Mi?rcoles, 17 de febrero de 2010
EVANGELIO DE TACIANO - EVANGELIO APÓCRIFO (IV)

Interesantísimo evangelio, que aunque apócrifo guarda mucha similitud con los aprobados por la Iglesia y puede serviros para arrojar luz sobre las sombras. EL AUTOR DEL BLOG.

Un fariseo se asombra de que Jesús no se lava antes de comer

LXXXIII 1. Y un fariseo le rogó que comiese con él y Jesús entró.
2. Y el fariseo meditó entre sí cómo Jesús no se lavaba antes de la comida.
3. Mas el Señor le dijo: Vosotros, los fariseos, el exterior del plato y del vaso limpiáis.
4. Mas vuestro interior está lleno de iniquidad.
5. ¡Oh, necios! ¿Quién hizo lo de fuera no hizo también lo de dentro?
6. Mas dad limosnas y todo os será limpio.

Los fariseos se escandalizan viendo comer a los apóstoles sin lavarse las manos

LXXXIV 1. Y estando en Jerusalén, varios escribas y fariseos vieron que los discípulos comían pan sin antes lavarse las manos.
2. Y dijeron a Jesús: ¿Cómo es que tus discípulos transgreden las tradiciones?
3. Porque no se lavan las manos cuando comen pan.
4. Mas Jesús, contestando, les dijo: ¿Y por qué vosotros transgredís el mandato de Dios con vuestra tradición?
5. Porque Jesús dijo: Honra padre o madre y muera quien los maldiga.
6. Mas vosotros decís: Quinquiera que dijese al padre o la madre: es ofrenda mía ante Dios aquello con que pudiera valerte, no viene obligar a honrar a sus padres, ni conocerlos.
7. Y así habéis violado el mandato de Dios con vuestra tradición.
8. Porque los fariseos y todos los judíos, si no se lavan mucho las manos antes, no comen.
9. Y cuando vienen de la calle, no comen si no se lavan.
10. Y lavan asimismo los vasos, y los jarros, y los lechos.
11. ¡Hipócritas! Bien profetizó de vosotros Isaías.
12. Cuando dijo: Este pueblo me honra con sus labios, mas su corazón está lejos de mí.
13. Y en vano me honran enseñando doctrinas y mandamientos humanos.
14. Porque con la tradición humana habéis invalidado los mandamientos divinos.
15. Y llamó a sí a las gentes, y dijo: Oíd y entended.
16. No lo que entra en la boca contamina al hombre.
17. Y sus discípulos llegaron y le dijeron: Los fariseos se han ofendido oyendo tus frases.
18. Mas él contestó: Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. Déjalos.
19. Porque son ciegos que guían a otros ciegos. Y todos caerán en el hoyo.
20. Y Pedro le pidió: Explícanos esta parábola.
21. Y Jesús contestó: ¿No entendéis vosotros tampoco?
22. Que cuanto entra en la boca va al vientre y es expulsado.
23. Mas lo que sale de la boca sale del corazón y esto sí contamina al hombre.
24. Porque del corazón salen los malos pensamientos y las muertes.
25. Y los adulterios y fornicaciones, y los robos, y las blasfemias, y los falsos testimonios.
26. Y esto es lo que contamina al hombre.
27. Mas comer pan sin lavarse las manos no contamina.

 

Jesús atiende a una mujer sirio fenicia

LXXXV 1. Y fue Jesús de allí a Tiro y Sidón.
2. Y una mujer cananea, que era gentil, y de raza sirofenicia, clamaba, diciendo:
3. Señor, hijo de David, ten piedad de mí.
4. Porque mi hija está poseída de un demonio.
5. Mas él no contestó. Y llegando sus discípulos, le dijeron: Despídela.
6. Porque viene clamando detrás de nosotros.
7. Y él contestó, y dijo: Yo no soy enviado sino para las ovejas descarriadas del predio de Israel.
8. Mas ella vino y le adoró, diciendo: Señor, óyeme.
9. Y él dijo: No está bien quitar el pan de los hijos para dárselo a los perros.
10. Mas ella contestó: Señor, los perros comen de las migas que caen de la mesa de sus amos.
11. Y Jesús contestó: Mujer, grande es tu fe. Hágase como lo pides.
12. Y su hija quedó curada en aquel instante.

Jesús cura a un sordomudo

LXXXVI 1. Y dejando los términos de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, en mitad de las tierras de Decópolis.
2. Y le trajeron un sordomudo y le pidieron que le impusiese la mano.
3. Y lo separó de las gentes y le puso los dedos en los oídos, y escupió, y tocó su lengua.
4. Y mirando al cielo, dijo: Ephatha, que significa: Ábrete.
5. Y se abrieron sus oídos y se soltó su lengua y hablaba.
6. Y le dijo que no lo contasen, mas cuanto más lo decía, lo publicaban más.
7. Y decían admirados: Todo lo hace bien.
8. Porque hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

 

Jesús y la samaritana

LXXXVII 1. Y Jesús vino a una ciudad de Samaria, que se llama Sichar.
2. Y Jesús se sentó junto a la fuente de Jacob, que está en la posesión que dio Jacob a su hijo José.
3. Porque estaba cansado del camino. Y era como la hora sexta.
4. Y una mujer de Samaria vino a sacar agua. Y Jesús dijo: Dame de beber.
5. Y dijo la samaritana: ¿Cómo siendo tú judío me pides de beber a mí, que soy samaritana?
6. Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
7. Y Jesús respondió, y le dijo: Si tuvieses el don de Dios y supieses quién es el que te dice dame de beber, tú pedirías de él el agua viva.
8. Y la mujer dijo: Señor, hondo es el pozo, y tú no tienes con qué sacar. ¿En dónde, pues, tienes el agua viva?
9. ¿Eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo del que él bebió, y sus hijos, y sus ganados?
10. Respondió Jesús y dijo: Todo el que bebe esta agua volverá a tener sed.
11. Mas quien beba el agua que yo doy no tendrá sed nunca.
12. Porque el agua que yo le dé será un agua que brote eternamente.
13. Y le dijo la mujer: Señor, dame esa agua, para que no tenga sed, ni venga acá a sacarla.
14. Y dijo Jesús: Ve, busca a tu esposo y ven con él.
15. Y la mujer contestó: No tengo esposo.
16. Mas dijo Jesús: Bien dijiste. Porque cinco esposos has tenido y el que ahora tienes no es tu esposo.
17. Y dijo la mujer: Señor, me pareces profeta.
18. Nuestros padres adoraron en este monte y los judíos dicen que es en Jerusalén donde hay que orar.
19. Y dijo Jesús: Créeme, mujer, que llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
20. Vosotros adoráis lo que no sabéis y nosotros lo que sabemos, porque la salvación viene de los judíos.
21. Mas viene la hora de adorar al Padre en espíritu y en verdad.
22. Porque así quiere el Padre que lo adoren.
23. Dios es Espíritu, y los que lo adoran en espíritu y verdad es preciso que lo adoren.
24. Mas dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, que dicen el Cristo.
25. Y cuando venga nos aclarará todas las cosas.
26. Y le dijo Jesús: Yo lo soy, que te hablo.
27. Y en esto llegaron sus discípulos, y se asombraron de verlo hablando con una mujer.
28. Mas ninguno le dijo: ¿Qué hablas con ella?
29. Y la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
30. Venid y veréis un hombre que me ha dicho cuanto he hecho.
31. ¿No será éste el Cristo?
32. Y salieron de la ciudad y vinieron a él.
33. Mientras tanto, los discípulos le decían: Maestro, come.
34. Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer que vosotros ignoráis.
35. Y los discípulos se decían: ¿Le habrá traído alguien de comer?
36. Mas Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y ejecute su obra.
37. ¿No decís vosotros: cuatro meses faltan para la siega?
38. Pues yo os digo: Alzad los ojos y ved las regiones que ya están a punto para la siega.
39. Y el que siega cobra salario y recoge fruto para vida eterna.
40. Y para que gocen el que siembra y el que siega.
41. Porque en esto no miente el dicho: Que uno siembra y otro recoge.
42. Yo os envío a segar lo que no labrasteis.
43. Porque otros labraron y vosotros vais a entrar en sus labrantíos.
44. Y muchos de la ciudad creyeron en él, por la palabra de la mujer, que decía: Me ha dicho cuanto he hecho.
45. Y vinieron los samaritanos, y le pidieron que se quedase allí, y estuvo otros días.
46. Y muchos otros creyeron por su palabra.
47. Y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú has dicho.
48. Sino porque lo hemos oído, y sabemos que es en verdad el Cristo, salvador del mundo.

 

Jesús cura en Jerusalén a un hombre que llevaba enfermo treinta y ocho años

LXXXVIII 1. Y llegadas las fiestas de los judíos, fue Jesús a Jerusalén.
2. Y allí hay una piscina que se llama Bethsaida y que tiene cinco pórticos.
3. Y en ellos había muchos enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que estaban esperando el movimiento del agua.
4. Porque un ángel del Señor descendía cada cierto tiempo y movía el agua.
5. Y el primero que entraba en el agua, después que se movía, quedaba curado de la enfermedad que padeciese.
6. Y había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
7. Y Jesús lo vio tumbado y supo que hacía mucho que estaba enfermo.
8. Y le dijo: ¿Quieres curar?
9. Mas él le contestó: Señor, no tengo quien me meta en el estanque cuando el agua se revuelva.
10. Y antes que yo llegue, otro ha entrado.
11. Mas Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.
12. Y el hombre se alzó, y tomó su lecho, y se fue curado. Y era aquel día sábado.
13. Y los judíos dijeron a aquel hombre: Es sábado, no te es lícito llevar esa carga.
14. Y dijo él: Quien me curó me dijo: Toma tu lecho, y anda.
15. Y ellos le preguntaron: ¿Quién te dijo: Toma tu lecho, y anda?
16. Mas él no sabía quién fuese, porque Jesús se había separado de allí.
17. Y luego lo encontró Jesús en el templo, y le dijo: Sanado eres.
18. Pero no peques más, no te ocurra algo peor.
19. Y el hombre fue y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había curado.
20. Y los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
21. Y Jesús les contestó: Yo obro cuando obra mi Padre.
22. Y los judíos lo persiguieron más entonces.
23. Porque quebrantaba el sábado y llamaba a Dios su Padre, igualándose a él.
24. Mas Jesús les contestó: En verdad, en verdad os digo que nada puede el Hijo hacer, si no es lo que viese hacer al Padre.
25. Y todo lo que él hace, lo hace el Hijo también.
26. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra cuanto hace, y más obras le mostrará, para que os maravilléis.
27. Y así como el Padre vivifica a quienes quiere, así el Hijo también a los que quiere da vida.
28. Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo.
29. Para que los hombres honren al Hijo como habían de honrar al Padre.
30. Y quien no honra al Hijo, no honra al Padre, que lo envió.
31. Y en verdad os digo que quien oye mi verbo y cree tiene vida eterna.
32. Y no será condenado, sino que pasará de la muerte a la vida.
33. Porque ésta es la hora en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que oigan vivirán.
34. Y así como el Padre tiene vida en sí mismo, dio poder al Hijo de tener en sí mismo vida.
35. Y le dio potestad de juzgar, en cuanto es el Hijo del hombre.
36. Mas no os asombréis, porque viene la hora en que los que están en las tumbas oirán su voz.
37. Y los que obraren bien resucitarán en la vida y los que no resucitarán a la condenación.
38. Nada hago por mí: Como oigo, juzgo.
39. Y mi juicio es justo, porque no es según mi voluntad, sino según la voluntad de mi Padre.
40. Si yo testimoniase de mí, mi testimonio no sería verdadero.
41. Mas otro testimonia de mí y su testimonio verdadero es.
42. Porque enviasteis a Juan y atestiguó la verdad.
43. Mas yo no tomo testimonio del hombre.
44. Sino que os digo esto para que os salváis.
45. Porque él era antorcha ardiente que alumbraba.
46. Pero yo tengo testimonio mayor que el de Juan.
47. Porque las obras que el Padre me dio para que cumpliere atestiguan que el Padre me ha enviado.
48. Y quien me envió me testimonia.
49. Nunca oísteis su voz ni visto su parecer.
50. Ni tenéis su palabra en vosotros, porque no creéis a su enviado.
51. Investigad las Escrituras.
52. Porque en ellas creéis tener la vida eterna y ellas dan testimonio de mí.
53. Y si no queréis venir a mí, no tendréis vida.
54. Mas no recibo gloria de los hombres, porque os conozco y sé que no amáis a Dios.
55. Porque he venido en nombre de mi Padre y no me aceptáis.
56. Y si otro viene en su propio nombre, a ése recibiréis.
57. ¿Cómo podáis creer? Porque aceptáis la gloria humana y no buscáis la que viene de Dios.
58. No he de acusaros ante el Padre. Porque os acusará Moisés, en quien esperáis.
59. Pues si creyeseis en Moisés, creeríais en mí.
60. Porque yo soy de quien él escribió.
61. Y pues que no creéis en sus escritos, ¿cómo habéis de creer en mis palabras?

 

Nuevo milagro de los panes y los peces. Jesús aconseja a sus discípulos guardarse de la mala levadura de los fariseos

LXXXVIX 1. Y otra vez llegáronse a él muchas gentes.
2. Y Jesús reunió a sus discípulos, y dijo: Me da lástima esta gente que me sigue con perseverancia hace tres días.
3. Porque no tienen qué comer y no quiero despedirlos en ayunas, para que no desmayen en el camino.
4. Y dijeron los discípulos: ¿De dónde sacaremos, pues que estamos en el desierto, pan para hartar a tanta multitud?
5. Y Jesús preguntó: ¿Cuántos panes tenéis?
6. Y ellos contestaron: Siete, y unos pocos pececillos.
7. Mas Jesús mandó a las gentes recostarse en tierra.
8. Y tomó los panes y los peces, y dio gracias, y los repartió a sus discípulos, y ellos a la gente.
9. Y todos comieron y se hartaron, y aún sobraron siete espuertas llenas.
10. Y eran los que comieron cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
11. Y los despidió, y embarcó, y vino a tierra de Magdalá.
12. Y sus discípulos se habían olvidado de coger panes, y no tenían más que un pan en la barca.
13. Y él les dijo: Guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.
14. Mas ellos disputaban entre sí y decían: No tenemos pan.
15. Y Jesús los oyó y les dijo: ¿Por qué decís que no tenéis pan?
16. ¿Aún está tan endurecido vuestro corazón que no ven vuestros ojos ni oyen vuestros oídos?
17. ¿Acaso no recordáis? Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántos canastos sobraron? Y ellos dijeron: Doce.
18. Y cuando fueron siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas sobraron? Y ellos dijeron: Siete.
19. Y él les dijo: ¿Cómo no entendáis que no os hablaba de pan, sino de la levadura de los fariseos y de los saduceos?
20. Y entonces comprendieron que no les hablaba de la levadura de pan, sino de la doctrina de los saduceos y fariseos.

 

Jesús interroga a sus apóstoles

XC 1. Y Jesús vino a la comarca de Cesárea Filipense.
2. Y allí interrogó a los discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?
3. Y unos dijeron: Juan el Bautista.
4. Y otros: Elías. Y otros: Jeremías, o alguno de los profetas.
5. Y él les dijo: ¿Quién decís vosotros que soy yo?
6. Y contestó Simón Pedro: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.
7. Y Jesús dijo: Bienaventurado eres, Simón Barjona.
8. Porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre, que está en los cielos.
9. Y te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia.
10. Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
11. Y te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que ates y desates en la tierra será atado y desatado en el cielo.
12. Y mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.
13. Y entonces comenzó a decirles que le convenía ir a Jerusalén.
14. Y padecer de los ancianos y de los príncipes de los sacerdotes y ser muerto, y resucitar al tercer día.
15. Y Pedro le llamó aparte, y le increpó, diciéndole: Señor, ten compasión de ti, y que esto no te acontezca.
16. Mas Jesús se volvió a Pedro y le dijo: Vete de mí, Satanás, no me escandalices.
17. Porque no entiendes lo que es de Dios, sino lo que es de los hombres.
18. Y convocando a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
19. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, y quien la pierda por mi causa la hallará.
20. Porque, ¿de qué sirve al hombre conseguir todo el mundo y perder su alma?
21. ¿Qué recompensa dará el hombre por su alma?
22. Porque el Hijo del hombre vendrá con los ángeles en la gloria de su Padre, y dará a cada uno según sus obras.

 

Transfiguración de Jesús

XCI 1. Os digo en verdad que algunos de los que aquí están no gustarán la muerte sin que hayan visto al Hijo del hombre venir en su reino.
2. Y después de seis días, Jesús llevó a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, su hermano, y los condujo a lo alto de un monte.
3. Y se transfiguró ante ellos, y su rostro se hizo resplandeciente como el sol, y sus vestidos tan blancos como nadie en la tierra los puede hacer.
4. Y he aquí que Moisés y Elías se aparecieron, y hablaban con él.
5. Y Pedro dijo: Señor, bien será que elevemos aquí tres tabernáculos.
6. Uno para ti, y uno para Moisés, y otro para Elías.
7. Y aún hablaba cuando he aquí que una nube de luz les cubrió.
8. Y una voz del cielo dijo: Este es mi hijo dilecto, en el que me complazco; oídio.
9. Y los discípulos, oyendo esto, cayeron de bruces, con gran temor.
10. Mas Jesús, llegando, les dijo: Levantaos, y no temáis.
11. Y levantando sus ojos, no vieron a nadie, más que a Jesús.
12. Y descendiendo del monte les dijo Jesús: No digáis a nadie esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.
13. Y los discípulos preguntaron: ¿Por qué dicen los escribas que es preciso que Elías venga primero?
14. Y respondiendo Jesús, les dijo: En verdad, Elías vendrá primero y restablecerá todas las cosas.
15. Mas yo os digo que Elías vino ya, y no le conocieron, sino que hicieron con él cuanto les plugo.
16. Así también el Hijo del hombre padecerá de ellos.
17. Y los discípulos comprendieron que les hablaba de Juan Bautista.
18. Y llegándose a las gentes, vio que unos escribas disputaban con ellos.
19. Y viendo la gente a Jesús, se espantó, mas corrió a saludarle.
20. Y Jesús les preguntó: ¿De qué disputabais?

 

Los fariseos aconsejan a Jesús que se vaya. Curación de un lunático

XCII 1. Y los fariseos llegaron a Jesús, diciéndole: Vete, porque Herodes quiere matarte. Mas él dijo: Es menester que hoy y mañana y pasado camine, porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.
2. Y un hombre llegó en esto y se le arrodillé.
3. Y clamaba, diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo único, que es lunático.
4. Y padece mucho, y unas veces cae en el fuego, y otras en el agua.
5. Y lo he llevado a tus discípulos y no lo han podido curar.
6. Y Jesús exclamó: Generación infiel y perversa, ¿hasta cuándo te sufriré? Traédmelo.
7. Y lo trajeron, y el espíritu al ver a Jesús se conturbó.
8. Y cayó por tierra echando espumarajos.
9. Y Jesús preguntó a su padre: ¿Cuándo le ocurrió esto? Y dijo el padre: Desde niño.
10. Y muchas veces lo echa en el fuego o en el agua para perderlo.
11. Mas, si algo puedes, ten misericordia, y socórrenos.
12. Y dijo Jesús: Si puedes creer, todo al que cree le es posible.
13. Y el padre clamó: Creo.
14. Mas ayúdame en mi incredulidad.
15. Y viendo Jesús que la gente se amontonaba, conminó al espíritu inmundo.
16. Y le dijo: Espíritu mudo y sordo, sal y no vuelvas a él.
17. Y el espíritu salió, clamando. Y él quedó como muerto, y muchos lo creían muerto.
18. Mas Jesús, tomándole la mano, lo hizo levantar.
19. Y el mozo fue curado y volvió con su padre.
20. Y todos admiraron la grandeza de Dios.
21. Mas los discípulos lo llamaron aparte, y le preguntaron: ¿Por qué no pudimos expulsarlo nosotros? Y él les dijo: Por vuestra incredulidad.
22. Porque en verdad os digo que, si tuvieseis fe, aunque no fuese mayor que un grano de mostaza, diríais a un monte: Muévete, y se movería, y nada os sería imposible.
23. Mas este género de demonios sólo sale con oración y ayuno.

 

Los exactores exigen a Jesús el tributo de las dos dracmas

XCIII 1. Y estando en Galilea les dijo Jesús: El Hijo del hombre en manos de los hombres será entregado.
2. Y será muerto y resucitará al día tercero.
3. Y ellos no comprendían estas palabras.
4. Mas tenían miedo de preguntarle y se entristecían.
5. Y viniendo a Cafarnaum, los que cobraban las dos dracmas llegaron a Pedro.
6. Y le dijeron: ¿Vuestro maestro no paga las dos dracmas? Mas él dijo: Sí.
7. Y entrando en casa, les dijo Jesús: ¿Qué te parece, Simón?
8. Los reyes de la tierra ¿de quién cobraban los tributos: de sus hijos o de los extraños?
9. Y dijo Pedro: De los extraños. Y dijo Jesús: Luego los hijos son libres.
10. Mas, por no escandalizarlos, ve al mar y echa el anzuelo.
11. Y agarra el primer pez que veas, y abre su boca y hallarás un estatero.
12. Y dáselo por ti y por mí.

Jesús dice a sus discípulos quién es mayor en el reino de los cielos

XCIV 1. Y Jesús preguntó a sus discípulos: ¿De qué hablabais?
2. Porque yendo de camino disputaban sobre quién era entre ellos el mayor.
3. Y llegaron a Jesús y le dijeron: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?
4. Y Jesús llamó a un niño y lo puso entre ellos.
5. Y dijo: En verdad os declaro que, si no fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
6. Quien se humille como este niño es el mayor en el reino de los cielos.
7. Y quien quisiere ser el mayor será, en el último día, el más pequeño.
8. Y quien reciba en mi nombre a un niño así a mí me recibe.
9. Mas quien escandalizase a uno de estos niños que creen en mí más le valdría colgarse al cuello una piedra de amolar y hundirse en lo profundo de los mares.

 

Jesús aconseja no impedir a los que hagan milagros en su nombre

XCV 1. Ydijo Juan: Maestro: ¿Qué haremos con los que en tu nombre expulsen demonios? ¿Se lo prohibiremos?
2. Mas dijo Jesús: No se lo prohibáis.
3. Porque quien haga milagros en mi nombre no puede hacer mal, si habla de mí.
4. Quien no es contra nosotros está con nosotros.
5. ¡Ay del mundo por los escándalos! Porque es preciso que vengan escándalos, mas ¡ay de aquel por quien vienen!
6. Por eso, si tu mano o tu pie te son ocasión de escándalo, córtatelos.
7. Porque preferible es entrar cojo o manco en la vida que ir con manos y pies al fuego eterno.
8. Y si por tu ojo te pudieres escandalizar, sácalo.
9. Porque mejor te es entrar tuerto en la vida, que ir con tus ojos a la gehenna ardiente.
10. Allí donde el fuego no se apaga, ni muere el gusano.

Parábola del pecador arrepentido y de los noventa y nueve justos

XCVI 1. Mirad de no despreciar a uno de estos pequeños.
2. Porque os digo que los ángeles de los cielos ven siempre la faz de mi Padre, que está en los cielos.
3. ¿Qué os parece? Si un hombre tuviese cien ovejas, y se le perdiese una, ¿no iría, dejando las noventa y nueve, por montes y desiertos, a buscar a la extraviada?
4. Y si la hallase, se congratularía.
5. Y juntaría a sus vecinos y amigos, diciendo: Felicitadme, que mi oveja perdida ha sido encontrada.
6. Porque en verdad os digo que más se goza de encontrar aquélla que de las noventa y nueve que no se extraviaron.
7. Y es voluntad de vuestro Padre, que está en los cielos, que ni uno solo de estos pequeños se pierda.
8. Y ¿qué mujer que teniendo diez dracmas perdiese una sola no encendería luces y la buscaría?
9. Y en hallándola, llamaría a sus amigas y vecinas, diciéndoles: Felicitadme, porque he hallado la dracma que había perdido.
10. En verdad os digo que hay más gozo en el cielo por un solo pecador que hace penitencia, que por noventa y nueve justos que no la hacen.

 

Parábola del hijo pródigo

XCVII 1. Y díjoles: Un hombre tenía dos hijos.
2. Y el más pequeño dijo a su padre: Padre, dame la parte de hacienda que me pertenece. Y él les repartió la hacienda.
3. Y el hijo menor juntó todo, y se fue a una comarca lejana.
4. Y allí malgastó su hacienda viviendo viciosamente.
5. Y cuando todo lo hubo consumido, vino una gran hambre en aquella provincia, y se encontró falto de todo.
6. Y fue a un ciudadano de aquella tierra, y él lo envió a que apacentase los puercos.
7. Y quería comer de las algarrobas de los puercos, mas no se las daban.
8. Y dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen sobra de pan, mientras yo aquí estoy hambriento!
9. Iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
10. Y no soy digno de ser llamado tu hijo, mas hazme como uno de tus jornaleros.
11. Y vino a su padre. Y su padre lo vio de lejos, y movido a misericordia, corrió a él, y lo abrazó y besó.
12. Pero el hijo le dijo: Padre, yo he pecado contra el cielo y contra ti, y soy indigno de ser tu hijo.
13. Entonces el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido y vestidlo.
14. Poned en sus manos anillos, y calzado en sus pies.
15. Y traed el becerro grande, y matadlo. Y hagamos comida, y fiesta.
16. Porque mi hijo, muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
17. Y empezarán a festejar. Y viniendo cerca de casa el hijo mayor, que estaba en el campo, oyó música y ruido de danzas.
18. Y preguntó a un siervo que qué era aquello, y él le dijo: Tu hermano ha venido, y tu padre ha matado el becerro grande, porque ha llegado salvo.
19. Y se incomodó, y no quería entrar. Mas su padre salió, y le rogaba que viniese.
20. Y él decía a su padre: He aquí que te sirvo hace tantos años, y nunca he desobedecido tus mandatos.
21. Y nunca me has dado un cabrito para solazarme con mis amigos.
22. Mas viene este tu hijo, que ha gastado su hacienda con mujerzuelas, y has matado para él el becerro grande.
23. Y el padre le dijo: Hijo, tú estás siempre conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
24. Mas hoy era preciso hacer fiesta y regocijarnos.
25. Porque tu hermano muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

 

Jesús aconseja perdonar los pecados setenta veces siete veces

XCVIII 1. Si tu hermano pecare contra ti, ve y repréndelo, pero a solas.
2. Porque si te oyese, habrás ganado a tu hermano. Mas si no te oyese, toma uno o dos para que te sean testigos.
3. Y si aún no te oyese, acude a la iglesia, y si aún no oyese a la iglesia, tenlo por pecador y publicano.
4. Yo os digo en verdad que cuanto atéis en la tierra será atado en el cielo.
5. Y que cuanto desatáis en la tierra será desatado en el cielo.
6. Os digo, además, que si dos de vosotros se acordasen en la tierra, todo lo que pidiesen les será concedido por mi Padre, que está en los cielos.
7. Y Pedro, llegándosele, dijo: Señor, ¿hasta cuántas veces he de perdonar a mi hermano? ¿Hasta siete?
8. Y dijo Jesús: No siete veces, sino setenta veces siete veces.

Parábola del rey que hizo cuentas con sus siervos

XCIX 1. El reino de los cielos es semejante a un hombre que era rey, e hizo cuentas con sus siervos.
2. Y le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.
3. Mas no pudiendo pagar, mandó el rey venderlo, y a su mujer, y a sus hijos, con cuanto poseía, para cobrarle.
4. Y el siervo, de rodillas, le rogó, diciendo: Señor, ten paciencia y yo te lo pagará todo.
5. Y el señor tuvo misericordia, y soltó a aquel siervo, y le perdonó la deuda.
6. Mas saliendo este siervo, halló a un consiervo suyo, que le adeudaba cien denarios.
7. Y agarrándolo, lo apretaba, diciéndole: Págame lo que me debes.
8. Y el consiervo, postrándose, le rogaba: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.
9. Mas él no quiso y lo puso en la cárcel, hasta que pagase la deuda.
10. Y los demás consiervos se entristecieron, y fueron al señor y le contaron lo que pasaba.
11. Y llamándolo su señor, le dijo: Siervo malvado: toda tu deuda te perdoné, porque me suplicaste.
12. ¿Por qué no tuviste misericordia de tu consiervo, como yo la tuve de ti?
13. Y lo entregó a los verdugos, hasta que pagase cuanto debía.
14. Y así hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis en vuestros corazones las ofensas de vuestros hermanos.

 

Jesús habla del matrimonio y de la castidad

C 1. Y Jesús se marchó de Galilea y vino a Judea, al otro lado del Jordán.
2. Y muchos lo seguían y los curaba.
3. Y los fariseos llegaron y le decían, para tentarlo:
4. ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?
5. Mas él les contestó: ¿No habéis leído que quien los creó en el principio varón y hembra los creó?
6. Y dijo: El hombre dejará padre y madre, y serán dos en una carne sola.
7. Lo que Dios unió no puede el hombre separarlo.
8. Y dijéronle: ¿Por qué entonces mandó Moisés dar carta de repudio, y divorciarse?
9. Y él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, mas en el principio no fue así.
10. Y os digo que el que repudiase a su mujer, no siendo por causa de fornicación, si se casase con otra, adultera.
11. Y el que se casare con la repudiada, adultera.
12. Y dijéronle los discípulos: Si esto es así, no conviene casarse.
13. Y él les contestó: No es dado a todos comprender estas palabras.
14. Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre.
15. Y eunucos que son hechos por el hombre.
16. Y hay quienes a sí mismos se castraron, por el reino de los cielos.
17. Quien sea capaz de serlo así, séalo.

Los fariseos murmuran de que Jesús reciba a publicanos y pecadores

CI 1. Y le fueron llevados muchos niños, para que les impusiese las manos y orase sobre ellos.
2. Y como los discípulos reprendiesen a quienes los llevaban, dijo Jesús: Dejad que los niños vengan a mí.
3. Porque de ellos es el reino de los cielos.
4. Y les impuso las manos, y oró.
5. Y muchos publicanos y pecadores se le acercaban y lo oían.
6. Y murmuraban los fariseos y escribas, diciendo: recibe a los pecadores y publicanos y come con ellos.
7. Y después de esto, Jesús se fue y andaba por Galilea.
8. Y no quería ir por Judea, porque sabía que los judios intentaban ajusticiarlo.

 

Parábola del viñador

CII 1. Y algunos que había por allí, le contaron de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilatos en sus sacrificios.
2. Y dijo Jesús: ¿Pensáis que porque esos galileos hayan sufrido esas cosas serán más pecadores que todos los galileos?
3. No; mas antes si no os arrepintieseis, pareceréis todos igual.
4. ¿Creéis que los dieciocho sobre los que cayó la torre, en Siloé, eran más pecadores que los demás de Jerusalén?
5. No; y si no hicieseis penitencia, pereceréis lo mismo.
6. Y dijo esta parábola: Un hombre tenía en su viña plantada una higuera. Y vino por sus frutos y no los tenía.
7. Y dijo al viñador: Tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro nunca.
8. Córtala; pues ¿por qué ha de ocupar la tierra?
9. Mas dijo el viñador: Señor, déjala este alio, hasta que la trabaje y la abone.
10. Y si hace fruto, la dejas, y si no, la cortas luego.

Jesús cura en la Sinagoga a una mujer enferma

CIII 1. Y un sábado enseñaba en la Sinagoga.
2. Y he aquí que una mujer hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad.
3. Y andaba inclinada y no se podía enderezar.
4. Y como Jesús la vio, la llamó, y dijo: Mujer, libre eres de tu enfermedad.
5. Y le impuso las manos, y ella se enderezó, y alababa a Dios.
6. Y el archisinagogo se enojó y dijo: Seis días hay para trabajar.
7. En éstos, y no en sábado, venid para que os curen.
8. Mas Jesús le contestó: Hipócrita, ¿no lleváis todos los sábados vuestras reses a beber, desatándolas del pesebre?
9. Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado hacía dieciocho años, ¿no fue bien librarla hoy de sus ataduras?
10.
Y sus adversarios se escandalizaban, mas el pueblo se alegraba de las cosas gloriosas que hacía.

(Continuara...)

Fdo. Cristobal Aguilar.

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