Domingo, 28 de febrero de 2010
PROFECÍAS Y VISIONES DE SANTA BRÍGIDA DE SUECIA - CONCLUSIÓN 3 LIBRO

Aquí os traigo la conclusión del 3 libro de Santa Brígida de Suecia. EL AUTOR DEL BLOG.














                   Capítulo 18

 

La Madre habla a la novia, diciendo: “Te dije que todos aquellos que pertenecen a la Regla de Domingo están bajo mi manto. Ahora vas a oír precisamente cuántos son. Si Domingo descendiera del lugar de deleites donde goza de verdadera felicidad  y gritara como sigue: 'Mis queridos hermanos, vosotros, mis seguidores, hay cuatro cosas buenas reservadas para vosotros: honor en retribución a la humildad, riquezas infinitas en retribución a la pobreza, satisfacción sin hastío en retribución a la continencia, eterna vida en retribución a la contención del mundo,' a duras penas le escucharían. Por el contrario, si el diablo de repente apareciera desde su agujero y proclamase cuatro cosas diferentes, y dijera: 'Domingo os prometió cuatro cosas. Mirad aquí lo que tengo en mi mano.

 

Ofrezco honores, tengo riqueza en mi mano, instantánea gratificación hay aquí, el mundo será delicioso de disfrutar. ¡Tomad lo que os ofrezco, entonces! ¡Usad estas cosas que son seguras! ¡Llevad una vida de alegría de manera que después de la muerte podáis regocijaros juntos!' Si estas dos voces sonaran en el mundo, más personas correrían a la voz del ladrón y del demonio que a la voz de Domingo, mi gran y buen amigo. ¿Qué diré de los frailes de Domingo?

Aquellos que están en esta Regla son en verdad pocos, menos aún que aquellos que siguen sus huellas imitándole. Porque no todos escuchan la voz única, porque no todos son de una y la misma manera - no en el sentido de que no todos vienen de Dios o de que no todos pueden ser salvados, si quieren, sino en el sentido de que no todos escuchan la voz del Hijo de Dios diciendo: '¡Venid a mí y os refrescaré, dándome a mí mismo a vosotros!'

 

Pero, ¿que diré de aquellos frailes que persiguen el episcopado por razones mundanas? ¿Pertenecen ellos realmente a la regla de Domingo? Ciertamente no. ¿O son aquellos que aceptan el episcopado por una buena razón excluidos de la Regla de Domingo? Desde luego que no. El bendito Agustín vivió según la Regla antes de convertirse en obispo, pero cuando era obispo no abandonó su regla de vida, aunque alcanzó los más altos honores. Pues aceptó el honor con reluctancia, y ello no le trajo más confort sino más trabajo, porque cuando vio que podía  hacer bien a las almas, alegremente abandonó sus propios deseos y confort físico en honor de Dios con el fin de ganar más almas para Dios. De acuerdo con esto, aquellos hombres que aspiran y aceptan el episcopado para ser de mayor beneficio a las almas, sí que pertenecen a la Regla de Domingo. Su recompensa será doble, tanto a causa de la noble orden que han tenido que dejar y a causa de la carga del oficio episcopal al cual fueron llamados.

Juro por ese Dios por quien los profetas juraron, que no juraron su propio juramento en impaciencia sino porque tomaron a Dios como testigo a sus palabras.

Del mismo modo, por el mismo Dios declaro y juro que a aquellos frailes que han escarnecido la regla de Domingo vendrá un feroz cazador con feroces perros. Es como si un sirviente dijera a su señor: 'Han venido a tu jardín muchas ovejas cuya carne está envenenada, cuyas lanas están enmarañadas de mugre, cuya leche es inútil, y que son muy insolentes en sus lujurias. Mándalas ser sacrificadas, para que no haya escasez de pasto para las ovejas provechosas y para que las buenas ovejas no sean confundidas por la insolencia de las malas.'

 

El señor le respondería: 'Cierra las entradas para que sólo aquellas ovejas aprobadas por mí puedan entrar, tales ovejas a las que es justo acoger y nutrir, tales son rectas y pacíficas.' Te diré que algunas de las entradas serán cerradas al principio, pero no todas ellas. Después el cazador vendrá con sus perros de caza y no guardará sus lanas de las flechas ni sus cuerpos de las heridas hasta que sus vidas hayan sido exterminadas. Entonces los guardas vendrán y cuidadosamente inspeccionarán y examinarán la clase de oveja que sea admitida al pasto del Señor.”

 

La novia dijo en contestación: “Mi Señora, no se enfade si le hago una pregunta.

Dado que el Papa relajó la austeridad de la regla para ellos, ¿deberían ellos ser censurados por comer carne o algo más colocado ante ellos?” La Madre respondió: “El Papa, tomando en consideración la debilidad e inadecuación de la naturaleza humana, como fue expuesto por algunos, razonablemente les permitió comer carne para que pudieran ser más capaces de trabajar y más fervientes en la predicación, no porque ellos pudieran parecer vagos y laxos. Por esta razón, excusamos al Papa por permitirlo.” Entonces la novia dijo: “Domingo organizó un hábito hecho ni del mejor ni del peor tejido, sino algo entre los dos. ¿Deberían ser censurados por vestir ropas más finas?” La  Madre respondió: “Domingo, quien dictó su regla inspirado por el Espíritu de mi Hijo, prescribió que no deberían tener ropa hecha de materiales mejores o más caros para no ser criticados y marcados por vestir un fino y caro hábito y volverse orgullosos a causa de ello.

 

Él también estableció que no deberían tener ropa hecha del material más pobre o basto para no ser demasiado molestados  por la aspereza de su ropa cuando descansasen después del trabajo. En lugar de eso, estipuló que tuvieran ropa de una calidad moderada y adecuada sobre la que no pudieran volverse orgullosos o sentir vanidad, sino que les mantuviera protegidos del frío y salvaguardase su continuo progreso en una vida de virtud. Por tanto, nosotros elogiamos a Domingo por sus recomendaciones pero reprendemos a aquellos frailes suyos que hacen cambios en sus hábitos en honor de la vanidad en vez de en honor de la utilidad.”

 

De nuevo la novia dijo: “¿Deberían aquellos frailes que construyeron altas y suntuosas iglesias para tu Hijo ser reprendidos? ¿O ellos han de ser censurados y criticados si piden muchas donaciones para construir tales edificios?” La Madre respondió: “Cuando una iglesia es suficientemente amplia para abrigar a toda la gente que entra en ella, cuando sus muros son lo suficientemente altos para que la gente que entra en ella no se amontone, cuando sus muros son suficientemente gruesos y fuertes para resistir cualquier viento, cuando su tejado es suficientemente tenso y firme para no permitir goteo, entonces     ellos la han construido suficientemente. Un corazón humilde en una iglesia humilde es más agradable a Dios que altos muros dentro de los cuales hay cuerpos pero los corazones quedan fuera. De acuerdo con esto, ellos no tienen necesidad de llenar sus pechos de oro y plata  para los trabajos de construcción, pues no hizo a Salomón ningún bien haber construido tan suntuosos edificios cuando él se descuidó en amar a Dios, por el cual habían sido construidos.”

 

Tan pronto como estas cosas habían sido dichas y oídas, el obispo más anciano, que anteriormente se dijo que había muerto, gritó diciendo: “¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Mi mitra ha desaparecido! Lo que estaba escondido bajo ella ahora puede ser visto. ¿Dónde está ahora el honorable obispo? ¿Dónde está el venerable sacerdote? ¿Dónde está el pobre fraile? Se ha ido con el obispo que fue ungido con óleo por su oficio apostólico y su vida de pureza. Es olvidado el esclavo de estiércol manchado de grasa. Se ha ido el sacerdote que estaba consagrado por santas palabras para ser capaz de transformar pan inanimado e inerte en el Dios vivo. Olvidado es el traidor embustero que codiciosamente vendió a aquel que redimió a todos los hombres en su amor.

 

Ido es el pobre fraile que renunció al mundo a través de su voto. Ahora yo permanezco condenado por mi orgullo y ostentación. Aunque estoy compelido a decir la verdad: Aquel que me condenó es un justo juez. Él habría preferido liberarme a través de una muerte tan amarga como aquella que Él sufrió cuando fue colgado en el madero de la Cruz que no que yo recibiera tal condenación como ahora experimento – pero su justicia, que Él no puede contravenir, habló contra ello.”

 

 

La respuesta de la novia a Cristo sobre cómo ella es afligida por varios pensamientos inútiles, y sobre cómo no puede librarse de ellos, y la respuesta de Cristo a la novia sobre por qué Dios permite esto, y sobre la utilidad de tales pensamientos y miedos respecto a su recompensa, si ella detesta los pensamientos y tiene un temor prudente de Dios, y sobre cómo no debe restarle importancia al pecado venial no sea que éste lleve al pecado mortal.

 

                   Capítulo 19

 

El Hijo habla a la novia: “¿Sobre qué estás preocupada y ansiosa?” Ella respondió: “Soy afligida por varios pensamientos inútiles de los que no puedo librarme, y oír acerca de tu terrible juicio me inquieta.” El Hijo respondió: “Esto es verdaderamente justo. Antes encontrabas placer en deseos mundanos contra mi voluntad, pero ahora se permite a diferentes pensamientos venir a ti contra tu voluntad.

 

Pero ten un prudente temor de Dios, y pon gran confianza en mí, tu Dios, sabiendo seguro que cuando tu mente no siente placer en pensamientos pecadores sino que lucha contra ellos porque los detesta, entonces se convierten en una purgación y una corona para el alma. Pero si sientes placer en cometerlos, incluso un leve ligero pecado, que sabes que es pecado, y haces eso confiando en tu propia abstinencia y presumiendo de gracia, sin hacer penitencia y reparación por ello, has de saber que puede convertirse en un pecado mortal. De acuerdo con esto, si algún placer pecador de cualquier clase viene a tu mente, debes enseguida pensar sobre a dónde lleva y arrepentirte. Después de que la naturaleza humana fue debilitada, el pecado con frecuencia ha surgido de la debilidad humana. No hay nadie que no peque al menos venialmente, pero Dios en su misericordia ha dado a la humanidad el remedio de sentir pena por cada pecado así como ansiedad sobre no haber hecho suficiente reparación de los pecados por los que uno ha hecho reparación.

 

Dios nada odia tanto como cuando sabes que has pecado pero no te importa, confiando en tus otras acciones meritorias, como si, a causa de ellas, Dios aguantase tu pecado, como si no pudiera ser glorificado sin ti, o como si Él te dejara hacer algo malvado con su permiso, viendo todas las buenas acciones que has hecho, pues, incluso si hicieras un centenar de buenas obras por cada una de las malvadas, aún así no eres capaz de pagar a Dios en devolución por su bondad y amor. Así que, entonces, mantén un temor racional de Dios e, incluso si no puedes evitar esos pensamientos, entonces por lo menos sopórtalos pacientemente y usa tu voluntad para luchar contra ellos. No serás condenado porque entren en tu cabeza, a menos que sientas placer en ellos, pues no está dentro de tu poder evitarlos.

 

De nuevo, mantén tu temor de Dios para no caer a través del orgullo, incluso aunque no consientas los pensamientos. Cualquiera que permanece firme permanece por el solo poder de Dios. Así  el temor de Dios es como el puente al cielo. Muchos hay que han caído de cabeza en sus muertes, porque se han vaciado de temor de Dios y entonces se sintieron avergonzados de hacer confesión ante los hombres, aunque ellos no habían sentido vergüenza de pecar ante Dios. Por tanto, me negaré a absolver el pecado de una persona que no se ha preocupado lo bastante de pedir mi perdón por un pequeño pecado. De esta manera, los pecados se aumentan a través de la práctica habitual, y un pecado venial que podía haber sido perdonado a través de contrición se convierte en uno serio a través de la negligencia y desdén de una persona, como puedes deducir del caso de esta alma que ya ha sido condenada.

 

Después de haber cometido un pecado venial y un pecado perdonable, él lo aumentó mediante la práctica habitual, confiando en sus otras obras buenas, sin pensar que Yo podría tomar los pecados menores en cuenta. Capturado en una red de habitual y excesivo placer, su alma ni corrigió ni refrenó su intención pecadora, hasta el día en que su sentencia se presentó a las puertas y su momento final se estaba aproximando. Es por esto que, como el fin se aproximaba, su consciencia fue de repente agitada y dolorosamente afligida porque iba a morir pronto y tenía miedo de perder el poco bien temporal que amaba. Incluso hasta el momento final de un pecador Dios le tolera, esperando para ver si va a dirigir su libre voluntad lejos de su apego al pecado.

 

Sin embargo, si la voluntad del alma no es corregida, esa alma es entonces reducida a un fin sin fin. Lo que ocurre es que el demonio, sabiendo que cada persona será juzgada de acuerdo con su consciencia e intención, trabaja poderosamente al final de la vida para distraer el alma y alejarla de la rectitud de intención, y Dios permite que ocurra, pues el alma se negó a permanecer vigilante cuando debería haberlo estado.

 

Además, no te vuelvas confiado y presuntuoso, si llamo a alguno mi amigo o sirviente como una vez llamé a este hombre. También llamé a Judas amigo y a Nabucodonosor sirviente. Yo mismo dije: 'Vosotros sois mis amigos si seguís mis mandamientos.' De la misma manera, digo ahora: 'La gente que me imita son mis amigos; aquellos que me persiguen por despreciar mis mandamientos son mis enemigos.' Después de que había sido dicho que Yo había encontrado un hombre según mi propio corazón, ¿acaso no cometió David el pecado de asesinato? Salomón, que recibió tan maravillosos regalos y promesas, pecó contra la bondad y, debido a su ingratitud, la promesa fue cumplida no en él sino en Mí, el Hijo de Dios.

 

De acuerdo con esto, así como cuando te dicté una fórmula de cierre al final, también añadiré esta fórmula de cierre a mi locución: si cualquiera hace mi voluntad y abandona la suya, recibirá la herencia de la vida eterna. Aquel que oye mi voluntad pero no persevera en hacerla, acabará como el sirviente más desagradecido e inútil. Sin embargo, no has de perder la esperanza, si Yo llamo a cualquiera enemigo, pues tan pronto como un enemigo cambia su voluntad a mejor será un amigo de Dios. No estaba Judas junto a los doce cuando dije: 'Vosotros, mis amigos, que habéis seguido mi voluntad también os sentaréis en doce tronos.' En aquel tiempo Judas estaba en verdad siguiéndome, pero no se sentará con los doce. ¿De qué modo, entonces, han sido cumplidas las palabras de Dios? Yo respondí: Dios, que ve el corazón de las personas y sus voluntades juzga y recompensa de acuerdo con lo que ve.

 

Un ser humano juzga de acuerdo con lo que ella o él ve en la superficie. Por tanto, con objeto de que ninguna persona buena se torne orgullosa o cualquier mala persona pierda la esperanza, Dios ha llamado tanto a buenos como a malos al apostolado, así como cada día llama a buenos y malos a más alto rango para que todos cuyo modo de vida está de acuerdo con su oficio sean glorificados en la eternidad. Aquel que asume el honor pero no la carga es glorificado a tiempo y perece en la eternidad. Porque Judas no me siguió con corazón perfecto, las palabras 'vosotros que me habéis seguido' no se aplican a él, puesto que no perseveró hasta el punto de recompensa. Sin embargo, las palabras se aplican a aquellas personas que iban a perseverar tanto entonces como en el tiempo por venir, por el Señor, porque aquel a quien todas las cosas presentan, a veces dice cosas en tiempo presente que se aplican al futuro, y a veces habla sobre cosas que van a cumplirse como si ellas ya hubieran sido cumplidas. A veces, también, Él mezcla pasado y futuro y usa el pasado en lugar del futuro, de modo que nadie pueda presumir analizar el inmutable propósito de la Trinidad.

 

Escucha aquí una cosa más: 'Muchos son llamados pero pocos son escogidos.' Este hombre fue llamado al episcopado pero no fue escogido, porque demostró ser desagradecido a la gracia de Dios. De ahí que, él es un obispo de nombre pero es indigno de su servicio y es enumerado entre aquellos que descienden pero no se levantan otra vez.”

 

ANEXO

 

El Hijo de Dios habla: “Hija, te estás preguntando por qué un obispo murió pacíficamente, pero el otro murió de una horrible muerte cuando el muro cayó y le aplastó totalmente, y él sobrevivió un poco pero con una gran cantidad de dolor. Yo te respondo: la Escritura dice - no en vano, Yo mismo lo he dicho - que el justo, no importa de qué clase de muerte muera, está en las manos de Dios, pero la gente mundana considera una persona justa solamente si su partida es pacífica y sin dolor o vergüenza. Dios, sin embargo, reconoce como justo a aquel que ha demostrado permanecer en templanza de manera perdurable o que ha sufrido por el amor de la rectitud. Los amigos de Dios sufren en este mundo con objeto de recibir un menor castigo en el futuro o para ganar una más magnífica corona en el cielo.

 

Pedro y Pablo murieron en honor de la rectitud, aunque Pedro murió de una muerte más dolorosa que Pablo, porque amó la carne más que Pablo; él también tuvo que ser más conformado a Mí a través su dolorosa muerte pues ostentó la primacía de mi iglesia. Pablo, sin embargo, como tenía un mayor amor por la continencia y porque había trabajado más duro, murió por la espada como un noble caballero, pues Yo preparo todas las cosas de acuerdo al mérito y la medida. Así, en el juicio de Dios, no es el modo en que la persona acaba su vida o su horrible muerte lo que las lleva a su recompensa o a condenación, sino su intención y voluntad. El caso es similar en lo que respecta a aquellos dos obispos. Uno de ellos sufrió más dolorosamente y murió de una muerte más terrible. Esto redujo su castigo, aunque no le sirvió para ganar la recompensa de la gloria, porque no sufrió con una correcta intención. El otro obispo murió en gloria, pero fue debido a mi oculta justicia y no le ayudó a ganar una eterna recompensa, porque no rectificó su intención mientras estaba vivo.”

 

 

Las palabras de la Madre a la hija sobre cómo el talento representa los dones del Espíritu Santo, y sobre cómo San Benedicto acrecentó los dones del Espíritu Santo a él entregados, y sobre cómo el Espíritu Santo y el espíritu demoníaco entran en el alma humana.

 

                   Capítulo 20

 

La Madre habla: “Hija, está escrito que el hombre que recibió cinco talentos ganó otros cinco. ¿Qué significa un talento sino un don del Espíritu Santo? Algunos reciben conocimiento, otros, riqueza, otros contactos prósperos. Sin embargo, todos deben producir dobles beneficios al Señor; por ejemplo, en lo que respecta al conocimiento, viviendo útilmente para sí mismos e instruyendo a los otros; en lo que respecta a riqueza y otros dones, usándolos racional y caritativamente ayudando a otros. De esta manera el buen abad Benedicto acrecentó el don de la gracia que él había recibido al desdeñar los bienes que son efímeros, por forzar a su cuerpo a servir a su alma, por no anteponer nada a la caridad. Ansioso por no permitir que sus oídos fueran corrompidos por conversaciones vanas ni sus ojos por ver placenteras vistas, él huyó al desierto en imitación de aquel hombre que, cuando aún no había nacido, reconoció la venida de su querido Salvador y exultó de gozo en el seno de su madre.

 

Benedicto habría ganado el cielo sin el desierto, tan muerto estaba el mundo para él y tan completamente lleno de Dios su corazón. Sin embargo, le agradó a Dios llamar a Benedicto a la montaña para que muchos vinieran a conocerle y muchos fueran inspirados por su ejemplo a buscar una vida de perfección. El cuerpo de este hombre bendito era como un saco de tierra que encerraba el fuego del Espíritu Santo y dejaba fuera de su corazón el fuego del demonio. El fuego físico es encendido por entrambos, aire y aliento del hombre. Similarmente, el Espíritu Santo entra en el alma humana, sea a través de inspiración personal o por elevar la mente a Dios a través de alguna acción humana o locución divina. El espíritu del demonio asimismo visita a su propia gente. Sin embargo, los dos espíritus difieren inconmensurablemente, porque el Espíritu Santo hace al alma fervorosa en su búsqueda de Dios pero no provoca ardor en su cuerpo. Hace resplandecer su luz en pureza y modestia pero no oscurece la mente con el mal. El mal espíritu, por otro lado, provoca que la mente arda de deseos carnales y la amarga terriblemente. Oscurece el alma haciéndola irreflexiva y la empuja sin remordimiento hacia las cosas terrenales.

 

Para que el buen fuego que estaba en Benedicto pudiera prender en muchas personas, Dios le llamó a la montaña y, después de que muchas otras llamas habían sido llamadas junto con él, Benedicto hizo una gran hoguera con ellas por el Espíritu de Dios. Compuso una regla de vida para ellos a través del Espíritu de Dios. A través de esta regla muchas personas han alcanzado la misma perfección que él. Ahora, sin embargo, hay muchos tizones proyectados desde la hoguera de San Benedicto y yacen dispersos por todo lugar, teniendo frialdad en vez de calor, oscuridad en vez de luz. Si fueran reunidos en el fuego, probablemente emitirían fuego y calor.”

 

 

Las palabras de la Madre a la hija, mostrando la grandeza y perfección de la vida de San Benedicto mediante una comparación; también, el alma que alberga fruto mundano es representada como un árbol estéril, el orgullo de la mente como un pedernal, y el frío del alma como cristal; y sobre cómo tres notables chispas emanan de estas tres cosas, es decir, del cristal, el pedernal, y el árbol.

 

                   Capítulo 21

 

La Madre habla: “Te dije antes que el cuerpo del bendito Benedicto fue como un saco que fue disciplinado y gobernando pero no gobernó. Su alma fue como un ángel, emanando mucho calor y llamas. Te mostraré esto por medio de una comparación. Es como si hubiera tres fuegos. El primero de ellos fue encendido con mirra y produjo un dulce olor. El segundo fue encendido en seco. Produjo calientes brasas y una espléndida llamarada. El tercero fue encendido con aceite de oliva. Produjo llamas, luz, y calor. Estos tres fuegos se refieren a tres personas, y las tres personas se refieren a tres estados del mundo.

 

El primero fue el estado de aquellos que reflexionaron sobre el amor de Dios y rindieron sus voluntades en manos de otros. Ellos aceptaron la pobreza y la humildad en lugar del orgullo y vanidad del mundo, y amaron la continencia y la pureza en lugar de la desmesura. Suyo fue el fuego de mirra, pues, así como la mirra es acre pero mantiene a los demonios lejos y aplaca la sed, así también su abstinencia fue acre para el cuerpo pero aplacó sus deseos excesivos y vació todo el poder de los demonios.

 

El segundo estado fue el de aquellos que tenían el siguiente pensamiento: '¿Por qué amamos los honores mundanos? No son nada sino aire que roza nuestras orejas. ¿Por qué amamos el oro? No es nada sino suciedad amarilla. ¿Cuál es el fin del cuerpo sino putrefacción y cenizas? ¿Cómo nos ayuda a desear bienes mundanos?

Todas las cosas son vanidad. Por tanto, viviremos y trabajaremos por un solo propósito, que Dios sea glorificado en nosotros y que otros puedan arder por amor a Dios a través de nuestra palabra y ejemplo.' El fuego de tales personas fue aquel encendido en seco, pues estaban muertos al amor del mundo y todos ellos produjeron ardientes brasas de justicia y la llamarada de la santa evangelización.

 

El tercer estado fue el de aquellos con un ferviente amor por la Pasión de Cristo que anhelaron con todo su corazón morir por Cristo. De ellos fue el fuego del aceite de oliva. La oliva contiene aceite que emite un calor abrasador cuando es quemado de la misma manera, estas personas fueron empapados en el aceite de la divina gracia. Mediante él, produjeron la luz del divino conocimiento, el calor de la ferviente caridad, la fuerza de la recta conducta.

 

Estos tres fuegos se expanden a lo largo y ancho. El primero de ellos fue encendido en eremitas y religiosos, como describió Jerónimo quien, inspirado por el Espíritu Santo, encontró sus vidas maravillosas y ejemplares. El segundo fuego fue encendido en los confesores y doctores de la iglesia, mientras el tercero lo fue en los mártires que despreciaron su propia carne en honor a Dios, y otros que la habrían despreciado si hubieran obtenido ayuda de Dios. El bendito Benedicto fue mandado a gente que pertenecía a estos tres estados o fuegos. Él fusionó los tres fuegos de tal manera que los imprudentes fueran iluminados, los fríos de corazón fueran inflamados, los fervientes se tornaran aún más fervientes. Así, con estos fuegos comenzó la orden Benedictina que guió a cada persona de acuerdo con su disposición y capacidad intelectual a lo largo del camino de la salvación y la eterna felicidad.

 

Desde el saco del bendito Benedicto se esparció la dulzura del Espíritu Santo a través del cual muchos monasterios fueron iniciados. Sin embargo, ahora el Espíritu Santo ha dejado el saco de muchos de sus hermanos, porque el calor de sus cenizas ha sido extinguido y los tizones yacen esparcidos, no emanando ni calor ni luz sino el humo de la impureza y la codicia. Sin embargo, Dios me ha dado tres chispas para traer consuelo a mucha gente. Las tres valen por muchas chispas. La primera chispa fue obtenida con un cristal a partir del calor y luz del sol y ya se ha posado sobre el encendido seco para que se pueda hacer un gran fuego a partir de él. La segunda chispa fue obtenida con pedernal duro.

 

La tercera chispa provino de un árbol estéril cuyas raíces estaban creciendo y que estaba extendiendo su follaje. El cristal, esa piedra fría y frágil, representa el alma que, aunque puede ser fría en su amor a Dios, todavía busca perfección en su corazón y voluntad y ruega por la ayuda de Dios. Su intención la conduce así a Dios y le consigue un incremento de pruebas que la le enfrían las tentaciones básicas, hasta que Dios ilumina su corazón y se posa en el alma ahora vaciada de deseo, de modo que ésta  ya no quiere vivir por nada más sino por la gloria de Dios. El pedernal representa el orgullo. ¿Qué es más duro que el orgullo intelectual de una persona que quiere ser elogiada por todos, pero anhela ser llamada humilde y parecer devota?

 

¿Qué es más repugnante que un alma que se coloca por delante de todos los demás en sus pensamientos y no puede soportar ser reprendida ni enseñada por nadie? No obstante, muchas personas orgullosas ruegan humildemente a Dios que el orgullo y la ambición sean retirados de sus corazones. Dios, por eso, con la cooperación de su buena voluntad, presenta adversidades a sus corazones y a veces consuelos que los separan de las cosas mundanas y los espolean hacia las celestiales. El árbol estéril representa al alma que es alimentada de orgullo y alberga frutos mundanos y desea poseer el mundo y todos sus privilegios.

 

Sin embargo, a causa de que esta alma tiene un miedo de la muerte eterna, arranca muchos de los árboles jóvenes de pecados que de otro modo cometería si no tuviera tal miedo. A causa de su temor, Dios se acerca al alma e inspira su gracia en ella para que el árbol inútil pueda tornarse fructífero. Por medio de tales chispas de fuego, la orden del bendito Benedicto, que ahora parece abyecta y abandonada a mucha gente, debe ser renovada.”

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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