Martes, 16 de marzo de 2010
PROFECÍAS Y REVELACIONES DE SANTA BRÍGIDA - CAPÍTULOS 26 AL 41

Una vez mas os traemos estas importantísimas revelaciones, que espero no os dejen indiferentes y os instrullan. EL AUTOR DEL BLOG.

Otra vez habla la Virgen María a santa Brígida, explicándole tres maneras de tribulaciones, las que compara a tres clases de pan.

 

                   Capítulo 26

 

Dondequiera, hija, que está tendido el trigo, es menester trabajar y juntarlo, y de él se hacen tres clases de panes: uno apurado y blanco de la flor de la harina para los señores, otro más moreno para los criados, y otro muy negro para los perros.

Trillar y juntar el trigo es padecer tribulación, y la mayor para los buenos es ver cuán poco los hombres honran y conocen a Dios, y cuanto menos le aman. Todos los que de esta manera son atribulados, son ese trigo que gusta a Dios y a todo el ejército del cielo. Los que padecen las tribulaciones y adversidades del mundo, son el pan mediano, que a muchos les sirve para alcanzar el cielo. Y los que se afligen porque no pueden hacer todo el mal que quisieran, estos son panes de aquellos perros que están en el infierno.

 

 

Diferentes modos con que el enemigo tienta a los hombres.

 

                   Capítulo 27

 

Todos estos que ves dar vueltas por aquí, dice la Virgen a santa Brígida, son vuestros enemigos espirituales, esto es, espíritus del demonio. Todos los que tienen palos y sogas con lazos, son los que os quieren precipitar en pecados mortales; aquellos que tienen garfios en las manos, son los que desean apartaros del servicio de Dios, y que seáis desidiosos para las obras buenas; y los otros que llevan instrumentos con dientes a manera de horquillas, de las que se sirven para coger al hombre y aproximarle a lo que quiere, son los que os tientan para que emprendáis algo bueno superior a vuestras fuerzas, como vigilias, ayunos, oraciones y trabajos, o el irracional dispendido de vuestra hacienda.

Y porque todos estos enemigos ansían en gran manera vuestro daño, debéis tener el firme propósito de no ofender a Dios, y pedidle también al Señor su ayuda contra tan crueles enemigos, y entonces no os harán daño alguno sus amenazas.

 

 

Los honores por sí no dañan al alma, cuando se subordinan a la gloria y voluntad de Dios.

 

                   Capítulo 28

 

San Pablo, hija mía, dice la Virgen, dijo delante de aquel príncipe que prendió a san Pedro, que él era sabio, y de san Pedro dijo que era verdadero pobre. Y no pecó en esto san Pablo, porque sus palabras eran para honra de Dios y no para alabanza propia. Lo mismo acontece con los que aman las palabras de Dios y desean propagarlas; porque si no pueden tener cabida con los señores, a no ser que lleven las vestiduras competentes, no pecan poniéndoselas, con tal que en su voluntad y en su corazón no estimen más las vestiduras recamadas de oro y pedrería, que sus antiguos vestidos comunes, pues al fin todo lo que hay precioso aquí abajo no es más que polvo y tierra.

 

 

Consoladora para los operarios, aunque no obtengan fruto ni conversión alguna.

 

                   Capítulo 29

 

Si uno cogiese un peón, dice la Virgen, para que le trajese arena del río, y le dijese: Ten cuidado por si encuentras algún grano de oro, mas tu jornal será el mismo si no encontrase nada, que si hallara mucho. Lo mismo acontece con el que de palabra y obra trabaja por amor de Dios en provecho de las almas; pues su recompensa no será menor no convirtiendo a ninguno, que si convirtiese a muchos. Y como si un soldado saliese a la batalla por orden de su rey y pelease valerosamente, y no sólo no trajase ningún prisionero, sino que volviese herido; esto sería razón suficiente para que, aun perdida la batalla, obtuviese por su buena voluntad la misma recompensa que si hubiera salido vencedor. Esto mismo, pues, acontece con los amigos de Dios; pues por cualquiera palabra u obra que hagan por Dios y para que se enmienden las almas, y por cada hora de tribulación que por Dios padezcan, serán coronados, ya sean muchos los que conviertan, ya ninguno.

 

 

Juicio misericordioso de un alma.

 

                   Capítulo 30

 

Ví muchos hombres que estaban preparando sogas, y tijeras otros que aderezaban caballos, y otros que ponían horcas. Y vino a mí una doncella como turbada, y díjome si sabía qué era aquello; respondíle que no. Pues todo esto que ves, dijo la doncella, es un tormento espiritual que se prepara para un alma que conoces. Las sogas son para atar el caballo que ha de arrastrar al alma: las tijeras, para desfigurarla y cortarle las orejas y los labios, y sacarles los ojos; y la horca para suspenderle de ella.

 

Y como me vió consternada con lo que me refería, me dijo: No te turbes, que si quiere, aun tiene tiempo para romper las sogas, soltar los caballos, derretir las tirejas como cera, y quitar la horca, y aun puede tener tan fervoroso amor a Dios, que todos estos instrumentos de pena se le conviertan en suma honra, de suerte que las sogas con que debía ser ignominiosamente atado, se le trocarán en fajas de oro, en vez de los caballos que lo habían de arrastrar por las plazas, vendrán ángeles que lo acompañen a la presencia de Dios; en lugar de las tijeras con que había de ser hecho pedazos afrentosamente, tendrá su olfato un suave olor, su boca un dulce sabor, sus ojos una hermosísima vista, y sus oídos una muy deleitables música y melodía.

 

DECLARACIÓN.

 

Fué este un mariscal del rey, que fué a Roma tan humillado y compungido de sus culpas, que con mucha frecuencia andaba las estaciones con la cabeza descubierta, rogando a Dios, y haciendo que otros también rogasen, para que no regresara a su tierra, si había de volver a los pecados pasados. El Señor se dignó oir su súplica, porque saliendo de Roma, al llegar a Monteflascón, enfermó y murió. Y después de muerto le dijo Dios a santa Brígida: Mira, hija, lo que hace la misericordia de Dios y el buen deseo. Esta alma estuvo en las fauces del León, pero su buen deseo lo ha librado de los dientes de esa fiera, y ya está camino del cielo, y será participante de todas las buenas obras y sufragios de la Iglesia de Dios.

 

 

Cuánto se oponen al Espíritu de Dios los placeres y bienes del mundo.

 

                   Capítulo 31

 

Oh dulcísimo Señor Jesucristo, dijo santa Brígida, Creador de todas las cosas. ¡Ojalá conocieran y entendieran estos el calor de tu Espíritu Santo, porque entonces apetecerían más las cosas del cielo, y abominarían con mayores veras las de la tierra.

Y entonces me respondieron en el espíritu: Sus excesos y ociosidad se oponen a las visitas del Espíritu Santo; porque sus comilonas, embriagueces y bullicio con los amigos, estorban que el Espíritu Santo les comunique su dulzura, ni se cansen de los deleites del mundo. La demasía de oro, plata, vestidos, vajillas, haciendas y censos impide que el Espíritu de mi amor inflame y encienda sus corazones. La demasía de criados, caballos y otros animales para su regalo, se opone a que el Espíritu Santo se acerque a ellos, y aun es causa de que se alejen de ellos sus ángeles de guarda, y se les acerquen los demonios que son sus traidores. Así, pues, no conocen esa dulzura y comunicación con que yo, que soy Dios, visito a las almas santas y a mis amigos.

 

 

Misteriosa revelación en que Dios pregunta a santa Brígida qué opina del actual estado del mundo. Contestación de la Santa y amenazas del Señor contra los malos.

 

                   Capítulo 32

 

Esposa mía, ¿qué tal te parece está el mundo? Paréceme, Señor, respondió la Santa, un saco derramado al cual acuden todos, y sin cuidarse de lo que ha de venir, como quien va de carrera. Justo es, pues, respondió el Señor, que vaya con mi arado al mundo, y no perdone a cristianos ni a gentiles, a mozos ni a viejos, a pobres ni a ricos, sino que cada cual será juzgado según sus obras y morirá en su pecado; pero quedarán algunas casas con sus habitantes, porque todavía no es el fin.

 

Oh Señor mío, dijo santa Brígida, no os enojéis por mi atrevimiento; suplícoos que enviéis algunos amigos y siervos vuestros, que les avisen el peligro en que están.

Escrito está, respondió el Señor, que desesperanzado ya de su salvación aquel rico que estaba en el infierno, pedía que enviasen alguno para que avisase a sus hermanso, y no se condenasen, y se le contestó: De ningún modo se hará eso, porque tienen a Moisés y a los Profetas, de quienes pueden aprender. Lo mismo puedo yo decir ahora: tienen los Evangelios y los dichos de los Profetas, tienen los ejemplos y las palabras de los doctores, tienen la razón y la inteligencia: aprovéchense de esto y se salvarán. Porque si te envió a ti, no podrás dar tantas voces que te oigan; si envío a mis amigos, son pocos, y apenas los querrán oir. Con todo, haré lo que pides, y enviaré amigos que me preparen el camino.

 

 

Previene el Señor a santa Brígida para que no se fíe supersticiosamente de los sueños, si bien no todos han de menospreciarse.

 

                   Capítulo 33

 

Por qué, esposa mía, te dejas llevar de sueños? Si son buenos, te alegras; y si son malos, te entristeces. ¿No te he dicho que el diablo es un envidioso, y que sin permiso de Dios no puede hacer más daño que una paja que está en el suelo? También te he dicho que es el padre y el inventor de la mentira, y que, para mejor engañar, mezcla lo verdadero con lo falso. Te aviso, pues, que el demonio nunca duerme, y siempre está dando vueltas a tu alrededor, para encontrar alguna ocasión de hacerte daño.

Por consiguiente, debes cuidar mucho de que no te engañe el demonio, el cual por la sutileza de su ciencia, colige lo interior por los impulsos exteriores.

 

Y así, unas veces inspira en tu corazón cosas alegres, para que tengas una frívola alegría; otras veces te inspira cosas tristes, para que afligiéndote, omitas algo bueno, que hubieras podido hacer, y para que estés dolorida y miserable antes que te vengan la miseria y trabajos. Otras veces, a un corazón seducido y amigo de agradar al mundo, le inspira el demonio mil falsedades, por medio de las que son engañados muchos, según acontecía con los falsos profetas; y esto les sucede a los que aman alguna cosa más que a Dios.

 

Sucede, por tanto, que entre muchas mentiras suelen hallarse algunas verdades, porque el demonio jamás podría engañar, a no ser que con lo falso mezclase lo verdadero, como lo viste en aquel endemoniado, el cual, aunque confesaba que había un solo Dios, no obstante, sus impúdicos gestos y extrañas palabras mostraban que el demonio lo poseía y habitaba en él.

Y si me preguntas por qué consiento que mienta el demonio, te respondo que lo he permitido y lo permito por los pecados de los pueblos, que quisieron saber lo que Dios no quiso que supiesen, y deseaban prosperar en lo que Dios veía que no convenía para la salvación de ellos. Así, pues, por causa de los pecados permite Dios muchas cosas que no acontecerían, si el hombre no abusase de la gracia y de la razón. Mas aquellos Profetas que no deseaban otra cosa sino a Dios, ni quisieron hablar palabras de Dios sino por Dios, no eran engañados, porque hablaban y amaban la verdad.

 

Sin embargo, así como no todos los sueños han de ser creídos, de la misma manera no todos han de ser menospreciados; porque a veces aun a los malos les inspira Dios en sueños cosas buenas y les avisa su muerte, para que se corrijan de sus pecados; y otras ocasiones inspira también en sueños a los buenos cosas buenas, para que aprovechen más en el servicio de Dios.

Y así, cuando se te ofreciere algo de esto que llevo dicho, no inclines tu corazón, sino pésalo bien y consúltalo con varones sabios y espirituales, o échalo de ti como si no hubiera sucedido, porque quien se deleita con sueños, frecuentemente es engañado.

 

Sé firme en la fe de la Santa Trinidad, que es lo que importa; ama a Dios de todo corazón; sé obediente tanto en lo próspero como en lo adverso; a nadie te antepongas en tu pensamiento, sino teme aun en lo que hagas bueno; no prefieras tu parecer al de los otros, y entrega toda tu voluntad en manos de Dios, con firme propósito de hacer lo que el Señor quiera; y entonces no tendrás que temer los sueños, y si fueren alegres, no los quieras ni los desees, a no ser que se interese la honra de Dios; y si fueren tristes no te acongojes, sino ponte del todo en manos de Dios.

Después le dijo la Virgen: Yo soy la Madre de misericordia, que cuando mi hija duerme, le preparo los vestidos; mientras el se está vistiendo, le aderezo la comida, y cuando está trabajando, le arreglo una corona y todo el bien que puede desear.

 

 

Misteriosas palabras de Jesucristo a santa Brígida, bajo el símil de un león y un cordero.

 

                   Capítulo 34

 

Esta nuestra hija, dice la Virgen a su Hijo Jesús, es como un cordero que pone su cabeza en la boca del león. Mejor es, respondió Jesús, que ponga el cordero su cabeza en la boca del león, para que se haga una carne y una sangre con él, que no que el cordero chupe la sangre del león, porque el león se indignaría de ello, y el cordero enfermaría, porque sus sustento es el heno. Y puesto que tú, queridísima Madre, trajiste en tu vientre toda la sabiduría y la plentitud de toda prudencia, declara a esta mi esposa lo que se entiende por el leon, y qué por el cordero.

Bendito seas, Hijo mío, respondió la Virgen, que permaneciendo eternamente con el Padre y el Espíritu Santo, bajaste a mis entrañas, sin apartarte nunca del Padre ni del Espíritu Santo. Tú eres el león, pero de la tribu de Juda; Tú eres el cordero sin mancilla, que el Bautista mostró con el dedo.

 

Aquel pone la cabeza en la boca del león, que entrega toda su voluntad en manos de Dios, y aunque pueda hacer su propia voluntad, no quiere, a no ser que sepa que te agrada a ti, Hijo mío. Aquel chupa la sangre del león, que impaciente con tu disposición y con tu justicia, desea y se empeña en conseguir otras cosas más de las que tú le habías dado, y quisiera hallarse en otro estado distinto del que a ti te agrada y a él le conviene. Los que así piensan, no aplacan a Dios; sino lo mueven a ira; porque como el sustento del cordero es la hierba, así el hombre debería contentarse con las cosas humildes y con su estado.

Así, pues, por la ingratitud e impaciencia de los hombres, permite Dios muchas cosas perjudiciales a la salvación de los mismos, que no acontecerían si tuvieran sufrimiento. Por tanto, hija, entrega toda tu voluntad en manos de Dios, y si alguna vez tuvieres poca paciencia, arrepiéntete al punto, porque la penitencia es buena lavandera de las manchas del alma, y la contrición es una buena purificadora de la misma.

 

 

Preciosa muerte de los justos, y cuánto les importa ser atribulados en esta vida.

 

                   Capítulo 35

 

No temas, hija, dice Jesucristo, que no morirá esa enferma por quien ruegas, porque sus obras me son agradables. Murió la enferma, y volvió a decir a la Santa Jesucristo: Hija, te dije la verdad, porque no ha muerto, y su gloria es grande; pues la separación del cuerpo y del alma de los justos es solamente un sueño, porque van a despertar a la vida eterna; pero debe llamarse muerte, cuando el alma separada del cuerpo, pasa a la muerte eterna.

 

Muchos hay que no considerando el porvenir, desean morir con muerte tranquila. Pero ¿qué es la muerte cristiana, sino morir del modo que yo he muerto; esto es, inocente, por mi voluntad y con paciencia? ¿Por ventura, quedé yo deshonrado, porque mi muerte fué ignominiosa y dura? ¿O han de ser tenidos por necios mis amigos, porque sufrieron afrentas? ¿O fué esta disposición del acaso o del curso de las estrellas? No, por cierto; sino que yo y mis escogidos padecimos trabajos, para enseñar con palabras y obras que era penoso el camino del cielo, y para que continuamente se pensase cuánta purificación necesitan los malos, si los escogidos e inocentes padecieron tales tribulaciones.

 

Ten, pues, entendido, que muere afrentosa y malamente, el que habiendo pasado una vida disoluta, fallece con propósito de seguir pecando; el que siendo dichoso según el mundo, desea vivir más tiempo, y no da gracias a Dios por lo mucho que le debe. Pero el que ama a Dios de todo corazón, y es atribulado inocentemente despreciando la muerte, o es afligido con una larga y penosa enfermedad, éste vive y muere felizmente; porque la muerte dura disminuye el pecado y su pena, y aumenta la corona. Con este motivo te recuerdo dos que a juicio de los hombres murieron con muerte afrentosa y dura, los cuales no se hubieran salvado, si por mi gran misericordia no hubiesen tenido semejante muerte; pero consiguieron la gloria, porque Dios no castiga dos veces a los contritos de corazón.

 

Por tanto, no deben contristarse los amigos de Dios, si son afligidos temporalmente o si tienen una muerte penosa; porque es mucha dicha llorar de presente y ser afligido en el mundo, para no tener más riguroso purgatorio, de donde no habrá medio de escapar hasta que todo se pague, ni tiempo para hacer buenas obras.

 

 

La Virgen María dice a santa Brígida cómo los sacerdotes facultados pueden absolver, por malos que ellos sean: compáralos la Virgen a un portero leproso.

 

                   Capítulo 36

 

Ve, hija mía, dice la Virgen, a aquel que tiene potestad de absolver, que aun cuando está leproso, al fin es portero, y si tiene las llaves, puede abrir la puerta, como si estuviera sano. Lo mismo acontece con la absolución y con el Sacramento del altar, que cualquiera que sea el ministro, si tiene las debidas facultades, puede absolver los pecados.

Con todo, le dirás a ese de mi parte dos cosas: la primera es, que no tendrá lo que carnalmente ama y desea; y la segunda es, que su vida acabará muy pronto. Y como la hormiga que de día y noche está llevando grano, suele caerse al acercarse a la boca del hormiguero y queda muerta a la entrada, estando el grano fuera; así él morirá, cuando comenzare a gozar el fruto de su trabajo, y será castigado y confundido por su inútil empeño.

 

 

Cuán edificantes deben ser los ministros del Señor para poder ganar almas.

 

                   Capítulo 37

 

Los amigos de Dios, dice la Virgen, son como las dos hojas de la puerta por donde han de entrar los demás, y así ha de cuidarse que no tengan aspereza alguna, ni cosa que estorbe la entrada. Estas dos hojas de la puerta significan las costumbres morigeradas y buenas que deben tener los amigos de Dios, las obras de virtud que han de ejercitar, y las palabras de edificación que han de decir y enseñar. Deben, pues, evitar toda aspereza, murmuración, chocarrería, y toda tendencia del mundo, porque será causa de que no entren por esa puerta los que deban, o que después de entrar, la miren con horror.

 

 

Cuándo se inclina y favorece Dios al que con piedad lo invoca y a Él se acoge, y cómo sin Dios no hay bien alguno.

 

                   Capítulo 38

 

Oye tú, esposa mía, dice Jesucristo, que deseas llegar al puerto, después de las borrascas del mundo. Todo el que se hallare en el mar no tiene nada que temer, si tiene consigo al que puede mandar a los vientos que no soplen; el que manda quitar todos los cuerpos que hagan daño, y ablanda las mismas peñas; y al que tiene poder sobre las tempestades para que lleven el buque a puerto seguro.

Lo mismo acontece corporalmente en el mundo, porque hay algunos que a semejanza de la nave, llevan su cuerpo sobre el agua del mundo, y si bien a unos les sirve para su consuelo, también a otros para su tribulación; porque la voluntad del hombre es libre y lleva el alma al cielo y otras veces a lo profundo del infierno.

 

La voluntad, pues, que nada desea con mayor anhelo que oir honrar a Dios, y no apetece vivir sino para poder servirle, ésta agrada a Dios; porque en semejante voluntad habita con gusto el Señor, y mitiga todos los peligros del alma, y vence los escollos en que el alma naufraga muchas veces.

 

Las peñas y escollas son las malas inclinaciones y deseos, como el deleitarse en ver las riquezas del mundo y poseerlas, gozar con la honra que se dé a su cuerpo, y gustar lo que deleita a la carne. En todo esto peligra muchas veces el alma. Pero cuando Dios está en la nave, todas las dificultades se vencen, y el alma desprecia todas aquellas cosas, pues toda la hermosura del cuerpo y de la tierra, es como un vidrio pintado por fuera y lleno de lodo por dentro; y roto el vidrio, no se aprovecha mas que el lodo, el cual únicamente fué criado para que por medio de él ganemos el cielo.

Por consiguiente, todo hombre que huyere de las honras del mundo como de un aire infestado, que mortifique todos los miembros de su cuerpo, y aborrezca la voluptuosidad y placer de su carne, éste puede dormir tranquilo y despertar con gozo, porque Dios está con él a todas horas.

 

 

Palabras del Hijo de Dios a la Esposa, manifestándola cómo debemos precaver las tentaciones del diablo comparándosele con los ataques de este enemigo.

 

                   Capítulo 39

 

Cuando el enemigo llamare a nuestra puerta, dice Jesucristo, no habéis de ser como las cabras, que luego se ponen en lo alto del muro; ni como machos cabríos, que levantados sobre sus pies, se dan cornadas unos a otros; sino que habéis de ser como los pollos, que al ver en el aire al ave de rapiña, corren a refugiarse bajo las alas de la madre para esconderse, y aunque una sola pluma de la madre les toque, se alegran al ocultarse debajo de ella.

¿Quién es vuestro enemigo sino el demonio, que tiene envidia de todas las buenas obras, y cuyo oficio es llamar y turbar con tentaciones el alma del hombre? Alborota y llama unas veces con la ira, otras con la murmuración, ya con la impaciencia, ya con la crítica de los juicios de Dios, bien porque no sucedan las cosas a vuestro gusto, bien con otros innumerables pensamientos y tentaciones, todo para apartaros del servicio de Dios, y obscurecer vuestras buenas obras.

Así, pues, cualesquiera que sean vuestros pensamientos, no debéis abandonar vuestro puesto, ni correr al muro como las cabras, esto es, a la dureza de vuestro corazón, ni formar juicios de las obras ajenas, porque muchas veces el que hoy es malo, mañana es bueno; sino que debéis humillaros y temer, teniendo paciencia y rogando a Dios que mejore lo que ha principiado mal.

 

Tampoco habéis de ser como machos cabríos que se golpean con los cuernos; porque no habéis de volver mal por mal, ni injuria por injuria, sino que habéis de perseverar con paciencia y silencio, esto es, reprimir fuertemente los impulsos de la carne, para que tanto en hablar como en responder, tengáis la debida moderación y os hagáis cierta violencia con gran mansedumbre; porque es propio del varón justo el vencerse a sí mismo, y aun abstenerse de conversaciones lícitas, por evitar el demasiado hablar y el pecado que por lo común resulta de ello; así pues, el que al incomodarse dice todo lo que siente, parece como que en cierto modo se vindica a sí mismo y muestra su liviandad; y obrando así no recibirá por esto la corona, porque no quiso tener paciencia, con la cual habría ganado a su hermano, y hubiera proporcionado para sí mismo mayor recompensa. Porque ¿qué son las alas de la gallina sino la sabiduría y poder Divino?

 

Yo pues, recojo a los que desean mi amparo y mi sombra, como la gallina con sus alas recoge los polluelos, y los defiendo de las redes del demonio con mi poder, y con mi sabiduría les envío inspiraciones para que se salven. Las plumas son mi misericordia, y el que la obtuviere, puede estar tan seguro, como el pollo que se acoge bajo las alas de la madre.

Sed, pues, como polluelos, y acudid a mi voluntad, y en todas vuestras tentaciones y contrariedades, decid de palabra y con obras: Hágase la voluntad de Dios, porque yo defiendo con mi poder a los que en mí confían, los aliento con mi misericordia, los sustenso con mi virtud, los visito con mis consuelos, los alumbro con mi sabiduría, y les pago ciento por uno con mi amor.

 

 

Notable revelación en la que vió la Santa el juicio de personas que aún vivían.

 

                   Capítulo 40

 

Estando en oración vi un Rey sentado en su trono, y todos los hombres estaban delante de él, teniendo cada cual a su lado uno a modo de soldado armado, y otro como un feísimo negro. Delante del trono había un púlpito, en el cual estaba un libro, que lo rodeaban tres reyes, como lo había visto otra vez.

Vi también que junto al púlpito estaba todo el mundo, y oí que el Juez, dijo a aquel soldado armado: Llama a juicio a aquellos a quienes has servido con amor. Y al punto que los nombraba el soldado, caían en tierra. Unos estaban postrados más tiempo y otros menos, hasta que las almas se desprendían de los cuerpos. Todo lo que en esta ocasión vi y oí, no puedo declarlo, porque oí la sentencia y condenación de muchos que aún viven, y que muy pronto morirán. No obstante, me dijo el Juez: Si los hombres se enmendasen, yo mitigaría mi sentencia.

 

 

Terrible purgatorio de un alma, manifestado por Dios a santa Brígida.

 

                   Capítulo 41

 

En esta visión de que he hablado, vi en particular un alma, que un soldado y un negro de los que había visto, la trajeron ante el Juez, y díjome una voz: Todo lo que verás y oirás, ha pasado por esta alma al tiempo de salir del cuerpo. Y puesta ante el Juez quedó sola, porque no la tenían asida ni el soldado ni el negro. Estaba desnuda y llorosa, sin saber en lo que vendría a parar. Oí después, que cada palabra de aquel libro respondía por sí misma a todo lo que decía el alma.

 

Presentóse el soldado ante el Juez y toda su corte, y dijo: No es razón, Señor, que los pecados que esta alma tiene confesados, se traigan ante vuestra presencia. Pero yo que estaba viendo esto, comprendía bien y perfectamente que aquel soldado que hablaba era el ángel, y lo conocía todo en Dios, pero estaba hablando para que yo entendiese. Luego del libro de la justicia salió una voz que dijo: Aunque esa alma confesó sus pecados, pero ni tenía contrición ni dolor bastante de ellos, ni satisfizo lo que debiera. Y pues no se enmendó cuando pudo, llore ahora y satisfaga. Oyendo lo cual el alma, comenzó a llorar tan amargamente, que parecía deshacerse en lágrimas, sin hablar una palabra.

 

Habló después el Rey al alma diciéndole: Declare ahora tu conciencia los pecados que dejaste sin satisfacer. Entonces el alma con una voz que la podía oir todo el mundo, dijo: ¡Ay de mí, que no obré con arreglo a los mandamientos de Dios, que oí y conocí! Y acusándose a sí misma, añadía: No temí el juicio de Dios. Y respondió una voz del libro: Por eso debes temer ahora al diablo. Y al punto temerosa el alma y trémula, como si toda se deshiciese, dijo: Tuve muy poco amor a Dios, y así hice pocas obras buenas. Y al instante respondieron del libro: Justicia es, pues, que estés más cerca del demonio que de Dios, pues el demonio con sus tentaciones te atrajo a sí y te cogió.

 

Respondió el alma: Bien sé que todo cuanto hice, era según las inspiraciones del demonio. Y le contestaron del libro: Justicia es, pues, que él te dé el pago, y te castigue con tribulación y pena. De pies a cabeza, dijo el alma, anduve vestida de soberbia, e inventé varios trajes vanos y soberbios, y otros usaba según el uso de mi patria: y me lavé manos y cara, no sólo para que se limpiasen, sino para que los hombres alabaran su hermosura. Respondieron del libro: Justicia es , que corresponda al demonio pagarte según tus méritos, pues te adornaste y te compusiste, según él te inspiraba y dictaba.

 

Mi boca, dijo el alma, de ordinario hablaba chocarrerías, porque quise agradar a los demás, y mi alma apetecía todo lo que no era oprobio ni afrenta según el mundo. Contestáronle del libro: Por eso se te extenderá y se te sacará tu lengua, se te doblarán tus dientes, se te quitará todo lo que te agrade, y se te dará todo lo que te disguste. Holgábame sobremanera, dice el alma, de que muchos tomaran ejemplo y ocasión de lo que yo hacía, y de que imitasen mis costumbres. Pues justo es, respondieron del libro, que todo el que cayere en el mismo delito por el que tú serás castigada, sufra la misma pena, y será puesto junto a ti, a fin de que con la llegada de cada uno de los que imitaban tus invenciones, se aumente tu pena.

 

Vi enseguida que ataron una soga a la cabeza de esta alma a manera de corona, y se la apretaron con tanta fuerza, que juntaron la frente con la nuca; los ojos se salieron de sus órbitas, y colgaban por sus raíces hasta las mejillas; los cabellos estaban abrasados por el fuego, rompíase el cerebro y se derramaba por narices y oídos; extendíanle la lengna y comprimíanle los dientes: los huesos de los brazos se los comprimían y retorcían como si fuesen sogas; desolláronle las manos y se las ataron al cuello; el pecho y el vientre se los apretaron, hasta que los juntaron con el espinazo; y quebrándole todas las costillas, reventó, y salió fuera el corazón, y las entrañas, y todos los intestinos; abriéronle los muslos y sacáronle los huesos, y de todos ellos hicieron un ovillo, como si fuera hilo delgado.

 

Después dijo el negro: ¡Oh Juez! Ya se están castigando con arreglo a justicia los pecados de esta alma. Unamos, pues, a ambos, a mí con el alma, para que nunca nos separemos. Pero respondió el soldado: Tu, ¡oh Juez! que sabes todas las cosas, a ti te corresponde oir el postrer pensamiento y deseo que tuvo esta alma al final de su vida, la cual en el último extremo pensó de esta suerte: ¡Oh!, si Dios quisiera concederme un poco de vida, enmendaría de buena gana mis pecados, y le serviría todos mis días restantes, y nunca más volvería a ofenderle. Esto pensaba y quería, ¡oh, Juez! Ten, Señor, presente también que esta persona no vivió tanto tiempo, que tuviese una conciencia completamente despejada. Considera, Señor, su juventud, y obra según tu misericordia.

 

Respondieron entonces del libro de la justicia: Estos pensamientos al final de la vida, es razón que la libren del infierno. Enseguida dijo el Juez: Por causa de mi Pasión se abrirá a esta alma el cielo; pero vaya primero al purgatorio, y purifíquese allí de todos sus pecados por todo el tiempo que deba, a no ser que tuviere auxilio con las buenas obras de otros que vivan.

 

DECLARACIÓN.

 

Esta fué una mujer que había prometido virginidad en manos de un sacerdote, y después se casó y murió de parto.

 Fdo. Cristobal Aguilar.



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