Mi?rcoles, 24 de febrero de 2010
TERCERA PARTE DEL DIARIO DE SOR FAUSTINA - LA EXPERIENCIA MÍSTICA EN EL CORAZÓN

Tercera parte del interesantísimo diario de Sor Faustiana, espero que os guste y os sirve de apoyo. EL AUTOR DEL BLOG.







           +

(159) JMJ                                                                                                     Vilna, 8 II 1935

 

375      Trabajo interior particular, es decir, examen de conciencia.  Sobre negarme a mi misma y mi propia voluntad.

 

I.  Negación de la razón, es decir, someterla a la razón de aquellos que aquí en la tierra sustituyen para mí a Dios

 

            II.  Negación de la voluntad, es decir, cumplir la voluntad de Dios que se me revela a través de la voluntad de aquellos que aquí sustituyen para mi a Dios y que esta expresada en las reglas de nuestra Congregación.

 

            III.  Negación del juicio, es decir, aceptar inmediatamente sin pensar, sin analizar, sin razonar cualquier orden que recibo de aquellos que sustituyen para mi a Dios.

 

IV.  Negación de la lengua.  No le daré la mas pequeña libertad; en un solo caso se la daré total, es decir en proclamar la gloria de Dios.  Siempre cuando recibo la Santa Comunión, pido que Jesús se digne reforzar y limpiar mi lengua, para que yo no hiera con ella al prójimo.  De ahí que tenga el máximo respeto para la regla que habla del silencio.

 

376            Oh Jesús mío, tengo confianza en que Tu gracia me ayudara a cumplir estos propósitos.  A pesar de que los puntos mencionados arriba están incluidos en el voto de la obediencia, deseo ejercitarme en ello de modo más especial, ya que es la esencia de la vida consagrada.  Oh Jesús Misericordioso, Te ruego ardientemente, ilumina mi intelecto para que pueda conocerte mejor a Ti que eres el Ser Infinito y para que pueda conocerme mejor a mí, que no soy más que la nada.

 

377      (160) Sobre la confesión.  De la confesión deberíamos obtener dos beneficios:

 

            1. nos confesamos para ser sanados;

            2. para ser educados; nuestras almas necesitan una continua educación, como el niño pequeño.

 

            Oh Jesús mío, entiendo profundamente estas palabras y se por experiencia que un alma con sus propias fuerzas no llegara lejos, se cansara mucho sin hacer nada para la gloria de Dios; se desvía constantemente porque nuestra mente es oscura y no sabe distinguir su propia causa.  Llamare una atención especial a dos cosas:  primero, elegiré para la confesión lo que mas me humilla, aunque fuera algo muy pequeño, pero que me cuesta y por eso lo confesare; segundo, me ejercitare en la contrición; no solamente a ocasión de la confesión sino en cada examen de conciencia suscitar en mi la contrición perfecta y, especialmente, antes de ir a descansar.  Una palabras más:  el alma que desea sinceramente progresar en la perfección, debe seguir estrictamente los consejos del director espiritual.  Tanta santidad cuanta dependencia.

 

378      Una vez, mientras hablaba con el director de mi alma, en un relámpago más veloz que el de un rayo, vi interiormente su alma en gran sufrimiento, en tal tormento que son pocas las almas a las cuales Dios prueba con este fuego.  Este sufrimiento se debe a esta obra. Llegara un momento en que esta obra que Dios recomienda tanto, parecerá ser completamente destruida, y de repente Dios intervendrá con gran fuerza que dará el testimonio de la veracidad.  Ella [la obra] será un nuevo esplendor para la Iglesia, a pesar de estar en ella desde hace mucho tiempo.  Nadie puede negar que Dios es infinitamente misericordioso; Él desea que todos lo sepan; antes de volver como Juez, desea que las almas lo conozcan como Rey de Misericordia.  Cuando venga este triunfo, nosotros estaremos ya en la nueva vida, en la que no hay sufrimientos, pero antes tu alma será saturada de amargura al ver la destrucción de tus esfuerzos.  Sin embargo esta destrucción es solo aparente, ya que Dios no cambia lo que ha establecido una vez.  Pero aunque la destrucción (161) será aparente, el sufrimiento será real.  ¿Cuándo sucederá esto? no sé; ¿Cuánto tiempo durara? No sé [154].  Pero Dios prometió una gran gracia, especialmente a ti y a todos [155] que proclamen esta gran misericordia Mía.  Yo Mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión.  Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno.

 

379            Durante una adoración Jesús me prometió:  Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita misericordia.

 

Mi Corazón sufre, continuaba Jesús, a causa de que ni las almas elegidas entienden lo grande que es Mi misericordia; en su relación [conmigo] en cierto modo hay desconfianza.  Oh, cuanto esto hiere mi Corazón.  Recuerden Mi Pasión, y si no creéis en Mis palabras, creed al menos en Mis llagas.

 

380            No hago ningún movimiento, ningún gesto a mi gusto, porque estoy vinculada a la gracia; siempre estoy atenta a lo que es más agradable a Jesús.

 

381            Durante una meditación sobre la obediencia oí estas palabras:  En esta meditación, el sacerdote habla [156] de modo especial para ti, has de saber que Yo Me presto su boca.  Trate de escuchar con la mayor atención y todo lo aplicaba a mi corazón, tal como en cada meditación.  Cuando el sacerdote afirmo que el alma obediente se llena de la fuerza de Dios… Si [157], cuando eres obediente, te quito tu debilidad y te doy Mi fortaleza.  Me sorprende mucho que las almas no quieran hacer este cambio Conmigo.  Dije al Señor:  Jesús, ilumina Tú mi alma, ya que de lo contrario también yo entenderé muy poco de estas palabras.

 

382            (162) Se que no vivo para mi, sino para un gran numero de almas.  Se que las gracias a mi concedidas no son solamente para mi, sino para las almas.  Oh Jesús, el abismo de Tu misericordia se ha volcado en mi alma que es el mismo de la miseria misma.  Te agradezco, Jesús, por las gracias y los pedacitos de la cruz que me das para cada momento de la vida.

 

383            Al comienzo de los ejercicios espirituales vi. al Señor Jesús clavado en la cruz en el techo de la capilla, mirando con gran amor a las hermanas, pero no a todas.  había tres hermanas a las cuales dirigió una mirada severa.  No sé, no sé por que razón, sé solamente que es una cosa terrible ver tal mirada que es una mirada del Juez severo.  Aquella mirada no me correspondía, sin embargo me paralizo el miedo; cuando lo escribo, tiemblo toda.  No me atreví a decir a Jesús ni una sola palabra, las fuerzas físicas me abandonaron y pensé que no resistiría hasta el fin de la predica.  Al día siguiente volví a ver lo mismo que la primera vez y me atreví a decir estas palabras:  Oh Jesús, que grande es Tu misericordia.  Al tercer día se repitió otra vez la misma mirada sobre todas las hermanas con gran benevolencia, excepto esas tres hermanas.  Entonces, me llene de atrevimiento que venia del amor hacia el prójimo y dije al Señor: Tu eres la Misericordia misma, como Tu Mismo me has dicho, pues Te ruego por el poder de Tu misericordia, vuelve Tu mirada bondadosa también a esas tres hermanas y si esto no es según Tu Sabiduría, Te ruego hacer un cambio:  Que Tu mirada bondadosa hacia mi alma sea para ellas y que Tu mirada severa hacia sus almas sea para mi.  De súbito Jesús me dijo estas palabras:  Hija Mía, por tu amor sincero y generoso les concedo muchas gracias, aunque ellas no Me las piden, pero por la promesa que te he hecho.  Y en aquel momento envolvió también a esas tres hermanas con una mirada misericordiosa.  De gran gozo palpitó mi corazón al ver la bondad de Dios.

 

384            (163) Cuando me quedé en la adoración entre las 9 y las 10, se quedaron también cuatro hermanas más.  Al acercarme al altar y empezar a meditar la Pasión del Señor Jesús, un terrible dolor inundó mi alma a causa de la ingratitud de tan grande numero de almas que viven en el mundo, pero me dolía especialmente la ingratitud de las almas elegidas particularmente por Dios.  No hay modo de expresarla ni de compararla.  Al ver esta mas negra ingratitud sentí como si el corazón se me desgarrara, me abandonaron completamente las fuerzas físicas y caí con la cara al suelo sin reprimir un llanto irrefrenable.  Cada vez que recordaba la gran misericordia de Dios y la ingratitud de las almas, el dolor traspasaba mi corazón y entendí cuanto eso hería el Corazón dulcísimo de Jesús.  Con un corazón ardiente renové mi acto de ofrecimiento por los pecadores.

 

385            Con gozo y deseo he acercado los labios a la amargura del cáliz que tomo de la Santa Misa todos los días.  La pequeña porción que Jesús me ha asignado para cada momento y la cual no cederé a nadie.  Consolare incesantemente el dulcísimo Corazón Eucarístico, tocare cánticos de agradecimiento en las cuerdas de mi corazón, el sufrimiento es el tono mas armonioso.  Estaré muy atenta para presentir ¿con que puedo alegrar Tu Corazón?

 

386            Siento que Dios me permitirá levantar el velo para que la tierra no dude de su bondad.  Dios no esta sujeto a eclipses ni a cambios, queda por la eternidad Uno y [siempre] Él Mismo; a su voluntad nada puede oponerse.  Siento en mí una fuerza sobrehumana, siento el arrojo y la fortaleza debidas a la gracia que vive en mí.  Comprendo a las almas que sufren en contra de la esperanza, porque experimenté en mí este fuego.  Sin embargo Dios no da [sufrimientos] por encima de las fuerzas.  A menudo he vivido con la esperanza contra la esperanza, y he empujado mi esperanza hasta la total confianza en Dios.  Que se haga conmigo lo que ha establecido desde la eternidad.

 

387            Seria muy impropio que una hermana religiosa buscara alivio en el sufrimiento.

 

388            [He aquí] lo que ha hecho la gracia y la meditación del criminal más grande.  El que muere tiene un gran amor.  “Acuérdate de mi cuando estés en el paraíso.”  El arrepentimiento sincero transforma inmediatamente a un alma.  La vida espiritual debe practicarse con seriedad y con sinceridad.

 

389            El amor debe ser reciproco.  Como el Señor Jesús HA bebido por mí toda la amargura, entonces yo, su esposa, para dar prueba de mi amor hacia Él, aceptare todas las amarguras.

 

390            Quien sabe perdonar, se prepara muchas gracias de parte de Dios.  Siempre que mire la cruz, perdonare sinceramente.

 

391            La unión con las almas la hemos recibido con el santo bautizo.  La muerte refuerza el amor.  Debo ser siempre de ayuda para los demás.  Si soy una buena religiosa, seré útil no solamente a la Congregación sino también a toda la patria.

 

392            Dios ofrece las gracias de dos maneras:  a través de las inspiraciones y las iluminaciones.  Si pedimos una gracia, Dios la da, pero debemos querer aceptarla; pero para aceptarla es necesaria la abnegación.  El amor no consiste en las palabras ni en los sentimientos, sino en la acción.  Es un acto de la voluntad, es un don, es decir, una donación; el intelecto, la voluntad, el corazón, debemos ejercitar estas tres facultades durante la oración.  Resucitare en Jesús, pero primero tengo que vivir en Él.  Si no me separo de la cruz, entonces se manifestara en mí el Evangelio.  Todas mis deficiencias las completa en mi Jesús, su gracia que obra sin cesar.  La Santa Trinidad me ofrece su vida abundantemente con el don del Espíritu Santo.  Las Tres personas divinas viven en mí.  Si Dios ama, [lo hace] con todo su Ser, con todo el poder de su ser.  Si Dios me ha amado así, ¿cómo [debo corresponder] a esto yo,  su esposa?

 

393            (165) Durante una predica Jesús me dijo:  En el pequeño racimo elegido tú eres la uva dulce; deseo que el jugo que circula en ti se transmita a otras almas.

 

394            Durante la renovación [158] vi. al Señor Jesús de lado de la epístola, con una túnica blanca y un cinturón de oro, y en la mano tenía una espada terrible.  Eso duró hasta el momento en que las hermanas comenzaran a renovar los votos.  Súbitamente vi. una claridad inconcebible, delante de esa claridad vi. una nube blanca en forma de balanza.  En aquel momento se acerco el Señor Jesús y puso la espada sobre uno de los platillos y éste con todo aquel peso, bajó hasta la tierra y falto poco para que la tocara completamente.  Justo entonces las hermanas terminaron de renovar los votos.  De repente vi. a los ángeles que de cada una de las hermanas tomaron algo en un recipiente de oro, en forma como de un incensario.  Cuando recogieron de todas las hermanas y pusieron el recipiente en el segundo platillo, éste prevaleció sobre el primero, en el cual había sido puesta la espada.  En aquel momento, del incensario salio una llama que [alcanzó] la claridad.  En seguida oí una voz desde la claridad:  Reponed la espada en su lugar, la ofrenda es mayor.  En aquel momento Jesús nos dio a todos una bendición y todo lo que yo veía desapareció.  Las hermanas empezaron a recibir la Santa Comunión, mi alma fue inundada de un gozo tan grande que no logro describirlo.

 

395            15 II 1935.  Viaje de uno días a la casa familiar para ver a mi madre moribunda.

 

Al saber que mi madre estaba gravemente enferma y ya cerca de la muerte, y que me pidió venir porque deseaba verme una vez más antes de morir, en aquel momento se despertaron todos los sentimientos del corazón.  Como una niña que amaba sinceramente a su madre, deseaba ardientemente cumplir su deseo, pero deje a Dios la decisión y me abandone plenamente a su voluntad; sin reparar en el dolor del corazón, seguía la voluntad de Dios.  En la mañana del día de mi onomástico, 15 de febrero (166) la Madre Superiora me entregó otra carta de mi familia y me dio el permiso de ir a la casa familiar para cumplir el deseo y la petición de la madre moribunda.  En seguida empecé a prepararme para el viaje y ya al anochecer salí de Vilna.  Toda la noche la ofrecí por la madre gravemente enferma para que Dios le concediera la gracia de que los sufrimientos que estaba pasando no perdieran nada de su merito.

 

396      Durante el viaje tuve una compañía muy agradable, ya que en el mismo compartimiento viajaban algunas señoras pertenecientes [a una asociación religiosa mariana]; sentí que una de ellas sufría mucho y que en su alma se desarrollaba una lucha encarnizada.  Comencé a rezar mentalmente por ella.  A las once las demás señoras pasaron al otro compartimiento para platicar, mientras nosotras nos quedamos solas.  Sentía que mi plegaria había provocado en ella una lucha aun mayor.  Yo no la consolaba sino que rezaba con más ardor.  Por fin, esa alma se dirigió a mí y me pidió que le dijera si ella tenía la obligación de cumplir cierta promesa hecha a Dios.  En aquel momento conocí dentro de mí qué promesa era y le contesté:  Usted está absolutamente obligada a cumplir esta promesa, porque de lo contrario será infeliz durante toda su vida.  Este pensamiento no la dejará en paz.  Sorprendida de esa respuesta reveló delante de mi toda su alma.

 

Era una maestra que antes de examinarse hizo a Dios la promesa de que si pasaba los exámenes se dedicaría al servicio de Dios, es decir, entraría en el convento.  Pero dijo: Después de aprobar muy bien los exámenes ahora me he dejado llevar por el torbellino del mundo y no quiero entrar en el convento, pero la conciencia no me deja en paz, y a pesar de las distracciones me siento siempre descontenta.

 

Tras una larga conversación esa persona fue completamente cambiada y dijo que inmediatamente emprendería gestiones para ser recibida en un convento.  Me pidió que rogara por ella; sentí que Dios no le escatimaría sus gracias.

 

397      Por la mañana llegué a Varsovia, y a las 8 de la noche ya estaba en casa.  Es difícil describir la alegría de los padres y de toda la familia.  (167) Mi madre mejoró un poco, pero el medico no daba ninguna esperanza para su restablecimiento completo.  Después de saludarnos, nos arrodillamos todos para agradecer a Dios por la gracia de podernos ver todos una vez mas en la vida.

 

398            Al ver como rezaba mi padre me avergoncé mucho, porque yo después de tantos años en el

convento, no sabia rezar con tanta sinceridad y tanto ardor.  No dejo de agradecer a Dios por los padres que tengo.

 

399            Oh, como ha cambiado todo en estos 10 años, todo es desconocido:  el jardín era tan pequeño y ahora es irreconocible, los hermanos y las hermanas eran todavía pequeños y ahora no los puedo reconocer, todos grandes y me sorprendí de no haberles encontrado tales como eran cuando nos habíamos separado.

 

400`     Stasio me acompañaba a la iglesia todos los días.  Sentía que aquella querida alma era muy agradable a Dios.  El ultimo día, cuando ya no había nadie en la iglesia, fui con él delante del Santísimo Sacramento y rezamos juntos el Te Deum.  Tras un instante de silencio ofrecí esta querida alma al dulcísimo Corazón de Jesús.  ¡Cuánto pude rezar en esta iglesia!  Recordé todas las gracias que en este lugar había recibido y que en aquel tiempo no comprendía y a menudo abusaba de ellas; y me sorprendí yo misma de cómo había podido ser tan ciega.  Mientras reflexionaba y lamentaba mi ceguera, de súbito vi. Al Señor Jesús resplandeciente de una belleza inexpresable que me dijo con benevolencia:  Oh elegida Mía, te colmaré con gracias aun mayores para que seas testigo de Mi infinita misericordia por toda la eternidad.

 

401      Aquellos días en casa me pasaron entre mucha compañía porque todos quisieron verme y decirme algunas palabras.  Muchas veces conté hasta 25 personas.  Les interesaron mis relatos sobre la vida de los santos.  Me imaginaba que nuestra casa era una verdadera casa de Dios, porque cada noche se hablaba en ella solo de Dios.  Cuando, cansada de relatar y deseosa de la soledad y del silencio, me aparté por la noche al jardín para poder hablar con Dios a solas, ni siquiera conseguí esto, ya que vinieron en seguida los hermanos y las hermanas y me llevaron a casa y tuve que seguir hablando, todos los ojos clavados (168) en mi.  Pero logré encontrar el modo de tomar aliento, pedí a los hermanos que cantasen para mi, porque tenían bellas voces y además uno tacaba el violín y otro la mandolina, y así en ese tiempo pude dedicarme a la oración interior sin evitar su compañía.  Me costó mucho el tener que besar a los niños.  Venias las vecinas con niños y pedían que los tomara al menos un momento en brazos y les diera un beso.  Consideraban eso como un gran favor y para mi era una ocasión para ejercitarme en la virtud, porque mas de uno estaba bastante sucio, pero para vencerme y no mostrar aversión, a aquellos niños sucios les daba dos besos.  Una vecina trajo a su niño enfermo de los ojos, los cuales estaban llenos de pus y me dijo:  Hermana, tómalo en brazos un momento.  La naturaleza sentía aversión, pero sin reparar en nada, tomé en brazos y besé dos veces los purulentos ojos del niño y pedí a Dios por la mejoría.  Tuve muchas ocasiones para ejercitarme en la virtud.  Escuché a todos que decían sus quejas y advertí que no había corazones alegres, porque no había corazones que amaran sinceramente a Dios, y no me sorprendía nada.  Me afligí mucho de que no pudiera ver a mis dos hermanas.  Sentí interiormente en que gran peligro se encontraban sus almas.  El dolor estrechó mi corazón solo al pensar en ellas.  Una vez, al sentirme muy cerca de Dios, pedí ardientemente al Señor la gracia para ellas y el Señor me contestó:  Les concedo no solamente las gracias necesarias, sino también las gracias particulares.  Comprendí que el Señor las llamaría a una más estrecha unión Consigo.  Me alegro enormemente de que en nuestra familia reine el amor tan grande.

 

402            Cuando me despedí de mis padres y les pedí su bendición, sentí el poder de la gracia de Dios que fluyó sobre mi alma.  Mi padre, mi madre y mi madrina, entre lágrimas, me bendijeron y felicitaron la máxima fidelidad a la gracia de Dios, y pidieron que no olvidara nunca las numerosas gracias que Dios me había concedido llamándome a la vida consagrada.  Pidieron mis oraciones.  (169)  A pesar de que lloraban todos, yo no derramé ni una sola lagrimita; traté de ser valiente y los consolé a todos como pude, recordándoles el cielo y que allí no habría mas separaciones.  Stasio me acompaño al automóvil; le dije cuanto Dios ama a las almas puras; le aseguré de que Dios estaba contento con él.  Mientras le hablaba de la bondad de Dios y de cómo [Dios] piensa en nosotros, se puso a llorar como un niño pequeño y yo no me sorprendí porque es un alma pura, pues conoce a Dios fácilmente.

 

403            Cuando subí al automóvil, desahogué el corazón y también me puse a llorar de alegría como una niña, porque Dios concedía tantas gracias a nuestra familia y me sumergí en una oración de agradecimiento.

 

404            Por la noche estaba ya en Varsovia.  Primero saludé al Dueño de casa [159] y después saludé a toda la Comunidad.  Cuando, antes de ir a descansar, fui a decir buenas noches al Señor y le pedí perdón por haber hablado tan poco con Él durante mi estancia en casa, oí en el alma una voz:  Estoy muy contento de que no hayas hablado Conmigo, y que hayas dado a conocer Mi bondad a las almas y las hayas invitado a amarme.

 

405            La Madre Superiora [160] me dijo que al día siguiente iríamos a Józefinek [161] las dos y que yo tendría la oportunidad de hablar con la Madre General.  [162]  Me alegré muchísimo de eso.  La Madre General como siempre, la misma, llena de bondad, serenidad y espíritu de Dios; hablé con ella mucho tiempo. Asistimos a un oficio de la tarde.  Cantaron la Letanía del Sagrado Corazón de Jesús.  El Señor Jesús estaba expuesto en la custodia, un momento después vi. al pequeño Señor Jesús que salio de la Hostia y Él Mismo descansó en mis brazos.

 

406            Eso duró un breve momento, una enorme alegría inundó mi alma.  El Niño Jesús tenía el mismo aspecto que cuando entré en la pequeña capilla junto con la Madre Superiora, anteriormente mi Maestra, Maria Josefina.

 

407            Al día siguiente estaba ya en mi querida Vilna.  Oh, como me sentía feliz de haber vuelto a nuestro convento.  Me parecía como si entrara otra vez, no dejaba de alegrarme del silencio y de la calma gracias a las cuales el alma se sumerge en Dios tan fácilmente, todos le ayudan en esto y nadie estorba.

 

(170) La Cuaresma.

 

408            Cuando me sumerjo en la Pasión del Señor, a menudo en la adoración veo al Señor Jesús bajo este aspecto:  después de la flagelación los verdugos tomaron al Señor y le quitaron su propia túnica que ya se había pegado a las llagas; mientras la despojaban volvieron a abrirse sus llagas.  Luego vistieron al Señor con un manto rojo, sucio y despedazado sobre las llagas abiertas.  El manto llegaba a las rodillas solamente en algunos lugares.  Mandaron al Señor sentarse en un pedazo de madero y entonces trenzaron una corona de espinas y ciñeron con ella la Sagrada Cabeza; pusieron una caña en su mano, y se burlaban de Él homenajeándolo como a un rey.  Le escupían en la Cara y otros tomaban la caña y le pegaban en la Cabeza; otros le producían dolor a puñetazos, y otros le taparon la Cara y le golpeaban con los puños.  Jesús lo soportaba silenciosamente.  ¿Quién puede entender, su dolor?  Jesús tenía los ojos bajados hacia la tierra.  Sentí lo que sucedía entonces en el dulcísimo Corazón de Jesús.  Que cada alma medite lo que Jesús sufría en aquel momento.  Competían en insultar al Señor.  Yo pensaba ¿de dónde podía proceder tanta maldad en el hombre?  La provoca el pecado.  Se encontraron el Amor y el pecado.

 

409            Cuando, junto con una hermana, estábamos en un templo durante la Santa Misa, sentí la grandeza y la Majestad de Dios; sentía que aquel templo estaba impregnado de Dios.  Su Majestad me envolvió; a pesar de darme miedo me llenaba de calma y alegría; conocí que nada podía oponerse a su voluntad.  Oh, si todas las almas [supieran] quién vive en nuestros templos, no habría tantos insultos y tantas faltas de respeto en aquellos lugares santos.

 

410            Oh Amor eterno e inconcebible, Te pido una gracia, ilumina mi mente con la luz de lo alto, permíteme conocer y apreciar todas las cosas según su valor.  Al conocer la verdad, mi alma se llena de máxima alegría.

 

411            (171) 21 III 1935.  Muchas veces durante la Santa Misa veo al Señor en mi alma, siento su presencia que me invade por completo.  Siento su mirada divina, hablo mucho con Él sin decir una sola palabra.  Conozco lo que desea su Corazón Divino y siempre hago lo que Él prefiere.  Amo hasta la locura y siento que soy amada por Dios.  En los momentos cuando me encuentro con Dios en la profundidad de mis entrañas, me siento tan feliz que no sé expresarlo.  Estos momentos son cortos, porque el alma no los soportaría mas, debería producirse la separación del cuerpo.  Aunque estos momentos son muy cortos, no obstante su poder que pasa al alma permanece muchísimo tiempo.  Sin el menor esfuerzo siento un profundo recogimiento que entonces me envuelve y que no disminuye a pesar de que converso con la gente, ni me molesta en el cumplimento de mis deberes.  Siento su constante presencia sin ningún esfuerzo del alma, siento que estoy unida a Dios tan estrechamente como una gota de agua con el océano sin fondo.

 

Este jueves sentí esta gracia al final de las oraciones; duró excepcionalmente mucho tiempo, es decir, toda la Santa Misa, pensaba que moriría de gozo.  En esos momentos conozco mejor a Dios y sus atributos, y también me conozco mejor a mi y mi miseria, y me sorprende que Dios se humille tanto hacia un alma tan miserable como la mía.  Después de la Santa Misa me sentía sumergida totalmente en Dios y tenia presente cada mirada suya a la profundidad de mi corazón.

 

412            Hacia el medio día entré un momento en la capilla y otra vez el poder de la gracia golpeo mi corazón.  Mientras permanecía en recogimiento, Satanás tomó un tiesto de flores y con rabia lo tiró al suelo con toda su fuerza.  vi. toda su furia y su envidia.  No había nadie en la capilla, así que me levanté y recogí el tiesto roto y replanté la flor, y quise ponerla rápidamente en su lugar antes de que alguien viniera a la capilla.  Sin embargo no lo logré, porque entraron en seguida la Madre Superiora [163] y la hermana sacristana [164] y algunas otras hermanas.  La Madre Superiora se sorprendió de que hubiera tocado algo en el pequeño altar y (172) que el tiesto hubiera caído; la sacristana mostró su descontento; yo traté de no excusarme ni justificarme.  Pero, al anochecer me sentía muy agotada y no pude hacer la Hora Santa, y pedí a la Madre Superiora el permiso de acostarme mas temprano.  Una vez acostada, me dormí en seguida; no obstante cerca de las once, Satanás sacudió mi cama.  Me desperté inmediatamente y comencé a rezar con calma a mi Ángel Custodio.  De súbito vi. las almas que estaban expiando en el purgatorio; su aspecto era como una sombra y entre ellas vi. muchos demonios; uno de ellos trató de molestarme arrojándose en forma de gato sobre mi cama y mis pies, y era tan pesado como si [pesara] algunos pud*.

 

Todo aquel tiempo rezaba el rosario; de madrugada aquellas figuras se fueron y pude dormirme.  Por la mañana, cuando fui a la capilla, oí en el alma la voz:  Estás unida a Mí y no tengas miedo de nada, pero has de saber, niña Mía, que Satanás te odia; él odia muchas almas, pero arde de un odio particular hacia ti, porque arrancaste a muchas almas de su poder.

 

* pud – es una antigua medida de peso rusa equivalente a 40 libras

 

413                                                                                                   Jueves Santo, 18 IV

 

Por la mañana escuché estas palabras:  Desde hoy hasta la Resurrección no sentirás Mi presencia, pero tu alma se llenara de gran añoranza, y en seguida un gran deseo inundo mi alma; sentía la separación del amado Jesús y al acercarse el momento de la Santa Comunión, vi. en el cáliz, en cada Hostia el Rostro doliente de Jesús.  A partir de aquel momento sentí en mi corazón una añoranza aun mayor.

 

 

414Viernes Santo.  A las tres de la tarde, cuando entré en la capilla, oí estas palabras:  Deseo que esta imagen sea venerada en publico (173).  Luego vi al Señor Jesús que agonizaba en la cruz entre terribles tormentos y del Corazón de Jesús salieron estos dos rayos que están en la imagen.

 

415Sábado.  Durante las vísperas vi. al Señor Jesús resplandeciente como el sol, con una túnica clara, y me dijo:  Que se alegre tu corazón.  Y me inundó una gran alegría y me traspasó totalmente la presencia de Dios que es un tesoro inexplicable para el alma.

 

416Cuando esta imagen [165] fue expuesta, vi. un vivo movimiento de la mano de Jesús que trazó una gran señal de la cruz.  Por la noche del mismo día, al acostarme, vi. que la imagen estaba pasando sobre una ciudad y aquella ciudad estaba cubierta de redes y de trampas.  Jesús, al pasar cortó todas las redes y por fin trazó una gran señal de la santa cruz y desapareció.  Y yo me vi. rodeaba de muchas figuras malignas que ardían de gran odio hacia mí.  De sus bocas salían diferentes amenazas, pero ninguna me tocó.  Después de un momento esa visión desapareció, pero no pude dormirme durante mucho tiempo.

 

417            26 IV.  El viernes, cuando estaba en Ostra Brama durante las solemnidades en las cuales fue expuesta esta imagen, estuve presente en la homilía que dijo mi confesor [166]; la homilía fue sobre la Divina Misericordia, fue la primera de las que exigía el Señor Jesús desde hacia mucho tiempo.  Cuando empezó a hablar de esta gran misericordia del Señor, la imagen tomó un aspecto vivo y los rayos penetraron en los corazones de las personas reunidas, pero no en grado igual, unos recibieron más y otros menos.  Una gran alegría inundo mi alma viendo la gracia de Dios.

(174) Entonces oí estas palabras:  Tú eres testigo de Mi misericordia, por los siglos estarás delante de Mi trono como un vivo testigo de Mi misericordia.

 

418            Terminada la homilía, no esperé el final del oficio, por que tenia prisa para volver a casa.  Al dar yo algunos pasos, me cerraron el camino toda una multitud de demonios que me amenazaron con terribles tormentos, y se dejaron oír las voces:  Nos has quitado todo por lo que habíamos trabajado tantos años.  Cuando les pregunté:  ¿De donde llegan en tal multitud?  Estas figuras malignas me contestaron:  De los corazones humanos, no nos molestes.

 

419            Viendo su tremendo odio hacia mi, entonces pedí ayuda al Ángel Custodio y en un solo momento apareció la figura luminosa y radiante del Ángel de la Guarda que me dijo:  No tengas miedo, esposa de mi Señor, estos espíritus no te van a hacer ningún mal sin su permiso Los espíritus malignos desaparecieron en seguida y el fiel Ángel de la Guarda me acompañó de modo visible hasta la casa misma.  Su mirada era modesta y serena, y de la frente brotaba un rayo de fuego.

Oh Jesús, desearía fatigarme y cansarme, y sufrir durante toda la vida por este único momento en que vi. Tu gloria, Señor, y los beneficios de las almas.

(Continuara...)

 

Autora: Sor Faustina

Transcrito por: Cristobal Aguilar.



Image Hosted by ImageShack.us
By cristobalaguilar at 2011-02-03
Comentarios
 
¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com Contador de visitas y estadísitcas
In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti