Domingo, 11 de abril de 2010
EL CONCILIO DE CONSTANTINOPLA I

El Primer Concilio de Constantinopla se celebró entre mayo y julio de 381, está considerado el II Concilio Ecuménico por las Iglesias Católica, Ortodoxa, Anglicana y Luterana.

Tras la celebración en 325 del Concilio de Nicea en el que se condenó como herético el arrianismo, doctrina que negaba la divinidad de Jesucristo, este resurgió con fuerza en la propia Constantinopla gracias al apoyo de su obispo, Eusebio de Nicomedia, quien logró convencer a los sucesores del emperador Constantino para que apoyaran el arrianismo y rechazaran la línea ortodoxa aprobada en Nicea y sustituyeran a los obispos nicenos por obispos arrianos en las sedes episcopales de Oriente.

Además había surgido una nueva doctrina defendida por Macedonio de Constantinopla que, aunque afirmaba la divinidad de Jesucristo, se la negaba al Espíritu Santo y que es conocida como herejía Macedonia o Pneumatómaca.

Esta situación era la que se encontró Teodosio I cuando, en 379, subió al trono imperial. Teodosio decidió entonces convocar el primero de los concilios que habrían de celebrarse en Constantinopla para solucionar las controversias doctrinales que amenazaban la unidad de la Iglesia.

El concilio

El concilio se inició bajo la presidencia del Patriarca Melecio de Antioquía y con la asistencia de 150 obispos de las diócesis orientales, ya que el papa Dámaso I no envió legado alguno, y entre sus principales participantes destacaron los llamados "Padres Capadocios"; Basilio el Grande, Gregorio Niseno y Gregorio Nacianceno. Este último fue designado por el propio concilio como obispo de Constantinopla y, tras la muerte de Melecio, pasó a presidir el mismo hasta su dimisión y sustitución por Nectario.

La gran medida adoptada por el Primer Concilio de Constantinopla fue la reafirmación del Credo niceno introduciendo en el mismo la consustancialidad del Espíritu Santo con el Padre y con el Hijo mediante la expresión: Credo in Spiritum Sanctum qui ex Patre per Filium procedit (Creo en el Espíritu Santo, que procede del Padre a través de hijo).

Con este añadido, que fijaba la ortodoxia de la Iglesia afirmando la divinidad tanto del Hijo (contra los arrianos) como del Espíritu Santo (contra los pneumatómacos), el credo niceno paso a denominarse Credo niceno-constantinopolitano.

El concilio también tomó medidas respecto a:

  • La condena del Arrianismo, el Macedonianismo y el Apolinarismo (Canon 1).
  • La delimitación de las provincias eclesiásticas, prohibiéndose a los titulares de cada diócesis interferir en los asuntos de otra (Canon 2).
  • La declaración de Constantinopla como la "Nueva Roma" elevando su obispo a la dignidad de patriarca, segundo en el orden jerárquico tras el obispo de Roma (Canon 3).
  • La invalidez de la consagración de Máximo como obispo de Constantinopla (Canon 4).
  • La condena del Priscilianismo doctrina herética defendida por Prisciliano.


Al final del concilio, el emperador Teodosio emitió un decreto imperial, declarando que las iglesias debían restaurar a aquellos obispos que habían confesado la igualdad en la divinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El carácter ecuménico de este Concilio, en el que no participó ningún representante de la Iglesia occidental, fue confirmado por el Concilio de Calcedonia en 451.

Tras el Primer Concilio de Constantinopla, las disputas teológicas acerca de la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, fueron sustituidas por las disputas cristológicas acerca de cómo se integraban en Jesucristo sus naturalezas humana y divina, y que darán lugar al nestorianismo, el monofisismo y el monotelismo.

 

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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