El infierno es el conjunto de todos los males sin mezcla de bien
alguno. La
existencia del infierno eterno es dogma de fe. Está definido en el
Concilio IV de
Letrán(982). Siguiendo las enseñanzas de Cristo , la
Iglesia advierte a los fieles de la triste y lamentable realidad de la
muerte eterna,
llamada también infierno .99,2. El infierno es la negación del amor y el fracaso de nuestra
libertad . El
infierno es la condenación eterna. Es el fracaso definitivo del hombre.
Aquel que, con
plena conciencia de lo que hace, rechaza la palabra de Cristo y la
salvación que le
ofrece; o quien , luego de aceptarla, se comporta obstinadamente en
contra de su ley; o
aquel que vive en oposición con su conciencia: éstos tales no llegarán a
su destino de
bienaventuranza y quedarán, por desgracia suya, alejados de Dios para
siempre .
Puede ser interesante mi vídeo «El infierno: fracaso definitivo».
A algunos, que no han estudiado a fondo la Religión, les parece que
siendo Dios
misericordioso no va a mandarnos a un castigo eterno . Sin embargo, que
el infierno es
eterno es dogma de fe(988).
Pero hemos de tener en cuenta que Dios no nos manda al infierno; somos
nosotros los que
libremente lo elegimos. Él ve con pena que nosotros le rechazamos a Él
por el pecado;
pero nos ha hecho libres y no quiere privarnos de la libertad que es
consecuencia de la
inteligencia que nos ha dado. Jesucristo nos enseñó clarísimamente la
gran misericordia
de Dios. Pero también nos dice que el infierno es eterno. Cristo afirmó
la existencia de
una pena eterna, entre otras veces, cuando habló del juicio final: «Dirá
a los de la
izquierda: apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el
diablo»(989).
Y después añade que los malos «irán al suplicio eterno y los justos a la
vida
eterna»(990).
Es dogma de fe que existe un infierno eterno para los pecadores que
mueran sin
arrepentirse.
Aunque Dios es misericordioso, también es justo. Dice la Sagrada
Escritura: «Tan grande
como ha sido mi misericordia, será también mi justicia»(991).
Y su misericordia no puede oponerse a su justicia.
Como es misericordioso, perdona siempre al que se arrepiente de su
pecado; pero como es
justo, no puede perdonar al que no se arrepiente.
La justicia exige reparación del orden violado. Por lo tanto, el que
libre y
voluntariamente pecó y muere sin arrepentirse de su pecado, merece un
castigo. Y este
castigo ha de durar mientras no se repare la falta por el
arrepentimiento; pues las faltas
morales no se pueden reparar sin arrepentimiento. Sería una
monstruosidad perdonar al que
no quiere arrepentirse.
Dice Santo Tomás que Dios no puede perdonar al pecador sin que éste se
arrepienta
previamente(992).
Ahora bien, como la muerte pone fin a la vida, el arrepentimiento se
hace ya imposible ,
porque después de la muerte ya no habrá posibilidad de arrepentirse(993).
Después de la muerte no se puede merecer nada: con la muerte se acaba el
tiempo de
merecer(994).
La falta del pecador que murió sin arrepentirse queda irreparada para
siempre, luego para
siempre ha de durar también el castigo .
En el infierno no es posible el arrepentimiento, lo mismo que en el
cielo no es posible
pecar . Los bienaventurados del cielo se sienten tan atraídos por el
amor de Dios, que el
atractivo del pecado les deja indiferentes .
Dios es infinitamente justo y no puede quedar indiferente ante las
maldades que se hacen
en este mundo. Cómo van a estar lo mismo en la otra vida, el asesino, el
ladrón, el
egoísta y el vicioso, que el honrado y caritativo con todo el mundo»
Evidentemente tiene
que haber un castigo para tanta injusticia, tanto crimen y tanta maldad
como queda en este
mundo sin castigo. El temor al infierno no es el mejor motivo para
servir a Dios. Es mucho
mejor servirle por amor, como a un Padre nuestro que es. Pero somos tan
miserables que a
veces no nos bastará el amor de Dios, y conviene que tengamos en cuenta
el castigo
eterno, porque es una realidad. Cristo nos lo avisa para que nos
libremos de él.
Se oye decir de labios irresponsables: Hoy a la juventud no le interesa
la religión del
miedo o de las seguridades . Depende: tener miedo a cosas irreales es de
idiotas; pero
cerrar los ojos a los peligros reales es de imbéciles. Lo mismo: buscar
seguridades
ficticias es de idiotas; pero despreciar seguridades reales y preferir
inseguridades, es
de imbéciles.
El concepto de eternidad se opone al concepto de tiempo, que supone un
antes y un
después. La eternidad supone una duración ilimitada, una permanencia
interminable . Una
imagen que puede ayudar a entender la eternidad es un reloj pintado a
las nueve en punto.
Por mucho que esperemos, nunca señalará las nueve y cinco.
99,3. Debemos pedir a Dios muy a menudo que nos proteja en las
necesidades de la vida.
Dios tiene en su mano todos los acontecimientos de la vida y los
gobierna con amorosa
Providencia.
Dios está siempre presente en nuestras vidas. Nos ayuda y protege
continuamente. Pero
muchas personas sólo se acuerdan de Él cuando lo necesitan. Lo mismo
pasa con el aire,
que sólo nos acordamos de él cuando nos falta para respirar.
Sabemos que Dios es bueno y cuida de nosotros; aunque a veces no
entendamos su
Providencia.
Fiémonos de Él que está arriba y ve más. El que está en la cumbre señala
mejor el
camino de la subida que el que está abajo, que no ve que el camino que
él cree mejor
está cortado por un precipicio tras una peñas. El buen padre de familia
quita a su hijo
de botones para que aprenda un oficio. De momento deja de ganar unas
pesetas; pero de
botones sólo aprende a llevar cartas y a cerrar puertas, y cuando, por
la edad, tenga que
dejar el oficio, será un hombre inútil. Aprender un oficio es a la larga
mucho mejor.
Dios nos guía como un padre de familia a sus hijos.
El infierno existe, no porque lo quiera Dios, que no lo quiere; sino
porque el hombre
libre puede optar contra Dios. No es necesario que sea una acción
explícita. Se puede
negar a Dios implícitamente, con las obras de la vida. Si negamos la
posibilidad del
hombre para pecar, suprimimos la libertad del hombre. Si el hombre no es
libre para decir
NO a Dios, tampoco lo sería para decirle SI. La posibilidad de optar por
Dios incluye la
posibilidad de rechazarlo .
El gran misterio del infierno es que aunque Dios desea la salvación de
todos los hombres,
nosotros somos capaces de condenarnos. Dios nos ha creado libres y
quiere que nos
comportemos como tales. Negar la posibilidad de condenarnos es negar la
libertad del
hombre. Es anular al hombre. Afirmar que existe el infierno es tomar en
serio la libertad
del hombre. Dios ofrece la salvación, no la impone. El infierno es el
respeto de Dios por
tu última voluntad. Si tú libremente elegiste el pecado, mientras no te
retractes, Dios
te respeta. Y como con la muerte se acaba tu libertad, no cambiarás
eternamente.
99,4. Se presenta el problema del mal .
El mal es un misterio que supera el entendimiento humano. Nos debe
bastar el saber que
Dios saca bienes de los males . Por ejemplo, para que el pecador
reconozca su falta y se
arrepienta; para que el justo expíe sus faltas en este mundo, gane así
mayor gloria en
el cielo, y dé buen ejemplo al prójimo con su paciencia; para que los
hombres vivan más
despegados de las cosas de la Tierra, porque esta vida es tiempo de
prueba y no de premio,
etc.
A veces, es difícil consolar a unos padres que han perdido a su niño
angelical. Pero no
podemos olvidar que Dios es padre amorosísimo, y no permite nada que no
sea en bien
nuestro. Dios conoce el futuro, y sabe si esa criatura angelical va a
perseverar así o se
va a torcer con gran daño para sí y para sus padres. Puede ser que la
muerte angelical
de ahora sería muy diferente el día de mañana.
Confiemos en que los planes de Dios son siempre para nuestro mayor bien.
Puede ser que en un caso concreto, no alcancemos a ver el bien que Dios
saca de ese mal.
Pero ya nos dice San Pablo que para los que aman a Dios, todo coopera en
su bien .
Dios en su infinita Sabiduría subordina un bien inferior a un bien
superior, el bien
material al espiritual, el físico al moral, el profano al religioso, el
terreno al
celestial; porque no estamos hechos para la tierra sino para el cielo,
no para el tiempo
sino para la eternidad .
Sin negar el problema del mal, vamos a dar algunas ideas aclaratorias.
Mal es la carencia de un bien debido. Para la piedra no es un mal el no
poder ver, pero
sí lo sería para mí. En cambio para mí no es mal no tener alas, pero sí
lo sería
para un águila. Por eso dice Santo Tomás que el mal no es cualquier
carencia de un bien,
sino la carencia de un bien propio de una determinada criatura.
El único mal absoluto es el infierno: Todos los demás males son
relativos: para unos
sí, y para otros no; en un sentido sí y en otro no. Un terremoto puede
ser un mal para
mí, que en él he perdido mi casa y algunos seres queridos; pero no lo es
para la Tierra
que ha conseguido más estabilidad en su masa. Una enfermedad es un mal
para mí en el
sentido de que me hace sufrir, pero puede ser un bien si con ella me
santifico y merezco
más para el cielo.
En el hombre el mal físico produce dolor, y el mal moral es producido
por el pecado. El
mal físico es consecuencia de las leyes de la Naturaleza. El mal moral
es consecuencia
del mal uso de la libertad humana. Para evitar el mal moral, Dios
tendría que quitar la
libertad al hombre. Todo hombre libre es capaz de pecar . Y un hombre
sin libertad
dejaría de ser hombre. La libertad para ser bueno o ser malo es lo que
hace meritorio ser
bueno . Y hacer méritos para la vida eterna, es para lo que Dios nos ha
puesto en la
Tierra. Dice San Pablo : «Sabemos que Dios hace converger todas las
cosas para el bien de
aquellos que le aman»(995).
Si Dios impidiera al hombre hacer el mal, violentaría su libertad.
Dios tiene sus razones para permitir el mal. A nosotros nos basta con
saber que Dios tiene
Providencia, aunque desconozcamos sus caminos. La fe nos da la certeza
de que Dios no
permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo, por caminos
que nosotros
sólo conoceremos plenamente en la vida eterna .
Evidentemente que Dios pudo haber hecho un mundo con otras leyes
físicas. Pero todo mundo
imaginable es perfectible. Para no poder ser superado hay que ser Dios,
que es el único
ser Omniperfecto. Dios ha pensado que este mundo es suficientemente
bueno para que en él
viva el hombre, y gane la gloria eterna que es el fin para el cual ha
sido creado.
Pero, sobre todo, la respuesta al dolor es Cristo , que quiso pasarlo
primero para
animarnos a sufrir. Como la madre que prueba primero la sopa delante del
niño, que no
quiere comer, para animarle. El sufrimiento humano, individual o
colectivo, a veces sólo
tiene una respuesta: Cristo crucificado.
La Redención de la humanidad se ha hecho por el dolor. Por eso muchos
santos han amado el
dolor. El calvario se ha convertido en la meta ideal, según aquello de
San Pablo que «no
quería gloriarse de otra cosa que no fuera la cruz de Cristo»(996).
Y por extraña paradoja, el sufrir por amor a Cristo es una fuente
inefable de consuelo.
También lo dijo San Pablo : «Sobreabundó de gozo en medio de mis
tribulaciones»(997).
Y es que el sacrificio realizado por amor pierde toda su dureza.
Incluso se convierte en alegría cuando se ama de verdad . Y además, la
esperanza de la
gloria. El dolor pasará, las tribulaciones se acabarán, el sufrimiento
se extinguirá
para siempre. Y todo ello quedará substituido por una sublime e
incomparable gloria que
no terminará jamás . Por eso dice San Pablo : «qué tienen que ver las
amarguras y
tribulaciones de la tierra si las comparamos con la inmensa gloria que
nos aguarda en la
eternidad»»(998).
El cristiano no permanece pasivo ante el dolor propio o ajeno, y procura
prevenirlo con
todos los medios lícitos de que dispone. (...)
Cuando los recursos humanos se han venido abajo, cuando la CIENCIA Y EL
AMOR SE HAN
DECLARADO IMPOTENTES, EL CRISTIANO TIENE TODAVÍA un refugio. Para él, el
cielo no está
vacío. En él vive un Dios bueno,sabio y omnipotente del cual dependen
todos los
acontecimientos de la vida y todos los fenómenos del universo. Un Dios
que conoce
nuestras miserias y oye nuestras voces de auxilio, y puede, si le parece
bien, socorrernos
y consolarnos.
Y cuando la oración no es oída enseguida, el cristiano no se
desanima.(...) Sabe aceptar
con serena resignación los designios inescrutables de Dios, que es el
más amoroso de los
padres .
99,5. Todas las cosas tienen pros y contras . La electricidad nos
trae muchos bienes
(iluminación, telecomunicación, motores, etc.); pero también puede
provocar un incendio
por cortocircuito y matar por electrocución. A pesar de los peligros que
supone la
electricidad no por eso dejas de poner en tu casa instalación eléctrica.
El mundo que
Dios ha hecho tiene muchas cosas buenas, pero a veces ocurren
adversidades y
contratiempos. Son consecuencias de que el mundo es un ser en evolución.
La dinámica de
la evolución provoca contrastes y conflictos . A veces ocurren cosas que
no comprendemos.
Pero es absurdo querer entender a Dios al modo humano. Es como si un
animal quisiera
entender las ideas filosóficas humanas: es imposible. Es lógico que el
hombre no
entienda a veces el proceder de Dios. A nosotros nos basta saber que
Dios es Padre, y
permite el sufrimiento para nuestro bien. Lo mismo que una madre le pone
a su hijo una
inyección que éste necesita, aunque le duela. Dios deja actuar las leyes
de la
naturaleza y la libertad de los hombres, y no los mueve como el jugador
de ajedrez las
piezas.
Sin embargo, ha de ser un consuelo para nosotros saber que en igualdad
de circunstancias,
en el cielo gozan más, los que más han sufrido en este mundo con
cristiana resignación.
Es consolador saber que el sufrir pasa, pero el premio de haber sufrido
por amor a Dios
durará eternamente . En el cielo bendeciremos a Dios por aquellos
sufrimientos que nos
han merecido tanta gloria eterna .
No nos engañemos con el aparente triunfo de algunos malos. En primer
lugar, porque el
triunfo del malo se limita a esta vida, donde la experiencia enseña que
no se da triunfo
completo y libre de mal. Pero, sobre todo, porque el que peca es un
fracasado para la
eternidad, que es donde el fracaso es completo e irremediable. El único
que triunfa es
quien se salva.
(982) - DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 428ss.y 531. Ed. Herder. Barcelona
