S?bado, 06 de marzo de 2010
DOCUMENTOS HISTORICOS DE LA IGLESIA- CONCILIOS ECUMÉNICOS

El patrimonio documental del Archivo Secreto Vaticano suscita gran interés universal, tanto por los documentos relativos a la historia general de la civilización cristiana desde la Edad Media hasta nuestros días, como por aquellos relativos a la historia de cada nación; en el caso de algunos países, los documentos vaticanos son los más antiguos, los primeros con los que comienza su historia nacional.

   Actualmente, en el Archivo Secreto Vaticano se conservan más de 630 fondos archivísticos distintos equivalentes a una extensión de aproximadamente 85 kilómetros lineares de estantes que cubren un arco cronológico prácticamente continuo de más de 800 años de historia.

   El documento más antiguo data de finales del siglo VIII, mientras que también se conserva una serie prácticamente ininterrumpida de documentación a partir del año 1198.

   El Archivo Vaticano es útil en primer lugar y sobre todo para el Romano Pontífice y su Curia, es decir, para la Santa Sede, (Motuproprio de León XIII del 10 de mayo de 1884).  En 1881 gracias a la magnificencia de León XIII se abrió a la libre consulta de los estudiosos y se convirtió así en el centro de investigaciones históricas más importante del mundo.

TRASUNTO APROBADO POR EL PRIMER CONCILIO DE LYON
Lyon, 13 de julio de 1245

    Pergamino de 622 x 610 mm., (sobre de 52 mm.); bula de plomo colgada del centro del sobre, del que cuelgan otros 40 sellos de cera de otros tantos padres conciliares.
   ASV, A.A., Arm. I‑XVIII, 98, detalle de los sellos

    En los días precedentes a la histórica reunión del Concilio I de Lyon en el que se pronunció la sentencia de deposición del emperador Federico II (17 de julio de 1245) el papa Inocencio IV ordenó la realización de 17 copias solemnes (designadas posteriormente con el término «trasuntos»Gui?o que contenían en total 91 documentos soberanos con el fin de probar y conservar para el futuro la memoria de los derechos reconocidos por el Imperio a la Iglesia hasta ese momento, pero también para condenar, con el emperador perjuro, su concepción política (a partir de la línea 1: universa privilegia et littere, que temporibus retroactis ab imperatoribus et regibus aliisque principibus, nobilibus ac fidelibus christianis Sedi Apostolice sunt concessa, vel missa [...] de verbo ad verbum, nichil addito, mutato vel dempto, transscribi [...] sacro concilio decernimus approbante).

    Las copias fueron redactadas con mucha solemnidad en la cancillería pontificia, siguiendo la forma de las cartas apostólicas, con sello de plomo (bula). La escritura y la disposición de los documentos imperiales o reales introducidos seguía el estilo de los escritos papales para conferirles más autoridad y fuerza probatoria.

   De los 17 duplicados originales que mandó preparar Inocencio IV y de los que a su vez se realizaron otras numerosas copias, de esa época y posteriores, quedan hoy en el Archivo Secreto Vaticano sólo 7, entre los cuales se encuentra el documento aquí reproducido. Éste conserva el texto fiel de tres cartas del rey Andrés II de Hungría enviadas entre 1214 y 1232 a los pontífices Inocencio III, Honorio III y Gregorio IX, en las que el soberano promete obediencia y fidelidad al romano pontífice. El ejemplar, aprobado en el Concilio, lleva el sello pontificio (de plomo) con hilo de seda y 40 sellos de cera de arzobispos y obispos presentes en la asamblea sinodal.


SELLOS de Aimerico Guerrat y de David de Bernham

   Entre los 40 sellos de cera de los prelados presentes en el Concilio aquí se presentan los del arzobispo de Lyon Aimerico Guerrat (1237-1245) y del arzobispo de St. Andrews David de Bernham (1239-1254 aprox.). Se trata de sellos con forma de huso, de cera virgen, pendientes de una trenza de hilos de cáñamo; se encuentra en buen estado de conservación el de Aimerico Guerrat mientras que el de David de Bernham está parcialmente estropeado en el borde izquierdo.

   El sello del arzobispo de Lyon (n. 28 de la serie) mide 75 x 48 mm., y lleva la figura del prelado con las vestimentas pontificias y el mitra, en pie, bendiciendo, con el báculo pastoral en la izquierda (a). La leyenda recita: S(igillum) Aymer(ici) archiepiscopi prime Lug(dunensis) ecc(lesie).

   En el dorso (b) hay un contrasello oval impreso (40 x 25 mm.) que representa la lapidación de S. Esteban, con el verso bíblico: ✠ D(omi)ne ne statuas illis hoc peccatum.

   En el sello de David de Bernham (n. 7 de la serie, 80 x 50 mm.), el arzobispo escocés está representado en pie, pero de perfil girado hacia la derecha, bendiciendo, con vestimentas pontificias y el báculo pastoral en la izquierda. A su espalda hay un sol resplandeciente y una luna creciente (c). En la leyenda: David Dei gratia Sc[ottoru]m episcopi.

(a)
(b)
(c)

DECRETO DE UNIÓN ENTRE LA IGLESIA GRIEGA
Y LA IGLESIA LATINA EMANADO EN EL CONCILIO DE FLORENCIA

Florencia, 6 de julio de 1439


    Pergamino de 751 x 590 mm., (sobre de 30 mm.) en discreto estado de conservación. El documento contiene la bula papal colgada de hilo de seda (rojo y amarillo) e hilo (rosáceo) para el sello imperial (que no parece que se haya colocado nunca en este documento).
   ASV, A.A., Arm. I‑XVIII, 397

   Entre 1438 y 1445 tuvieron lugar en Ferrara, Florencia y Roma fases sucesivas de lo que habitualmente se designa como el Concilio de Florencia. En la ciudad toscana, en especial entre 1439 y 1443, ante la presencia del papa Eugenio IV y el emperador de Oriente Juan VIII Paleólogo, se desarrollaron los trabajos del sínodo que desembocaron en la unión de los griegos y los armenios con los latinos.

   Las cuestiones teológicas que hacían que la Iglesia griega tuviera posturas distintas respecto a la Iglesia romana (la procesión del Espíritu Santo, el término Filioque del Símbolo, la cuestión de la Eucaristía, los Novísimos, la supremacía del papa), gracias entre otras cosas a las doctas exposiciones de los prestigiosos padres latinos (entre éstos el cardenal Besarión) se acercaron considerablemente tras los primeros meses de debate. A finales de junio de 1439 el cardenal Cesarini pudo comunicar a la asamblea conciliar que se había alcanzado la concordia entre latinos y griegos sobre todos los puntos discutidos. Por tanto, faltaba sólo redactar el decreto o «bula» de unión, tarea que se encargó a una comisión mixta latina y griega que trabajó en el texto desde el 28 de junio hasta el 4 de julio.  Posteriormente, se prepararon 5 ó 6 ejemplares del texto establecido, el cual se leyó el 6 de julio en la catedral florentina, tras la misa celebrada por el papa: «Este texto – registran los Practica del concilio – lo leyó en latín el cardenal Giuliano di Santa Sabina [Cesarini], y en griego lo leyó Besarión, arzobispo de Nicea. Nosotros [latinos] abrazamos y besamos las rodillas y la mano derecha del papa; revestidos con los sagrados paramentos nos saludamos los unos a los otros con recíprocos abrazos. Nuestros cantores entonaron el Laetentur coeli y el Gloria».

   Los ejemplares primigenios del decreto de unión (en latín y en griego) fueron firmados y se les colocó el sello correspondiente del papa y del emperador; contenían también las firmas de muchos de los padres sinodales presentes (uno de estos valiosos documentos de los más completos que poseemos se encuentra en la Biblioteca Laurenziana de Florencia). Inmediatamente después de la publicación y la lectura solemne del decreto de unión se prepararon numerosos otros ejemplares para expedir a las Iglesias de rito latino y griego con el fin de difundir la noticia de que se había alcanzado la unidad; algunos de estos documentos fueron firmados y sellados nuevamente por el pontífice y el emperador, así como por los prelados todavía presentes en Florencia.

   Dos de los ejemplares secundarios se conservan en el Archivo Secreto Vaticano y otros en la Biblioteca Vaticana, en Bolonia, París, Karlsruhe, Londres, Florencia (Archivo de Estado) y Venecia. Nuestro documento es uno de los originales elaborados en Florencia tras la proclamación de la unión; contiene la«Rota» pontificia (con la leggenda de Eugenio IV:   + Adiutor et protector meus es tu Domine, ne derelinquas me Deus), la firma del papa (Ego Eugenius catholice ecclesie episcopus ita diffiniens subscripsi), la del emperador Juan VIII Paleólogo, que siguiendo la práctica bizantina es en cinabrio, y por último otras 36 firmas de otros tantos padres sinodales. En el documento se ha colocado la bula papal mediante hilo de seda (rojo y amarillo) y se debía colocar también el sello imperial (de oro) para el cual ya se había preparado el cordoncillo (rosáceo); sin embargo, no parece que haya habido manera o tiempo para llevar a cabo este sellado a juzgar por el perfecto estado del cordoncillo.

   Entre los puntos más significativos de la voluntad de unión que animó tanto a latinos y griegos quizá se encuentre el que leemos en la primera parte del decreto, donde se hace referencia a las dificultades materiales que superaron los orientales para llegar a Florencia, movidos por el deseo de la antigua unidad católica (parte izquierda, a partir de la línea 8: Ecce enim Occidentales Orientalesque patres post longissimum dissensionis atque discordie tempus, se maris ac terre periculis exponentes, omnibusque superatis laboribus, ad hoc sacrum ycumenicum concilium desiderio sanctissime unionis et antique caritatis reintegrande gratia, leti alacresque convenerunt).



BULA «HUMANA E SALUTIS» DE JUAN XXIII
PARA LA CONVOCACIÓN DEL CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II

Vaticano, 25 de diciembre de 1961


    Expediente de pergamino, 400 x 285 mm., 9 folios, encuadernado en pergamino; en la portada: Concilium Oecumenicum Vaticanum II indicitur. El documento «in forma libelli» contiene una bula de plomo colgada de hilo de seda, de color blanco y amarillo, de dimensiones claramente más modestas que en el pasado (Ø 35 mm.).
  ASV, Instr. Misc., 7934, ff. 1v‑2r

   No hay duda de que uno de los eventos que más ha influido e influye en la vida de la Iglesia del s. XX ha sido el Concilio Vaticano II (1961-1965) con el que prácticamente se identifica el pontificado de Juan XXIII. A diferencia de los anteriores concilios, convocados para afrontar necesidades improrrogables para la vida de la Iglesia (cismas, herejías, desviaciones, etc.), el concilio promovido valientemente por el papa Roncalli nacía de su concepción de la Iglesia como realidad viva en transformación, como signo profético en el mundo.  En la visión eclesiástica del «papa bueno», ya desde los años de su episcopado, se apreciaba la urgencia de reconducir la Iglesia de nuestro tiempo a la pureza evangélica para que el catolicismo y todo el cristianismo (de aquí la convocación en Roma y el concilio de «observadores» laicos y representantes de las Iglesias cristianas separadas) salieran, con un compromiso y un esfuerzo común, de una larga época histórica que al profético papa Roncalli le parecía que ya había terminado y que no tenía futuro. Gradualmente, Juan XXIII llegó al proyecto de un concilio ecuménico, sin duda inesperado y no del todo grato en la Curia romana, al parecerle a ésta una empresa desesperada o arriesgada, pero que la robusta fe del papa logró hacer posible y fecunda.

   En el proemio de la bula de convocación se manifiesta ya la matriz teológica de la profecía de Juan XXIII, la fuerte fe en la presencia de Cristo en su Iglesia y el optimismo evangélico del papa (parte derecha, a partir de la quinta línea: Humanae salutis reparator Christus Iesus, qui, antequam in caelum ascenderet a se electis Apostolis mandatum dedit, ut Evangelii lumen gentibus universis inferrent, iisdem pariter, ut credito ipsis muneri auctoritatem et firmamentum adderet, illud   prolixe  pollicitus est:«Ecce ego vobiscum sum omnibus diebus usque ad consummationem saeculi»Gui?o. La bula contiene la Rota, la firma autógrafa del pontífice (Ego Ioannes Catholicae Ecclesiae episcopus) y las firmas de 62 cardenales, entre las cuales se encuentra la del cardenal Montini, sucesor del papa Juan (ff. 6r-9v).

   En la parte izquierda del documento hay algunas ilustraciones: en un rectángulo dividido en recuadros, ramas de olivo, de trigo y de vid, los símbolos de los cuatro evangelistas a los lados y el escudo del papa en el centro. Alrededor del dibujo, a partir del margen izquierdo externo, los nombres de los anteriores concilios ecuménicos.

Fuente: Archivo Secreto Vaticano
Transcrito por: Cristobal Aguilar.
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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