Lunes, 22 de marzo de 2010
EL ARCHIVO SECRETO VATICANO (II)

Cuando en 1610 Pablo V fundó el nuevo Archivo en el Vaticano, ordenando que se transportaran a la nueva sede de los Palacios Vaticanos los volúmenes y documentos que hasta entonces se conservaban en el Archivo de la Cámara Apostólica, en la Biblioteca Vaticana y en Castel Sant'Angelo, se comenzó a hablar de «Archivo Secreto Vaticano» (Archivum Secretum Vaticanum) y en algunos casos de «Archivo Secreto Apostólico Vaticano».  Lo mismo sucedía con la designación de la Biblioteca Apostólica, denominada desde el siglo XV «Biblioteca Secreta».

   El término «secreto» (secretum), por otro lado, desde el siglo XV se aplicaba en el ámbito de las cortes tanto seculares como eclesiásticas a las personas o instituciones cercanas al príncipe (en nuestro caso al papa) y a su «familia».  No es una casualidad que la persona de confianza del príncipe con la que trataba los asuntos más reservados o delicados y de la que a menudo dependía la elaboración de los documentos correspondientes se denominara «secretarium».  De este modo, en las funciones de familia de los príncipes, además de secretarii, hemos visto «camareros secretos», «copero secreto», «escudero secreto» etc. También en el ámbito de la familia pontificia se observa un fenómeno análogo: también aquí vemos secretarii, el camerarius secretus, el sacrista secretus, el trinchador secretus y otros personajes llamados de manera parecida.

   Por tanto, el término se refería sobre todo a las personas que más estaban en contacto directo e inmediato con el príncipe (o el papa).  Lo mismo sucedía en el caso de las oficinas o las instituciones de la corte, y de este modo conocemos la existencia de la «bibliotheca secreta», las «camerae secretae», la «capilla secreta» y también, por tanto, el «archivum secretum».

  En este último caso se hacía referencia al archivo privado del príncipe (archivo secreto de los Gonzaga, los Estensi, los Montelefltro, etc.) del cual éste tenía tanto la propiedad absoluta como la administración directa y dedicaba al mismo personas que a su vez adquirían el título análogo:  «scriptor secretus», «bibliothecarius secretus», etc.

   Los pontífices romanos actuaron análogamente con las instituciones y los usos de los templos y también de algunas instituciones u oficinas de su corte, de la misma manera que varias personas de su familia mantuvieron la designación de secretus, secretum, prácticamente con el significado de «personal», «reservado», exclusivamente «privado».

   En este sentido se debe interpretar todavía hoy el nombre «Archivo Secreto Vaticano» ya que se trata del archivo privado del pontífice sobre el cual sólo él tiene la suprema jurisdicción.

   Fue la liberalidad de León XIII la que permitió la admisión de investigadores e historiadores cualificados al Archivo Secreto Vaticano (1881). Sin embargo, no por eso el archivo deja de ser a todos los efectos «privado» y sujeto a las disposiciones de los pontífices romanos.

El Archivo Secreto Vaticano posee, entre otras cosas, un vastísimo y valiosísimo patrimonio de sellos de distintas proveniencias. Se trata de un millar de sellos pendientes y adherentes, de metal, cera o papel, que han llegado hasta nosotros casi siempre con los documentos a los que acompañaban.
Carta solemne de Felipe II, infante de España, al papa Pablo IV (1 de octubre de 1555)
ASV, A.A., Arm. I-XVIII, 522

    La colección que bien se podría definir como única en el mundo, tanto por el número como por la calidad de las bulas de oro. De los 81 ejemplares distribuidos en 42 tipos distintos, 64 son sellos tipo lámina de oro y 4 son de oro macizo; a éstos se añaden 13 estuches (5 de oro, 6 de plata y 2 de plata dorada) que contienen otros tantos sellos de cera. No es sorprendente que la Santa Sede posea una colección tan importante: <}0{>emperadores y reyes a veces empleaban un metal precioso como el oro en los sellos reales para trasmitir con mayor evidencia el concepto de autoridad del titular del sello, así como la importancia del destinatario.

   En Italia tenemos sellos de oro en los Archivos de Estado de Bolonia, Florencia, Venecia, Milán, Turín, así como también en algunos museos y archivos de catedrales; en Europa se conservan pocos ejemplares en París, Londres, Alemania, España y en otros Estados. La colección vaticana es la más rica y representativa también desde el punto de vista cronológico: desde Federico Barbarroja hasta la tercera década del siglo XIX.

   La bula más antigua data del año 1164 y pertenece a un documento del emperador Federico I Barbarroja (A.A., Arm. I-XVIII, 7): está muy aplastada y la componen dos láminas de oro; en el anverso la imponente figura de Barbarroja se erige a medio busto en el interior de unas murallas almenadas en las que se abre una puerta con tímpano normal:  el soberano sujeta en su mano derecha un cetro flordelisado y en la izquierda un globo con una cruz; en el reverso está representada la "AUREA ROMA" mediante la imagen de un conjunto de edificios, palacios, torres, campanarios dispuestos simétricamente alrededor del Coliseo. Las leyendas del anverso y del reverso resaltan la idea imperial y la concepción política de Barbarroja: Frederic(us) Dei gr(ati)a Romanoru(m) imperator aug(ustu)s (Federico por la gracia de Dios Augusto emperador de los romanos) e Roma caput mundi regit orbis frena rotundi (Roma capital del mundo tiene las riendas del orbe redondo).
Anverso y reverso del sello del emperador Federico I Barbarroja
ASV, A.A., Arm. I-XVIII, 7

    La mayoría de los sellos de esta valiosa colección llevan en el anverso la habitual iconografía de la grandiosidad de los soberanos en la que se representa al titular en pie o sentado en el trono con la corona en la cabeza y en la mano las insignias del poder (sigilli ad effigie); un ejemplo de ello se encuentra en los sellos de Andrónico II Paleólogo, Giovanni V Paleólogo, Enrique VI, Federico II, Bela IV, Felipe III y del emperador Carlos VI de Augsburgo por citar algunos.  Mientras en el reverso algunos sellos representan el “AUREA ROMA”, otros presentan el Cristo con una aureola cruzada y otros el soberano con armadura a caballo o elementos heráldicos.

Reverso del sello de Felipe II, infante de España (año 1555)
ASV, A.A., Arm. I-XVIII, 522

    Un raro ejemplo en el que los pontífices recurrieron al oro para sellar sus documentos se aprecia en la bula de 1530 del papa Clemente VII que representa en el anverso las cabezas de los apóstoles Pedro y Pablo y en el reverso el nombre del pontífice con el número ordinal. Este papa interrumpió en dicho ejemplo la tradición secular consistente en el uso de plomo en la Cancillería pontificia.

   La colección de bulas áureas incluye también el precioso sello de Felipe II rey de España (año 1555):  éste, además de por sus dimensiones y su peso (es de oro macizo con un diámetro de 111 mm) llama la atención por la precisión y la perfección con la que ha sido realizado, por lo que constituye uno de los ejemplares más bonitos del patrimonio sigilográfico del Archivo Secreto Vaticano. El anverso representa al soberano con armadura sentado en el trono, con los brazos que tienen forma de quimera y el respaldo revestido de paño de damasco. Con la mano derecha empuña la espada y la izquierda la tiene apoyada sobre el gran escudo de España coronado. El reverso, de tipo ecuestre, representa al rey con armadura completa sobre el caballo al galope cubierto por una rica armadura damasquinada; la leyenda indica los numerosos títulos del soberano.

         Los últimos sellos preciosos, en orden cronológico, son:  el sello de cera en estuche de plata dorada de 1803 estampado sobre la ratificación de Napoleón Bonaparte del tratado entre la República Italiana y Pío VII y, por último, el sello en estuche de oro de 1822 de Fernando III de Lorena.
Estuche de oro y sello de cera de Fernando III de Lorena, gran duque de Toscana (1822)
ASV, Arch. Borghese 930, Tit. Onorifici, T. IV

Fuente: Archivo Secreto Vaticano
Transcrito por: Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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