiraron, viendo probada la verdad, así por la vista como por el tacto.

 

En el mismo día y en la misa mayor se apareció la Madre de Dios a la Santa y le dijo: Te maravillas, hija, del movimiento que sientes en tu corazón; pero has de saber que no es ilusión, sino cierta muestra de mi dulzura y de la misericordia habida conmigo. Pues al modo que ignoras cómo tan de repente te sobrevino ese alborozo y movimiento del corazón, igualmente fué admirable y veloz la venida de mi Hijo a mí; porque así que consentí al anunciarme el ángel la concepción del Hijo de Dios, al punto sentí en mí cierta cosa admirable y viva. Y al nacer de mí, salió con indecible alborozo y admirable celeridad, quedando virgen antes del parto, en el parto y después de él, pues siempre fuí Virgen.

 

Por tanto, hija, no temas que sea eso ilusión, sino felicítate, porque ese movimiento que sientes, es la señal de la llegada de mi Hijo a tu corazón. Por esto, así como mi Hijo te puso el nombre de nueva esposa suya, igualmente Dios y yo queremos por tu medio manifestar nuestra voluntad al mundo y a nuestros amigos, para encender los corazones de los hombres fríos en el amor de Dios. Y ese movimiento de tu corazón perseverará contigo y se irá aumentando según la capacidad de tu mismo corazón.

 

Autora: Santa Brígida de Suecia

Transcrito: Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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