S?bado, 06 de marzo de 2010
REVELACIONES SOSBRE EL PURGATORIO Y LAS ALMAS (LIBRO 4 - CAPITULOS 6 AL 9)

Admirable sobre el purgatorio y susdiferentes grados. Muy digna de leerse, no menos que las dos siguientes.

 

                  Capítulo 6

 

Velando en oración santa Brígida, vió en una visiónespiritual, un palacio muy grande lleno de innumerable gente, todos convestidos blancos y resplandecientes, y cada uno en su asiento y trono aparte.Pero había un trono judicial superior a los otros, que estaba ocupado por unocomo el sol; y la luz y resplandor que de él salía, era incomprensible enlongitud, latitud y profundidad. Estaba una Virgen cerca del trono con unapreciosa corona en la cabeza, y todos los del palacio servían al que brillandocomo el sol estaba sentado en el trono, dándole mil alabanzas con himnos ycánticos.

 

Tras esto, vió un negro como etíope, feo yabominable, lleno de inmundicia y encendido de enojo, que comenzó a dar vocesdiciendo: Oh Juez justo, juzga esta alma y oye sus obras, que ya poco le restade estar en el cuerpo, y dame licencia para que atormente al alma y al cuerpoen lo que fuera justo.

Después vió la Santa un soldado armado junto altrono, modesto en el aspecto, sabio en las palabras y dulce en sus ademanes, elcual dijo: Oh Juez, ves aquí las buenas obras que ha hecho esta alma hasta estepunto.

 

Y luego se oyó una voz del trono que dijo: Más son,pues, los vicios en esta alma, que las virtudes. No es justicia que tenga parteel vicio con la suma virtud, ni se junte a ella.

Enseguida dijo el negro: A mí es de justicia que seme entregue esta alma; que si ella tiene vicios, yo estoy lleno de maldad, yestará bien conmigo.

La misericordia de Dios, dijo el soldado, hasta lamuerte acompaña a todos, y hasta que haya salido el alma del cuerpo, no sepuede dar la sentencia; y esta alma sobre que pleiteamos, aun está en elcuerpo, y tiene discreción para escoger lo bueno.

 

La escritura, replicó el negro, que no puedementir, dice: Amarás, a Dios sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a timismo. Y todo cuanto éste ha hecho, ha sido por temor, no por amor de Dios comodebía, y todos los pecados que ha confesado, han sido con poca contrición ydolor. Y pues no mereció el cielo, justo es que se me dé para el infierno, puessus pecados están aquí manifiestos ante la divina justicia, y nunca de ellos hatenido verdadera contrición y dolor.

Este infeliz, dijo el soldado, esperó y creyó queasistido de la gracia tendría esa verdadera contrición.

 

A lo cual le respondió el negro: Has traido aquítodo cuanto bien ha hecho ese, todas sus palabras y pensamientos que puedenservirle para salvarse; pero todo ello no llega ni con mucho a lo que vale unacto de verdadera contrición y dolor, nacido de la caridad divina con fe yesperanza; y por consiguiente, no puede servir para borrar todos sus pecados.Porque justicia es de Dios, determinada en su eternidad, que nadie se salve sincontrición; y como es imposible que vaya Dios contra este su decreto eterno,resulta, que con razón pido se me dé esta alma para ser atormentada con penaeterna en el infierno.

 

No replicó el soldado, y luego aparecieroninnumerables demonios, semejantes a las centellas que salen de un fuegoabrasador, y a una voz clamaban diciendo al que estaba sentado en el trono, quebrillaba como el sol: Bien sabemos que eres un Dios en tres personas, que eressin principio y no tienes fin, ni hay otro Dios sino tú, que eres la verdaderacaridad, en quien se juntan misericordia y justicia. Tú estuviste en ti mismodesde el principio, no tienes en ti cosa pequeña ni mudable, todo está en ticumplidísimo como conviene a Dios; fuera de ti no hay nada, y sin ti no haycontento ni alegría.

 

Tu amor sólo hizo los ángeles, de ninguna otramateria, sino del poder de tu divinidad, y los hiciste según lo dictaba tumisericordia. Pero después que interiormente nos encendimos con la soberbia,envidia y avaricia, tu caridad, que ama la justicia, nos echó del cielo con elfuego de nuestra malicia al incomprensible y tenebroso abismo que se llamainfierno. Así obró entonces tu caridad, que tampoco se apartará ahora de tujusto juicio, ya se haga según tu misericordia, o según tu justicia. Y aun nosatrevemos a decir, que si lo que amas con preferencia a todas las cosas, que esla Virgen que te engendró, y la cual nunca pecó, hubiese pecado mortalmente ymuerto sin contrición divina, amas tanto la justicia, que su alma nunca hubierasubido al cielo. Luego, oh Juez, ¿por qué no declaras ser nuestra esta alma,para que la atormentemos según sus obras?

 

Oyóse después el sonido de una trompeta, al cualtodos quedaron silenciosos, y al punto dijo una voz: Callad y oid vosotrostodos, ángeles, almas y demonios, lo que va a hablar la Madre de Dios. Y enseguida apareció ante el trono del Juez la misma Virgen María, trayendo muchobulto de cosas como escondidas debajo del manto, y dijo a los demonios:Vosotros, enemigos, perseguís la misericordia, y sin ninguna caridad pregonáisla justicia. Aunque es verdad que esta alma se halla falta de buenas obras, ypor ellas no pudiera ir al cielo, mirad lo que traigo debajo de mi manto. Yalzándolo por ambos lados, veíase por el uno una pequeña iglesia y en ellaalgunos religiosos; y por el otro lado se veían hombres y mujeres, amigos deDios, todos los cuales clamaban a una voz, diciendo: Señor, tened misericordiade él.

 

Reinó después un gran silencio y prosiguió laVirgen: La Sagrada Escritura dice, que el que tiene verdadera fe en el mundo,puede mudar los montes de una a otra parte. ¿Qué no pueden y deben hacerentonces los clamores de todos estos que tuvieron fe y sirvieron a Dios confervoroso amor? ¿Qué no han de alcanzar los amigos de Dios, a quienes éste rogóque pidiesen por él, para que pudiera apartarse del infierno y conseguir elcielo, y mucho más cuando por sus buenas obras no buscó otra remuneración quelos bienes celestiales? ¿Por ventura, no podrán las lágrimas y oraciones detodos estos bienaventurados ayudar esta alma y levantarla, para que antes de sumuerte tenga verdadera contrición con amor de Dios? Yo también uniré mis ruegosa las oraciones de todos los santos que están en el cielo, a quienes estehonraba con particular veneración.

 

Y a vosotros, demonios, os mando de parte del Juezy de su poder, que atendáis a lo que veréis ahora en su justicia. Yrespondieron todos, como con una sola voz: Vemos, que como en el mundo laslágrimas y la contrición aplacan la ira de Dios, así tus peticiones le inclinana misericordia con amor.

Después de esto, oyóse una voz que salió del queestaba sentado en el solio resplandeciente, y dijo: Por los ruegos de misamigos tendrá este contrición antes de la muerte, y no irá al infierno, sino alpurgatorio con los que allí padecen mayores tormentos; y acabados de purgar suspecados, recibirá su premio en el cielo, con aquellos que tuvieron fe yesperanza, pero con mínima caridad. Y así que oyeron esto, huyeron losdemonios.

 

Vió después santa Brígida que se abrió unaprofundidad terrible y tenebrosa, en la que había un horno ardiendointeriormente, y el fuego no tenía otro combustible que demonios y almas vivasque estaban abrasándose. Sobre aquel horno estaba esta afligidísima alma. Teníalos pies fijos en el horno, y lo demás levantado como si fuera una persona; yno estaba en lo más alto ni en lo más bajo del horno. La figura que tenía eraterrible y espantosa. El fuego parecía salir de bajo de los pies del alma, yvenir subiendo como cuando el agua sube por un caño; y comprimiéndoseviolentamente, le pasaba por encima de la cabeza, de modo que por todos susporos y venas corría un fuego abrasador. Las orejas echaban fuego como defragua, que con el continuo soplo le atormentaba todo el cerebro.

 

Los ojos los tenía torcidos y hundidos, como siestuviesen fijos en la nuca. La boca la tenía abierta y la lengua sacada porlas aberturas de las narices, y colgando hasta los labios. Los dientes eranagudos como clavos de hierro, fijos en el paladar. Los brazos tan largos quellegaban a los pies. Las manos estaban llenas y comprimían sebo y pez ardiendo.El cutis que cubria al alma, era una sucia y asquerosísima piel, tan fría, quesólo de verla causaba temblor, y de ella salía materia como de una úlcera consangre corrompida y con un hedor tan malo, que no puede compararse con nadaasqueroso del mundo.

 

Después de ver este tormento, oyó la Santa una vozque salía de lo íntimo de aquella alma, que dijo cinco veces: ¡Ay de mí! ¡Ay demí, clamando con toda su fuerza y vertiendo abundantes lágrimas. ¡Ay de mí, quetan poco amé a Dios por sus supremas virtudes y por la gracia que me concedió!¡Ay de mí, que no temí como debía la justicia de Dios! ¡Ay de mí, que amé eldeleite de mi cuerpo y de mi carne pecadora! ¡Ay de mí, que me dejé llevar delas riquezas del mundo y de la vanidad y soberbia! ¡Ay de mí, porque os conocíLuis y Juana!

 

Y luego el ángel le dijo a santa Brígida: Te voy aexplicar esta visión. Aquel palacio que viste es la semejanza del cielo. Lamuchedumbre de los que estaban en los asientos y tronos con vestiduras blancasy resplandecientes, son los ángeles y las almas de los santos. El sol queestaba en el trono más alto, significa a Jesucristo en su divinidad. La mujeres la Virgen Madre de Dios. El negro es el diablo que acusa al alma, y elsoldado, el Angel de la guarda, que dice las buenas obras de ella. El hornoencendido es el infierno, que está ardiendo con tanta pujanza, que si el mundocon todo lo que tiene se encendiese, no pudiera compararse a la vehemencia deaquel fuego. Oyense en él diversas voces, todas contra Dios, y todas principiany acaban con un ¡ay! Y las almas parecen personas, cuyos miembros extienden yatormentan los demonios, sin descanso alguno. Ten entendido, también, queaunque el fuego que en el horno veías, arde en las tinieblas eternas, las almasque en él se están abrasando, no tienen todas igual pena.

 

Aquel tenebroso lugar que viste alrededor delhorno, es el limbo, que participa de las tinieblas del horno, pero no de suspenas, y entrambos son un lugar y un infierno, y los que allí entran, nuncallegan a la vista de Dios.

Sobre esas tinieblas está la mayor pena delpurgatorio que las almas pueden sufrir. Y más allá de este lugar hay otro,donde se sufre la pena menor, que solamente consiste en falta de fuerzas, dehermosura, y de otras cosas semejantes, como si uno después de una graveenfermedad estuviera convaleciente con falta de fuerzas, y de todo lo que sueleacompañar a este estado de debilidad, hasta que poco a poco va volviendo en sí.

 

Otro lugar hay superior a esos dos, donde no sepadece otra pena, sino la del deseo de ver a Dios y gozarle.

Y para que mejor lo entiendas, te voy a poner elejemplo de un poco de metal, que ardiese y se mezclase con oro en un fuego muyencendido, hasta que se viniese a consumir todo el metal y quedara el oro puro.Cuanto más fuerte y denso fuera el metal, tanto más recio debería ser el fuegoque se necesitase para apartar el oro y consumir el metal. Viendo el artíficeel oro purificado y derretido como agua, lo echa en otra parte donde toma suverdadera forma a la vista y al tacto, y luego lo saca de allí y lo pone enotro lugar para darlo a su dueño.

 

Los mismo sucede en esta purificación espiritual.En el primer lugar colocado sobre las tinieblas del infierno, es donde se sufrela mayor pena del purgatorio, y en el cual viste padecer a aquella alma. Allíhay al modo de venenosas sabandijas y animales feroces; hay calor y frío; hayconfusión y tinieblas procedentes de las penas del infierno, y unas almastienen allí mayor pena y tormento que otras, según que tenían hecha mayor omenor satisfacción de sus pecados cuando salieron del cuerpo. Luego la justiciade Dios saca al alma a otros lugares, donde no hay sino falta de fuerzas, enlos cuales están detenidas hasta tener refrigerio y ayuda, o de sus amigosparticulares, o de los sacrificios y continuas buenas obras de la santaIglesia; pues el alma que mayores auxilios tiene, más pronto convalece y selibra de este lugar.

Desde allí va el alma al tercero, donde no hay máspena que el deseo de llegar a la presencia de Dios, y de gozar de su visiónbeatífica. En este lugar residen otros muchos y por bastante tiempo, entre losque se encuentran aquellos que, mientras vivieron en el mundo, no tuvieronperfecto deseo de llegar a la presencia de Dios y a gozar de su vista

 

Advierte también que muchos mueren en el mundo tanjustos y tan inocentes, que al momento llegan a la presencia de Dios y legozan; y otros mueren también después de haber satisfecho sus pecados, de modoque sus almas no sienten pena alguna. Pero son pocos los que no vienen al lugardonde se padece la pena del deseo de ir a Dios.

Las almas que están en estos tres lugaresparticipan de las oraciones y buenas obras de la santa Iglesia, que se hacen enel mundo; prinicipalmente de las que ellas hicieron mientras vivieron, y de lasque sus amigos hacen por ellos después de muertos. Y como los pecados son demuchas clases y diversos, así también son diferentes las penas; y como elhambriento se huelga con la comida, y el sediento con la bebida, el desnudo conel vestido y el enfermo con la cama y descanso, así las almas se huelgan yparticipan de lo que por ellas se hace en el mundo.

 

¡Bendito de Dios sea, prosiguió el ángel, el que enel mundo ayuda las almas con sus oraciones y con el trabajo de su cuerpo! Puesno puede mentir la justicia de Dios que dice, que las almas, o han depurificarse después de la muerte con la pena del purgatorio, o han de serayudadas con las obras buenas de sus amigos y de la Iglesia, para que salganmás presto.

Después de esto, oyéronse muchas voces desde elpurgatorio que decían: Señor mío Jesucristo, justo Juez, envía tu amor a losque tienen potestad espiritual en el mundo, y entonces podremos participar másque ahora de su canto, lección y oblación.

 

Encima de donde salían estos clamores había comouna casa, en la cual se oían muchas voces que decían: ¡Dios se lo pague aaquellos que nos ayudan y suplen nuestras faltas. En la misma casa parecíanacer la aurora, y debajo de ésta apareció una nube que no participaba de laclaridad de la aurora, de la cual salió una gran voz que dijo: Oh Señor Dios,da de tu incomprensible poder ciento por uno a todos los que en el mundo nosayudan y nos elevan con sus buenas obras, para que veamos la luz de tuDivinidad, y gocemos de tu presencia y divino rostro.

 

 

Continúa la materia de la revelaciónanterior sobre el purgatorio.

 

                  Capítulo 7

 

Aquella alma, dice el ángel a santa Brígida, queviste y oíste sentenciar, está en la más grave pena del purgatorio. Y esto loha ordenado Dios así, porque presumía mucho de discreto e inteligente en cosasde mundo y de su cuerpo; pero de las espirituales y de su alma no hacía caso,porque estaba muy olvidado de lo que debía a Dios y lo menospreciaba. Por esosu alma padece el ardor del fuego y tiembla de frío; las tinieblas la tienenciega, y la horrible vista de los demonios temerosa, y la vocería y clamoreo delos demonios la tienen sorda, interiormente padece hambre y sed, yexteriormente se halla vestida de confusión y vergüenza.

 

Pero después que murió le ha concedido Dios unamerced, y es que no la atormenten ni toquen los demonios, porque solo la honrade Dios perdonó graves injurias a sus mayores enemigos, e hizo amistades conuno cuya enemistad era de muerte.

Todo el bien que hizo y todo lo que prometió y dióde los bienes bien adquiridos, y principalmente las oraciones de los amigos deDios, disminuyen y alivian su pena, según está determinado por la justicia deDios. Pero en cuanto a lo que dió de los otros bienes no bien adquiridos,aprovecha en particular a los que justamente los poseían antes, o les aprovechaen su cuerpo, si son dignos de ello, según la disposición de Dios.

 

 

Es terminación de las dos anteriores,sobre el mismo asunto.

 

                  Capítulo 8

 

Ya has oído, le dice el ángel a santa Brígida, cómopor los ruegos de los amigos de Dios tuvo antes de morir aquella almacontrición de sus pecados, nacida del amor de Dios, la cual contrición la libródel infierno. Así, pues, la justicia de Dios lo sentenció a que ardiese en elpurgatorio por seis períodos de tiempo, como los que él había vivido, desde quea sabiendas cometió el primer pecado mortal hasta el momento en que por amor deDios se arrepintió con fruto, a no ser que recibiese auxilio del mundo y de losamigos de Dios.

 

El primer período se comprende aquel en que no amóa Dios por su divina pasíon y muerte, y por las muchas tribulaciones que elSeñor sufrió solamente por la salud de las almas. El segundo es el que no amósu alma como debería hacerlo un cristiano, ni daba gracias a Dios por haberrecibido el bautismo, y porque no era judío ni pagano. El tercero abrazó aquelen que sabiendo bien lo que Dios había mandado, tuvo poco deseo de hacerlo. Elcuarto aquel en que sabía bien lo que Dios había prohibido a los que quisiesen iral cielo, atrevidamente hizo eso mismo que le estaba vedado, dejándose llevarde su afecto carnal y desoyendo la voz de su conciencia. El quinto fué aquel enque no usó de la gracia que se le ofrecía, ni de la confesión, como pertenecíaa su estado, teniendo tanto tiempo para ello.

 

Y el sexto comprende aquel en que recibía con pocafrecuencia el cuerpo de Jesucristo por no dejar de pecar, ni tuvo caridad alrecibirlo sino al final de su vida.

Vió luego santa Brígida un hombre modesto convestiduras blancas y resplandecientes a modo de sacerdote, ceñido con una fajade lino y con una estola encarnada al cuello y por debajo de los brazos, elcual le dijo a santa Brígida: Tú, que esto estás viendo, advierte y retén en lamemoria lo que ves y oyes. Vosotros los que en el mundo vivís, no podéisentender el poder de Dios y sus eternos decretos como nosotros que estamos conél, porque las cosas que ante Dios se hacen un solo momento, ante vosotros nopueden comprenderse sino con muchas palabras y semejanzas según el orden delmundo.

 

Yo soy uno de aquellos a quienes este hombresentenciado al purgatorio ayudó en vida con sus limosnas. Y así me ha concedidoDios por su amor que si alguno quisiere hacer lo que yo le dijere, ese pondríaesta alma en lugar mucho menos penoso, donde tuviera su verdadera forma y nosintiese ninguna pena, sino la que padeciera el que hubiese tenido unaenfermedad mortal y no sintiese ya dolor alguno y estuviese como un hombre sinfuerzas, y sin embargo se alegrase porque sabía muy de positivo que había dellegar a la vida eterna. Y lo que se ha de hacer es, que como le oíste aquelloscinco clamores y ayes, se hagan por él cinco cosas que lo consuelen.

El primer ¡ay! fué de lo poco que había amado aDios, y para remedio de éste se den de limosna treinta cálices, en los que seofrezca la sangre de Jesucristo y se honre más a Dios.

 

El segundo ¡ay! fué de que temió poco a Dios, ypara remedio de éste se busquen treinta devotos sacerdotes que digan cada unotreinta misas, y todos rueguen con mucho fervor por el alma de este hombre,poderoso un día en la tierra, a fin de que se aplaque la ira de Dios, y sujusticia se incline a la misericordia.

El tercer ¡ay! y su pena es por la soberbia ycodicia. Para éste lávense los pies a treinta pobres con mucha humildad, ydénle limosna de dinero, comida y vestido, y rueguen ellos y el que se los lavaa nuestro Señor, que por su humildad y pasión perdone a esta alma su soberbia ycodicia.

El cuarto ¡ay! fué por la sensualidad de su carne,y para éste, el que dotase una doncella y una viuda en un monasterio, y casaseuna joven, dándoles lo suficiente para su matrimonio, alcanzará que Diosperdone a esa alma el pecado que en la carne había cometido. Porque esos sontres estados de vida que Dios eligió y mandó que hubiese en el mundo.

 

El quinto ¡ay! es porque cometió bastantes pecados,poniendo en tribulación a muchos, como el que cometió cifrando todo su empeñoen que se casaran esos dos ya referidos, no pudiendo por ser parientes; perohizo se verificase este casamiento, más por su capricho que por el bien delreino, y se llevó a cabo sin licencia del Papa, contra la loable disposición dela santa Iglesia. Con este motivo fueron atormentados y martirizados muchos,porque no querían pasar por tal casamiento, que era contra Dios, contra susanta Iglesia y contra las costumbres de los cristianos.

 

Si alguno quiere borrar ese pecado, ha de ir alPapa y decirle: Cierta persona, sin expresar su nombre, cometió tal pecado,pero al final de su vida se arrepintió, mas no había hecho satisfacción por él.Imponedme a mí la penitencia que queráis y que pueda yo tolerar, porque mehallo dispuesto a enmendar por él este pecado. Y aunque no le dé en penitenciamás que un Pater Noster, le aprovechará a esa alma para disminuir su pena en elpurgatorio.

 

 

La gloriosa santa Inés se aparece a santaBrígida, bendiciendo y dando alabanzas a la Virgen María.

 

                  Capítulo 9

 

Oh María, Madre y Virgen de las vírgenes, dicesanta Inés a nuestra Señora; con muy justa razón puedes llamarte auroraalumbrada por el verdadero sol Jesucristo. Mas no te llamo aurora por tuprosapia real, ni por riquezas y honores, sino por tu humildad, por la luz detu fe y por tu singular voto de castidad. Tú eres la que anuncia y engendra alverdadero sol; tú eres la alegría de los justos; tú eres la que ahuyentas losdemonios; tú el consuelo de los pecadores. Ruégote, pues, por aquellas bodasque a estas horas celebró Dios contigo, que esta tu hija pueda ser estable enhonrar y amar a tu Hijo.

 

Declara por esta que nos oye, dijo la Virgen, cómoentiendes esas bodas.

Tú, Señora, dijo santa Inés, juntamente eres Madre,Virgen y esposa, porque a esta hora se celebraron en ti las bodas con gransolemnidad, cuando Dios se hizo hombre en tus entrañas, sin confusión ni diminuciónde su divinidad. También se juntaron en ti el ser Virgen y Madre sin lesión detu virginidad, y a un mismo tiempo fuiste Madre e hija de tu Creador. Tal díacomo hoy engendraste temporalmente al que siendo desde la eternidad engendradopor el Padre, hizo con él todas las cosas. Pues el Espíritu Santo estuvo en ti,y fuera de ti, y a tu alrededor, y fué el que obró el misterio de laEncarnación, cuando diste tu consentimiento al mensajero de Dios; y el mismoHijo de Dios que nació de ti, ya estaba contigo antes que llegara a ti sumensajero.

 

Por tanto, señora, te ruego tengas misericordia deesta tu hija que nos oye, que es como una pobre que vivía en una alquería alpie de un monte, la cual amó tanto al señor que habitaba en el monte, que lopoco que tenía, como una gallina o un ánade, lo ofrecía por amor al señor delmonte, y éste le dijo: Tengo abundancia de todas las cosas y no necesito nadatuyo; pero quizá me ofreces lo poco para que yo te dé mayor retribución. No,señor, contestó la pobre; no os lo ofrezco por eso, ni porque tengáis necesidadde ello, sino porque me habéis dejado vivir a la ladera de vuestro monte, envuestra compañía; y siendo yo tan pobre habéis querido que me honren vuestroscriados, y así os ofrezco esto poco que me sirve de consuelo, para que veáisque si yo pudiese haría cosas mayores, y para no ser ingrata a vuestrosbeneficios. Pues me amas tanto, le dijo el señor, quiero que dejes el valle yladera del monte y te subas a lo alto de él conmigo, y a ti y a todos los tuyosos daré con que os sustentéis. Lo mismo ha hecho esta tu hija; por amor tuyodejó lo poco que tenía, que era el amor del mundo y de sus hijos. A tu piedadcorresponde ahora mirar por ella.

 

Hija, persevera en lo comenzado, dijo la Virgen asanta Brígida, que yo rogaré a mi Hijo, el cual te proveerá de todo lonecesario y te subirá consigo al monte, donde le sirven millares de millares deángeles; pues si se contaran todos los hombres nacidos desde Adán hasta elúltimo que ha de nacer al acabarse el mundo, resultaría que para cada hombre sepodrían contar más de diez ángeles. El mundo es como una olla: el fuego y laceniza que están debajo de ella son los amigos del mundo; pero los amigos deDios son la comida regalada que está dentro de la olla. Luego cuando estuvieredispuesta la mesa se le presentará al Señor ese grato manjar, y se deleitarácon él; la olla se romperá; pero nunca se apagará el fuego.

Autora: Santa Brígida de Suecia

Transcrito por: Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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