S?bado, 27 de febrero de 2010
EL DIARIO DE SOR FAUSTINA (TERCERA PARTE)

Aquí os traigo una parte más de este interesante diario de Sor Faustina. EL AUTOR DEL BLOG.









                                                                                               Domingo, 28 IV 1935

 

402El primer domingo después de la Pascua de Resurrección, es decir, Fiesta de la Misericordia del Señor, clausura del Jubileo de Redención.  Cuando fuimos a esta solemnidad, el corazón me latía de alegría por estar unidas estas dos solemnidades tan estrechamente.  Pedí a Dios la misericordia para las almas pecadoras.  Cuando terminó el oficio, y el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento para impartir la bendición, súbitamente vi. al Señor Jesús con el mismo aspecto que tiene en esta imagen.  El Señor impartió la bendición y los rayos se extendieron sobre todo el mundo.  De repente vi. una claridad inaccesible en forma de una habitación de cristal, tejida de ondas de luz impenetrable (175) a cualquier criatura o espíritu.  Para entrar en la claridad [había] tres puertas y en ese instante Jesús, con el mismo aspecto que tiene en la imagen, entró en aquel resplandor a través de la segunda puerta, hasta el interior de la unidad.  Es la Unidad Trinitaria que es inconcebible, infinita.  Oí la voz:  Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias.  Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá.  Me alegré enormemente de la bondad y de la grandeza de mi Dios.

 

                                                                                                                29 IV 1935

 

403En víspera de exponer la imagen fui con nuestra Madre Superiora a ver a nuestro confesor [167].  Cuando en la conversación fue abordado el tema de esta imagen, el confesor pidió que una de las hermanas ayudara a trenzar guirnaldas.  La Madre Superiora dijo que Sor Faustina ayudaría.  Eso me alegró muchísimo.  Cuando regresamos a casa me dediqué en seguida a preparar los ramos verdes y con ayuda de una de las alumnas los transportamos.  Ayudó también una persona que trabaja cerca de la iglesia.  A las siete de la tarde estaba ya todo listo, la imagen estaba ya colgada; sin embargo algunas señoras notaron que yo iba y venia por allí, ya que seguramente mas estorbaba [168] que ayudaba, pues al día siguiente preguntaron a las hermanas ¿qué cosa era aquella bella imagen y qué significado tenia?  Ustedes, hermanas, lo sabrán seguramente, porque ayer una de las hermanas la adornaba.  Las hermanas muy sorprendidas porque no sabían nada, todas quisieron verla y en seguida sospecharon de mí.  Decían:  Sor Faustina lo sabrá seguramente todo.

 

Cuando empezaron a preguntarme, callaba, porque no pude decir la verdad.  Mi silencio incitó su curiosidad; redoblé mi vigilancia para no mentir ni decir la verdad, porque no tenía permiso.  Entonces empezaron a mostrarme su descontento y reprocharme abiertamente:  ¿Cómo (176) es posible que la gente de fuera lo sepa y nosotras no?  Empezaron diferentes juicios sobre mí.  Sufrí mucho durante tres días, pero una extraña fuerza entró en mi alma.  Me alegré de poder sufrir para Dios y para las almas que habían obtenido su misericordia en esos días.  Al ver tantas almas que habían obtenido la misericordia de Dios en esos días, considero nada las fatigas y el sufrimiento aunque sean las mas grandes y aunque duren hasta el fin del mundo, porque ellos tienen limite mientras las almas que se han convertido [son salvadas] de los tormentos que nunca tienen fin.  Experimentaba un gran gozo viendo a otros que volvía a la fuente de la felicidad, al seno de la Divina Misericordia.

 

404Viendo la dedicación y el empeño del Padre Sopocko en este asunto, admiraba en él su paciencia y su humildad; todo esto costó no sólo mucho empeño y varios disgustos, sino también mucho dinero, y todo lo subvencionó el Padre Sopocko.  Veo que la Providencia Divina lo había preparado a cumplir esta obra de la misericordia antes de que yo lo pidiera a Dios.  Oh, que misteriosos son Tus caminos, Dios, y felices las almas que siguen la voz de la gracia de Dios.

 

405Oh alma mía, adora al Señor por todo y glorifica su misericordia, porque su bondad no tiene limites.  Todo pasará, pero su misericordia no tiene límites ni fin; si bien la maldad llegue a llenar su medida, en la misericordia no hay medida.

 

Oh Dios mío, aun en los castigos con que hieres la tierra veo el abismo de Tu misericordia, porque castigándonos aquí en la tierra, nos liberas del castigo eterno.  Alégrense, todas las criaturas, porque están mas cerca de Dios en su infinita misericordia que el niño recién nacido del corazón de su madre.  Oh Dios, que eres la Piedad misma para los más grandes pecadores arrepentidos sinceramente; cuanto más grande es el pecador, tanto mayor es el derecho que tiene a la Divina Misericordia (177).

 

406En un momento, 12 V 1935.

 

Por la noche, apenas me acosté, me dormí, pero si me dormí rápidamente, más rápidamente todavía fui despertada.  Vino a mí un Niño pequeño y me despertó.  Este Niño podía tener cerca de un año y me sorprendí de que hablara muy bien, ya que los niños de esta edad no hablan nada o hablan de manera poco comprensible.  Era indeciblemente bello, parecido al Niño Jesús y me dijo estas palabras:  Mira al cielo.  Y cuando miré al cielo, vi. las estrellas brillantes y la luna.  Ese Niño me preguntó:  ¿Ves la luna y las estrellas?  Contesté que las veía y Él me replicó con estas palabras:  Aquellas estrellas son las almas de los cristianos fieles y la luna son las almas consagradas.  Ves la gran diferencia de luz que hay entre la luna y las estrellas, igual de grande es en el cielo la diferencia entre el alma de un religioso y la de un cristiano fiel.  Y continúo que la verdadera grandeza está en amar a Dios y en la humildad.

 

407Entonces vi. cierta alma que esta separándose del cuerpo en terribles tormentos.  Oh Jesús, cuando lo escribo tiemblo toda, viendo las atrocidades que atestiguan contra ella…. Vi, como de un abismo barroso salían almas de niños pequeños y más grandes, de unos nueve años.  Estas almas eran repugnantes y asquerosas, semejantes a los monstruos mas espantosos, a los cadáveres en descomposición, pero esos cadáveres estaban vivos y atestiguaban en voz alta contra el alma a la que yo veía agonizando; y el alma a la que veía en agonía era un alma que en el mundo había recibido muchos honores y aplausos, cuyo fin es el vacío y el pecado.  Por fin salio una mujer que en una especie de delantal llevaba lagrimas y que atestiguo mucho contra él.

 

408Oh hora terrible, (178) en la que se nos presentaran todas nuestras obras en su completa desnudez y [miseria]; ni una de ellas se pierde, nos acompañaran fielmente hasta el juicio de Dios.  No tengo palabras ni términos de comparación para expresar cosas tan terribles y aunque me parece que esta alma no esta condenada, no obstante sus tormentos no difieren en nada de los tormentos infernales, con la única diferencia de que un día terminarán.

 

409Un momento después vi. nuevamente a ese mismo Niño que me había despertado, y que era de una belleza esplendida, y me repitió estas palabras:  La verdadera grandeza del alma está en amar a Dios y en la humildad.  Pregunté a ese Niño:  ¿Cómo sabes que la verdadera grandeza del alma está en amar a Dios y en la humildad?, estas cosas las pueden saber solamente los teólogos, mientras Tu ni siquiera has estudiado el catecismo y ¿cómo lo sabes?  Y Él me contestó:  Lo sé y sé todo, y en aquel momento desapareció.

 

410Pero yo no me dormí en absoluto, mi mente estaba cansada de lo que empecé a meditar sobre lo que había visto.  Oh, almas humanas, conocen la verdad muy tarde.  Oh, abismo de la Divina Misericordia, derrámate lo antes posible sobre el mundo entero, según lo que Tu Mismo has dicho.

 

411Mayo de 1935.  En un momento, cuando me di cuenta de los grandes designios de Dios respecto a mi, me asuste de su grandeza y me sentí completamente incapaz de cumplirlos y empecé a evitar interiormente las conversaciones con Él, y sustituía ese tiempo con la oración oral.  Lo hacia de humildad, pero pronto conocí que no era una verdadera humildad, sino una gran tentación de Satanás.  Una vez, cuando en lugar de la oración interior comencé a leer un libro espiritual, oí en el alma estas palabras, explicitas y fuertes:  Preparas al mundo para Mi última venida.  Estas palabras me conmovieron profundamente y aunque fingía (179) como si no las hubiera oído, no obstante las comprendí bien y no tenia ninguna duda al respecto.  Una vez, cansada de esta lucha de amor con dios y de excusarme constantemente de ser incapaz de cumplir esta obra, quise salir de la capilla, pero alguna fuerza me detuvo, me sentía inmovilizada.  Entonces oí estas palabras:  Piensas salir de la capilla, pero no saldrás de Mí, porque estoy en todas partes; tú sola no podrás hacer nada para ti misma, pero Conmigo puedes todo.

 

412Durante la semana, cuando fui a mi confesor [169] y descubrí el estado de mi alma y especialmente que evito la conversación interior con Dios, recibí la respuesta que no debía evitar la conversación interior con Dios, sino que tenia que escuchar las palabras que me decía.

 

413Actué según las indicaciones del confesor y en el primer encuentro con el Señor, caí a los pies de Jesús y con el corazón destrozado pedí perdón por todo.  Luego Jesús me levantó del suelo y me sentó a su lado, y me permitió poner la cabeza sobre su pecho para que pudiera comprender y percibir mejor los deseos de su dulcísimo Corazón.  Luego Jesús me dijo estas palabras:  Hija Mía, no tengas miedo de nada, Yo estoy siempre contigo; cualquier adversario te puede hacer daño solamente si Yo se lo permito.  Tú eres Mi morada y Mi estable descanso, por ti detengo la mano castigadora, por ti bendigo la tierra.

 

414En el mismo instante siento algún fuego en mi corazón, siento que voy a perder los sentidos, no se que pasa alrededor de mi, siento que me traspasa la mirada del Señor, conozco bien su grandeza y mi miseria, un extraño sufrimiento penetra mi alma y un gozo que no logro comparar con nada, me siento inerte en los brazos de Dios, siento que estoy con Él y me disuelvo como una gota de agua en el océano.  No se expresar lo que experimento; después de tal plegaria interior siento fuerza y fortaleza para cumplir las mas difíciles virtudes, siento aversión a todas las cosas que el mundo aprecia, con toda mi alma deseo la soledad y el silencio.

 

415(180) V [mayo] de 1935.  Durante el oficio de cuarenta horas [170] vi. el rostro del Señor Jesús en la Santa Hostia que estaba expuesta en la custodia; Jesús miraba amablemente a todos.

 

416A menudo veo al Niño Jesús durante la Santa Misa.  Es sumamente bello, en cuanto a la edad, parece que va a cumplir un año.  Una vez, al ver el mismo Niño en nuestra capilla durante la Santa Misa, me invadió un fortísimo deseo y ansia irresistible de acercarme al altar y de tomar al Niño Jesús.  En el mismo instante el Niño Jesús se puso junto a mi al borde del reclinatorio y con las dos manitas se agarró a mi brazo, encantador y alegre, su mirada llena de profundidad y penetrante.  Pero cuando el sacerdote partió la Hostia, Jesús estaba en el altar y fue partido y consumido por aquel sacerdote.

 

Después de la Santa Comunión vi. al idéntico Jesús en mi corazón y durante todo el día lo sentí física, realmente en mi corazón.  Un recogimiento muy profundo se apodero de mí inconscientemente y no dije a nadie ni una palabra, evitaba en lo posible la presencia de la gente, contestaba siempre a las preguntas relacionadas con mis tareas, fuera de eso ni una palabra.

 

4179 VI 1935.  La venida del Espíritu Santo.  Al anochecer, cuando pasaba por la huerta, oí estas palabras:  Junto con tus compañeras imploraras la misericordia por ustedes y por el mundo.  Comprendí que no estaré en la Congregación en la que estoy actualmente [171].  Veo claramente que la voluntad de Dios respecto a mi es otra; sin embargo, me excuso constantemente delante de Dios de que yo soy incapaz de cumplir esta obra.  Jesús, es que Tu sabes perfectamente lo que soy, y me puse a enumerar delante del Señor mis insuficiencias y me escondía detrás de ellas para que aceptara mis excusas de que era incapaz de cumplir (181) sus proyectos.  Luego oí estas palabras:  No tengas miedo, Yo Mismo completare lo que te falta.  Estas palabras me penetraron hasta el fondo y conocí aun más mi miseria, conocí que la Palabra del Señor es viva y penetra hasta el fondo.  Entendí que Dios exigía de mí un modo de vida más perfecto, sin embargo me excusaba continuamente con mi incapacidad.

 

41829 VI 1935.  Cuando hablaba con el director [172] de mi alma sobre diferentes cuestiones que el Señor exigía de mi, pensaba que me contestaría que era incapaz de cumplir esas cosas y que el Señor Jesús no se servía de las almas tan miserables como yo, para las obras que deseaba realizar.  No obstante oí las palabras de que en la mayoría de los casos Dios escogía justamente a tales almas para realizar sus proyectos.  Pero este sacerdote era guiado por el Espíritu de Dios, penetro el secreto de mi alma y los mas escondidos secretos que había entre mi y Dios, y de los cuales no le había hablado nunca antes; no se los había contado porque yo mismo no los entendía bien y el Señor no me había dado una orden clara para que lo dijera.  El secreto era éste que Dios exigía que hubiera una congregación que proclamara la Divina Misericordia y la implorase para el mundo.

 

419Cuando aquel sacerdote me preguntó si no había tenido tales inspiraciones, contesté que no había tenido órdenes precisas, pero en aquel instante una luz penetró en mi alma y comprendí que el Señor hablaba por medio de él;  me defendía inútilmente diciendo que no tenía una orden precisa, ya que al final de la conversación vi. al Señor Jesús en el umbral, con el mismo aspecto como esta pintado en la imagen, que me dijo:  Deseo que haya tal Congregación [173].  Eso duró un momento. (182)  Pero no hablé de eso en seguida, tenia prisa de volver a casa y repetía continuamente al Señor:  Yo soy incapaz de cumplir Tus proyectos, oh Dios.  Pero, lo curioso es que Jesús, sin reparar en esta invocación mía me dio luz y me hizo conocer cuanto le agradaba esta obra y no tomó en consideración mi debilidad, sino que me dio a conocer cuantas dificultades tenia que superar.  Y yo, su pobre criatura, no sabía decir otra cosa sino que era incapaz, oh Dios.

 

42030 VI 1935.  Al día siguiente, una vez comenzada la Santa Misa, vi. al señor Jesús de una belleza inexpresable.  Me dijo que exige que esa Congregación sea fundada lo antes posible, y tú vivirás en ella con tus compañeras.  Mi Espíritu será la regla de su vida.  Su vida debe modelarse sobre Mí, desde el pesebre hasta la muerte en la cruz.  Penetra en Mis secretos y conocerás el abismo de Mi misericordia para con las criaturas y Mi bondad insondable, y harás conocer ésta al mundo.  A través de la oración intermediaras entre la tierra y el cielo.

 

421Era el tiempo de acercarse a la Santa Comunión.  Jesús desapareció y vi. un gran resplandor.  Luego oí estas palabras:  Te impartimos nuestra bendición, y en aquel momento de ese resplandor salio un rayo claro y traspaso mi corazón, un extraño fuego se incendio en mi alma, pensaba que moriría de gozo y de felicidad; sentí la separación del espíritu con respecto al cuerpo, sentí una inmersión total en Dios, sentí que era raptada por el Omnipotente como un granito de polvo a los espacios desconocidos.

 

Temblando de felicidad en los brazos del Creador, sentía que Él Mismo me sostenía para que pudiera soportar la gran felicidad y mirar su Majestad.  Ahora sé que si (183) Él Mismo no me hubiera fortalecido antes con la gracia, mi alma no habría sobrevenido la muerte.  La Santa Misa terminó no sé cuando, porque no era en mi poder notar lo que sucedía en la capilla.  Sin embargo, al volver en mi, sentía la fortaleza y el valor para cumplir la voluntad de Dios, nada me parecía difícil y si antes me excusaba delante del Señor, ahora sentía el animo y la fuerza del Señor que estaban en mi y le dije al Señor:  Estoy preparada para cada señal de Tu voluntad.  Dentro de mí experimenté todo lo que iba a pasar en el futuro.

 

422Oh Creador y Señor mío, aquí tienes todo mi ser.  Dispón de mí según Tu divina complacencia y según Tus designios eternos y Tu misericordia insondable.  Que cada alma conozca cuan bueno es el Señor; que ninguna alma tenga miedo de tratar con el Señor, y que no se excuse de ser indigna y que nunca aplace para después las invitaciones de Dios, ya que esto no agrada a Dios.  No hay alma mas miserable que yo, como verdaderamente me considero, y estoy sorprendida de que la Majestad Divina se humille tanto.  Oh eternidad, me parece que eres demasiado corta para glorificar la infinita misericordia del Señor.

 

423Una vez, cuando la imagen estaba expuesta en el altar, durante la procesión de Corpus Cristi [174], cuando el sacerdote expuso el Santísimo Sacramento y el coro empezó a cantar, los rayos de la imagen traspasaron la Santa Hostia y se difundieron sobre el mundo entero.  Entonces oí estas palabras:  A través de ti, como a través de esta Hostia, los rayos (184) de la misericordia pasaran al mundo.  Después de estas palabras un gran gozo penetró en mi alma.

 

424En una ocasión, cuando mi confesor [175] celebraba la Santa Misa, como siempre vi. al Niño Jesús en el altar desde el momento del ofertorio.  Pero un momento antes de la elevación el sacerdote desapareció y se quedó Jesús y cuando llegó el momento de la elevación Jesús tomó en sus manitas la Hostia y el Cáliz y los levanto juntos y miró hacia el cielo y un momento después vi. otra vez a mi confesor y pregunté al Niño Jesús donde estaba el sacerdote mientras no lo veía.  Y Jesús me contestó:  En Mi Corazón.  Sin embargo no pude comprender nada más de aquellas palabras de Jesús.

 

425Una vez oí estas palabras:  Deseo que vivas según Mi voluntad en los más secretos rincones de tu alma.  Comencé a meditar estas palabras que llegaron hasta lo más profundo de mi corazón.  Aquel día había confesión de la Comunidad [176].  Cuando fui a confesarme, después de acusarme de los pecados, el sacerdote me repitió las palabras que antes me había dicho el Señor.

 

426El sacerdote me dijo estas palabras profundas:  Hay tres grados en el cumplimiento de la voluntad de Dios.  El primero:  es cuando el alma cumple todo lo que está notoriamente comprendido en los reglamentos y en estatutos de la observancia exterior.  El segundo grado consiste en que el alma sigue las inspiraciones interiores y las cumple.  El tercer grado es aquel en que el alma, entregándose a la voluntad de Dios, le deja la libertad de disponer de ella, y Dios hace con ella lo que le agrada, porque es un instrumento dócil en sus manos.  Y me dijo ese sacerdote que yo estaba en el segundo grado del cumplimiento de la voluntad de Dios, y que no tenia todavía el (185) tercer grado del cumplimiento de la voluntad de Dios; no obstante debía empeñarme para cumplir ese tercer grado de la divina voluntad.  Esas palabras penetraron mi alma por completo.  Veo claramente que muchas veces Dios da a conocer al sacerdote lo que pasa en el fondo de mi alma; eso no me sorprende nada, mas bien agradezco al Señor que tiene a estos elegidos.

 

427Jueves, Adoración nocturna.

 

Al venir a la adoración, en seguida me envolvió un recogimiento interior y vi. Al Señor Jesús atado a una columna, despojado de las vestiduras y en seguida empezó la flagelación.  Vi a cuatro hombres que por turno azotaban al Señor con disciplinas.  El corazón dejaba de latir al ver esos tormentos.  Luego el Señor me dijo estas palabras:  Estoy sufriendo un dolor aun mayor del que estás viendo.  Y Jesús me dio a conocer por cuales pecados se sometió a la flagelación, son los pecados impuros.  Oh, cuanto sufrió Jesús moralmente al someterse a la flagelación.  Entonces Jesús me dijo:  Mira y ve el género humano en el estado actual.  En un momento vi cosas terribles:  Los verdugos se alejaron de Jesús, y otros hombres se acercaron para flagelar los cuales tomaron los látigos y azotaban al Señor sin piedad.  Eran sacerdotes, religiosos y religiosas y máximos dignatarios de la Iglesia, lo que me sorprendió mucho, eran laicos de diversa edad y condición, todos descargaban su ira en el inocente Jesús.  Al verlo mi corazón se hundió en una especie de agonía; y mientras los verdugos lo flagelaban, Jesús callaba y miraba a lo lejos, pero cuando lo flagelaban aquellas almas que he mencionado arriba, Jesús cerró los ojos y un gemido silencioso pero terriblemente doloroso salió de su Corazón.  Y el Señor me dio a conocer detalladamente el peso de la maldad de aquellas almas ingratas:  Ves, he aquí un suplicio mayor que Mi muerte.  Entonces mis labios callaron y empecé a sentir (186) en mi la agonía y sentía que nadie me consolaría ni me sacaría de ese estado sino aquel que a eso me había llevado.  Entonces el Señor me dijo:  Veo el dolor sincero de tu corazón que ha dado un inmenso alivio a Mi Corazón, mira y consuélate.

 

428Entonces vi. a Jesús clavado en la cruz.  Después de estar Jesús colgado en ella un momento, vi. toda una multitud de almas crucificadas como Jesús.  Vi la tercera muchedumbre de almas y la segunda de ellas.  La segunda infinidad de almas no estaba clavada en la cruz, sino que las almas sostenían fuertemente la cruz en la mano; mientras tanto la tercera multitud de almas no estaba clavada ni sostenía la cruz fuertemente, sino que esas almas arrastraban la cruz detrás de si y estaban descontentas.  Entonces Jesús me dijo:  Ves, esas almas que se parecen a Mi en el sufrimiento y en desprecio, también se parecerán a Mi en la gloria; y aquellas que menos se asemejan a Mi en el sufrimiento y en el desprecio, serán menos semejantes a Mi también en la gloria.

 

La mayor parte de las almas crucificadas pertenecían al estado eclesiástico; vi también almas crucificadas que conozco y eso me dio mucha alegría.  De repente Jesús me dijo:  En la meditación de mañana reflexionaras sobre lo que has visto hoy.  Y en seguida el Señor Jesús desapareció.

 

429Viernes.  Estaba enferma y no pude ir a la Santa Misa.  A las siete de la mañana vi a mi confesor celebrando la Santa Misa durante la cual veía al Niño Jesús.  Al final de la Santa Misa la visión desapareció y me vi, como antes, en la celda.  Me llenó  una alegría inexpresable de que aunque no pude asistir a la Santa Misa en nuestra capilla, la escuché de una iglesia muy lejana.  Jesús puede solucionar todo.

 

(187) 30 de julio de 1935

 

430Dio de San Ignacio.  Recé fervorosamente a este Santo reprochándole ¿Cómo podía mirarme y no venia en ayuda en las cuestiones tan importantes como lo es el cumplimiento de la voluntad de Dios?  Le decía a este Santo:  Oh nuestro Patrono, que has sido inflamado por el fuego del amor y del celo por la mayor gloria de Dios, te ruego humildemente, ayúdame a cumplir los designios de Dios.  Fue durante la Santa Misa.  Entonces al lado izquierdo del altar vi a San Ignacio con un gran libro en la mano, diciéndome estas palabras:  Hija mía, no soy indiferente a tu causa.  Esta regla se puede aplicar también a esta Congregación:  indicando el libro con la mano desapareció.  Me alegré muchísimo viendo cuanto los santos piensan en nosotros y lo estrecha que es la unión con ellos.  Oh bondad de Dios, que bello es el mundo interior porque ya aquí en la tierra nos relacionamos con los santos.  Durante el día entero sentí la cercanía de este querido Patrono mío.

 

4315 de agosto de 1935:  Fiesta de Nuestra Señora de la Misericordia.  Me preparé para esta fiesta con mayor fervor que en los años anteriores.  En la mañana de ese día experimenté la lucha interior al pensar que debía abandonar esta congregación que goza de la protección especial de Maria.  En esta lucha transcurrió la meditación, la primera Santa Misa, durante la segunda Santa Misa rezaba a la Santísima Madre, diciéndole que me es difícil separarme de la Congregación que esta bajo Tu protección especial, oh Maria.  Entonces vi a la Santísima Virgen, indeciblemente bella, que se acercó a mí, del altar a mi reclinatorio y me abrazó y me dijo estas palabras:  Soy Madre de todos gracias a la insondable misericordia de Dios.  El alma mas querida para mi es aquella que cumple fielmente la voluntad de Dios.  Me dio a entender que cumplo fielmente todos los deseos (188) de Dios y así he encontrado la gracia ante sus ojos.  Sé valiente, no tengas miedo de los obstáculos engañosos, sino que contempla atentamente la Pasión de mi Hijo y de este modo vencerás.

 

432Adoración nocturna.

 

Me sentía muy sufriente y me parecía que no podría ir a la adoración, sin embargo reuní toda la fuerza de mi voluntad y a pesar de haberme caído en la celda, no reparaba en lo que me dolía teniendo delante de los ojos la Pasión de Jesús.  Al venir a la capilla entendí interiormente lo grande que es la recompensa que Dios nos prepara, no solamente por las buenas obras, sino también por el sincero deseo de cumplirlas.  Qué gracia más grande de Dios es ésta.

 

Oh, que dulce es trabajar por Dios y para las almas.  No quiero descansar en el combate, sino que lucharé hasta el último soplo de vida por la gloria de mi Rey y Señor.  No rendiré la espada hasta que me llame delante de su trono; no temo los golpes porque Dios es mi escudo.  El enemigo debe tener miedo de nosotros y no nosotros del enemigo.  Satanás vence solamente a los soberbios y a los cobardes, porque los humildes tienen la fortaleza.  Nada confunde ni asusta a un alma humilde.  He dirigido mi vuelo hacia el ardor mismo del sol y nada logrará bajármelo.  El amor no se deja encarcelar, es libre como una reina, el amor llega hasta Dios.

 

433Una vez, después de la Santa Comunión, oí estas palabras: Tú eres nuestra morada.  En aquel momento sentí en el alma la presencia de la Santísima Trinidad:  Padre, Hijo y Espíritu Santo, me sentía el templo de Dios, sentía que era hija del Padre; no se explicar todo, pero el espíritu lo entiende bien.  Oh bondad infinita, cuánto Te humillas hasta una miserable criatura.

 

434Si las almas quisieran vivir en el recogimiento, Dios les hablaría en seguida, ya que la distracción sofoca la voz de Dios.

 

435(189) Una vez el Señor me dijo:  ¿Por qué tienes miedo y tiemblas cuando estás unida a Mí?  No Me agrada el alma que se deja llevar por inútiles temores.  ¿Quién se atreve a tocarte cuando estás Conmigo?  El alma mas querida para Mi es la que cree fuertemente en Mi bondad y la que Me tiene confianza plenamente; le ofrezco Mi confianza y le doy todo lo que pide.

 

436En cierta ocasión el Señor me dijo:  Hija Mía, toma las gracias que la gente desprecia; toma cuantas puedas llevar.  En aquel instante mi alma fue inundada del amor de Dios.  Siento que estoy unida al Señor tan estrechamente que no cuento palabra con las cuales podría expresar bien esta unión; siento que todo lo que Dios tiene, todos los bienes y los tesoros, son míos, aunque me ocupo poco de ellos, ya que me basta solamente Él.  En Él veo todo, fuera de Él, nada.

 

No busco la felicidad fuera de mi interior donde mora Dios.  Gozo de Dios en mi interior, aquí vivo continuamente con Él, aquí existe mi relación mas intima con Él, aquí vivo con Él segura, aquí no llega la mirada humana.  La Santísima Virgen me anima a relacionarme así con Él.

 

437Ahora ya no me da amargura cuando padezco un sufrimiento, ni tampoco las grandes consolaciones me exaltan; se han adueñado de mi la paz y el equilibrio del espíritu que proviene del conocimiento de la verdad.

 

¿Qué me importa vivir rodeada de corazones enemigos, si tengo la plenitud de la felicidad en mi alma?  O también, ¿a qué me ayudará la bondad de otros corazones, si no tengo a Dios en mi interior?  Teniendo a Dios en mi interior ¿Quién puede perjudicarme de algún modo?

 

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(190) JMJ                                                                                   Vilna, 12 VIII 1935

 

438Ejercicios espirituales de tres días.

 

Al anochecer del día anterior a los ejercicios espirituales, durante [la asignación] nocturna de los puntos [de la meditación], oí estas palabras:  Durante estos ejercicios espirituales te hablaré por boca de este sacerdote para asegurarte y fortalecerte sobre la veracidad de Mis palabras con las cuales hablo en el fondo de tu alma.  Aunque estos ejercicios espirituales los hacen todas las hermanas, no obstante tengo una atención especial por ti para fortalecerte y hacerte impávida frente a todas las contrariedades que te esperan; por eso escucha atentamente sus palabras y medítalas en el fondo de tu alma.

 

439Oh, cómo quedé sorprendida, dado que todo lo que el Padre decía sobre la unión con dios y sobre los impedimentos en esta estrecha unión, yo lo experimentaba exactamente en el alma y lo oía de Jesús que hablaba en el fondo de ella.  La perfección consiste en [esta] estrecha unión con Dios.

 

440En la meditación de las diez, el sacerdote [177] habló de la misericordia de Dios y de la bondad de Dios para con nosotros.  Dijo que cuando examinamos la historia de la humanidad, a cada paso vemos esta gran bondad de Dios.  Todos los atributos de Dios, tales como la omnipotencia, y la sabiduría contribuyen a revelarnos este máximo atributo, es decir, la bondad de Dios.  La bondad divina es el mayor atributo de Dios.  Sin embargo, muchas almas que tienden a la perfección, no conocen esta gran bondad de Dios.  Todo lo que el sacerdote dijo en esa meditación sobre la bondad de Dios, correspondía con lo que Jesús me había dicho [y] se (191) refería exactamente a la Fiesta de la Misericordia.  Ahora de verdad [he comprendido] claramente lo que el Señor me prometió y no tengo ninguna duda, la Palabra de Dios es clara y explicita.

 

441Durante toda la meditación vi. al Señor Jesús sobre el altar, con una túnica blanca, teniendo en la mano mi cuaderno en el que estoy escribiendo estas cosas.  Durante toda la meditación Jesús hojeaba las páginas del cuaderno y callaba, pero mi corazón no lograba soportar el ardor que se había incendiado en mi alma.  A pesar de los esfuerzos de la voluntad para dominarme y para no dejar conocer a los que me rodeaban lo que pasaba en mi alma, al final de la meditación sentí que no dependía de mí en absoluto.  De repente Jesús me dijo:  No has escrito en este cuaderno todo sobre Mi bondad hacia los hombres; deseo que no omitas nada; deseo que tu corazón esté basado en una completa tranquilidad.

 

442Oh Jesús, mi corazón deja de latir cuando contemplo todo lo que haces por mí.  Te admiro, Señor, por humillarte tanto hasta mi alma miserable.  Qué métodos inexplicables usas para convencerme.

 

443Por primera vez en mi vida tengo los ejercicios espirituales de este tipo:  cada palabra del sacerdote la entiendo de modo singular y claro, ya que todo esto lo viví antes en mi alma.  Ahora veo que Jesús no deja en incertidumbre a un alma que lo ama sinceramente.  Jesús desea que un alma que se relaciona con Él estrechamente, esté plenamente tranquila, a pesar de los sufrimientos y las contrariedades.

 

444Ahora comprendo bien que lo que une mas estrechamente el alma a Dios es negarse a si mismo, es decir, unir su voluntad a la voluntad de Dios.  Esto hace verdaderamente libre al alma y ayuda al profundo recogimiento del espíritu, hace livianas todas las penas de la vida y dulce la muerte.

 

445(192) Jesús me dijo que si tengo alguna duda respecto a esta Fiesta o a la fundación de esta Congregación, o respecto a cualquier cosa de que te hablé en el fondo de tu alma, te contestaré en seguida por la boca de este sacerdote.

 

446Durante una meditación sobre la humildad me volvió la vieja duda de que un alma tan miserable como la mía, no cumpliría la tarea que el Señor exigía.  En el mismo momento en que yo analizaba esa duda, el sacerdote que predicaba los ejercicios espirituales, interrumpió el tema de la predica y dijo justamente lo que yo tenia en duda, es decir, que Dios elige generalmente a las almas mas débiles y mas simples como instrumentos para realizar sus obras mas grandes, y ésta es una verdad incontestable.  Veamos a quiénes eligió como Apóstoles, o veamos la historia de la Iglesia, qué obras tan grandes realizaron las almas que eran las menos aptas para hacerlo, porque justamente en esa forma las obras de Dios se revelan como tales.  Cuando mi duda cedió completamente, el sacerdote volvió al tema sobre la humildad.

 

Jesús, como siempre durante cada predica, estaba en el altar y no me decía nada, sino que con su mirada penetraba amablemente mi pobre alma que [ya] no tenia ninguna excusa.

 

447Jesús, Vida mía, siento bien que me estas transformando en Ti, en lo secreto del alma donde los sentidos perciben muy poco.  Oh Salvador mío, escóndeme entera en lo profundo de Tu corazón y protégeme con Tus rayos de todo lo que me aleja de Ti, Te suplico, oh Jesús, que estos dos rayos que salieron de Tu Misericordiosísimo corazón, alimenten continuamente mi alma.

 

448(193) El momento de la confesión.

 

El confesor [178] me pregunto si en aquel momento estaba Jesús y si lo veía.  Si, está y lo veo.  Me ordenó preguntar por ciertas personas, Jesús no me contestó nada, pero lo miró.  Pero terminada la confesión, mientras hacia la penitencia, Jesús, me dijo estas palabras:  Ve y consuélalo de Mi parte.  Sin entender el significado de estas palabras, en seguida repetí lo que Jesús me había ordenado.

 

449Durante todo el tiempo de los ejercicios espirituales estuve sin cesar en contacto con Jesús y me uní a Él con toda la fuerza de mi corazón.

 

450El día de la renovación de los votos.  Al comienzo de la Santa Misa como siempre vi a Jesús que nos bendijo y entró en el tabernáculo.  Luego vi a la Santísima Virgen con una túnica blanca, un manto, azul, y la cabeza descubierta, que desde el altar se me acercó, me tocó con sus manos, me cubrió con su manto, y me dijo:  Ofrece estos votos por Polonia.  Reza por ella.  15 VIII.

 

451En la noche del mismo día sentí en el alma una gran nostalgia de Dios; no lo veo con los ojos del cuerpo como antes, sino que lo siento y no comprendo; eso me produce un anhelo y un tormento indescriptibles.  Me muero del deseo de poseerlo para sumergirme en Él por la eternidad.  Mi espíritu tiene a Él con todas las fuerzas, no hay nada en el mundo que pueda consolarme.

 

Oh Amor Eterno, ahora entiendo en qué estrechas relaciones de intimidad estaba mi corazón Contigo.  ¿Qué podrá satisfacerme en el cielo o en la tierra fuera de Ti?, oh Dios mío, en Quien se ahogó mi alma.

 

452(194) Una noche, cuando desde mi celda miré al cielo y vi un esplendido firmamento sembrado de estrellas y la luna, de repente entró en mi alma el fuego de amor inconcebible hacia mi Creador, y sin saber soportar el deseo que había crecido en mi alma hacia Él, me caí de cara al suelo humillándome en el polvo.  Lo adoré por todas sus obras y cuando mi corazón no pudo soportar lo que en él pasaba, irrumpí en llanto.  Entonces me tocó el Ángel Custodio y me dijo estas palabras:  El Señor me hace decirte que te levantes del suelo.  Lo hice inmediatamente, pero mi alma no tuvo consuelo.  El anhelo de Dios me invadió aun más.

 

453Un día en que estaba en la adoración, y mi espíritu como si estuviera en agonía [añorándolo] a Él y no lograba retener las lágrimas, vi a un espíritu de gran belleza, que me dijo estas palabras:  No llores, dice el Señor.  Un momento después pregunté:  ¿Quién eres?  Y él me contestó:  Soy uno de los siete espíritus que día y noche están delante del trono de Dios y lo adoran sin cesar.  Sin embargo este espíritu no alivio mi añoranza, sino que suscitó en mí un anhelo más grande de Dios.  Este espíritu es muy bello y su belleza se debe a una estrecha unión con Dios.  Este espíritu no me deja ni por un momento, me acompaña en todas partes.

 

454Al día siguiente, durante la Santa Misa, antes de la elevación, aquel espíritu empezó a cantar estas palabras:  Santo, Santo, Santo.  Su voz era como miles de voces, imposible describirlo.  De repente mi espíritu fue unido a Dios, en un momento vi la grandeza y la santidad inconcebibles de Dios y al mismo tiempo conocí (195) la nulidad que soy de por mi.  Conocí mas claramente que en cualquier otro momento del pasado, las Tres Personas Divinas:  el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.  Sin embargo su esencia es Una, como también la igualdad y la Majestad.  Mi alma se relaciona con las Tres Personas, pero no logro explicarlo con palabras, pero el alma lo comprende bien.  Cualquiera que esté unido con una de estas Tres Personas, por este mismo hecho está unido con toda la Santísima Trinidad, porque su unidad es indivisible.  Esa visión, es decir, ese conocimiento inundó mi alma de una felicidad inimaginable, por ser dios tan grande.  Lo que he descrito arriba, no lo vi con los ojos, como anteriormente, sino dentro de mí, de modo puramente espiritual e independiente de los sentidos.  Eso duró hasta el fin de la Santa Misa.

 

Ahora, esto me sucede a menudo y no solamente en la capilla, sino también durante el trabajo y cuando menos lo espero.

 

455Cuando nuestro confesor [179] estaba ausente, yo me confesaba con el arzobispo [180].  Al descubrirle mi alma, recibí esta respuesta:  Hija mía, ármate de mucha paciencia, si estas cosas vienen de Dios, tarde o temprano, se realizaran y te digo estar completamente tranquila.  Yo, hija mía, te entiendo bien en estas cosas; y ahora, en cuanto al abandono de la Congregación y la idea de [fundar] otra, ni siquiera pienses en esto, ya que seria una grave tentación interior.  Terminada la confesión, le dije a Jesús:  ¿Por qué me mandas hacer estas cosas y no me das la posibilidad de cumplirlas?  De repente, después de la Santa Comunión vi al Señor Jesús en la misma capilla en la que me había confesado, con el mismo aspecto con el que está pintado en esta imagen; el Señor me dijo:  No estés triste, le haré comprender las cosas que exijo de ti.  Cuando salíamos, (196) el arzobispo estaba muy ocupado pero nos dijo volver y esperar un momento.  Cuando entramos otra vez en la capilla, oí en el alma estas palabras:  Dile lo que has visto en esta capilla.  En aquel momento entró el arzobispo y preguntó si no teníamos nada que decirle.  Sin embargo, aunque tenía la orden de hablar, no pude porque estaba en compañía de una de las hermanas.  Todavía una palabra sobre la confesión:  Impetrar la misericordia para el mundo, es una idea grande y bella, ruegue mucho, hermana, por la misericordia para los pecadores, pero hágalo en su propio convento.

 

456El día siguiente, viernes 13 XI 1935.

 

Por la tarde, estando yo en mi celda, vi al ángel, ejecutor de la ira de Dios.  Tenía una túnica clara, el rostro resplandeciente; una nube debajo de sus pies, de la nube salía rayos y relámpagos e iban a las manos y de su mano salían y alcanzaban la tierra.  Al ver esta señal de la ira divina que iba a castigar la tierra y especialmente cierto lugar, por justos motivos que no puedo nombrar, empecé a pedir al ángel que se contuviera por algún tiempo y el mundo haría penitencia.  Pero mi suplica era nada comparada con la ira de Dios.  En aquel momento vi a la Santísima Trinidad.  La grandeza de su Majestad me penetró profundamente y no me atreví a repetir la plegaria.  En aquel mismo instante sentí en mi alma la fuerza de la gracia de Jesús que mora en mi alma; al darme cuenta de esta gracia, en el mismo momento fui raptada delante del trono de Dios.  Oh, que grande es el Señor y Dios nuestro e inconcebible su santidad.  No trataré de describir esta grandeza porque dentro de poco la veremos todos, tal como es.  Me puse a rogar (197) a Dios por el mundo con las palabras que oí dentro de mi.

 

457Cuando así rezaba, vi la impotencia del ángel que no podía cumplir el justo castigo que correspondía por los pecados.  Nunca antes había rogado con tal potencia interior como entonces.  Las palabras con las cuales suplicaba a Dios son las siguientes:  Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y los del mundo entero.  Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros.

 

458A la mañana siguiente, cuando entré en nuestra capilla, oí esta voz interior:  Cuantas veces entres en la capilla reza en seguida esta oración que te enseñé ayer.  Cuando recé esta plegaria, oí en el alma estas palabras:  Esta oración es para aplacar Mi ira, la rezarás durante nueve días con un rosario común, de modo siguiente:  primero rezarás una vez el Padre nuestro y el Ave Maria y el Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre nuestro, dirás las siguientes palabras:  Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero; en las cuentas del Ave Maria, dirás las siguientes palabras:  Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.  Para terminar, dirás tres veces estas palabras:  Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero [181].

 

459El silencio es una espada en la lucha espiritual;  un alma platicadora no alcanzará la santidad.  Esta espada del silencio cortará todo lo que quiera pegarse al alma.  Somos sensibles a las palabras y queremos responder de inmediato, sensibles, sin reparar si es la voluntad de Dios que hablemos.  El alma silenciosa es fuerte; ninguna contrariedad le hará daño si persevera en el silencio.  El alma (198) silenciosa es capaz de la mas profunda unión con Dios; vive casi siempre bajo la inspiración del Espíritu Santo.  En el alma silenciosa Dios obra sin obstáculos.

 

460Oh Jesús mío, Tu sabes, solamente Tú sabes bien que mi corazón no conoce otro amor fuera de Ti.  Todo mi amor virginal es anegado en ti, oh Jesús, por la eternidad.  Siento bien que Tu Sangre divina circula en mi corazón; no hay duda alguna que con Tu preciosísima Sangre ha entrado en mi corazón Tu purísimo Amor.  Siento que moras en mí con el Padre y el Espíritu Santo o más bien siento que yo vivo en Ti, oh Dios inimaginable.  Siento que me disuelvo en Ti como una gota en el océano.  Siento que estas fuera de mí y en mis entrañas, siento que estas en todo lo que me rodea, en todo lo que me sucede.  Oh Dios mío, Te he conocido dentro de mi corazón y Te he amado por encima de cualquier cosa que exista en la tierra o en el cielo.  Nuestros corazones se entienden mutuamente, pero ningún hombre lo comprenderá.

 

461La segunda confesión con el arzobispo [182].  Has de saber, hija mía, que si ésta es la voluntad de Dios, tarde o temprano, se realizara, porque la voluntad de Dios tiene que cumplirse.  Ama a Dios en tu corazón, ten…[la frase queda interrumpida].

 

46229 IX Fiesta de San Miguel Arcángel [183].  He quedado unida íntimamente a Dios.  Su presencia me penetra profundamente y me llena de serenidad, de alegría y de asombro.  Después de esos momentos de plegaria estoy llena de fuerza, de una valentía misteriosa para afrontar sufrimientos y la lucha; nada me espanta, aunque el mundo entero esté en contra de mí; todas las contrariedades tocan la superficie, pero no tienen acceso a (199) mi interior, porque allí mora Dios que me da fuerza, que me colma.  Contra su escabel se estrellan todas las emboscadas del enemigo.  En estos momentos de la unión Dios me sostiene con su poder; me da su poder, y me capacita para amarlo.  El alma nunca lo alcanza con sus propios esfuerzos.  Al comienzo de esta gracia interior, me llenaba el miedo y empecé a guiarme, es decir dejarme llevar por el temor, pero poco después el Señor me dio a conocer cuanto eso le desagradaba.  Pero también esto lo decidió Él Mismo, mi tranquilidad.

 

463Casi cada solemnidad en la santa Iglesia me da un conocimiento mas profundo de Dios y una gracia especial, por eso me preparo a cada solemnidad y me uno estrechamente al espíritu de la Iglesia.  Qué alegría ser una hija fiel de la Iglesia.  Oh, cuanto amo a la santa Iglesia y a todos quienes viven en ella.  Los miro como miembros vivos de cristo que es su Cabeza.  Me inflamo de amor con los que aman, sufro con los que sufren, el dolor me consume mirando a los tibios y a los ingratos; entonces procuro un amor tan grande hacia Dios que compense por aquellos que no lo aman, que alimentan a su Salvador con negra ingratitud.

 

464Oh Dios mío, estoy consciente de mi misión en la santa Iglesia.  Mi empeño continuo es impetrar la misericordia para el mundo.  Me uno estrechamente a Jesús y me presento como victima que implora por el mundo.  Dios no me rehusará nada cuando le suplico con la voz de Su Hijo.  Mi sacrificio es nada por si mismo, pero cuando lo uno al sacrificio de Jesús, se hace omnipotente y tiene la fuerza para aplacar la ira divina.  Dios nos ama en Su Hijo, la dolorosa Pasión del Hijo de Dios es un continuo aplacamiento de la ira de Dios.

 

465(200) Oh Dios, cuanto deseo que las almas Te conozcan, que sepan que las Te conozcan, que sepan que las creaste por Tu amor inconcebible; oh Creador y Señor, siento que descorreré las cortinas del cielo para que la tierra no dude de Tu bondad.

 

Haz de mi, oh Jesús, una victima agradable y pura delante del Rostro de Tu Padre.  Oh Jesús, transfórmame miserable y pecadora, en Ti, ya que Tú puedes todo y entrégame a Tu Padre Eterno.  Deseo transformarme en la hostia expiatoria delante de Ti, pero en una hostia no consagrada delante de los hombres; deseo que la fragancia de mi sacrificio sea conocida sólo por Ti, Oh Dios Eterno, arde en mi el fuego inextinguible de la suplica por Tu misericordia; siento y comprendo que ésta es mi tarea, aquí y en la eternidad.  Tú Mismo me has ordenado hablar de esta gran misericordia Tuya y de Tu bondad.

 

466En cierta ocasión comprendí, cuánto le desagrada a Dios la acción, aunque sea la más laudable, sin el sello de la intención pura; tales acciones incitan a Dios más bien al castigo que a la recompensa.  Que en nuestra vida las haya lo menos posible, mientras en la vida religiosa no deberían existir en absoluto.

 

467Con igual disposición recibo la alegría y el sufrimiento, la alabanza y la humillación; recuerdo que la una y la otra son pasajeras.  ¿Qué me importa lo que digan de mí?  Ya hace mucho he renunciado de todo lo que concierne a mi persona.  Mi nombre es hostia, es decir, victima, pero no en la palabra sino en la acción, en el anonadamiento de mi misma, en asemejarme a Ti en la cruz, oh Buen Jesús y Maestro mío.

 

468(201) Oh Jesús, cuando vienes a mi [en] la Santa Comunión, Tu que Te has dignado morar con el Padre y el Espíritu Santo en el pequeño cielo de mi corazón, procuro acompañarte durante el día entero, no Te dejo solo ni un momento.  Aunque estoy en compañía de otras personas o con las alumnas, mi corazón está siempre unido a Él.  Cuando me duermo, le ofrezco cada latido de mi corazón, cuando me despierto, me sumerjo en Él sin decir una palabra.  Al despertarme, adoro un momento la Santísima Trinidad y le agradezco por haberme ofrecido un día mas, que una vez mas va a repetirse en mi el misterio de la Encarnación de Su Hijo, que una vez mas delante de mis ojos va a repetirse su dolorosa Pasión.  Trato entonces de facilitar a Jesús el paso a través de mí a otras almas.  Con Jesús voy a todas partes, su presencia me acompaña en todas partes.

 

469En los sufrimientos del alma o del cuerpo trato de callar porque entonces mi espíritu adquiere fortaleza que viene de la Pasión de Jesús.  Delante de mis ojos tengo siempre su Rostro doloroso, insultado y desfigurado, su Corazón divino, traspasado por nuestros pecados y especialmente por la ingratitud de las almas elegidas.

 

470Doble advertencia para que me preparase a los sufrimientos que me esperaban [en] Varsovia; la primera advertencia fue interior, a través de una voz, escuchada, la segunda fue durante la Santa Misa.  Antes de la elevación vi a Jesús crucificado que me dijo:  Prepárate a los sufrimientos.  Agradecí al Señor esta gracia de haberme advertido y le dije al Señor que seguramente no sufriré más que Tu, Salvador mío.  No obstante me lo tomé a pecho e iba fortaleciéndome con la plegaria y con pequeños sufrimientos para poder soportar mayores cuando llegasen.

 Fdo. Cristobal Aguilar.



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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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