Viernes, 12 de marzo de 2010
AVISOS CELESTES ¿DOS AÑOS PARA EL FÍN?

Las enrevesadas profecías de Miguel de Nostradamus (1503-1566) han dado pie para todo, pero en especial para estimular la mente de charlatanes. Entre sus cuartetas proféticas, la LXXII anunciaba: “El año mil novecientos noventa y nueve, siete meses, / Del cielo vendrá un gran Rey de terror (...)”. Muchos la leyeron como un anuncio del fin del mundo, lo que significaría que al día de hoy la humanidad lleva una década existiendo de ‘regalo’.
Con base en esta profecía y otras de santos, el científico ruso Vladimir Sobolyovhas anunció en 1997 que el eje de la Tierra se inclinaría 30 grados durante los dos años siguientes y como consecuencia habría diluvios en los países escandinavos y en Gran Bretaña. En la misma línea, Stefan Paulus, autor de Nostradamus 1999, anotaba que en septiembre de ese año un meteorito chocaría con la Tierra y provocaría terremotos, tsunamis y toda suerte de daños que finalmente causarían hambrunas. Un dictador islámico declararía la guerra a Occidente y la Tercera Guerra Mundial comenzaría en 2002. En 2030, apenas un tercio de la población mundial estaría viva.
Aunque los centenares de anuncios fallidos basados en Nostradamus habrían dado pie para enterrarlo de una vez por todas, ahora sus acólitos han corregido los cálculos y establecido que el fin del mundo será en el 3786 o en el 3797; años suficientemente lejanos como para evitar el riesgo de hacer 'el oso' otra vez.

Capricho del sistema métrico

Como si el fin del mundo no fuera una cuestión de hechos sino un capricho del sistema métrico, la llegada del año 1000 produjo un pánico tremendo. Algunas tradiciones cristianas planteaban que con su llegada comenzaría el Juicio Final en Jerusalén, por lo que a lo largo del año 999 fanáticos de Europa emprendieron el peregrinaje a Tierra Santa. Efectivamente, fue el fin del mundo para muchos: los que no murieron durante la travesía se quedaron con los 'crespos hechos' en la cúspide del monte Sión -donde Jesús presumiblemente aparecería- o regresaron sin pertenencias a su tierra porque lo habían vendido todo antes de partir.

En el nombre de Dios

Cuando finalizaba el siglo XIX, en la provincia de Bahía, Brasil, apareció Antonio Vicente Mendes Maciel, el 'Conselheiro', uno de los tantos predicadores que ganaron adeptos en la empobrecida región. Él afirmaba que Dios destruiría la recién fundada República y quemaría a quienes se rehusaran a escucharlo. Luego, cuando la 'República demoníaca' hubiera desaparecido, el rey Sebastián de Portugal (1554-1578) regresaría para reinar con gloria durante un breve lapso, después del cual llegaría el fin del mundo. El predicador alcanzó a tener unos 8.000 seguidores en la granja de Canudos. Por los roces que generaron en la región, en 1897 los militares entraron a matarlos a todos.
El advenimiento que no fue a partir de su lectura de la Biblia, el predicador metodista William Miller (1782-1849) anunció que la segunda venida de Cristo, precedida de grandes cataclismos, ocurriría entre el 21 de marzo de 1843 y la misma fecha de 1844. Como no pasó nada, salvo el caos creado por él mismo, movió la fecha al 18 de abril y luego al 22 de octubre. Pese a la 'Gran Decepción', como fue llamada, muchos siguieron fieles al millerismo.

Pocos terrícolas fueron ajenos al asombro que causó la visita del cometa Halley en 1910. Aparte de la posibilidad de que el astro impactara con la Tierra, algunos temían que su estela estuviera compuesta de gases tóxicos.
Más recientemente, el sospechoso de desencadenar el Apocalipsis fue el cometa Hale-Bopp. Descubierto en 1995, el luminoso astro alimentó toda suerte de teorías del fin del mundo, entre las que destacó la de los miembros de la secta Puerta del Cielo, de California, que creían que tras el cometa venía una nave espacial que se los llevaría pero sin sus bienes terrenales. El 26 de marzo de 1997, 39 de ellos aparecieron muertos, aparentemente por suicidio.

Profecía tecnológica

Unos creyeron que el mundo se volvería un caos y los más pesimistas auguraron una explosión masiva de armas nucleares en el instante en que los relojes marcaran las cero horas del año 2000. El Y2K, o 'el problema del año 2000', fue la profecía tecnológica surgida por la costumbre de los programadores de software de omitir el año para el almacenamiento de fechas. Así, cuando terminara el 31 de diciembre de 1999 las computadoras enloquecerían: habría caos financiero, aviones perdidos, información extraviada... y, por supuesto, misiles, bombas atómicas y plantas nucleares al garete. Al final, los accidentes no superaron el rango de anécdota.

En fín cuando llegue lo sabremos, de momento hagamos como las vírgenes del evangelio, tengamos el aceite preparado, no sea que en verdad llegue el novio y no nos invite a la boda por no estar preparados.

Fdo. Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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