El primer Concilio ecuménico se celebró en el año 325 en Nicea
(actualmente Iznik), ciudad de Asia Menor en Turquía y fue convocado por el
Emperador Constantino I el Grande, por
consejo del obispo San Osio de Córdoba.
El objetivo de Constantino era mantener unido el Imperio romano, en grave riesgo de división, unificando a las diversas facciones religiosas que en ese momento se enfrentaban por distintas creencias. Existían tres corrientes cristológicas del cristianismo en siglo IV, que básicamente disentían en la relación y naturaleza del Hijo respecto al Padre:
Tras la victoria del bando que defendía la consustancialidad, Arrio fue considerado hereje, por negarse a aceptar la declaración final del Concilio, y excomulgado junto a otros dos obispos.
Asistieron al Concilio más de trescientos obispos. El Emperador designó a Osio de Córdoba para que hablara en su nombre, y el Papa San Silvestre I envió dos sacerdotes romanos: Víctor y Vicentius para que le representasen. Casi todos los padres conciliares condenaron la doctrina de Arrio, que afirmaba que el Hijo era una creación de Dios. Sin embargo, los semiarrianos, que eran la gran mayoría en el Concilio, se opusieron a la palabra ομοουσιος (consustancial), propuesta por Atanasio, debido a que ésta sugería que el Padre y el Hijo eran lo mismo.
Finalmente se decidieron en favor de Atanasio, proclamando que Jesús
era consustancial con el Padre (ομοουσιον τω πατρ&iota
. Con esta
fórmula como base, se compuso el Credo Niceno en el que se resumía la doctrina
cristiana, particularmente en lo que se refiere al Logos. Este
símbolo o credo se propuso inmediatamente en la asamblea. Su frase
fundamental era: engendrado, no hecho, consustancial con el Padre.
El emperador Constantino declaró que aquellos que no aceptasen este símbolo serían desterrados. Arrio y Eusebio de Nicomedia no firmaron el credo y por lo tanto fueron condenados al exilio y la quema de todos sus libros. Sin embargo, Constantino fue finalmente bautizado por Eusebio de Nicomedia, que seguía siendo el ordinario y al que se le habían mantenido sus dignidades eclesiásticas. Posteriormente se levantó la condena civil a la doctrina arriana y Arrio fue perdonado, aunque murió repentinamente en circunstancias extrañas cuando iba a ser investido de nuevo con sus privilegios eclesiásticos.
Eusebio de Cesarea en su obra "Vida de Constantino", presenta al Emperador participando e influyendo activamente en el desarrollo del Concilio. Sin embargo, el autor J. M. Sansterre , en su obra “Eusebio de Cesarea y el nacimiento de la teoría cesaropapista”, ha rebatido esta posición, señalando que la actuación de Constantino fue respetuosa de los temas que eran de estricta competencia de los Padres Conciliares.
Una de las decisiones del primer Concilio de Nicea que tendría más consecuencias prácticas fue la determinación de las normas para el cálculo de la fecha de la Pascua. El seguimiento de dichas normas acabó dando lugar a la reforma gregoriana del calendario en 1582. Por el tema de rechazar la teoría de Arrio se trató también el tema de la Filiación Divina de Jesucristo y se aceptó la Doctrina de Atanasio por la que la Trinidad y la naturaleza de Jesús se establecieron en un lenguaje comprensible y didáctico.
Este estatuto produjo el comienzo de un tipo de teología, en la cual el cristianismo se coloca en la posición de Israel (reemplaza al Judaismo) como Pueblo escogido de Dios en la Biblia para tomar las promesas de Dios. Dio lugar a la gran mayoría de teologías y exégesis desde el año 325.
Fdo. Cristobal Aguilar.
