Viernes, 26 de febrero de 2010
TERCERA PARTE DE LAS APARICIONES DE LA VÍRGEN DE GUADALUPE (CONCLUSIÓN)

El encuentro definitivo con la Virgen María:

Y al día siguiente, lunes, cuando debía llevar Juan Diego alguna señal para ser creído, ya no volvió. Porque cuando fue a llegar a su casa, a su tío, de nombre Juan Bernardino, se le había asentado la enfermedad, estaba muy grave. Aun fue a llamarle al médico, aún hizo por él, pero ya no era tiempo, ya estaba muy grave. Y cuando anocheció, le rogó su tío que cuando aún fuere de madrugada, cuando aún estuviere oscuro, saliera hacia acá, viniera a llamar a Tlatilolco algún sacerdote para que fuera a confesarlo, para que fuera a prepararlo, porque estaba seguro de que ya era el tiempo, ya el lugar de morir, porque ya no se levantaría, ya no se curaría. Y el martes, siendo todavía mucho muy de noche, de allá vino a salir, de su casa, Juan Diego, a llamar el sacerdote a Tlatilolco. Y cuando ya acertó a llegar al lado del cerrito terminación de la sierra, al pie, donde sale el camino, de la parte en que el sol se mete, en donde antes él saliera, dijo: "Si me voy derecho por el camino, no vaya a ser que me vea esta Señora y seguro, como antes, me detendrá para que le lleve la señal al gobernante eclesiástico como me lo mandó; que primero nos deje nuestra tribulación; que antes yo llame de prisa al sacerdote religioso, mi tío no hace más que aguardarlo". En seguida le dio la vuelta al cerro, subió por enmedio y de ahí atravesando, hacia la parte oriental fue a salir, para rápido ir a llegar a México, para que no lo detuviera la Reina del Cielo. Piensa que por donde dio la vuelta no lo podrá ver la que perfectamente a todas partes está mirando. La vio cómo vino a bajar de sobre el cerro, y que de allí lo había estado mirando, de donde antes lo veía. Le vino a salir al encuentro a un lado del cerro, le vino a atajar los paso; le dijo:

"¿QUÉ PASA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS? ¿A DÓNDE VAS, A DÓNDE TE DIRIGES?":

Y él, ¿tal vez un poco se apenó, o quizá se avergonzó? ¿o tal vez de ello se espantó, se puso temeroso?. En su presencia se postró, la saludó, le dijo: "Mi Jovencita, Hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta; ¿cómo amaneciste? ¿Acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña mía?. Con pena angustiaré tu rostro, tu corazón: te hago saber, Muchachita mía, que está muy grave un servidor tuyo, tío mío. Una gran enfermedad se le ha asentado, seguro que pronto va a morir de ella.. Y ahora iré de prisa a tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de Nuestro Señor, de nuestros sacerdotes, para que vaya a confesarlo y a prepararlo, porque en realidad para ello nacimos, los que vinimos a esperar el trabajo de nuestra muerte. Más, si voy a llevarlo a efecto, luego aquí otra vez volveré para ir a llevar tu aliento, tu palabra, Señora, Jovencita mía. Te ruego me perdones, tenme todavía un poco de paciencia, porque con ello no te engaño, Hija mía la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa". En cuanto oyó las razones de Juan Diego, le respondió la Piadosa Perfecta Virgen:

"ESCUCHA, PONLO EN TU CORAZÓN, HIJO MÍO EL MENOR, QUE NO ES NADA LO QUE TE ESPANTÓ, LO QUE TE AFLIGIÓ, QUE NO SE PERTURBE TU ROSTRO, TU CORAZÓN; NO TEMAS ESTA ENFERMEDAD NI NINGUNA OTRA ENFERMEDAD, NI COSA PUNZANTE, AFLICTIVA. ¿NO ESTOY AQUI, YO, QUE SOY TU MADRE? ¿NO ESTÁS BAJO MI SOMBRA Y RESGUARDO? ¿NO SOY, YO LA FUENTE DE TU ALEGRÍA? ¿NO ESTÁS EN EL HUECO DE MI MANTO, EN EL CRUCE DE MIS BRAZOS? ¿TIENES NECESIDAD DE ALGUNA OTRA COSA?. QUE NINGUNA OTRA COSA TE AFLIJA, TE PERTURBE; QUE NOTE APRIETE CON PENA LA ENFERMEDAD DE TU TÍO, PORQUE DE ELLA NO MORIRÁ POR AHORA. TEN POR CIERTO QUE YA ESTÁ BUENO"

El milagro de las rosas en el cerro Tepeyac:

Y luego en aquel mismo momento sanó su tío, como después se supo. Y Juan Diego, cuando oyó la amable palabra, el amable aliento de la Reina del Cielo, muchísimo con ello se consoló, bien con ello se apaciguó su corazón, y le suplicó que inmediatamente lo mandara a ver al gobernador obispo, a llevarle algo de señal, de comprobación, para que creyera la Reina Celestial. Luego le mandó que subiera a la cumbre del cerrillo, en donde antes la veía; Le dijo:

"SUBE, HIJO MÍO EL MENOR, A LA CUMBRE DEL CERRILLO, A DONDE ME VISTE Y TE DI ÓRDENES; ALLÍ VERÁS QUE HAY VARIADAS FLORES: CÓRTALAS, REÚNELAS, PONLAS TODAS JUNTAS; LUEGO, BAJA AQUÍ; TRÁELAS AQUÍ, A MI PRESENCIA".

Y Juan Diego luego subió al cerrillo, y cuando llegó a la cumbre, mucho admiró cuantas había florecidas, abiertas sus corolas, flores las más variadas, bellas y hermosas, cuando todavía no era su tiempo: porque de veras que en aquella sazón arreciaba el hielo; estaban difundiendo un olor suavísimo; como perlas preciosas, como llenas de rocío nocturno. Luego comenzó a cortarlas, todas las juntó, las puso en el hueco de su tilma. Por cierto que en la cumbre del cerrito no era lugar en que se dieran ningunas flores, sólo abundan los riscos, abrojos, espinas; nopales, mezquites, y si acaso algunas hierbecillas se solían dar, entonces era el mes de diciembre, en que todo lo come, lo destruye el hielo. Y en seguida vino a bajar, vino a traerla a la Niña Celestial las diferentes flores que había ido a cortar, y cuando las vio, con sus venerables manos las tomó; luego otra vez se las vino a poner todas juntas en el hueco de su ayate, le dijo:

"MI HIJITO MENOR, ESTAS DIVERSAS FLORES SON LA PRUEBA, LA SEÑAL QUE LLEVARÁS AL OBISPO; DE MI PARTE LE DIRÁS QUE VEA EN ELLAS MI DESEO, Y QUE POR ELLO REALICE MI QUERER, MI VOLUNTAD. Y TÚ, TÚ QUE ERES MI MENSAJERO, EN TI ABSOLUTAMENTE SE DEPOSITA LA CONFIANZA; Y MUCHO TE MANDO, CON RIGOR QUE NADA MÁS A SOLAS EN LA PRESENCIA DEL OBISPO EXTIENDAS TU AYATE, Y LE ENSEÑES LO QUE LLEVAS. Y LE CONTARÁS TODO PUNTUALMENTE; LE DIRÁS QUE TE MANDÉ QUE SUBIERAS A LA CUMBRE DEL CERRITO A CORTAR FLORES, Y CADA COSA QUE VISTE Y ADMIRASTE, PARA QUE PUEDAS CONVENCER AL GOBERNANTE SACERDOTE, PARA QUE LUEGO PONGA LO QUE ESTÁ DE SU PARTE PARA QUE SE HAGA, SE LEVANTE MI TEMPLO QUE LE HE PEDIDO".

El gran milagro de Guadalupe en la tilma de Juan Diego:

Y en cuanto le dio su mandato la Celestial Reina, vino a tomar la calzada, viene derecho a México, ya viene contento. Ya así viene sosegado su corazón, porque vendrá a salir bien, lo llevará perfectamente. Mucho viene cuidando lo que está en el hueco de su vestidura, no vaya a ser que algo tire; viene disfrutando del aroma de las diversas preciosas flores. Cuando vino a llegar al palacio del obispo, lo fueron a encontrar el portero y los demás servidores del sacerdote gobernante, y les suplicó que le dijeran cómo deseaba verlo, pero ninguno quiso, fingían que no le entendían, o tal vez porque aún estaba muy oscuro, o tal vez porque ya lo conocían que nomás los molestaba, los importunaba, y ya les habían contado sus compañeros, los que lo fueron a perder de vista cuando lo fueron siguiendo. Durante muchísimo rato estuvo esperando la razón. Y cuando vieron que por muchísimo rato estuvo allí, de pie, cabizbajo, sin hacer nada, por si era llamado, y como que algo traía, lo llevaba en el hueco de su tilma; luego pues, se le acercaron para ver qué traía y desengañarse. Y cuando vio Juan Diego que de ningún modo podía ocultarles lo que llevaba y que por eso lo molestarían, lo empujarían o tal vez lo aporrearían, un poquito les vino a mostrar que eran flores. Y cuando vieron que todas eran finas, variadas flores y que no era tiempo entonces de que se dieran, las admiraron muy mucho, lo frescas que estaban, lo abiertas que tenían sus corolas, lo bien que olían, lo bien que parecían. Y quisieron coger y sacar unas cuantas; tres veces sucedió que se atrevieron a cogerlas, pero de ningún modo pudieron hacerlo, porque cuando hacían el intento ya no podían ver las flores, sino que, a modo de pintadas, o bordadas, o cosidas en la tilma las veían. Inmediatamente fueron a decirle al gobernante obispo lo que habían visto, cómo deseaba verlo el indito que otras veces había venido, y que ya hacía muchísimo rato que estaba allí aguardando el permiso, porque quería verlo. Y el gobernante obispo, en cuando lo oyó, dio en la cuenta de que aquello era la prueba para convencerlo, para poner en obra lo que solicitaba el hombrecito. Enseguida dio orden de que pasara a verlo. Y habiendo entrado, en su presencia se postró, como ya antes lo había hecho.

Y de nuevo le contó lo que había visto, admirado, y su mensaje. Le dijo: "Señor mío, gobernante, ya hice, ya llevé a cabo según me mandaste; así fui a decirle a la Señora mi Ama, la Niña Celestial, Santa María, la Amada Madre de Dios, que pedías una prueba para poder creerme, para que le hicieras su casita sagrada, en donde te la pedía que la levantaras; y también le dije que te había dado mi palabra de venir a traerte alguna señal, alguna prueba de su voluntad, como me lo encargaste. Y escuchó bien tu aliento, tu palabra, y recibió con agrado tu petición de la señal, de la prueba, para que se haga, se verifique su amada voluntad.. Y ahora, cuando era todavía de noche, me mandó para que otra vez viniera a verte; y le pedí la prueba para ser creído, según había dicho que me la daría, e inmediatamente lo cumplió. Y me mandó a la cumbre del cerrito en donde antes yo la había visto, para que allí cortara diversas rosas de Castilla. Y cuando las fui a cortar, se las fui a llevar allá abajo; y con sus santas manos las tomó, de nuevo en el hueco de mi ayate las vino a colocar, para que te las viniera a traer, para que a ti personalmente te las diera. Aunque bien sabía yo que no es lugar donde se den flores la cumbre del cerrito, porque sólo hay abundancia de riscos, abrojos, huizaches, nopales, mezquites, no por ello dudé, no por ello vacilé. Cuando fui a llegar a la cumbre del cerrito miré que ya era el paraíso.

Allí estaban ya perfectas todas las diversas flores preciosas, de lo más fino que hay, llenas de rocío, esplendorosas, de modo que luego las fui a cortar; y me dijo que de su parte te las diera, y que ya así yo probaría, que vieras la señal que le pedías para realizar su amada voluntad, y para que aparezca que es verdad mi palabra, mi mensaje. Aquí las tienes, hazme favor de recibirlas."

Y luego extendió su blanca tilma , en cuyo hueco había colocado las flores. Y así como cayeron al suelo todas las variadas flores preciosas, luego allí se convirtió en señal, se apareció de repente la Amada Imagen de la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma y figura en que ahora está, en donde ahora es conservada en su amada casita, en su sagrada casita en el Tepeyac, que se llama Guadalupe.

Y en cuanto la vio el obispo gobernante y todos los que allí estaban, se arrodillaron, mucho la admiraron, se pusieron de pie para verla, se entristecieron, se afligieron, suspenso el corazón, el pensamiento. Y el obispo gobernante con llanto, con tristeza, le rogó, le pidió perdón por no luego haber realizado su voluntad, su venerable aliento, su venerable palabra. Y cuando se puso de pie, desató del cuello de donde estaba atada, la vestidura, la tilma de Juan Diego en la que se apareció, en donde se convirtió en señal la Reina Celestial. Y luego la llevó; allá la fue a colocar a su oratorio.

El lugar elegido y el testimonio de María frente al tío de Juan Diego:

Y todavía allí pasó un día Juan Diego en la casa del obispo, aún lo detuvo. Y al día siguiente le dijo: "Anda, vamos a que muestres dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templo". De inmediato se convidó gente para hacerlo, levantarlo. Y Juan Diego, en cuanto mostró en dónde había mandado la Señora del Cielo que se erigiera su casita sagrada, luego pidió permiso: quería ir a su casa para ir a ver a su tío Juan Bernardino, que estaba muy grave cuando lo dejó para ir a llamar a un sacerdote a Tlatilolco para que lo confesara y lo dispusiera, de quien le había dicho la Reina del Cielo que ya había sanado. Pero no lo dejaron ir solo, sino que lo acompañaron a su casa.. Y al llegar vieron a su tío que ya estaba sano, absolutamente nada le dolía. Y él, por su parte, mucho admiró la forma en que su sobrino era acompañado y muy honrado; le preguntó a su sobrino por qué así sucedía, el que mucho le honraran; Y él le dijo cómo cuando lo dejó para ir a llamarle un sacerdote para que lo confesara, lo dispusiera, allá en el Tepeyac se le apareció la Señora del Cielo; y lo mandó a México ver al gobernante obispo, para que allí le hiciera una casa en el Tepeyac. Y le dijo que no se afligiera, que ya su tío estaba contento, y con ello mucho se consoló. Le dijo su tío que era cierto, que en aquel preciso momento lo sanó,  y la vio exactamente en la misma forma en que se le había aparecido a su sobrino, le dijo cómo a él también lo había enviado a México a ver al obispo; y que también, cuando fuera a verlo, que todo absolutamente le descubriera, le platicara lo que había visto y la manera maravillosa en que lo había sanado, y que bien así la llamaría bien así se nombraría; LA PERFECTA VIRGEN SANTA MARIA DE GUADALUPE, su Amada Imagen.

Y luego trajeron a Juan Bernardino a la presencia del gobernante obispo, lo trajeron a hablar con él a dar testimonio, y junto con su sobrino Juan Diego, los hospedó en su casa el obispo unos cuantos días, en tanto que se levantó la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyac, donde se hizo ver de Juan Diego.

Y el señor obispo trasladó a la Iglesia Mayor la amada Imagen de la Amada Niña Celestial. La vino a sacar de su palacio, de su oratorio en donde estaba, para que todos la vieran la admiraran, su amada Imagen. Y absolutamente toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeció cuando vino a ver a admirar su preciosa Imagen. Venían a reconocer su carácter divino. Venían a presentarle sus plegarias. Muchos admiraron en qué milagrosa manera se había aparecido, puesto que absolutamente ningún hombre de la tierra pintó su amada Imagen

Sobre el Nican Mopohua y su autor:

La fuente o documento guadalupano por excelencia, el Nican Mopohua, es obra del más insigne sabio indígena del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco: Don Antonio Valeriano. Sobre su autoría, ya los expertos no dudan. Recientemente, el Dr. Miguel León-Portilla y otros sabios han confirmado este aserto, por lo que indudablemente se trata de una obra del siglo XVI, compuesta posiblemente hacia 1556. Las características intrínsecas del texto, su riqueza de lenguaje y recursos estilísticos son elementos adicionales que confirman la datación de la obra en aquel siglo. Incluso cobra fuerza la tesis de que el propio Valeriano habría recogido de labios de su protagonista, el venturoso indio Juan Diego, no sólo la esencia, sino  toda la relación del portento del cerro Tepeyac. Recibe su nombre, Nican Mopohua (en náhuatl "Aquí se narra…"), de las primeras palabras con las que inicia el texto, redactado en aquella lengua. Como se sabe, narra las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego y la milagrosa imprimación de la Sagrada Imagen en su tilma.

 

A partir de 1518, por accidente y tras naufragar, llegaron a las costas de la actual República Mexicana algunas naves españolas. Los que regresaron a la isla de Cuba, de donde habían partido, llevaron noticias de lugares y personas extraordinarios, así como de grandes riquezas. Un poco después llegó Hernán Cortés a la que sería la Villa Rica de la Vera Cruz (actualmente el Puerto de Veracruz), donde fue recibido con grandes honores y regalos, pues los nativos pensaban que se trataba del dios Quetzalcoatl que había regresado, según las profecías de los ancestros. Éstas decían que vendrían hombres blancos y barbados.

De diversas maneras, para no entrar en cuestiones de Historia, los españoles lograron formar alianzas con los pueblos enemigos de los aztecas, y gracias a eso, pudieron conquistarlos en 1521. 

Los indígenas estaban profundamente heridos en su orgullo pues sus templos habían sido destruidos y saqueados; sus guerreros muertos; sus mujeres mancilladas; sus niños y ancianos esclavizados. Las profecías de sus ancestros se habían cumplido, pero estos nuevos dioses habían demostrado ser malos. Tal vez la única excepción estaba representada por unos hombres vestidos muy pobremente que pretendían defenderlos de sus conquistadores con el signo de la Cruz.

Los tesoros, al igual que en el resto de América, eran enviados a España, y aunque en México no existía la esclavitud, como tal, se asignaban grupos de indígenas a los españoles con la encomienda de enseñarles nuevas formas de vivir y de velar por su enseñanza religiosa. De allí la palabra de “Encomenderos” que se les asignó. El otrora altivo indígena era humillado y explotado de manera constante.

Recién terminada la Conquista de México, los indígenas empezaron a reorganizarse para acabar con los conquistadores; o al menos empezaron a surgir grupos que tramaban levantarse en contra de sus nuevos amos, quienes también habían traído enfermedades no conocidas anteriormente.

La actual ciudad de México se había establecido en 1321 en unos islotes en medio de un lago de aguas saladas y había crecido considerablemente, pero en forma ordenada. Habían tres calzadas de tierra firme: al norte Tepeyacac que partía de la gran Tenochtitlan hacia los cerros y pequeñas montañas; hacia el sur: Iztapalapa o Ixtapalapa; al poniente hacia Tlacopan o Tacuba.

El Milagro Guadalupano

El códice “Nican Mopohua” nos narra en detalle cómo se llevaron a cabo las apariciones de la Santísima Virgen de Guadalupe en 1532. Tuvieron lugar en la parte norte de la ciudad, que posteriormente sería conocido como Villa de Guadalupe. Así se llamó por muchos años, pero por motivos políticos se le impuso el nombre del hermano de un Presidente, muerto durante la revolución de 1910; actualmente se llama Gustavo A. Madero, es una delegación política de las diez y seis que tiene la ciudad de México. El pueblo la sigue llamando Villa de Guadalupe –para asuntos no oficiales. Muchos se refieren a la Villa como al santuario o basílica que está construido allí.

Regresando un poco a la historia inicial, habrá que mencionar que los indígenas o “indios” no llegaron a hacer su revuelta contra los conquistadores, quizá fundamentalmente por las apariciones Guadalupanas. A partir de éstas, y de contar con la tilma o ayate de Juan Diego (actualmente canonizado) empezó a haber muchos favores divinos o milagros. Las personas empezaron a visitar primero la pequeña ermita construida a un lado de la actual Catedral. Años más tarde el templo del “Pocito”, cerca del lugar de las apariciones,  llamado así por tener un pozo del cual brotaban aguas tenidas como milagrosas. Más tarde pasó a la Parroquia, llamada ahora por los expertos “de Indios o Naturales” y al templo de Capuchinas, cercano a ella. Después se construyó la que fue declarada Insigne y Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, la cual tenía pisos y columnas de mármol negro de Carrara hasta los años sesenta (1960&hellipGui?o. Actualmente las columnas han sido recubiertas de concreto y los pisos han sido también sustituidos por ese material con motivo de las obras de reparación requeridas por el mal estado de la construcción. (Y por haberse drenado las corrientes de agua subterráneas, al igual que en muchos lugares de la ciudad).

Todo el año hay personas que de forma individual, en familia o en grupos pertenecientes a parroquias, comunidades basadas en el mismo lugar de residencia, lugares de origen, empresas, actividades profesionales, etc., visitan a la Virgen de Guadalupe. Las cifras que se utilizan para calcular a los visitantes pueden ser discutibles, pero muchos afirman que son más de diez millones por año. La época de mayor afluencia se presenta desde principios del mes de diciembre, llegando a su apogeo el día 12, fecha de la última aparición.

A los visitantes se les llama peregrinos. Las peregrinaciones más comunes se realizan desde la antigua Glorieta de Peralvillo –a una distancia aproximada de dos kilómetros, donde había una puerta de acceso hacia el centro de la ciudad de México y posteriormente una “garita” o puesto de revisión para el pulque, bebida alcohólica hecha de la planta del maguey. Al principio y por décadas se siguió la Calzada de los Misterios, donde se erguían (han sido restaurados muchas de ellas) las etapas que se recuerdan al rezar esa devoción. Por algunos años y por haberse construido por esa calzada las vías del ferrocarril, se utilizó la Calzada de Guadalupe, vía paralela que se renovó para la primer visita del Papa Juan Pablo II.

Las personas, tanto nacionales como extranjeras, acuden también directamente desde sus lugares de origen utilizando distintos medios de transporte; en algunos casos caminan cientos de kilómetros, durante varios días hasta llegar a la Basílica. Generalmente llevan flores y es impresionante ver los enormes grupos, formados por anchas filas de personas, que abarcan varias calles de largo, y que frecuentemente miden varios kilómetros.

Los peregrinos rezan y cantan con devoción y entusiasmo. Participan hombres, mujeres, niños y ancianos. En México se dice que la devoción Guadalupana es tan grande y está tan arraigada (aunque sea en ocasiones con algunos errores) que en México se puede ser ateo, pero no se puede dejar de ser Guadalupano.   

María de Guadalupe es ante todo una Madre que se preocupa por sus hijos. Ella le dice a Juan Diego, y a través de él a todos nosotros:  “¿Qué acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás tú bajo mi protección y mi cuidado?” Ella también es a quien se ha encomendado el fin de los abortos y para muchos la Virgen mencionada en el Apocalipsis, venciendo al mal. Ella ha sido nombrada Emperatriz de América y de Filipinas y la Patrona del Nuevo Milenio.

Fdo. Cristobal AGuilar.

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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti