Martes, 16 de febrero de 2010
LAS PROFECÍAS Y VISIONES DE SANTA BRÍGIDA DE SUECIA - III LIBRO

Bueno en esta ocasión os traigo otras interesantes visiones de Santa Brígida de Suecia. EL AUTOR DEL BLOG.

Palabras de la Madre a la hija en las que las palabras y obras de Cristo son explicadas y maravillosamente descritas como un tesoro, su divina naturaleza como un castillo, el pecado como barrotes, las virtudes como muros, y  la belleza del mundo y el deleite de la amistad como dos fosos, y sobre cómo debe comportarse un obispo con respecto al cuidado de las almas.

 

 

 

 

                   Capítulo 13

 

La Madre habla a la novia de su Hijo, diciendo: “Este obispo me reza en su amor, y, por esa razón, él debería hacer lo que más me agrada. Hay un tesoro del cual sé que quienquiera que lo posee nunca será pobre, quienquiera que lo vea nunca conocerá aflicción y muerte, y quienquiera que lo desee alegremente recibirá cualquier cosa que desee. El tesoro está guardado en un fuerte castillo tras cuatro barrotes. Fuera del castillo se alzan altos muros grandes y anchos. Más allá de los muros hay dos amplios y profundos fosos. Y por eso pido al obispo que salte sobre los dos fosos de un solo salto, y escale los muros de un solo brinco, y  rompa los barrotes con un solo soplido y  entonces me traiga lo que más me agrada.

 

Yo te diré ahora el significado de todo esto. Cuando tú usas la palabra 'tesoro,' te refieres a algo que es raramente usado o cambiado de sitio. En este caso, el tesoro son las palabras de mi muy amado Hijo y las obras que Él hizo durante y antes de su Pasión, junto a los milagros que llevó a cabo cuando la Palabra se hizo carne en mi cuerpo y que continúa haciendo cuando, con una palabra de Dios, el pan sobre el altar se convierte a diario en su misma carne. Todas estas cosas son un precioso tesoro que se ha vuelto tan desatendido y olvidado que pocas personas hay que lo recuerdan o extraen algún provecho de Él. Sin embargo, el glorioso cuerpo de Dios mi Hijo va a encontrarse en un castillo fortificado, esto es, en la fortaleza de su divina naturaleza. Así como un castillo es una defensa contra los enemigos, igualmente la fortaleza de la naturaleza divina de mi Hijo es una defensa para el cuerpo de su humana naturaleza, por eso ningún enemigo puede dañarle. Los cuatro barrotes son cuatro pecados que excluyen a muchas personas de la participación en ello y de la bondad de la fortaleza del cuerpo de Cristo.

 

El primer pecado es el orgullo junto con el deseo de honores mundanos. El segundo es el deseo de posesiones mundanas. El tercero es la repulsiva lujuria que llena el cuerpo desmedidamente, y su satisfacción totalmente repulsiva. El cuarto es la ira y envidia y la despreocupación acerca de la propia salvación. Muchas personas sienten un amor excesivo hacia estos cuatro pecados y habitualmente les poseen, lo que les lleva muy lejos de Dios. Ellos ven y reciben el cuerpo de Dios, pero sus almas están tan lejos de Dios como los ladrones lo están cuando el camino hacia lo que quieren robar está bloqueado por fuertes barrotes.

 

Es por esto que dije que él debe romper los barrotes con un solo soplido. El soplido simboliza el celo por las almas con el cual un obispo debe destrozar a los pecadores a través de actos de justicia hechos por el amor de Dios en vistas a que, una vez que los barrotes del vicio hayan sido quebrados, el pecador pueda alcanzar el precioso tesoro. Aunque él no pueda aniquilar a cada pecador, debe hacer lo que pueda y lo debe hacer, especialmente por aquellos que están bajo su cuidado, no escatimando grande ni pequeño, vecino ni pariente, amigo ni enemigo. Esto es lo que Santo Tomás de Inglaterra hizo. Él sufrió mucho en honor de la justicia y se encontró con una amarga muerte al final, y todo porque no se abstuvo de sacudir cuerpos con la justicia de la iglesia para que las almas pudieran soportar menos sufrimiento.

 

Este obispo debe imitar el modo de vida de Tomás, para que todo el que le oiga pueda entender que él odia sus propios pecados así como los de las otras personas. El soplo de celo divino será entonces escuchado por todos los cielos ante Dios y sus ángeles. Muchas personas serán entonces convertidas y enmendarán sus caminos, diciendo: 'Él no nos odia a nosotros sino a nuestros pecados.' Ellos dirán: 'Vamos a arrepentirnos y nos convertiremos en amigos tanto de Dios como del obispo.'

 

Los tres muros que rodean el castillo son tres virtudes. El primero es abandonar los placeres carnales y cumplir la voluntad de Dios. El segundo es preferir sufrir reproches e insultos en honor de la verdad y de la justicia antes que obtener honores mundanos y  posesiones mediante el fingimiento de la verdad. El tercero es estar listo para renunciar tanto a la vida como a las posesiones en honor de la salvación de cualquier cristiano. Sin embargo, mira lo que la gente hace hoy en día. Ellos creen que estos muros son demasiado altos para ser escalados en manera alguna.

 

Del mismo modo, ni sus corazones ni sus almas se aproximan al glorioso Cuerpo con constancia alguna, porque están lejos de Dios. Por esto le dije a mi amigo que escalase los muros de un solo salto. Un salto es a lo que tú te refieres cuando los pies se mantienen lejos para que el cuerpo se mueva rápidamente. Un salto espiritual es similar, a, cuando el cuerpo está en la tierra y el amor del corazón está en el cielo, entonces tú trepas los tres muros rápidamente. Cuando un hombre medita sobre las cosas del cielo, está listo para dejar su propia voluntad, sufrir rechazo y  persecución en honor de la justicia, y morir gustosamente por la gloria de Dios.

 

Los dos fosos fuera del muro representan la belleza del mundo y la compañía y disfrute de los amigos mundanos. Hay tantas personas que están contentas de descansar en estos fosos y nunca se preocupan de si verán a Dios en el cielo. Los fosos son anchos y profundos, anchos porque las voluntades de tales personas están lejos de Dios, y profundos porque confinan a muchas almas a las profundidades del infierno. Es por esto que los fosos deben ser saltados de un solo brinco. Un salto espiritual no es sino separar el propio corazón entero de las cosas que son vacías y dar un salto desde los bienes mundanos al reino de los cielos.

 

He mostrado cómo romper los barrotes y saltar los muros. Ahora mostraré cómo este obispo debe traerme la cosa más preciosa que jamás hubo. La naturaleza divina de Dios fue y es desde la eternidad sin principio, pues ni principio ni fin pueden ser halladas en Ella. Pero su naturaleza humana estuvo en mi cuerpo y  tomó carne y sangre de mí. Por eso, es la cosa más preciosa que jamás hubo o hay. Igualmente, cuando el alma del recto recibe el cuerpo de Dios con amor y cuando su cuerpo llena el alma, la cosa más preciosa que nunca hubo está allí. Aunque la naturaleza divina existe en tres Personas sin principio ni fin en sí mismo, cuando Dios me mandó a su Hijo con su divina naturaleza y el Espíritu Santo, Él recibió su bendito cuerpo de Mí. Ahora mostraré al obispo cómo esta cosa preciosa ha de traerse ante el Señor. Dondequiera que el amigo de Dios se cruza con un pecador cuyas palabras demuestran poco amor por Dios, pero mucho amor por el mundo, esa alma está vacía en lo que respecta a Dios.

 

De la misma manera, un amigo de Dios debe mostrar su amor por Dios mediante la pena de que un alma redimida por la sangre del Creador sea enemiga de Dios. Debe mostrar compasión por el alma desdichada usando una especie de voz doble hacia ella: una con la cual ruegue a Dios que se apiade del alma, y otra con la que muestre al alma su propio peligro. Si puede reconciliar y unir ambas, Dios y el alma, entonces las manos de su amor ofrecerán a Dios el más precioso regalo, pues la cosa más querida para mí es cuando el cuerpo de Dios, que estuvo una vez dentro de mí, y el alma humana, que Dios ha creado, se juntan en amistad.

 

Esto no es sorprendente. Sabes bien que Yo estaba presente cuando mi Hijo, el Gran Caballero, fue desde Jerusalén a luchar en una batalla tan brutal y difícil que todos los tendones de sus brazos fueron retorcidos. Su espalda fue ensangrentada y amoratada, sus pies atravesado por clavos, sus ojos y oídos llenados de sangre. Su cabeza cayó cuando entregó su Espíritu. Su corazón fue atravesado por la punta de una lanza. Ganó almas sufriendo mucho. Aquél que  ahora vive en la gloria extiende sus brazos a los hombres, pero pocos son aquéllos que le dan su novia. Consecuentemente, un amigo de Dios no debe escatimar vida ni posesiones en ayudar a otros mientras él se ayuda a sí mismo trayéndolas a mi Hijo.

 

Dile al obispo que, dado que él reza por mi amistad, Yo me amarraré a Mí misma a él con un vínculo de fe.  El cuerpo de Dios, que estuvo una vez dentro de Mí, le dará la bienvenida a su alma con gran amor. Así como el Padre estuvo en Mí junto al Hijo, que tenía mi cuerpo y alma en Sí mismo, y así como el Espíritu Santo que está en el Padre y el Hijo fue a todo lugar conmigo y tuvo a mi Hijo dentro de Él, así también mi sirviente se unirá al mismo Espíritu. Si él ama los sufrimientos de Dios y tiene Su precioso Cuerpo en su corazón, entonces tendrá la naturaleza humana de Dios que tiene la naturaleza divina dentro de Él y fuera de Él. Dios estará en él y él en Dios, así como Dios está en Mí y Yo en Él. Como sirviente mío y compartiendo un Dios, también compartiremos un vínculo de amor y un Espíritu Santo que es un Dios con el Padre y el Hijo.

 

Una cosa más: si este obispo mantiene su promesa conmigo, le ayudaré durante su vida. Al final de su vida le ayudaré y asistiré y traeré su alma ante Dios, diciendo: “¡Mi Dios, este hombre Te sirvió y me obedeció, y por tanto, presento su alma ante Ti!' Oh, hija, ¿en qué está pensando una persona cuando desprecia su propia alma? ¿Dejaría acaso Dios Padre en su inconmensurable divinidad a su propio e inocente Hijo sufrir tanto en su naturaleza humana, si no tuviera un honesto deseo y anhelo de almas y por la gloria eterna que ha preparado para ellas?”

Esta revelación fue sobre el obispo de Linköpndo que fue después nombrado arzobispo. Hay más sobre el mismo obispo en el Libro 6, capítulo 22, que comienza: “Este prelado.”

 

ANEXO SOBRE el MISMO HOMBRE

 

“El obispo por el que lloras vino a un purgatorio simple. Has de tener la certeza de que, aunque en el mundo tuvo muchos que bloquearon su camino, ellos ahora han recibido sus sentencias, y él será glorificado debido a su fe y pureza.”

 

 

Las palabras de la Madre a su hija, usando una maravillosa comparación para describir a un cierto obispo, asemejándolo a una mariposa, su humildad y orgullo a sus dos alas, las tres fachadas que cubren los vicios del obispo a los tres colores de un insecto, sus actos a lo grosero de su color, su doble voluntad a las dos antenas de una mariposa, su avaricia a su boca, su endeble amor a su endeble cuerpo.

 

                   Capítulo 14

 

La Madre habla a la novia de su Hijo, diciendo: “Tú eres una vasija que el propietario llena y el profesor vacía. Sin embargo, es una y la misma persona quien te llena y te vacía. Una persona que puede verter vino y leche y agua juntas en una vasija sería llamado experto profesor si pudiera separar cada uno de estos líquidos mezclados juntos y devolver cada uno a su propia naturaleza original. Es esto lo que Yo, la Madre y Profesora de toda la humanidad, he hecho y estoy haciéndote. Hace un año y medio, todo tipo de asuntos te eran dichos, y ahora todos ellos parecen estar mezclados juntos en tu alma, y resultaría asqueroso si fueran vertidos juntos, pues su propósito no sería entendido. Es por esto que gradualmente los distingo como veo que conviene.

 

¿Recuerdas que te mandé a un cierto obispo a quien llamé mi sirviente? Vamos a compararlo con una mariposa con dos amplias alas salpicadas de color blanco, rojo y azul. Cuando la tocas, el pigmento se pega a tus dedos como cenizas. Este insecto tiene un cuerpo endeble pero una gran boca, dos antenas en su frente, y un oculto lugar en su barriga a través del cual emite la suciedad de su vientre. Las alas de este insecto, es decir, las alas del obispo, son su humildad y orgullo. Aparentemente semeja ser humilde en sus palabras y gestos, humilde en sus vestimentas y acciones, pero por dentro hay un orgullo que le hace grande a sus propios ojos, tornándolo henchido de su propia reputación, ambicioso del aprecio de la gente, crítico hacia los otros, y arrogante en preferirse a sí mismo antes que a los otros. Con estas dos alas vuela ante las personas con la humildad aparente que pretende complacer a individuos y estar en boca de todos, así como con el orgullo que le hace considerarse más santo que otros.

 

Los tres colores de las alas representan las tres fachadas que cubren sus vicios. El color rojo significa que continuamente adoctrina sobre los sufrimientos de Cristo y los milagros de los santos para ser llamado santo, pero en realidad están lejos de su corazón, pues no tiene mucho gusto por ellos. El color azul significa que, por fuera, no parece preocuparse por los bienes temporales, pareciendo haber muerto al mundo y estar totalmente por las cosas celestiales bajo su fachada de azul celestial. Pero este segundo color no le hace ante Dios más estable o fructífero que el primero. El color blanco implica que es un religioso en su vestimenta y loable en sus formas. Sin embargo, su tercer color tiene tanto encanto y perfección como los dos primeros. Así como el pigmento de una mariposa es denso y se pega a tus dedos, no dejando tras de sí sino una especie de sustancia cenicienta, del mismo modo también sus actos parecen ser admirables, pues tanto desea soledad, pero son vacíos e inefectivos en cuanto a su utilidad para sí, pues no anhela ni ama sinceramente lo que es digno de ser amado.

 

Las dos antenas representan su voluntad dúplice. Verás, quiere llevar una vida de confort en este mundo y obtener la vida eterna tras la muerte. Él no quiere ser engañado al ser considerado de gran estima en la tierra y luego recibir una corona incluso más perfecta en el cielo. Este obispo es precisamente como una mariposa, pensando que puede llevar el cielo en una antena y la tierra en la otra, aunque no puede aguantar la menor dificultad por la gloria de Dios. Así que confía en la iglesia de Dios y cree que puede beneficiarla mediante sus palabras y ejemplo, como si la iglesia no pudiera prosperar sin él. Supone que sus propias buenas obras harán que la gente mundana dé fruto espiritual. De ahí que razone como un soldado que ya ha combatido en la lucha. 'Pues,' dice, 'yo ya soy llamado devoto y humilde, ¿por qué debería esforzarme por alcanzar una vida de mayor austeridad? A pesar de que puedo pecar en unos pocos placeres sin los cuales mi vida sería infeliz, mis mayores méritos y buenos deseos serán mi excusa. Si el cielo puede ser ganado por un vaso de agua fría, ¿qué necesidad hay de luchar por encima de nuestras fuerzas?'

 

Una mariposa tiene también una gran boca, pero su ambición es todavía mayor, tanta que, si pudiera devorar todas las moscas excepto una, querría devorar aquélla también. Del mismo modo, si este hombre pudiera añadir un céntimo a los muchos que ya tiene en secreto de modo que no fuera percibido, lo tomaría, aunque ni aun así el hambre de su avaricia sería calmada.

 

Una mariposa también tiene una salida oculta para sus impurezas. Este hombre, también, da impropia ventosidad a su ira e impaciencia, mostrando sus secretas impurezas a otros. Y como una mariposa tiene un cuerpo pequeño, este hombre tiene pequeña caridad, mientras que su falta de caridad es maquillada sólo por la amplitud y anchura de sus alas.” La novia respondió: “Si tiene apenas una chispa de caridad, hay siempre algo de esperanza de vida y caridad y salvación por él.” La Madre dijo: “¿Acaso no tenía Judas también algo de caridad cuando dijo después de que había traicionado a su Señor: 'He pecado al traicionar sangre inocente?´. Quería hacer que pareciera que tenía caridad, pero no tenía ninguna.”

 

 

Palabras de la Madre a su hija en las cuales otro obispo es alegóricamente descrito como un tábano, su elocuencia verbal como vuelo, sus dos preocupaciones como dos alas, su adulación del mundo como un aguijón; y sobre la sorpresa de la Virgen ante la vida de estos dos obispos; también sobre predicadores.

 

                   Capítulo 15

 

La Madre habla de Nuevo a la novia, diciendo: “Te he mostrado otro obispo al cual llamé el pastor del rebaño. Vamos a compararlo a un tábano de un color terroso que vuela ruidoso. En cualquier lugar en que él se posa, su picadura es terrible y dolorosa. Este pastor tiene un color terroso, pues, aunque fue llamado a la pobreza, preferiría ser rico que pobre, preferiría estar a cargo que someterse, preferiría tener su propia voluntad que ser disciplinado mediante la obediencia a otros. Vuela ruidosamente en el sentido de que está lleno de elocuencia verbal en su pía predicación, y sermonea sobre las vanidades mundanas en vez de sobre la doctrina espiritual, elogiando y siguiendo las vanidades mundanas en vez de la santa simplicidad de su orden.

 

También tiene dos alas, esto es, dos ideas: la primera es que quiere ofrecer a la gente un discurso encantador y tranquilizador para ganarse su estima. El segundo es que quiere que todos se rindan a él y le obedezcan. El aguijón de un tábano es insoportable. Del mismo modo, este hombre aguijonea las almas hasta la condenación. Aunque debería ser un doctor de almas, no habla a las personas que a él acuden sobre su peligro y enfermedad ni usa un agudo escalpelo, sino que les habla tranquilizadoramente para ser llamado manso y para no provocar que nadie le evite. Estos dos obispos son sencillamente asombrosos. Uno de ellos finge ser pobre, solitario y humilde para ser llamado espiritual. El otro quiere poseer el mundo para ser llamado misericordioso y generoso. Aquél quiere aparentar que no posee nada y sin embargo clama por poseer todo secretamente. El otro abiertamente quiere tener muchas posesiones para tener mucho que dar y así ganarse la estima de otros. Del mismo modo, como dice el refrán, puesto que me sirven de una manera que no puedo ver (porque no la acepto), les recompensaré de una manera que no verán.

 

¿Te preguntas por qué tales hombres son elogiados por su predicación? Te lo diré: a veces un mal hombre habla a buenas personas y el buen Espíritu de Dios es vertido en ellos, no a causa de la bondad del profesor sino a través de las palabras del profesor en las cuales el buen Espíritu de Dios se encuentra para el bien de los que escuchan. A veces un buen hombre habla a gente mala que están volviéndose buenos por oír tanto por el buen Espíritu de Dios como por la bondad del profesor.

A veces un hombre frío habla a gente fría de tal manera que esos fríos oyentes recuentan lo que han oído a gente ferviente que no ha estado allí, volviendo a sus oyentes más fervientes. Así que, no te preocupes acerca de a qué clase de gente eres enviado. ¡Maravilloso es Dios que pisotea con huellas doradas y coloca barro entre los rayos del sol!”

 

La explicación del Hijo a la novia de que la condenación de las almas no agrada a Dios; también, sobre las sorprendentes cuestiones de un obispo más joven a un obispo mayor, y sobre las respuestas del obispo mayor al joven.

 

                   Capítulo 16

 

El Hijo habla a la novia, diciendo: “¿Por qué piensas que estos dos hombres te están siendo mostrados? ¿Es porque Dios disfruta en censurarlos y condenarlos? Desde luego que no. No, esto se hace con objeto de revelar mejor la paciencia y gloria de Dios y también para que aquellos que lo oigan puedan temer el juicio de Dios. Pero ahora, ven y escucha una sorprendente conversación. Mira allí, el obispo más joven ha preguntado al mayor una cuestión, diciendo: 'Hermano, oye y respóndeme. Una vez tú habías sido vinculado al yugo de la obediencia, ¿por qué lo abandonaste? Una vez que tú habías elegido la pobreza y el estado religioso, ¿por qué los abandonaste? Una vez que habías asumido el estado religioso y declarado a ti mismo muerto al mundo, ¿por qué buscaste el episcopado?' El hombre más viejo respondió: 'La obediencia que me enseñó a ser un inferior era una carga para mí. Es por esto que preferí mi libertad. El yugo que Dios dice que es agradable era amargo para mí.

 

Es por esto que busqué y escogí el confort corporal. Mi humildad era fingida. Es por esto que anhelé honores. Y, puesto que es mejor empujar que arrastrar, deseé el episcopado en consecuencia.' El hombre más joven preguntó de nuevo: '¿Por qué no honraste tu sede episcopal dándole honor del mundo? ¿Por qué no adquiriste riquezas mediante la sabiduría del mundo? ¿Por qué no gastaste tus posesiones de acuerdo con las demandas del honor del mundo? ¿Por qué te humillaste a ti mismo exteriormente en vez de actuar de acuerdo con la ambición del mundo?'

 

El hombre más viejo respondió: 'La razón por la que no esparcí honores mundanos sobre mi sede fue que estaba esperando ser yo mismo honrado mucho más por parecer ser humilde y espiritual antes que preocupado por las cosas del mundo. Por eso, con objeto de ser elogiado por la gente mundana, hice exhibición de que tenía todo en desprecio; parecí humilde y devoto para ser tenido en estima por los hombres religiosos. La razón por la cual no adquirí riquezas mediante sabiduría mundana fue para que los hombres espirituales no lo notaran y me despreciaran a causa de mi condición laica. La razón por la que no fui generoso en dar regalos fue que preferí tener pocos en vez de muchos compañeros para mi propia paz y calma. Preferí tener mi pecho lleno de dinero que repartir regalos.'

 

De nuevo el hombre más joven preguntó: 'Dime, ¿por qué diste una agradable y dulce bebida en una vasija sucia a un asno? ¿Por qué diste al obispo las cáscaras del cerdo? ¿Por qué arrojaste tu corona bajo tus pies? ¿Por qué escupiste el trigo pero masticaste hierbajos? ¿Por qué liberaste a otros de sus cadenas pero te ataste a ti mismo con grilletes? ¿Por qué aplicaste medicinas a las heridas de otros y veneno a las tuyas?' El hombre más viejo respondió: 'Di a mi asno una dulce bebida de un asquerosa, sucia vasija en el sentido de que, aunque era erudito,  preferí administrar los divinos sacramentos del altar por el honor de mi reputación mundana en vez de aplicar a mí mismo cuidados diarios. Dado que mis secretos eran desconocidos a los hombres pero conocidos por Dios, crecí mucho en presunción y de esa manera añadí gravedad a la severa justicia de mi terrible condenación.

 

A la segunda cuestión, respondo que dí al obispo las cáscaras del cerdo en el sentido de que seguí las incitaciones de la naturaleza por autoindulgencia y no permanecí firme en autocontención. En cuanto a la tercera cuestión, tire mi corona episcopal bajo los pies en el sentido de que preferí cometer actos de misericordia en honor del favor humano en vez de actos de justicia por la gloria y el amor de Dios.

 

En lo que respecta a la cuarta cuestión, escupí el trigo pero mastiqué paja en el sentido de que no prediqué las palabras de Dios por amor de Dios ni me gustó hacer las cosas que a otros les recomendaba hacer. En cuanto a la quinta cuestión, liberé a otros pero me até a mí mismo en el sentido de que absolví a las personas que venían a mí con contrición, pero a mí mismo me gustaba hacer las cosas que ellos lamentaban mediante su penitencia y rechazaban mediante sus lágrimas. En cuanto a la sexta cuestión, ungí a otros con ungüento curativo pero a mí mismo con veneno en el sentido de que mientras predicaba sobre la pureza de vida y hacer a otros mejores, me hice a mí mismo peor. Establecí preceptos para los otros pero yo mismo estaba poco deseoso de levantar un dedo para hacer aquellas mismas cosas. Donde veía a otros progresando, aquí es donde yo fallaba y malgastaba, pues prefería añadir una carga a mis ya cometidos pecados que aligerar mi carga de pecados haciendo reparación.'

 

Después de esto una voz se oyó, diciendo: 'Da gracias a Dios  de que tú no estás entre esas vasijas venenosas, que, cuando se rompen, vuelven al mismo veneno.' Inmediatamente, la muerte de uno de los dos fue anunciada.”

 

 

Las palabras de la Virgen a su hija elogiando la vida y orden de Santo Domingo, y sobre cómo éste se volvió a Ella en la hora de su muerte, y sobre cómo en los tiempos modernos pocos de sus frailes viven por el signo de la Pasión de Cristo dado a ellos por Domingo, sino que muchos de ellos viven por la marca de incisión dada a ellos por el demonio.

 

                   Capítulo 17

 

De nuevo la Madre habla a la novia, diciendo: “Ayer te hablé sobre dos hombres que pertenecían a la Regla de Santo Domingo. Domingo mantuvo a mi Hijo como su Señor querido y me amó como su Madre más que su propio corazón. Mi Hijo le dio a este santo hombre el inspirado pensamiento de que hay tres cosas en el mundo que desagradan a mi Hijo: orgullo, avaricia, y deseo carnal. Por sus suspiros y súplicas, Santo Domingo procuró ayuda y medicina para combatir estos tres demonios. Dios tuvo compasión de sus lágrimas y le inspiró que estableciese una regla codificada de vida en la cual el santo hombre opuso tres virtudes a los tres demonios del mundo.

 

Contra el vicio de la avaricia él estableció que uno no debe poseer nada sin el permiso de su superior. Contra el orgullo prescribió vestir un hábito humilde y simple. Contra la voracidad sin fondo de la carne, prescribió abstinencia y tiempo para practicar autodisciplina. Colocó un superior sobre sus frailes para preservar la paz y proteger la unidad.

 

En su deseo de dar a sus frailes un signo espiritual, simbólicamente imprimió una cruz roja en sus brazos izquierdos cerca del corazón, quiero decir a través de su instructivo y fructífero ejemplo, cuando les enseñaba y advertía continuamente que recordasen el sufrimiento de Dios, predicasen la palabra de Dios más fervientemente, no por honor del mundo sino por amor a Dios y a las almas. También les enseñó a someterse en vez de gobernar, a odiar su propia voluntad, a soportar insultos pacientemente, a no querer nada más allá de comida y ropa, a amar la verdad en sus corazones y a proclamarla con sus labios, no para buscar su propio elogio sino para tener la palabra de Dios en sus labios y enseñarla siempre, sin omitirla por vergüenza o pronunciarla para ganar el favor humano.

 

Cuando llegó la hora de su entrega, que mi Hijo le había revelado en espíritu, vino con lágrimas a mí, su Madre, diciendo: 'Oh María, Reina del Cielo, a quien Dios predestinó para Sí para unir sus naturalezas divina y humana, sólo Tú eres esa virgen y sólo Tú eres la más valiosa madre. Eres la más poderosa de las mujeres de las cuales el Poder mismo escogió. ¡Óyeme cuando te ruego! Sé que eres la más poderosa y por eso oso venir ante Ti. ¡Toma a mis frailes, a quienes he criado y cultivado bajo la austeridad de mi escapulario, y protégelos bajo tu amplio manto! ¡Legíslalos y cuídalos de nuevo, para que el viejo enemigo no pueda prevalecer contra ellos y no pueda arruinar la nueva viña plantada por la mano derecha de tu Hijo! Mi Señora, por mi escapulario con sus piezas una delante y otra detrás, no me estoy refiriendo a otra cosa sino a la doble preocupación que he mostrado por mis frailes.

 

 Estaba ansioso noche y día por ellos y sobre cómo deberían servir a Dios practicando la templanza de un modo razonable y digno de elogio. Recé por ellos para que no deseasen cosas mundanas que pudieran ofender a Dios o que pudieran ennegrecer su reputación de humildad y piedad entre sus compañeros. Ahora que el tiempo de mi recompensa ha llegado, a Ti te confío mis miembros. Enséñales como a niños mientras los llevas como su madre.' Con éstas y otras palabras, Domingo fue llamado a la gloria de Dios.

 

Le respondí como sigue, usando lenguaje figurado: 'Oh Domingo, mi querido amigo, puesto que me amaste más que a ti mismo, protegeré a tus hijos bajo mi manto y los legislaré, y todos aquéllos que perseveren en tu modelo de conducta serán salvados. Mi manto es amplio en misericordia y no niego misericordia a ninguno que alegremente la pida. Todos aquellos que la buscan encuentran protección en el seno de mi misericordia.'

 

Pero, hija mía, ¿en qué piensas que consiste la regla de los Dominicos? Seguramente, consiste en humildad, continencia, y contención del mundo. Todos aquellos que hacen un compromiso  con estas tres virtudes y perseveran amorosamente en ellas nunca serán condenados. Ellos son los que mantienen la regla de los Benditos Dominicos. Ahora oye algo verdaderamente sorprendente: Domingo colocó a sus hijos bajo mi amplio manto, pero, mira y ve, ahora hay menos de ellos bajo mi amplio manto de los que había en la austeridad de su escapulario. Sin embargo ni siquiera durante la vida de Domingo tuvo alguno una verdadera piel de oveja o un carácter dominico. Puedo ilustrarte sobre su carácter mejor por medio de una parábola.

 

Si Domingo descendiera de las alturas del cielo donde vive y dijera al Ladrón que estaba regresando del valle y había estado cuidando del rebaño con vistas a sacrificarlo y destruirlo, él diría '¿Por qué estás llamando y alejando el rebaño que conozco como mío por evidentes signos?' El Ladrón podría responder: '¿Por qué, Domingo, te apropias lo que no es tuyo? Es hurto escandaloso usurpar la propiedad de otro para uno mismo.' Si Domingo intentara responderle que él los había criado y amaestrado y guiado y enseñado, el Ladrón diría: 'Tú puedes haberlos criado y enseñado, pero yo los he conducido de vuelta a su propia libre voluntad por gentil persuasión.

 

Puedes haber mezclado indulgencia con austeridad para ellos, pero yo los tenté más persuasivamente y les mostré cosas mejores a sus gustos, y, ve, la mayoría de ellos están corriendo a mi pasto a mi llamada. Así es como sé que el rebaño deseoso de seguirme es mío, dado que son libres para elegir el que les atrae más.' Si Domingo debiera responder a su vez que sus ovejas están marcadas con un signo rojo en el corazón, el Ladrón diría; 'Mis ovejas están marcadas con mi signo, una marca de incisión sobre su oreja derecha. Puesto que mi signo es más obvio y visible que el tuyo, las reconozco como mis ovejas.'

 

El Ladrón representa al demonio que ha incorporado a muchas ovejas de Domingo en sí mismo. Ellas tienen una incisión en la oreja derecha en el sentido de que no escuchan las palabras de vida de aquél que dice: 'El camino al cielo es estrecho.' Ellos sólo ponen en práctica aquellas palabras que les gusta oír. Las ovejas de Domingo son pocas, y tienen un signo rojo en su corazón en el sentido de que tienen en mente amorosamente los sufrimientos de Dios y llevan una vida feliz en total castidad y pobreza, fervientemente predicando la palabra de Dios.

 

Pues ésta es la Regla de Dominico tal como la gente comúnmente la expresa; 'Ser capaz de cargar todo lo que puedas en tu espalda, no querer nada más que lo que la Regla permite, dejar no sólo las cosas superfluas sino incluso a veces abstenerse de las cosas lícitas y necesarias debido a los impulsos de la carne.'”

 

 

Las palabras de la Madre a su hija sobre cómo los frailes deberían escuchar ahora y de hecho escuchan más ágilmente la voz del Diablo que aquella de su padre Domingo, sobre cómo ahora pocos de ellos siguen sus huellas; sobre aquellos que persiguen el episcopado por honor mundano y por su propio confort y libertad no pertenecen a la regla de Santo Domingo; sobre la terrible condenación de tales hombres, y sobre la condenación experimentada por aquel episcopado.

 Fdo. Cristobal Aguilar.



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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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