Jueves, 25 de febrero de 2010
LOS SÍMBOLOS CRISTIANOS

El término símbolo procede del griego symbolon, y hace referencia, según su etimología, a un pacto, a un signo de reconocimiento entre hospedador y huésped, que compartían las dos mitades de una misma cosa cuya reunión servía de legitimación y adquiría fuerza de prueba.

Por extensión, se aplicaba a las señales secretas de reconocimiento y de reunión de las que servían los iniciados en los misterios paganos y que adoptaron más tarde los primeros cristianos durante la era de las persecuciones.

Así, el simbolismo sugiere la idea de un lenguaje oculto, esotérico, a la vez misterioso y revelador, claro para los iniciados, oscuro para el vulgo.

 

LOS NÚMEROS EN LA CRISTIANDAD

El arte cristiano, más que cualquier otro, concede un valor considerable a las virtudes de los números, bien porque conserva el recuerdo de las doctrinas neoplatónicas, bien porque los teólogos se sirven de ellos por ser un medio mnemotécnico cómodo para la instrucción religiosa de los iletrados

La cifra 1, que no puede dividirse sin dejar de existir, es el símbolo de Dios Padre.

La cifra 2 designa las dos naturalezas de Cristo, divina y humana.

El 3 y el 4, que sumados dan 7 y multiplicados 12, son los números a los que el cristianismo atribuye una mayor virtud. En el pensamiento de San Agustín expresan, respectivamente, el alma y el cuerpo, el espíritu y la materia; sumados o multiplicados, designan la unión del alma y del cuerpo en la criatura humana y la Iglesia universal.

3 es la cifra de la Trinidad, simbolizada en el Antiguo Testamento por los tres ángeles en la mesa de Abrahán. En la construcción de iglesias, hacen alusión a la Trinidad el triple ábside y las tres portadas de la fachada. También es la cifra de los Reyes Magos que representan las tres partes del mundo conocidas en tiempos de Cristo.

4 es el número al que corresponden los elementos, las estaciones, los ríos del Paraíso, lso temperamentos o complexiones del hombre, así como los evangelistas, los profetas mayores, los padres de la Iglesia, las virtudes cardinales y, después del descubrimiento de América, las partes del mundo.

A la cifra 5 corresponden los cinco libros de Moisés, las cinco llagas de Cristo, las cinco vírgenes necias y prudentes, los cinco sentidos.

A la cifra 6, símbolo de perfección, los seis dís de la Creación.

7 es un número particularmente augusto que se obtiene sumando 3, cifra impar de la Trinidad divina, y 4, cifra par del mundo compuesto de cuatro elementos. Se aplcia a la Creación, a los dones del Espíritu Santo, a los gozos y dolores de la Virgen, a las virtudes cardinales y teologales (que se contraponen a los siete pecados capitales), a los sacramentos, los planetas, las edades de la vida, los días de la semana, las artes liberales. Ocupa un lugar considerable en el Apocalipsis, donde se hace referencia a las siete iglesias de Asia, a los siete sellos, a las siete copas de la cólera divina y al dragón de siete cabezas. En la tradición evangélica el 7 representa la cifra de la gentilidad o de la universalidad.

El número 8 simboliza el renacimiento por el bautismo y la resurrección, razón por la que los baptisterio y las fuentes bautismales tienen a menudo forma octogonal. También se vincula con las bienaventuranzas y con los tonos de la música gregoriana.

La cifra 9 contiene tres veces el número de la Santísima Trinidad. Corresponde a los coros de los ángeles.

El 10 corresponde a los mandamientos del Decálogo.

11 significa el pecado, porque este número "transgrede" el 10, que es la cifra del Decálogo, y el pecado es la transgresión de la Ley.

El 12, producto del 3 multiplicado por 4, rivaliza en importancia con el 7, por ser la cifra no sólo de los meses del año y de los signos del Zodiaco, sino también, sobre todo, de las doce tribus de Israel, de los doce apóstoles y, por tanto, de la Iglesia universal.

El número 13 se consideraba que acarreaba desgracia.

14, dos veces 7, es la cifra de los 14 intercesores.

24 corresponde a los ancianos del Apocalipsis.

33 es el número de años de la vida de Cristo y por eso Dante divide en treinta y tres cantos su trilogía de la Divina Comedia.

40 es la cifra bíblica de los tiempos de prueba. El diluvio dura cuarenta días, así como el ayuno de Cristo después de su bautismo. Los israelitas erraron cuarenta años por el desierto antes de penetrar en la Tierra Prometida.

LOS PUNTOS CARDINALES

La significación de los cuatro puntos cardinales merecen tenerse en cuenta porque han influido en la planta y en la decoración de las iglesias, así como en la disposición de las tumbas.

Salvo raras excepciones, todas las iglesias cristianas están orientadas, es decir, su cabecera se dirige al este, hacia el lado del sol naciente. Este uso se generaliza a partir del siglo IV. H. Nissen precisa que los santuarios paganos o cristianos estaban orientados en función del punto del horizonte donde se asomaba el sol el día de la fiesta del dios o del santo al que estaba dedicado el templo.

Se trata, evidentemente, de un recuerdo de los cultos solares, de la antigua adoración del sol naciente, ya que en Egipto y Grecia los fieles se volvín hacia el Oriente para adorar al dios del sol y, muertos, se hacían inhumar frente al astro divinizado. En el cristianismo, el sol ya no se adora como un dios, pero permanece como el símbolo de la divinidad del Salvador.

Hay que añadir que Oriente es, al mismo tiempo que la fuente de la luz, la dirección de Jerusalén, la ciudad santa donde murió Jesús; también, la dirección de La Meca hacia la que se orienta el mihrab de las mezquitas musulmanas, que marca, como el altar de las iglesias cristianas, por así decir, el "punto de dirección" de las plegarias.

Como se ha observado con gran ingenio, esta necesidad simbólica de la orientación llevó a la arquitectura cristiana a la adopción de la planta basilical, en longitud, frente a la forma circular o semicircular del anfiteatro o del teatro que hubiera sido mucho más racional e infinitamente más práctica, ya que habría permitido a todos los asistentes, sentados en las gradas, ver las ceremonias litúrgicas y escuchar la palabra del celebrante o del predicador. Se descartó porque un hemiciclo o una rotonda se prestaría menos a canalizar las plegarias de los creyentes en la dirección del sol naciente y de la Ciudad Santa.

Al igual que el presbiterio de las iglesias, la sala capitular de los claustros está también orientada hacia el este.

Las excepciones a esta norma de la orientación son rara vez producto de una mala implantación por la impericia de los constructores, y se explican por razones litúrgicas o, todavía más a menudo, topográficas. Si el presbiterio de la basílica de peregrinación de Lourdes se vuelve hacia el oeste, es para cubrir la gruta milagrosa que le sirve de iglesia interior o cripta. La desviación del eje de la capilla absidal de Saint-Denis se explica por la existencia de un arroyo que se extiende a lo largo del costado sur del edificio, que fue preciso evitar para asentar bien los cimientos sobre un suelo al abrigo de la humedad, cuyos inconvenientes ya se habían constatado en la cripta.

Los cristianos no creen que el Dios que adoran habite en el Sinaí o en Jerusalén. Lo consideran universal y omnipresente; piensan que sus plegarias llegarán igualmente bien a su destino. Pero, aunque había perdido desde hacía varios siglos su razón de ser, la orientación de los lugares de culto en una regla que la Iglesia no abolió y a la que se sacrificaba la estética medieval: de ahí, por ejemplo, que en Colonia todas las iglesias, en lugar de mirar hacia el Rin, le dan la espalda.

Si el Oriente es el símbolo del Paraíso, el Occidente, por donde el sol se oculta, es considerando, por el contrario, como el reino del Anticristo, de las tinieblas y de la muerte; por eso el muro de la fachada occidental se reserva para la representación del Juicio Final, ya sea en el interior, en los mosaicos de las iglesias bizantinas, ya en el exterior, en los bajorrelieves de las iglesias románicas.

El Norte y el Sur tienen significaciones análogas. El Norte, que es la región de la oscuridad y de las escarchas, está dedicado a Satanás y al reino de la Ley. El Mediodía, de donde vienen la luz y el calor, evoca, por el contrario, la idea del Cristo Salvador, del reino de la Gracia.

Esta oposición determina, además, que al entrar el fiel en la iglesia tenga el Norte a la izquierda y el Sur a su derecha. Ahora bien, la izquierda siempre ha tenido fama de mal augurio, como lo prueba la doble acepción de la palabra sinister. La derecha ocupa, por el contrario, en todas las civilizaciones, el lugar de honor. La excelencia o preeminencia atribuida a la mano derecha está atestiguada a la vez por los textos, las imágenes y las costumbres.

En las crucifixiones simbólicas, la Iglesia está siempre a la derecha de Cristo, la Sinagoga a su izquierda. En las crucifixiones históricas, la Virgen, de mayor dignidad, ocupa el lugar de la Iglesia y San Juan el de la Sinagoga.

Cristo está sentado a la derecha del Padre. En la escena del Juicio Final, los elegidos están colocados a la derecha del Juez y los condenados a su izquierda. En la nave de las iglesias, separados por sexos, los hombres ocupan la derecha, las mujeres, consideradas inferiores, la izquierda.

En los programas decorativos de las iglesias el Norte está reservado al ciclo del Antiguo Testamento y el lado sur pertenece al Nuevo. Esta distinción se ve muy claramente en las portadas laterales de la catedral de Chartres y en los rosetones del transepto de Notre-Dame de París.

Otra consecuencia que incumbe a la arquitectura es que, según las reglas litúrgicas, el baptisterio debe estar situado en el norte de la iglesia, porque ese lado es la región de las tinieblas donde se sumergen los neófitos antes de su purificación por el bautismo.

El simbolismo de las cuatro partes del mundo, que se relaciona con el de los cuatro puntos cardinales, no se desarrolla, por supuesto, hasta después del descubrimiento de América. Se codificó en el siglo XVI en la Iconología de Ripa. Se puede considerar como una variante de este tema la representación de los cuatro ríos del Paraíso y de los cuatro grandes ríos de la tierra.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
Comentarios
Publicado por lupyta solis
Jueves, 26 de abril de 2012 | 8:23

que bonita pagina.... sigan invitando al mundo a creer en Dios que El se los recompenzará en lo alto. Muchas bendiciones!!!.

 

Publicado por Invitado
Viernes, 04 de mayo de 2012 | 21:23

Paz y bien a todos los que hacen posible que exista esta pagina. Felicitaciones es excelente en su contenido y presentacion. Dios los bendiga e ilumine, para que continuen su evangelizacion a través de este medio.

Publicado por sara
Miércoles, 12 de septiembre de 2012 | 1:28

que bonita pagina!!!!!!!!!!!!!!!!!! hermosicimo bello!!!!

 
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