Domingo, 28 de febrero de 2010
IMAGENES PARA MEDITAR - LA ICONOGRAFÍA CRISTIANA

La iconografía cristiana interesa no sólo a la historia del arte, sino también a la historia de la civilización en general, del pensamiento humano y, más particularmente, del sentimiento religioso. Refleja, como un espejo fiel, todos los progresos del pensamiento, todos los matices de la sensibilidad; y así, de la misma manera que una palabra puede tener varias acepciones simultáneas o sucesivas, una imagen puede sugerir, según las épocas, ideas muy diferentes o incluso diametralmente opuestas.

La evolución iconográfica de un tema nos ilustra sobre las variaciones de las creencias, sobre la tensión o la relajación del sentimiento religioso. Existe una semántica icónica que merece un lugar en la jerarquía de las ciencias históricas, análogo al que ocupa la semántica verbal en el campo de las ciencias filológicas.

La iconografía no refleja solamente las creencias: a menudo las crea. Muchas leyendas de santos deben su nacimiento a imágenes a veces mal comprendidas o interpretadas en sentido contrario.

Así pues, la iconografía no es solamente una ciencia auxiliar, sino una ciencia independiente por su objeto y sus métodos que, aun prestando servicio a la arqueología y a la historia del arte, abre horizontes a la historia general de la civilización, a la evolución del pensamiento y del sentimiento religiosos y contribuye, tanto como la estilística, a la comprensión de la vida profunda de las imágenes.

 

LA ICONOGRAFÍA DE DIOS PADRE

LA MANO DE DIOS

El símbolo más antiguo de Dios Padre es una mano que sale de una nube. Es la representación figurada más importante de Dios Padre desde el siglo IV al VIII. ¿Por qué se ha elegido una mano como jeroglífico de Dios? Porque la palabra hebrea iad significa a la vez "mano" y "poder"; en estilo bíblico, "Mano de Dios" es sinónimo de poder divino. La Mano de Justicia que los reyes llevan como insignia de soberanía, con el globo y el cetro, es una supervivencia de esta muy antigua tradición.

Esta mano es siempre la derecha, que por ser la más fuerte tiene preeminencia. Para significar que es una mano divina tiene dimensiones colosales y además está rodeada de un nimbo. A veces proyecta un triple rayo de luz, en alusión a la Trinidad, o aparece en medio de una fuente de relámpagos. En algunos casos la mano hace un gesto: de bendición, de mando o de amenaza. Es una mano hablante que traduce el pensamiento y la voluntad del Señor.

Aparece frecuentemente en las escenas de la ofrenda de Caín y Abel, la orden a Noé de construir el arca, el sacrificio de Isaac, la entrega a Moisés de las Tablas de la Ley y el arrebatamiento del profeta Ezequiel. La mano divina se encuentra también presente en algunas escenas de la vida de Cristo (Bautismo, Transfiguración). En las representaciones de la Ascensión en el arte paleocristiano y de la Alta Edad Media, la mano agarra la mano derecha de Cristo como para ayudarlo en su subida al cielo. Figura también en algunas escenas de vidas de santos.

 

EL PAPA O EL EMPERADOR CELESTE

Bajo la influencia de los autos sacramentales, el arte más realista de fines de la Edad Media representó a Dios Padre con las insignias del papa y del emperador, encarnaciones terrestres de la omnipotencia espiritual y temporal.

Dios aparece entonces en el arte de los siglos XV y XVI sentado bajo palio, tocado con corona imperial o con tiara. En la mano sostiene a veces el globo rematado por una cruz. La asimilación entre Dios y su delegado en la tierra se lleva tan lejos, que en un cuadro del siglo XIV Giovanni da Milano le confiere las llaves como atributo.

 

EL JÚPITER CRISTIANO DEL RENACIMIENTO

En el Renacimiento, por la influencia del retorno a la Antigüedad, el papa celestial fue reemplazado por el Zeus olímpico de los griegos o el Júpiter tonante de los romanos. El nuevo ideal encontró su expresión más sublime en los frescos del techo de la capilla Sixtina, de Miguel Ángel, donde Dios planea sostenido por ángeles.

Rafael se inspiró en los mismos modelos cuando tradujo la Visión de Ezequiel en un estilo apoteótico que recuerda más a Roma que a Nínive.

Domenichino, Guido Reni, Vouet y Poussin se contentaron con imitarles.



Fdo. Cristobal Aguilar.

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