Aqui os exponemos en este caso una serie de documentos de Santos tan relevantes como Santa Teresa de Ávila, San Carlos Borromeo, etc. EL AUTOR DEL BLOG.CARTA AUTÓGRAFA DE SANTA
TERESA DE ÁVILA
AL PADRE AMBROSIO MARIANO DE SAN BENITO
Toledo, 6 de febrero [1577]
Bifolio de
papel, de 308 x 210 mm.; el segundo folio se encuentra dañado en el
margen derecho y mutilado en el margen inferior.
ASV, Instr. Misc., 7810, ff.
1v‑2r
Con ocasión del octavo centenario de la catedral de Notre-Damme de París, durante su visita a la iglesia romana de San Luis de los Franceses y a la comunidad nacional de la que depende (mayo de 1964), el general Charles De Gaulle, presidente de la República francesa, entregaba al papa Pablo VI la presente carta autógrafa de Santa Teresa de Ávila, que había terminado, tras varias peripecias, en la Biblioteca Nacional de París. Posteriormente, el 26 de agosto de 1964, el papa Montini destinaba el escrito al Archivo Vaticano con una firma suya.
Entre los corresponsales de la
gran mística española, el padre Ambrosio Mariano (1510-1594), calabrés,
ex militar, ex eremita, visitante habitual de la corte de Madrid (fue
definido un «palaciego»
, fácil con las costumbres del siglo y poco
inclinado a las de los claustros, representa el hombre de negocios al
que se dirige la Santa en varias ocasiones (se conocen 16 cartas
dirigidas a él por la mística abulense).
En el presente escrito, todo él de la mano de Santa Teresa, ésta se queja ante todo de la fórmula de saludo que le dirige el padre Mariano (por favor, no me ponga «señora» en el titulo, que no es lenguaje nuestro) y seguidamente le informa de la próxima llegada a la corte de Madrid del padre Jerónimo Tostado, visitante de los conventos carmelitas de España y aconseja a su corresponsal la conducta que en su opinión debe seguir en Madrid.

CARTA DE S. CARLOS BORROMEO
ENVIADA A LOS LEGADOS
DURANTE LA ÚLTIMA FASE DEL CONCILIO DE TRENTO
27 de noviembre de 1563
Carta con la que
el cardenal San Carlos Borromeo anuncia la grave enfermedad del papa Pío
IV e invita a anticipar la conclusión del Concilio.
ASV, Conc. Trid., 27 e 68, ff. 364r-367v
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CARTA CONSISTORIAL DE
URBANO VIII RELATIVA
A LA CANONIZACIÓN DE FRANCISCO JAVIER
Roma, 6 de agosto de 1623
Volumen de
pergamino, de 349 x 238 mm., 24 folios. Documento papal «in forma
libelli» con la bula de plomo colgando de un cordón de seda (rojo y
amarillo).
ASV, A.A., Arm. I‑XVIII, 5572,
f. 18r
El 12 de marzo de 1622, el pontífice Gregorio XV (1621-1623) celebraba solemnemente en la renovada basílica de San Pedro el rito de canonización de Isidro Labrador (aprox. 1080-1130), Teresa de Ávila (1515-1582), Felipe Neri (1515-1595), Ignacio de Loyola (1491-1556) y Francisco Javier (1506-1552); sin embargo, las bulas de los tres últimos canonizados (con idéntico incipit: Rationi congruit) las publicó el sucesor Urbano VIII el 6 de agosto de 1623.
El documento, del cual se reproduce la parte final a continuación, se redactó en forma de expediente y contiene la canonización de Francisco Javier.
Nacido en el castillo de Javier (Navarra-España) en 1506, el futuro apóstol de Oriente se dirigió a París en 1525 para asistir a la Universidad y completar los estudios comenzados en su patria. El 15 de agosto de 1534, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y otros cinco compañeros hicieron el voto de practicar la vida apostólica en la pobreza y la castidad, posiblemente en Tierra Santa o donde el vicario de Cristo les ordenara. Una vez concluidos los estudios teológicos (en 1530 obtenía el grado de magíster artium o doctor en filosofía), en 1536 Francisco abandonó París con sus compañeros (excepto San Ignacio que se había marchado mucho antes) rumbo a Venecia, donde fueron ordenados sacerdotes el 24 de junio de 1537. Al resultar irrealizable el viaje a Tierra Santa por la guerra entre la República de Venecia y los turcos, Ignacio y sus compañeros se presentaron en Roma para ponerse a completa disposición del pontífice Pablo III (1534-1549), que el 27 de septiembre 1540 concedía la aprobación canónica a la «Compañía de Jesús».
Mientras el fundador permanecía en Roma, cumpliendo órdenes directas del papa, sus compañeros partieron para realizar misiones pontificias en las distintas regiones de Italia, Alemania, Austria, Irlanda, Etiopía. A Francisco Javier se le asignó como campo de apostolado la lejana India. Zarpando desde Lisboa el 7 de abril de 1541, tras un largo y difícil viaje, llegó a Mozambique, donde permaneció durante varios meses desvelándose a favor de europeos e indígenas. El 6 de mayo de 1542, Francisco llegó a Goa (India), capital civil y religiosa del imperio portugués de Oriente, y hasta septiembre se dedicó a la educación de jóvenes y esclavos, al cuidado de los leprosos y a la administración de los sacramentos. Partió seguidamente rumbo a la costa sur-oriental de la India, donde aproximadamente 20.000 pescadores convertidos al cristianismo en los años 1535-1537 se habían quedado prácticamente sin apoyo espiritual. Entre noviembre y diciembre de 1544 Francisco bautizó él solo a más de 10.000 personas. Tras consolidar en la fe a las comunidades de la India, a finales de agosto de 1545 volvió de nuevo al mar para llegar a Malaca, las islas Célebes y las Molucas. En julio de 1547 volvía a Malaca, donde conoció a un japonés huido de su país por homicidio. Tras una serie de conversaciones con éste, Francisco decidió dirigirse a Japón, adonde llegó el 15 de agosto de 1549. Tras haber constituido una comunidad floreciente de más de 1.000 cristianos, que confió a dos cofrades que había llevado consigo, Francisco volvió a Goa en febrero de 1552.
Convencido de que sólo la evangelización de China habría asegurado al Cristianismo de extremo oriente una base segura de expansión, Javier atracó en la isla de Sancián en otoño de 1552, desde la cual intentó llegar a Cantón. Sin embargo, por haber enfermado, tras aproximadamente doce días murió en la noche entre el 2 y el 3 de diciembre de 1552, asistido únicamente por un cristiano chino.
El cuerpo de Francisco está enterrado en Goa, lugar al que fue transportado – incorrupto- en 1554; el brazo derecho, con el que el misionario había bautizado a aproximadamente 30.000 personas, fue trasladado en 1615 a Roma y se venera en la iglesia del Gesù. En 1663 Alejandro VII fijó como la fiesta de San Francisco Javier el día 3 de diciembre.

