Jueves, 01 de abril de 2010
VISIONES Y PROFECÍAS DE SANTA BRÍGIDA DE SUECIA - LIBRO 5 (EL LIBRO DE LAS PREGUNTAS) - OS LO ACONSEJO LEER

El Libro Cinco de las Revelaciones Celestiales de Cristo a Santa Brígida del reino de Suecia está titulado debidamente El Libro de las Preguntas, ya que procede de las preguntas a las cuales Cristo Nuestro Señor le da respuestas maravillosas.  Le fueron reveladas a la Dama de manera singular, ya que ella y su confesor lo han testificado explícitamente.  Sucedió una vez que ella iba a caballo a su castillo en Vadstena junto con varios de sus sirvientes, quienes también iban a caballo.  Mientras cabalgaba, comenzó a elevar oraciones a Dios.  Inmediatamente, cayó en un rapto espiritual y continuó como alguien exteriorizada de su persona y separada de sus sentidos corporales, suspendida en un  éxtasis de contemplación mental.

 

Ella vio en espíritu una escalera fijada firmemente a la tierra, cuya parte superior tocaba el cielo.  En la parte superior, en el cielo, vio a Nuestro Señor Jesucristo sentado en un trono maravilloso, como un Juez en el acto de juzgar.  A sus pies estaba de pie la Virgen María y rodeando el trono había un sinnúmero de ángeles y una vasta multitud de santos.  Santa Brígida vio a un cierto monje en la mitad de la escalera, un hombre al que ella reconoció y quien todavía estaba vivo, un erudito en la ciencia de la teología pero lleno de dolo y perversa maldad.  Con su porte impaciente y agitado, parecía más un demonio que un monje humilde.  La dama podía ver todos los pensamientos y sentimientos internos en el corazón del monje y la manera en la que él los divulgaba a Cristo el Juez, sentado al trono, a través de su manera agitada y descontrolada de interrogatorio, de la siguiente manera.

 

Entonces, Santa Brígida vio y escuchó en espíritu cómo Cristo el Juez, con un porte gentil, manso y paciente, respondió brevemente a aquellas preguntas, una a una, con la mayor sabiduría y cómo la Virgen María, Nuestra Señora, le dijo unas pocas palabras ahora y entonces a Santa Brígida tal y como este libro lo explicará con mayor detalle más adelante.

 

En ese único momento, Santa Brígida recibió en su mente todo este libro en una sola y misma revelación.  A medida que se acercaba al castillo, sus sirvientes tomaron las riendas de su caballo y luego empezaron a moverla gentilmente para despertarla, como estaba, de su rapto.  Cuando ella volvió en sí, ella se sintió terriblemente triste por la pérdida de tal dulzura divina.

 

Así, el Libro de las Preguntas permaneció fijo en su mente y en su corazón como si todo hubiese sido esculpido en una placa de mármol.  Ella lo escribió inmediatamente en su propio idioma y luego su confesor lo tradujo al idioma literario, de la misma forma que él se había acostumbrado a traducir los otros libros de las revelaciones.

 

 

                   Interrogación 1

 

Vi un trono en el cielo sobre el cual estaba sentado Nuestro Señor Jesucristo como Juez. A sus pies estaba sentada la Virgen María. Alrededor del trono había un ejército de ángeles y una incontable multitud de santos. Un cierto monje, un gran erudito de la teología, estaba de pie sobre una escalera, la cual estaba fijada a la tierra y cuya parte superior llegaba al cielo. Con un porte impaciente y agitado, como si estuviera lleno de maldad y dolo, le planteó preguntas al Juez:

 

Primera pregunta: “Oh, Juez, os pregunto: me habéis dado una boca.  ¿No puedo decir, entonces, lo que quiero?”

 

Segunda pregunta.  “Me habéis dado ojos. ¿No puedo ver, entonces, lo que quiero con ellos?”

 

Tercera pregunta.  “Me habéis dado oídos. ¿Por qué no puedo escuchar, entonces, lo que quiero con ellos?”

 

Cuarta pregunta.  “Me habéis dado manos. ¿Por qué no puedo hacer, entonces, lo que quiero con ellas?”

 

Quinta pregunta.  “Me habéis dado pies. ¿Por qué no puedo caminar, entonces, hacia donde quiero con ellos?”

 

La respuesta de Cristo a la primera pregunta.  Sentado en el trono, el Juez, cuyo porte era humilde y gentil, le respondió diciendo: “Amigo, os he dado una boca para decir palabras en forma racional, que sean beneficiosas para vuestra alma y vuestro cuerpo, así como palabras para mi gloria”.

 

Respuesta a la segunda pregunta. “Segundo, os he dado ojos para que pudierais ver las maldades de las cuales debéis huir y las cosas saludables que debéis preservar”.

 

Respuesta a la tercera pregunta. “Tercero, os he dado oídos para que pudierais escuchar aquello que pertenece a la verdad y al bien”.

 

Respuesta a la cuarta pregunta. “Cuarto, os he dado manos para que pudierais usarlas para hacer aquello que es necesario para el cuerpo pero no dañino para el alma”.

 

Respuesta a la quinta pregunta. “Quinto, os he dado pies para que pudierais dejar atrás el amor al mundo y avanzar hacia el descanso y el amor de vuestra alma y hacia mí, vuestro Creador y Redentor”.

 

 

                   Interrogación 2

 

Primera pregunta. Nuevamente el monje apareció sobre su escalera, igual que antes, diciendo: “Oh Cristo el Juez, soportáis el sufrimiento más doloroso por vuestra libre voluntad. ¿Por qué entonces no puedo poseer honor y ser orgulloso en el mundo?”

 

Segunda pregunta. “Me distéis bienes temporales. ¿Por qué, entonces, no puedo poseer lo que quiero?”

 

Tercera pregunta.  “¿Por qué me distéis las extremidades de mi cuerpo si no puedo moverlas y ejercitarlas a voluntad?”

 

Cuarte pregunta. “¿Por qué distéis la ley y la justicia si no es para buscar venganza?”

 

Quinta pregunta. “Nos dejasteis tener tranquilidad y descanso, pero, ¿por qué dispusisteis que experimentáramos cansancio y tribulación?”

 

Respuesta a la primera pregunta. El Juez respondió: “Amigo, el orgullo humano ha sido soportado tanto tiempo para exaltar la humildad y mostrar mi bondad.  Y debido a que el orgullo no fue creado por Mí sino inventado por el demonio, debe de ser esquivado ya que lleva al infierno.  Pero deberá mantenerse la humildad porque lleva al cielo. Yo, Dios, enseñé esto a través de mi palabra y mi ejemplo.”

 

Respuesta a la segunda pregunta. “Yo he dado y concedido bienes temporales a las personas para que puedan hacer uso racional de los mismos y cambiar los bienes creados por algo no creado, es decir, por Mí, su Señor y Creador, alabándome y honrándome por mi Buena creación y no viviendo de acuerdo a los deseos de la carne.”

 

Respuesta a la tercera pregunta.  “Se les dan a las personas las extremidades del cuerpo para que el alma pueda ver en ellas cierto parecido con las virtudes y para que puedan ser instrumentos del alma para el deber y la virtud.”

 

Respuesta a la cuarta pregunta. “Ciertamente la justicia y la ley fueron establecidas por Mí para que puedan ser cumplidas con caridad y compasión sobrenaturales, de manera que puedan cimentarse entre los humanos la unidad y la armonía divinas.”

 

Respuesta a la quinta pregunta. “Les di a las personas el descanso y tranquilidad corporales para poder fortalecer la debilidad de la carne y dotar al alma de fortaleza y virtud.  Pero debido a que a veces la carne se vuelve negligentemente insolente, se deben soportar las tribulaciones con alegría, así como todas las demás medidas correctivas.”

 

 

                   Interrogación 3

 

Primera pregunta. Nuevamente, el monje apareció sobre su escalera, igual que antes, diciendo: “Oh Juez, os pregunto: ¿Por qué nos distéis los sentidos corporales si no hemos de movernos ni vivir de acuerdo a los sentimientos carnales?”

 

Segunda pregunta. “¿Y por qué nos distéis los medios para el sustento carnal, como son los alimentos y otras cosas deleitables, si no hemos de vivir para poder saciar el apetito carnal?”

 

Tercera pregunta. “¿Por qué nos distéis libre albedrío si no debemos seguir nuestros propios deseos?”

 

Cuarta pregunta. “¿Por qué les distéis a los hombres y a las mujeres la semilla del coito y una naturaleza sexual si la semilla no ha de verterse de acuerdo al apetito carnal?”

Quinta pregunta. “¿Por qué nos distéis un corazón y una voluntad si no para escoger aquello que sabe más dulce y para amar los deleites más agradables?”

 

Respuesta a la primera pregunta. El Juez respondió: “Amigo, les di a los humanos sentido y comprensión para que pudiesen meditar sobre el camino de vida y esquivar el camino de muerte.”

 

Respuesta a la segunda pregunta. “Di alimentos y otras necesidades carnales para el sostenimiento moderado del cuerpo y para que las personas pudiesen ejercer las virtudes del alma con mayor fortaleza, sin debilitarse por un consumo excesivo.”

 

Respuesta a la tercera pregunta. “Les di a los humanos libre albedrío para que pudiesen entregar su propia voluntad por mí, su Dios y, así, obtener una mayor recompensa.”

 

Respuesta a la cuarta pregunta. “Les di la semilla del coito para que pudiese germinar en el lugar correcto y de la manera correcta y rendir fruto por una causa justa y racional.”

 

Respuesta a la quinta pregunta. “Les di a los humanos un corazón para que me pudiesen mantener en él, a Mí, su Dios, que estoy en todo lugar y que soy incomprensible, para que el solo pensar en Mí debiera ser su deleite.”

 

 

La primera revelación en el Libro de las Preguntas hechas por la Virgen María a Santa Brígida, la cual le informa de las cinco virtudes que debiera tener dentro de sí, así como de otras cinco que no.  

 

                   Revelación 1

 

La Madre habla: “Hija, debéis tener cinco atributos dentro de ti y cinco no.  Primero, los que no: una boca pura sin calumnias, oídos cerrados a un diálogo vano, ojos castos, manos ocupadas con buenos trabajos, y evitar el trato con el mundo.  Dentro de ti debierais tener estas cinco: amar a Dios fervientemente, desearlo sabiamente, distribuir los bienes temporales razonablemente con una intención justa y correcta, huir humildemente del mundo, y esperar mis promesas paciente y resueltamente.”

 

 

                   Interrogación 4

 

Primera pregunta. Nuevamente el monje apareció sobre su escalera, igual que antes, diciendo: “Oh Juez, ¿por qué debo buscar la sabiduría de Dios si tengo la sabiduría del mundo?”

 

Segunda pregunta. “¿Por qué debo de estar apesadumbrado y llorar si tengo alegría y honor mundanos en abundancia?”

 

Tercera pregunta. “Decidme: ¿por qué o de qué manera debiera regocijarme cuando hay aflicción de la carne?”

 

Cuarta pregunta. “¿Por qué debo de tener miedo, si tengo la fuerza de mi propio poder?”

 

Quinta pregunta. “¿Por qué debo de obedecer a los demás si tengo el control de mi propia voluntad?”

 

Respuesta a la primera pregunta. El Juez respondió: “Amigo, quien sea sabio en relación al mundo es ciego en relación a Mi persona, su Dios.  Por lo tanto, para poder obtener mi sabiduría divina uno debe de buscarla diligente y humildemente.”

 

Respuesta a la segunda pregunta. “Quienquiera que tenga honores y alegría mundanos está preocupado por varias inquietudes y se enreda en situaciones amargas que llevan al infierno. Para no desviarse del camino hacia el cielo, uno debe de ser solícito en forma piadosa y rezar y llorar.”  

 

Respuesta a la tercera pregunta. “Es también muy beneficioso regocijarse en la aflicción y enfermedad del cuerpo, ya que Mi misericordia llega a aquellos afligidos en el cuerpo y por Mi misericordia se acercan más fácilmente a la vida eternal.”

 

Respuesta a la cuarta pregunta. “Además, quienquiera que es fuerte es fuerte por Mí y Yo soy más que fuerte que él. Por lo tanto, uno debe de tener siempre miedo, no sea que se le quite la fuerza.” 

 

Respuesta a al quinta pregunta. “Quienquiera que tenga su libre elección en sus manos debiera tener miedo y debiera darse cuenta de verdad que nada conlleva tan fácilmente al castigo eterno como una voluntad propia sin un líder.  De acuerdo con esto, cualquiera que entregue su voluntad propia a Mí, su Dios, en obediencia a Mí, tendrá el cielo sin castigo.”


                   Interrogación 5

 

Primera pregunta.  Nuevamente, el monje apareció sobre su escalera como antes, diciendo: “Oh, Juez, ¿por qué creasteis gusanos que son dañinos y no son útiles?”

 

Segunda pregunta.  “¿Por qué creasteis las bestias salvajes que también son dañinas para la humanidad?”

 

Tercera pregunta.  “¿Por qué dejasteis que la enfermedad y el dolor entraran en los cuerpos?”

 

Cuarta pregunta.  “¿Por qué soportasteis la maldad de los malvados jueces que mortifican y hostigan a sus dependientes y subalternos como si fueran esclavos comprados?”

 

Quinta pregunta.  “¿Por qué el cuerpo humano sufre aflicción hasta el momento de la muerte?”

 

Respuesta a la primera pregunta.  El Juez respondió: “Amigo, como Dios y Juez he creado el cielo y la tierra y todo lo que está en ellos y, sin embargo, nada que no tenga causa ni que no tenga algún parecido a las cosas espirituales.  Así como las almas de las personas santas se asemejan a los santos ángeles quienes viven y son felices, así también las almas de los injustos se convierten en demonios que mueren eternamente.  Por lo tanto, ya que me preguntasteis por qué creé los gusanos, os respondo que los creé para poder demostrar el múltiple poder de mi sabiduría y bondad.  A pesar de que éstos pueden ser dañinos, sin embargo no hacen daño sin mi permiso y únicamente cuando el pecado así lo demanda para que el hombre, quien menosprecia el someterse a su superior, pueda lamentar su capacidad para ser afligido por criaturas menores y, además, para que el hombre pueda saber que es nada sin Mí – a quien sirven  hasta las criaturas más irracionales y están todas a mi entera disposición.”

 

Respuesta a la segunda pregunta.  “En cuanto a por qué creé las bestias salvajes, Yo respondo: todas las cosas que he creado no sólo son buenas, sino muy buenas y han sido creadas ya sea para su uso o pruebas para la humanidad o para el uso de otras criaturas y para que los humanos puedan servir más humildemente a su Dios, ya que han sido mucho más bendecidos que los demás. Sin embargo, las bestias sí dañan en el mundo temporal por una doble razón. Primero, para que los malvados puedan ser corregidos y estar precavidos y para que las personas malvadas puedan llegar a comprender, a través de sus tormentos, que deben obedecerme a Mí, su superior.  Segundo, también hacen daño a las personas buenas con vistas a su avance en la virtud, así como para su purificación.  Y debido a que la raza humana se rebeló contra Mí, su Dios, a través del pecado, todas esas criaturas que habían estado sujetas a los humanos, consecuentemente se han rebelado en contra de ellos.”

 

Respuesta a la tercera pregunta. “En cuanto a por qué la enfermedad ataca al cuerpo, Yo respondo que esto sucede como una fuerte advertencia y también sucede por el vicio de incontinencia y exceso, para que las personas puedan aprender una moderación espiritual y paciencia, restringiendo la carne.”

 

Respuesta a la cuarta pregunta. “En cuanto a por qué son tolerados los jueces malvados, lo son para la purificación de los demás y también, debido a mi paciencia, para que, así como al oro lo purifica el fuego, también por medio de la maldad de los truhanes, las almas puedan purificarse e instruirse y refrenarse de hacer lo que no deberían de hacer.  Además, Yo tolero pacientemente a los malvados para separar la paja del trigo de los buenos y para poder satisfacer sus deseos de acuerdo con mi justicia oculta y divina.”

 

Respuesta a la quinta pregunta. “En cuanto a por qué sufre dolor el cuerpo a la hora de la muerte, simplemente es porque una persona deberá ser castigada por medio de aquello en lo cual ha pecado.  Si peca por lujuria desordenada, es justo que esta persona sea castigada con amargura y dolor proporcionales. Por esa razón la muerte comienza para algunas personas en la tierra y durará sin fin en el infierno, mientras que la muerte para otros termina en el purgatorio y comienza una alegría sin fin.”

 

 

La segunda revelación en el Libro de las Preguntas, en la cual la Virgen María le habla a Santa Brígida y le dice que una persona que desea probar la dulzura divina, primero debe soportar amargura.

 

                   Revelación 2

 

Habla la Madre: “¿Quién de los santos tuvo la dulzura de Espíritu sin haber experimentado primero la amargura? Por lo tanto, una persona que ansía la dulzura no deberá alejarse de las cosas que son amargas.”

 

 

                   Interrogación 6

 

Primera pregunta. Nuevamente apareció sobre su escalera, como antes, diciendo: “Oh, Juez, os pregunto: ¿Por qué un infante sale vivo del vientre de su madre y recibe el bautizo, mientras otro habiendo recibido un alma, fallece en el vientre de la madre?”

 

Segunda pregunta. “¿Por qué le ocurren muchos contratiempos a una persona justa, mientras que una persona injusta obtiene todo lo que desea?”

 

Tercera pregunta: “¿Por qué ocurren la enfermedad, el hambre y otras aflicciones corporales?”

 

  Cuarta pregunta: “¿Por qué viene tan inesperadamente la muerte, por lo que muy rara vez puede preverse?”

 

Quinta pregunta. “¿Por qué permitís que los hombres, que están llenos de ira y envidia deliberadas, vayan a la guerra en espíritu de venganza?”

 

Respuesta a la primera pregunta. El Juez respondió: “Amigo, vuestras preguntas no las hacéis por amor sino a través de mi permiso. De manera que os respondo a través de palabras parecidas.  Preguntáis por qué muere un infante en el vientre de la madre, mientras que otro emerge vivo.  Existe una razón.  Toda la fuerza del cuerpo del niño viene, claro está, de la semilla de su padre y de su madre; sin embargo, si se concibe sin la debida fuerza, por alguna debilidad de su padre o su madre, muere rápidamente.  Como resultado de la negligencia o descuido de los padres, así como de mi justicia divina, muchas veces sucede que lo que se unió se separa rápidamente.

 

Sin embargo, un alma no es llevada al castigo más severo por esta razón, sin importar cuánto tiempo tuvo para darle vida al cuerpo, a su debido tiempo, viene a la misericordia que es conocida en mí.  Así como el sol que brilla en una casa no es visto tal como es en su belleza – únicamente aquellos que ven el cielo observan sus rayos – así también las almas de dichos niños, a pesar de que no ven mi rostro por falta de bautismo, están no obstante más cerca de mi misericordia que del castigo, pero no de la misma manera que mis elegidos.”

 

Respuesta a la segunda pregunta. “En cuanto a por qué les ocurren reveses a los justos, respondo: Mi justicia es tal que cada persona justa obtiene lo que él o ella desea.  Sin embargo, esa persona no es virtuosa si no desea sufrir reveses por el bien de la obediencia y para la perfección de la justicia, y si no hace buenas obras a su prójimo en el amor divino.  Amigos míos, reflexionando ellos en las cosas que yo, su Dios y Redentor, he hecho por ellos y les he prometido y observando qué mal es el que existe en el mundo, rezan por reveses mundanos en vez de éxitos como un acto de prudencia y por el bien de mi honor y su propia salvación y como una precaución contra el pecado.  De manera que dejo que les acontezcan problemas.  A pesar que algunas personas lo toleran con menos paciencia que otras, aún así no dejo que suceda sin una razón, y estoy con ellos en sus problemas.

 

Es como un hijo que es castigado por una madre amorosa durante su niñez y sabe muy poco sobre cómo agradecerle, ya que no comprende la razón de la reprensión.  Sin embargo, cuando llega a la edad de la discreción, le agradece a su madre porque, debido a que lo disciplinó, fue apartado de los caminos malignos y creció acostumbrado a los buenos modales y a la disciplina.

 

Trato a mis escogidos de forma similar.  Ellos me comprometen su voluntad y me aman sobre todas las cosas. Entonces experimentan problemas durante cierto tiempo y, a pesar que no comprenden totalmente mis bendiciones en este momento, hago lo que es mejor para ellos en el futuro.  Contrariamente, debido a que no les importa la justicia y no tienen miedo de infligirle lesión a los demás, y debido a que rezan por cosas transitorias y aman los deleites mundanos, los impíos prosperan durante cierto tiempo y están libres de aflicción debido a mi justicia, para que no cometan más pecados si les llegasen a acontecer reveses.  Sin embargo, no todas las personas malas obtienen las cosas que desean y esto es para que puedan darse cuenta de que está en mi poder darle cosas buenas a quien yo quiera, aún a los desagradecidos, a pesar de que no lo merecen.”

 

Respuesta a la tercera pregunta. “En cuanto a por qué llegan la enfermedad y el hambre, respondo: Está escrito en la ley que quien comete un robo deberá pagar más de lo que ha tomado.  Debido a que las personas desagradecidas reciben mis regalos y los usan mal y no me dan mi debido honor, por lo tanto exijo más aflicción corporal en el presente para que sus almas puedan ser perdonadas en el futuro.  A veces también perdono el cuerpo pero castigo a las personas en lo que más aman y por medio de lo que más aman, para que la persona que no me reconocía cuando estaba alegre pueda ciertamente recibir el conocimiento y la comprensión cuando esté afligida.”

 

Respuesta a la cuarta pregunta. “En cuanto a por qué llega la muerte tan inesperadamente, respondo: Si alguien supiese el momento de su propia muerte, esa persona me serviría por miedo y sucumbiría por pesar. Por consiguiente, para que las personas puedan servirme por amor y siempre estén ansiosas por ellas mismas pero seguras de mí, es incierta la hora de su partida y con toda razón.  Cuando la humanidad desechó lo que era certero y verdadero, fue necesario y correcto que fueran afligidos por la incertidumbre.”

 

Respuesta a la quinta pregunta. “En cuanto a por qué permito que los hombres vayan a la guerra llenos de ira, respondo: Cualquiera que está completamente inclinado a hacerle daño a su prójimo es como el demonio y es una extremidad e instrumento del demonio.  Yo le haría mal al demonio si yo le quitara injustamente a su siervo.  Por lo tanto, a pesar que hago uso de mi instrumento para lo que yo quiero, así también es correcto que el demonio deba actuar a través de la persona que quiere que sea su extremidad en vez de la mía y deberá hacer lo que está en derecho de hacer, ya sea para la purgación de otros o para la perfección de su propia maldad – sin embargo únicamente hasta donde yo lo permito y como lo requiere el pecado.”

 

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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