Martes, 13 de abril de 2010
EL LIBER DIURNUS ROMANUM PONTIFICUM

Veamos este interesante libro o documento:


 Volumen de pergamino, 174 x 109 mm., 104 folios (una numeración anterior del s. XVII llegaba hasta 112 folios; f. 36 repetido), dañados los folios 1r-4v y 104rv; encuadernado en pergamino blanco.
   ASV, Misc., Arm. XI, 19, ff. 67v‑68r (I), 68v‑69r (II), 17v‑18r (III)

   El código vaticano del Liber Diurnus, descubierto por Luca Holste (Holstenius) en 1646 entre los manuscritos de la biblioteca romana del monasterio de S. Croce en Jerusalén, pasó en el siglo XVIII al Archivo Secreto Vaticano donde Theodor von Sickel tuvo ocasión de estudiarlo a finales del siglo XI y supervisar la edición que apareció en Viena en 1889.

 

 

 

 

I

   Durante mucho tiempo se pensó que era el único superviviente del libro de fórmulas de la cancillería pontificia y por tanto se le designó como diurnus, aunque faltara el título en el manuscrito y a pesar de haberse obtenido de la recopilación de cánones del cardenal Deusdedit (s. XI) en la que se encuentran fórmulas derivadas del libro Romanorum Pontificum qui dicitur Diurnus. El código vaticano del Liber Diurnus (V) atrajo nuevamente la atención de los estudiosos tras el descubrimiento de otros dos manuscritos de la misma tradición denominados códigos C y A: el código C (= Claromontanus), que ya pertenecía al colegio de jesuitas de Clermont, copiado por el padre Sirmond y editado posteriormente por el padre Gamier en 1680, no sin una polémica vivaz, desapareció tras el 1746 por la venta de la biblioteca de los jesuitas tras su supresión, y fue encontrado de nuevo en 1937 en la biblioteca del monasterio benedictino de Egmont, en Holanda, lugar al que llegó gracias a una donación; el código A (= Ambrosianus), en cambio, lo descubrió Antonio Ceriani en 1889 en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, lugar al que lo había llevado el cardenal Federico Borromeo, benemérito fundador de dicha biblioteca, a través de una adquisición de manuscritos de Bobbio efectuada en 1666; fue editado en facsímil por parte de L. Gramatica y G. Galbiati en 1921.

   El estudio de los tres testimonios, todos ellos derivados de un arquetipo perdido, aunados por la misma estructura pero diferentes por algunas particularidades considerables en el texto, además de datar de épocas distintas (el código Vaticano parece compuesto a finales del s. VIII o a principios del IX, el Claromontano a mediados del IX, el Ambrosiano a finales del s. IX o a principios del X), ha permitido llegar a conclusiones más seguras sobre la naturaleza del Liber Diurnus, tal y como nos ha llegado.

II

   En los tres casos se trata de recopilaciones de fórmulas, la mayoría de ellas pontificias y sobre todo de interés canónico o didáctico. Los tres manuscritos acogen fórmulas provenientes de la cancillería pontificia, así como también de cancillerías episcopales, registran esquemas y costumbres monásticas, formularios litúrgicos y otros materiales. 

   Aunque para la parte de los formularios pontificios, tan importantes y oficiales como para recordar sin lugar a dudas una fuente curial (véanse por ejemplo las siguientes fórmulas con su terminología particular: privilegium, preceptum de commutando mancipio, de usu pallei, de ordinatione pontificis, nuntius ad exarchum de transitu superscriptio, de electione pontificis ad exarchum superscriptio), debamos reconocer la dependencia de los tres testimonios del Diurnus respecto a un verdadero formulario de la cancillería papal, para otros textos es un juego de fuerza pensar en fuentes distintas (por ejemplo en las fórmulas del siguiente tipo: preceptum de donando puero, item de ordinando presbytero, excusatoria). Las tres recopilaciones de fórmulas aunadas en el título Liber Diurnus, tal y como nos han llegado, parecen estar libres de reelaboraciones, prevalentemente de uso monástico (entre otras cosas los tres códigos provienen de escritores de célebres monasterios), de textos oficiales de la curia pontificia y de las curias obispales quizá más acreditadas o célebres, para servir de estudio en las escuelas monásticas y por tanto actualizadas continuamente.

   El código Vaticano del Liber Diurnus, mutilado al principio y al final (Luca Holste ya señalaba la caída de algunos folios), recopila 99 fórmulas (el código Claromontano incluye 100 y el Ambrosiano 106), de las que gran parte están en común con los otros dos testimonios (la reciente edición de Hans Foerster señala su correspondencia); gracias a Sickel se ha demostrado que, más allá de lo común entre los formularios entre los códigos V, C y A, el manuscrito Vaticano conserva un texto más antiguo que los otros dos testimonios.

   Las fórmulas, casi siempre privadas de elementos cromáticos y onomásticos, sustituidos por el pronombre indefinido ille, illa, illud, están escritas sin solución de continuidad (escritura carolina), con títulos sobre todo en uncial. 

   A pesar de que el manuscrito fuera compuesto a finales del siglo VIII o a principios del IX, la antigüedad de los textos que acoge es considerable: algunas fórmulas parecen datar de una época pre-gregoriana incluso (es decir, anterior a Gregorio Magno), otras de principios del siglo VII, y otras son de tiempos posteriores, llegando casi hasta la época en la que se compuso el código. Una vez desmontada la hipótesis de Sickel sobre el origen romano del manuscrito Vaticano (considerado por el estudioso el libro de la cancillería pontificia), todavía queda sin resolver el problema del origen de nuestro código;  según algunos estudiosos se habría compuesto en un escritorio monástico de la Italia septentrional (Bischoff), según otros (incluyendo recientemente también a Marco Palma) en el de Nonantola; esta última hipótesis parece gozar de más credibilidad, además de por los argumentos paleográficos, por el ya comprobado traslado del manuscrito del monasterio nonantolano al romano de S. Croce en Jerusalén.

   La importancia del Liber Diurnus (del cual el código Vaticano representa el testimonio más valioso) para la historia de la Iglesia y del papado es transcendental ya que demuestra la costumbre eclesiástica y el estilo de los escritos oficiales de los pontífices romanos de los siglos VI, VII, VIII y IX: elección del papa, relaciones entre el papa, el emperador de Oriente y el exarca de Ravenna, administración del Patrimonium Petri, erección y consagración de las iglesias, formulario de los documentos papales más solemnes, privilegios de protección y exención apostólica concedidos a los monasterios u otras instituciones eclesiásticas, primacía de la Iglesia de Roma sobre las demás sedes episcopales, etc.

   En el f. 67v, por ejemplo, comienza una de las narraciones más antiguas que conocemos sobre las modalidades de las elecciones pontificias (fórmula 82, que con buenas razones podemos datar en el año 715 aprox.: [...] diu enim nobis in oratione manentibus, ut omnium mentibus celestis dignatio demonstraret quem dignum ad successionem apostolicae vicis iubeat eligendum, eius gratia suffragante et omnium animis inspirante, in uno convenientibus nobis, ut moris est, id est cuncti sacerdotes ac proceres ecclesiae et uni|versus clerus atque optimates et universa militaris presentia, seu cives honesti et cuncta generalitas populi istius a Deo servate Romane urbis, si dici licitum est a parvo usque ad magnum, in personam ill., sanctissimi huius sanctae apostolicae sedis Romane Ecclesie diaconi […] concurrit atque consensit electio; cfr. imagen I).

   En el f. 69r (cfr. imagen II a partir del renglón 14) notamos una interesante mención del mismo «scrinium Lateranense», sinónimo del «arcivum sanctae Romane Ecclesiae» en que se ordena la conservación de aquellos documentos de especial interés para la Santa Sede: Hoc vero decretum a nobis factum subter, ut prelatum est, manibus propriis roborantes, in arcivo domine nostrae sanctae Romane Ecclesiae, scilicet in sacro Lateranensi scrinio, pro futurorum temporum cautela recondi fecimus, in mense [...].

   En el f. 17v se encuentra una de las arengas solemnes con los que los papas solían iniciar los documentos más relevantes (denominados posteriormente privilegios): Quoniam semper sunt concedenda quae rationabilibus congruunt desideriis, oportet ut devotio conditoris pie constructionis oraculi in privilegiis prestandis minime denegetur (cfr. imagen III).

III
Fuente: Archivo Secreto Vaticano
Transcrito por: Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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